Jueves, 06 de enero de 2011

Aquel radical incorregible de siglo XVIII, Adam Smith, refiri?ndose a Inglaterra, dir?a que los principales arquitectos del poder eran los due?os de la sociedad (por esos d?as los mercaderes e industriales), y estos se aseguraban de que las pol?ticas del gobierno se atuvieran religiosamente a sus intereses, por penoso" que fuera el impacto sobre la poblaci?n inglesa o peor, sobre las v?ctimas de la "salvaje injusticia de los europeos" en otros pa?ses.


Nunca antes hab?a sido testigo del grado de irritaci?n, suspicacia y desencanto como al que nos enfrentamos en los EE. UU por las elecciones de mitad de mandato. Desde que los dem?cratas llegaran al poder, han tenido que v?rselas con nuestro monumental mosqueo por la situaci?n socioecon?mica y pol?tica en la que estamos.

En una encuesta de la empresa Rasmussen Records del pasado mes, m?s de la mitad de la ciudadan?a americana asegura ver con buenos ojos el movimiento Tea Party: este es el esp?ritu del desencanto.


Los motivos de queja son leg?timos. En los ?ltimos 30 a?os, los salarios reales de la mayor?a de la poblaci?n se estancaron o disminuyeron, mientras que la inseguridad laboral y la carga de trabajo seguir?an en aumento, lo mismo que la deuda.Se ha acumulado riqueza, pero s?lo en unos cuantos bolsillos, provocando desigualdades sin precedente alguno.


Estas son las consecuencias derivadas de la financiarizaci?n de la econom?a que viene produci?ndose desde los a?os 70, y el correspondiente abandono de la producci?n dom?stica. Avivando el proceso, la man?a desregulatoria favorecida por Wall Street y apoyada por economistas fascinados por los mitos de la eficiencia del mercado.


El p?blico advierte que los banqueros, responsables en buena parte de la crisis financiera, y a los que hubo que salvar de la bancarrota, se encuentran disfrutando de beneficios r?cord y suculentas bonificaciones, y mientras, las cifras de desempleo contin?an en el 10 por ciento.La industria se halla a niveles de la Gran Depresi?n:uno de cada seis trabajadores en paro, y con la pinta de que los buenos trabajos no van a volver.


La gente, y con raz?n, quiere respuestas, y no se las da nadie, exceptuando unas pocas voces que cuentan historias con cierta coherencia interna: eso es, en caso de que uno deje la incredulidad en suspenso y se adentre en su mundo de disparate y enga?o.


Pero ridiculizar las travesuras del Tea Party no es lo m?s acertado. Ser?a mucho m?s apropiado intentar comprender qu? es lo que subyace tras el encanto del popular movimiento, y preguntarnos a nosotros mismos por qu? una serie de personas justamente cabreadas est?n siendo movilizadas por la extrema derecha y no por el tipo de activismo constructivo que surgiera en tiempos de la Depresi?n, tipo CIO (el Congreso de las Organizaciones Industriales).


En estos momentos, lo que oyen los simpatizantes del Tea Party es que toda instituci?n (gobierno, corporaciones y cuerpos profesionales) est? podrida, y que nada funciona.


Entre el desempleo y los embargos, los Dem?cratas no tienen tiempo para denunciar las pol?ticas que condujeron al desastre. Puede que el Presidente Ronald Reagan y sus sucesores Republicanos hayan sido los grandes culpables, pero estas pol?ticas ya despuntaron con el Presidente Jimmy Carter, y se intensificaron con el Presidente Bill Clinton. Durante las elecciones presidenciales, el electorado principal de Barack Obama ser?an las instituciones financieras, que afianzaron su primac?a sobre la econom?a en las ?ltimas d?cadas.


Aquel radical incorregible de siglo XVIII, Adam Smith, refiri?ndose a Inglaterra, dir?a que los principales arquitectos del poder eran los due?os de la sociedad (por esos d?as los mercaderes e industriales), y estos se aseguraban de que las pol?ticas del gobierno se atuvieran religiosamente a sus intereses, por penoso" que fuera el impacto sobre la poblaci?n inglesa o peor, sobre las v?ctimas de la "salvaje injusticia de los europeos" en otros pa?ses.


Una versi?n m?s moderna y sofisticada de la m?xima de Smith es la teor?a de inversi?n en partidos pol?ticos del economista pol?tico Thomas Ferguson, que considera las elecciones como eventos en los que grupos de inversores se unen para poder controlar el estado, seleccionando para ello los arquitectos de aquellas pol?ticas que sirvan a sus intereses.


La teor?a de Ferguson resulta ?til para predecir las estrategias pol?ticas para largos periodos de tiempo. Esto no es ninguna sorpresa. Las concentraciones de poder econ?mico buscar?n de manera natural extender su influencia sobre cualquier proceso pol?tico. Lo que ocurre es que, en los EE. UU, esta din?mica es extrema


Y a?n as?, puede argumentarse que los derroches empresariales tienen una defensa v?lida frente a las acusaciones de avaricia y desprecio por el bien com?n. Su tarea es maximizar las ganancias y la tajada de mercado; de hecho, ese es su deber legal. De no cumplir con esa obligaci?n, ser?an reemplazados por alguien que lo hiciera. Tambi?n ignoran el riesgo sistem?tico: la posibilidad de que sus transacciones perjudiquen la econom?a en su conjunto. Ese tipo de externalidades no es de su incumbencia, y no porque sean mala gente, sino por razones de tipo institucional.


Cuando la burbuja estalla, los que tomaron los riesgos corren al refugio del Estado ni?era. La operaciones rescate, una especie de p?liza de seguro gubernamental, es uno de los perversos incentivos que magnifican las ineficiencias del mercado.


Cada vez est? m?s extendida la idea de que nuestro sistema financiero recorre un ciclo catastr?fico", escribieron los economistas Peter Boone y Simon Johnson en el Financial Times de enero. Cada vez que sucumbe, confiamos en que sea rescatado por las pol?ticas fiscales y el dinero f?cil. Este tipo de reacci?n muestra al sector financiero que: puede hacer grandes apuestas, por las que ser? generosamente recompensado, sin tener que preocuparse de los costes que ocasione, porque ser? el contribuyente el que los acabe pagando a trav?s de rescates y otros mecanismos, y como consecuencia, el sistema financiero resucita otra vez, para apostar de nuevo y volver a caer .


El d?a del juicio final es una met?fora que tambi?n se aplica fuera del mundo financiero. El Instituto del Petr?leo Americano, respaldado por la C?mara de Comercio y otros grupos de presi?n, ha intensificado sus esfuerzos para persuadir al p?blico de que abandone su preocupaci?n por el calentamiento global provocado por el hombre, y seg?n muestran las encuestas, con bastante ?xito. Entre los candidatos republicanos al Congreso en las elecciones de 2010, pr?cticamente todo el mundo rechaza la idea del calentamiento global.


Los ejecutivos responsables de la propaganda saben de sobra que el calentamiento global es ver?dico, y nuestro futuro, incierto. Pero la suerte de las especies es una externalizaci?n que los ejecutivos tienen que ignorar, por cuanto lo que se impone es el sistema de mercado. Y esta vez el p?blico no podr? salir al rescate cuando finalmente se desate el peor de los escenarios posibles.


Tomando prestadas las palabras de Fritz Stern, el distinguido estudioso de la historia alemana: tengo edad suficiente como para acordarme de aquellos d?as escalofriantes y amenazadores en los que los alemanes descendieron de la decencia al barbarismo Nazi . En un art?culo de 2005, Stern indica que tiene el futuro de los Estados Unidos en mente cuando repasa un proceso hist?rico en el que el resentimiento en contra de un mundo secular desencantado encontrara la liberaci?n en el ?xtasis del escape de la raz?n".


El mundo es demasiado complejo para que la historia se repita, pero de todos modos, hay lecciones de las que acordarse cuando registremos las consecuencias de otro ciclo electoral. No es peque?a la tarea a la que habr? de enfrentarse el que desee presentar una alternativa a la indignaci?n y la furia descarriada, que ayude a organizar a los no pocos descontentos y sepa liderar el camino hacia un futuro m?s prospero.

(*) Es el intelectual vivo m?s citado y figura emblem?tica de la resistencia antiimperialista mundial. Es profesor em?rito de ling??stica en el Instituto de Tecnolog?a de Massachussets en Cambridge. Su libro m?s reciente es Hopes and Prospects. Estados Unidos. En Bit?cora, Uruguay
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Tags: Adam Smith, Noam Chomsky, Tea Party, rabia, avaricia, bien común

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