Martes, 04 de enero de 2011

Enrique Ubieta G?mez

La Isla Desconocida


No vale la pena discurrir sobre las buenas o malas intenciones de quienes nos acercan un trozo de verdad. Agradecer, y punto. La verdad siempre es revolucionaria. En los ?ltimos meses el imperialismo ha quedado al desnudo, en miles de documentos secretos o confidenciales que ha revelado WikiLeaks. Lo que todos sab?amos, y ellos ?en una combinaci?n de fuerza c?nica-, no negaban, satisfechos de la sospecha que infunde miedo, pero dec?an: pru?balo. Aqu? est?n las pruebas, aunque traspapeladas en miles de folios y de palabras vac?as. Algunos cables muestran que la diplomacia imperial es una combinaci?n de espionaje, chantaje y burdas intromisiones en los asuntos internos de sus ?amigos? y enemigos. Otros revelan asesinatos alevosos en Afganist?n y en Iraq, y la complicidad de los pol?ticos que se autodenominan dem?cratas en Europa, con el asesinato y la tortura. Los grandes medios hechos para desinformar sesgan sus contenidos y enseguida empiezan a ?olvidarlos?. Por eso, esos cientos de miles de documentos deben conocerse, estudiarse, divulgarse entre nosotros, las v?ctimas actuales o potenciales. Mientras, la maquinaria trasnacional para la reconstrucci?n de la noticia selecciona y manipula la informaci?n, y luego la entierra, para centrarse en la figura de Juli?n Assange. Porque la pregunta que se hacen los gobiernos implicados y sus medios no es si el ocultamiento sistem?tico por un Estado de cr?menes impunes es o no es en s? un crimen, sino su absurdo opuesto: si revelar ese crimen es un crimen.

Y aqu? es donde quiero reflexionar sobre otra arista de un fen?meno, que sigue una l?nea de comportamiento bien definida desde los a?os noventa del pasado siglo: la llamada "desideologizaci?n" de la verdad y la mentira, del bien y del mal. Quiz?s el t?rmino no sea exacto, dado que el concepto de ideolog?a tiene varias acepciones. Dig?moslo en t?rminos menos confusos: la descontextualizaci?n de los hechos hist?ricos. La extirpaci?n consciente de todo sentido opresor o liberador, clasista, en el an?lisis. De inmediato abro un par?ntesis para introducir una afirmaci?n que comparto plenamente: el fin no justifica los medios. Ser revolucionario no es el compromiso con una teor?a, sino con una ?tica (que la teor?a si es aut?ntica respalda), y debe existir siempre una consecuencia entre fines y medios. Los revolucionarios que han violado o confundido su compromiso ?tico, han dejado de serlo. Por eso es que la verdad es revolucionaria: la verdad y la justicia no pueden ser ajenas. Y no lo son, porque la verdad social no es como la manzana de Newton: no cae irrevocablemente hacia abajo. Todas las supuestas verdades cient?ficas que respaldaron la opresi?n humana se revelaron falsas: desde las diferencias raciales hasta el llamado darwinismo social. La verdad social o procura la felicidad humana, o es mentira.

El primer y m?s abarcador intento postcomunista ?para hablar en t?rminos cercanos a los te?ricos de la desesperanza--, de borrar todo an?lisis de contexto, fue la sustituci?n de conceptos como fascismo o comunismo por el de totalitarismo. La sustituci?n de las esencias, por ?ciertas? formas. Es lo que nos permitir?a decir que en Espa?a y en Chile hubo transiciones cuando en realidad, en esos pa?ses ?moment?neamente vencidos los movimientos de resistencia-, se produjeron simples cambios de forma en la implementaci?n del capitalismo y de su represi?n interna. Tanto es as? que fueron Franco y Pinochet quienes lo dise?aron. Pero en ?ltima instancia el sistema puede prescindir de servidores como ellos. Precisamente, entre los antecedentes de esta posici?n abstracta hallamos a un magistrado espa?ol ampliamente promovido por los medios: Baltasar Garz?n. La orden de detenci?n contra Pinochet durante su paso por Londres, moralmente irreprochable y ampliamente aplaudida por todos los hombres y mujeres honestos del mundo ?para no referirme a la izquierda-, era una acci?n incuestionable, incluso para una derecha que deseaba deshacerse de su ominoso pasado. La inmediata promoci?n medi?tica que tuvo el hecho ubic? a Garz?n como un Superm?n real, una representaci?n de la Justicia Humana (casi Divina), por encima de tendencias sociales o intereses terrenales. Fijada en la mente de los ciudadanos esa imagen, Garz?n entonces continu? su deambular ?justiciero? de un lado y del otro del espectro social: contra la guerra s?, la de los invasores y la de los invadidos, la de los opresores y la de los oprimidos. ?Habr?a podido Garz?n irrumpir en el escenario internacional como h?roe si el detenido en Londres no hubiese sido Pinochet sino Henry Kissinger, al margen de su manifestado deseo de hacerlo? ?La justicia brit?nica se hubiera atrevido a procesarlo? Los invasores, los opresores, tienen los recursos ?la fuerza del dinero, de la prensa y de las armas-, para eludir y enterrar las acusaciones; los invadidos y oprimidos, no. Pero, ?acaso la actuaci?n individual de Garz?n no apela a las mismas razones que el Gobierno estadounidense para atribuirse la ejecuci?n de una Justicia supranacional, casi Divina, previa divisi?n de la Humanidad en buenos y malos, seg?n sus intereses?

Pasado el torbellino medi?tico de los documentos imperiales revelados por WikiLeaks, los acusados claman con aparente sentido de equidad: esperamos ahora que aparezcan los documentos secretos de los estados ?enemigos?, de los movimientos de oposici?n al capital. En un mundo tan brutalmente manipulado, tan orweliano, estos hechos producen infinitas sospechas, y los medios se complacen en divulgarlas tambi?n. Los que sospechan ?y sospecho que entre estos hay tambi?n expertos manipuladores-, suelen considerarse paranoicos adictos a las teor?as de la conspiraci?n. Si hubiese alguna porci?n de verdad en lo que dicen, queda as? desacreditada. Pero no se trata de atribuir ?malas? intenciones a quienes entienden literalmente ?el sistema jam?s es literal, recu?rdese esto-, los principios de la libertad de informaci?n o de la justicia sin fronteras. De alguna manera, los ?locos? siempre pueden mediatizarse o en su defecto, enjuiciarse: los individuos son prescindibles. Tan prescindible era Pinochet como Garz?n, que no lo dude, si es que quiere de verdad hurgar en el pasado franquista. Que Franco no era chileno, sino espa?ol. E igual de prescindible es Juli?n Assange. La discusi?n no es si son o no personas sembradas para servir oscuros intereses, eso qu? importa, si parten de principios abstractos. Ellos creen en lo que hacen, supongo. Si es sincero, Juli?n Assange es un kamikaze de la libertad de informaci?n, una persona que se tom? en serio un slogan publicitario del capitalismo, que nunca fue concebido para m?s. Assange y Garz?n se parecen m?s a los h?roes de los comics, que a los de las grandes batallas sociales de la historia humana. En un mundo donde los grandes medios existen para construir estados de opini?n y conducir como reba?o a las masas, que Assange crea en la libertad de informaci?n parece una locura. Ha sido apresado por un delito fabricado, creo que de acoso sexual. Hasta una sueca que viaj? hace meses a La Habana a entrevistarse con nuestros ilustres mercenarios, aparece como acusadora.

La verdad que han difundido, repito, es bienvenida. Pero los due?os de la pelota y el guante en asuntos de Internet ?frase cuban?sima, que alude a los ni?os del barrio que no saben jugar b?isbol, pero nadie puede sacarlos del equipo porque son los que aportan los implementos deportivos-, saben c?mo revertir el contratiempo, y convertir ese hueco negro de la ?libertad de informaci?n?, en instrumento manipulador de la verdad. Si los dejamos, claro. Si nos permitimos olvidar los documentos divulgados. Assange y sus seguidores quiz?s comprendan esta vez que el ?nico proyecto social que necesita la verdad es el socialismo. Que la verdad no es neutra. Y la justicia tampoco.

Fuente: http://la-isla-desconocida.blogspot.com/


Tags: Isla desconocida, Assange, wikileaks, víctimas, ética, medios, crimen

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