Domingo, 09 de enero de 2011
La lucha ?por la liberaci?n del T?bet?
El Ciudadano

Occidente -y con occidente se quiere decir la hegemon?a neoliberal tributaria de la Casa Blanca- acostumbra a mistificar los procesos hist?ricos reales eliminando, justamente, su historia.

El apoyo de la mayor?a de los gobiernos mundiales, junto a un despliegue medi?tico apolog?tico en donde Hollywood ha jugado un rol protag?nico, ha posicionado al Dalai Lama y su lucha ?por la liberaci?n del T?bet? como la panacea de la justicia y la espiritualidad pacifista.

Ha bastado que famosos actores comerciales como Richard Gere y Sharon Stone dieran un espaldarazo al decimocuarto Dalai para que la cosm?tica imagen del oriente ?espiritual? se patentara como signo de la lucha mundial en contra de la opresi?n totalitaria.

Sin embargo, en este clima de fervoroso apoyo a la liberaci?n del T?bet pocas veces se tiene en cuenta la real historia de esta provincia china, marcada por la represi?n, la tortura y un feudalismo teocr?tico sumamente explotador. Poco le importaron al Comit? Noruego del Premio Nobel las permanentes violaciones de los derechos humanos realizadas bajo el gobierno del Dalai Lama, violaciones que inclu?an amputaciones de narices y ojos, entre otras, al otorgarle el Premio de la Paz en 1989.

El clero y la lucha de clases en el antiguo T?bet

El T?bet previo a la ocupaci?n china funcionaba bajo un sistema teocr?tico feudal basado principalmente en?una servidumbre de la mayor parte de la poblaci?n bastante parecida a la esclavitud. M?s del 90% de la sociedad eran siervos sin tierras, las cuales eran en su gran mayor?a propiedad del clero monacal. La clase dominante estaba constituida por un reducido grupo de monjes provenientes de la aristocracia, mientras que la mayor?a del pueblo oprimido eran campesinos y monjes de menor rango.

?Esta desigualdad econ?mica, determinada por la clase, dentro del clero tibetano, era muy parecida a la del clero cristiano en Europa medieval. Junto con el clero superior, se beneficiaron los dirigentes laicos. Un ejemplo notable fue el comandante en jefe del ej?rcito tibetano, que pose?a 4.000 kil?metros cuadrados de tierra y 3.500 siervos. Tambi?n era miembro del gabinete laico del Dalai Lama?, se?ala el historiador estadounidense Michael Parenti en el ensayo ?T?bet. Un infierno bajo la teocracia y el feudalismo?.

De una poblaci?n de 1.250.000 personas en 1953, 700.000 eran siervos. Viv?an como propiedad de sus ?se?ores?, quienes regulaban de facto sus vidas. La expectativa de vida era de 35 a?os, mientras que la mortalidad infantil era de un 43%. Las jornadas en las faenas eran de 16 a 18 horas diarias. M?s del 95% de los tibetanos eran analfabetos. No exist?an ni escuelas ni hospitales. Mucho menos electricidad. Pero s? una agobiante carga impositiva.

?Pagaban impuestos por casarse, por el nacimiento de cada hijo y por cada muerte en la familia. La gente pagaba impuestos por ir a prisi?n y por su liberaci?n. Incluso los mendigos pagaban impuestos. Los que no pod?an encontrar trabajo pagaban impuestos por no tenerlo, y si viajaban a otra aldea en busca de trabajo, pagaban un impuesto por derecho de tr?nsito. Cuando la gente no pod?a pagar, los monasterios le prestaban el dinero con un inter?s de entre un 20 y un 50 por ciento. Algunas deudas pasaban de padres a hijos y a nietos. Los deudores que no pod?an pagar sus compromisos pod?an ser esclavizados durante todo el tiempo exigido por el monasterio, algunas veces por el resto de sus vidas?, sostiene Michael Parenti.

Por otro lado, las torturas eran una pr?ctica sistem?tica en este despotismo teocr?tico. Era com?n la amputaci?n de extremidades (fotograf?a), ojos, narices y bocas por delitos comunes. Varios monasterios ten?an sus propias c?rceles privadas, donde se aplicabas arbitrarias condenas a los campesinos, adem?s de torturas. Ni hablar de las condiciones generales de vida de los tibetanos comunes, acostumbrados a la m?s precaria de las existencias.

?El sistema feudal imped?a el desarrollo de las fuerzas productivas. No permit?a el uso de arados de hierro, extraer carb?n, pescar, cazar, ni hacer innovaciones sanitarias de ning?n tipo. No hab?a comunicaciones ni comercio ni ninguna industria por elemental que fuera. Mil a?os atr?s, cuando se introdujo el budismo, se calcula que en T?bet viv?an diez millones de personas, pero en 1950 s?lo quedaban dos o tres millones?, describe Sara Flounders, militante del Workers World Party y co-directora del International Action Center, en el articulo ?La CIA y el Dalai Lama?.

El Gobierno en el exilio y la conexi?n con la CIA

Los revolucionarios chinos llegaron al T?bet en 1951, reivindicando el ?techo del mundo? como un protectorado, nada nuevo en realidad ya que eso era hace m?s de 700 a?os. A diferencia del mito popular, la ocupaci?n comunista no fue realizada a trav?s de una invasi?n del territorio, sino a trav?s de un programa paulatino de transformaci?n del sistema econ?mico y pol?tico. De hecho, se mantuvo al Dalai Lama en el gobierno, reservando para China el control militar y el derecho exclusivo de conducir las relaciones exteriores.

?Si T?bet se integraba en la Rep?blica Popular de China, el gobierno de propietarios de siervos (llamado ?kashag?) podr?a seguir gobernando durante un tiempo bajo la direcci?n del gobierno central popular. Los comunistas no abolir?an las pr?cticas feudales ni tomar?an medidas contra la religi?n hasta que el pueblo no apoyase los cambios revolucionarios.

El gobierno feudal acept? la propuesta y firm? el Acuerdo de 17 puntos que reconoc?a la soberan?a china y se aplicaba en las zonas sometidas al ?kashag? y no en otras zonas tibetanas donde viv?a la mitad de la poblaci?n. El 26 de octubre de 1951 el Ej?rcito Popular de Liberaci?n entr? pac?ficamente en Lasha bajo el mando del general Zhang Guojua?, explica Flounders.

Pero los ?se?ores? y lamas no confiaban en los comunistas chinos, quienes pod?an cambiar radicalmente las relaciones productivas dentro de los feudos. En 1956, bandas armadas reclutadas por la teocracia y subvencionadas por la CIA empezaron a asediar al Ej?rcito Popular de Liberaci?n de China, sin mayores resultados. Cerca de 1.700 mercenarios tibetanos fueron entrenados en campos militares estadounidenses ad hoc.

Viendo sus privilegios en peligro, ?su santidad? parti? al extranjero junto?con gran parte de la aristocracia, creando en la ciudad india de Dharamsala un ?gobierno en el exilio? financiado por la Casa Blanca con 1,7 millones de d?lares anuales hasta los noventa al menos. El propio Dalai era un agente de la CIA con un sueldo de 180.000 d?lares anuales.

El T?bet y su relaci?n con los nazis

En 1996 se estren? la pel?cula ?7 a?os en el T?bet?, en la que un internacionalmente reconocido Brad Pitt encarnaba a Heinrich Harrer, alpinista austriaco que vivi? entre 1944 y 1951 en Lasha, capital del T?bet.

Condecorado con la ?luz de la verdad? por el gobierno en el exilio en recompensa de su campa?a internacional por el ?T?bet libre?, y amigo personal del propio Dalai Lama, Harrer logr? mantener por d?cadas oculto su pasado de militante nazi.

En el libro que escribi? Herrer, hom?nimo de la pel?cula, el austriaco se presenta a s? mismo como un eximio monta?ero guiado por simples intereses deportivos de explorar el Diamir, una de las caras del Nanga Parbat, la novena cumbre m?s alta del mundo. Sin embargo, los nexos entre el Tercer Reich y el gobierno de los lama sugiere algo distinto.

En 1939, una expedici?n de la SS comandada por Ernst Sch?fer, zo?logo alem?n, y patrocinada por Himmler, quien sent?a gran admiraci?n por el misticismo tibetano, permaneci? dos meses en Lasha. Dentro de los objetivos de la misi?n estaba la comprobaci?n cient?fica de si los tibetanos eran los arios del norte, pensando sumar aliados en la expansi?n por oriente y la confrontaci?n con los ingleses en la India.

Por eso es dif?cil pensar que Harrier estuviera motivado s?lo por intereses deportivos, en especial si se tiene en cuenta el gran aprecio que sent?a Hitler por el alpinista.

Fuente: http://www.librered.net/?p=2982


Tags: misticismo, Dalai Dama, servidumbre, Tibet, feudalismo, tibetano, China

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