Lunes, 03 de enero de 2011


Alerta roja, es la frase que podr?a resumir lo acontecido en Bolivia en la ?ltima semana. Bienaventurado sea el gasolinazo si se transforma en sacud?n pol?tico, en punto de inflexi?n capaz de revertir la creciente tendencia superestrutural gubernamental a decidir desde arriba sin contar con los de abajo, adoptando la vieja cultura pol?tica del poder que considera que gobernar es tarea de quienes supuestamente ?saben y tienen raz?n?, que es cosa de iluminados, o de ?tener espalda?. Pero la revoluci?n es tarea de pueblos, de mayor?as conscientes, organizadas, discutiendo y definiendo SU proyecto en la medida que lo van construyendo.

Los pueblos no est?n s?lo para aceptar, apoyar, convalidar o materializar (ejecutar) ideas y decisiones, sino ante todo para protagonizarlas. Esto quiere decir: participar en el proceso de toma de decisiones y en la realizaci?n posterior de las mismas, compartiendo responsabilidades.

Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petr?leo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementaci?n, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No s? cual habr?a sido la propuesta, pero los resultados habr?an sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acord?.

Los protagonistas no pueden ?ni quieren- enterarse de su historia por los diarios. No es con resoluciones y decretos como se impulsa la revoluci?n democr?tica y cultural, la clave est? en la participaci?n. Se trata de un proceso marcado por la construcci?n colectiva y requiere llevar los ritmos que esa construcci?n ?y toma de conciencia colectiva- demanden. Cuando se pretende acelerarlo pasando por encima de la participaci?n popular, lo que se evidenciaba como un ?xito o acierto posible en el mediano plazo se tornan en un inmediato fracaso.

La prueba est? a la vista: apostando por la consulta y participaci?n de los de abajo, ciertamente el camino puede ser m?s largo y los ritmos m?s lentos, pero a la larga ser? m?s efectivo, profundo y radical. Esta sabidur?a no sali? de las universidades, se forj? en la experiencia de lucha de los pueblos. En sus pr?cticas, ellos han delineado y construido las nuevas l?gicas de la transformaci?n social desde abajo, es decir, de las revoluciones democr?ticas-culturales caracterizadas por apelar al desarrollo de la conciencia, la organizaci?n y la participaci?n de los de abajo de modo permanente. Y esto no se logra con cursos o conferencias, es ante todo, una resultante de la participaci?n plena de los de abajo en todo el proceso de cambios: desde el diagn?stico y las definiciones hasta la implementaci?n y el control de las decisiones. ?stas no son ya tarea de un grupo de dirigentes sino responsabilidad compartida de todos y todas.

El pueblo consciente, participante y protagonista de las decisiones saldr?a igualmente a las calles, pero ?en tal caso- para reafirmar las medidas del gobierno que ser?an sus medidas, y para pedir la profundizaci?n revolucionaria del proceso.

Lo ocurrido en Bolivia a consecuencia del gasolinazo no se corresponde con ninguna de estas alternativas, pero tampoco significa un rechazo al gobierno que siguen considerando suyo. Es un grito y una manifestaci?n contundente contra una tenue pero creciente forma de gobernar que ven?a ya mostr?ndose en algunas decisiones, que pretende ignorar al pueblo como protagonista central del proceso y suplantarlo en la toma de decisiones fundamentales, reencarnando lo peor de la herencia pol?tica burguesa-colonial.

Un gobernante revolucionario no se define como tal por el curr?culo, ni por ser ?honrado y bueno? en comparaci?n con los gobernantes tradicionales del sistema; aunque estas cualidades se requieren de forma elemental, su proyecci?n va m?s all? de lo personal: se relaciona directamente con su capacidad de poner los espacios de poder en funci?n de la transformaci?n revolucionaria, abri?ndo las puertas del gobierno al pueblo, construyendo un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad basada en la participaci?n del pueblo en la toma de decisiones pol?ticas (base de la Asamblea Constituyente).

La tarea tit?nica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en ?sacar de sus cabezas? buenas leyes, mucho menos para demostrar que son m?s inteligentes que todos, que tienen raz?n y que, por ello, ?saben gobernar?. Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de ?stos una herramienta pol?tica revolucionaria: desarrollar la conciencia pol?tica, abrir la gesti?n a la participaci?n de los movimientos ind?genas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para gobernar el pa?s en conjunto.

Las revoluciones desde abajo, es decir, las que se gestan por los pueblos desde la ra?z de los problemas, apuestan al cambio que nace de las conciencias de los pueblos y se construye en su accionar protag?nico, nada tienen que ver con m?todos que pretenden impulsar el proceso con decretos o resoluciones generadas desde arriba por muy bienintencionadas y certeras que ?stas pudieran resultar.

No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que sean. Hay que construir protagonismo popular colectivo y eso solo puede lograrse forj?ndolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje, como la ense?anza, comienza en las pr?cticas cotidianas. Educar en lo nuevo significa desarrollar nuevas pr?cticas, dar ejemplo. ?sta es la clave pedag?gica vital de las revoluciones desde abajo.

?stas solo pueden profundizarse anudadas a la construcci?n y fortalecimiento del sujeto colectivo de las mismas, el actor sociopol?tico capaz de empujarlas e impulsarlas permanentemente hacia objetivos radicalmente superiores. La tarea fundamental del instrumento pol?tico en estos tiempos consiste por ello, precisamente, en desarrollar el trabajo pol?tico, cultural e ideol?gico necesario para promover el desarrollo de la conciencia pol?tica del conjunto de actores sociales y pol?ticos del campo popular, en abrir canales institucionales y no institucionales para la participaci?n consciente, organizada y creciente del conjunto de los actores revolucionarios, as? como crear ?mbitos para las reflexiones cr?ticas colectivas del proceso de cambio, de modo que se vayan fortaleciendo las conciencias, creciendo colectivamente.

En Bolivia el pueblo no sali? a las calles a rechazar a su gobierno sino a rechazar, junto con la medida, la imposici?n, a rechazar las decisiones sin consulta, el distanciamiento entre gobernantes y movimientos ind?genas, campesinos y sociales que ven?a evidenci?ndose como tendencia y que cristaliza ahora contundentemente con esta medida del llamado gasolinazo. El pueblo no sali? a oponerse a Evo, sino a decirle NO a cualquier intento de gobernar sin su participaci?n, a pedirle rectificaci?n y reconocimiento. Y en un acto de humildad que evidencia tanto su gran sabidur?a como sus ra?ces, Evo rectific?. Y repasando su promesa de Tihuanaku, retir? los decretos y reiter? su decisi?n de ?mandar obedeciendo?, que ?en sentido estricto- no significa ni mandar ni obedecer, sino gobernar juntos, construir conjuntamente las medidas fundamentales y compartir las responsabilidades de las decisiones y de su implementaci?n.

Y no es que esto sea necesariamente?garant?a de ?xito ni evite cometer errores o equivocarse, pero cuando los pueblos fracasan teniendo conciencia de que ello podr?a ocurrir, es decir, sabiendo que se pod?a perder, el fracaso puede representar un triunfo, un crecimiento colectivo, un nuevo aprendizaje y un fortalecimiento que los dinamice e impulse a concretar sus objetivos por otras v?as. Algo as? como: ?Bueno, si por ah? no sali? el asunto, ?por d?nde y c?mo vamos a lograrlo?? Es decir, la situaci?n se presenta diferente cuando hay participaci?n consciente que cuando no la hay: los pueblos avanzan seg?n toman conciencia del fracaso o celebran el triunfo, y ello depende de su participaci?n en las decisiones; cuando fracasan sin conciencia de lo que estaban haciendo, la frustraci?n es profunda.

Las revoluciones son id?nticas a la participaci?n protag?nica de sus pueblos; directamente proporcionales a ella. Si, por ejemplo, se aplica esta sencilla ecuaci?n a los procesos populares revolucionarios en curso, a las medidas gubernamentales y sus procedimientos, los resultados saltan a la vista: a menor participaci?n popular, menor contenido y alcance revolucionario, menos revoluci?n. Conclusi?n: El nudo gordiano estrat?gico de los procesos revolucionarios no radica en la pertinencia de las resoluciones gubernamentales ni en la sabidur?a de los gobernantes y su entorno, sino en la voluntad popular, en su conciencia y organizaci?n para participar en las definiciones y soluciones, impulsarlas y sostenerlas.

En el terreno pol?tico est? claro que saber es poder. En tanto el saber procedente de t?cnicos y expertos es restringido, reducido a ?lites y minor?as, su poder tambi?n es escaso y reducido, acotado a cargos y funciones, a lo que se denomina com?nmente ?trabajo profesional?. Por ello, sin negar el valor del trabajo de expertos y asesores, los resultados y las propuestas de sus estudios necesitan siempre ser reevaluadas (cuando no construidas) con el pueblo, con los movimientos ind?genas, sindicales y sociales, con el campo popular todo. S?lo en un proceso articulado, conjunto, es posible transformar las propuestas de funcionarios, especialistas o t?cnicos en decisi?n pol?tica revolucionaria de gobierno y pueblo. En procesos pol?ticos-revolucionarios como el que vive Bolivia hoy, la administraci?n p?blica ?que es la administraci?n de lo p?blico- no puede quedar entrampada en los papeles de los funcionarios; es tema y tarea de la militancia socio-pol?tica de los pueblos en las calles de las ciudades, en los campos, en las minas?

Los que tienen la responsabilidad de gobernar tienen la prerrogativa de proponer cambios y la obligaci?n de que sus propuestas tengan fundamentos s?lidos. Esto no est?en discusi?n. Pero la otra pata del proceso, la fundamental, la que le da sentido y proyecci?n revolucionaria, consiste en lo siguiente: para que el saber producido arriba sea a la vez poder abajo, tiene que construirse con los de abajo y constituirse en saber/poder de pueblo. ?sa es la tarea pol?tica por excelencia de quienes tienen responsabilidades de gobierno en procesos revolucionarios.

Evidenciar esto y ponerlo sobre el tapete es una de las ense?anzas m?s importantes y trascendentes de los acontecimientos resultantes del gasolinazo: el pueblo reclam? su protagonismo, habl? con su l?der en su lenguaje de resistencia y lucha, y Evo respondi? como militante. Consciente de que rectificar es de sabios, escuch? y comprendi? el mensaje de sus compa?eros y compa?eras y raudamente derog? las resoluciones y decretos, y volvi? a poner el la agenda pol?tica gubernamental un tema clave: gobernar para el pueblo implica gobernar con el pueblo. Y con ello Evo alumbraba otra lecci?n: para impulsar una revoluci?n desde abajo, no basta con ?tener espaldas?, sino los pies en la tierra, el coraz?n en el pueblo y la cabeza clara de sus responsabilidades como gobernante revolucionario capaz de concertar a los pueblos a protagonizar su historia.

Queda claro entonces que el tema abierto con el gasolinazo no est? limitado a economistas, ni expertos, ni periodistas, pertenece al pueblo. Es el pueblo ?en su diversidad de identidades, nacionalidades y culturas- quien tiene el poder de cambiar la historia y construirla a su imagen y semejanza.

Por eso, a d?as de conmemorarse un nuevo aniversario de la constituci?n del primer gobierno indoamericano en nuestro continente, es posible exclamar, con fuerza y vitalidad:

?Jallalla los pueblos de Bolivia! ?Jallalla Evo!

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR


Tags: cabeza, Evo Morales, participación, movimientos, indígenas, enseñanza, revolución

Publicado por blasapisguncuevas @ 15:34  | BOLIVIA
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