Mi?rcoles, 12 de enero de 2011
Y en Espa?a, el PP. Blasapisguncuevas
Combatientes por la libertad de un imperio que se desvanece

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Tom Dispatch

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Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

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Introducci?n del editor de Tom Dispatch

?Pod?is creer que, en ciertos c?rculos, el apoyo a la obesidad se est? convirtiendo en un derecho b?sico estadounidense (como en ?la libertad para ser??) y en una posici?n pol?tica? Como diversos vulgares disc jockeys en la radio y la televisi?n, Sarah Palin ha estado atacando la iniciativa contra la obesidad de Michelle Obama como otro ejemplo del ?Estado paternalista enloquecido?, (?Basta para hacer que uno hiperventile en el sof? mientras mira reediciones de Law and Order!) Mientras tanto, el gobernador de Pensilvania, Ed Rendell, embiste contra la Liga Nacional de F?tbol por haber postergado un juego entre Filadelfia y Minnesota debido a una inminente tempestad de nieve. ?Nos estamos convirtiendo en una naci?n de debiluchos?, vocifer?. (?Basta para hacer que uno escriba y twittee una tempestad desde ese mismo sof?!)

Surge una pregunta: ?No tienen nada mejor que hacer? Quiero decir, ?no hay unos pocos problemas m?s agudos en nuestro mundo estadounidense, como la decadencia y el derrumbe de casi todo? Tomemos las fuerzas armadas de EE.UU., sobre las cuales ?como se?ala el colaborador regular de Tom Dispatch y teniente coronel retirado William Astore? los presidentes estadounidenses (y el resto de nuestra hueste pol?tica) nunca pueden encontrar suficientes cosas hiperb?licamente elogiosas que decir. Bueno, se supone que los malos tiempos son buenos para el reclutamiento militar. Pero incluso si una inundaci?n de gays y lesbianas se alistara en cuanto Do ask, I'll tell se convierta en pol?tica oficial, hay otros impedimentos a largo plazo para producir una fuerza combatiente efectiva.

En abril de 2010, por ejemplo, un grupo de altos mandos retirados y otros publicaron un informe en el que afirman que un 27% de los estadounidenses entre 17 y 24 a?os est?n ?demasiado gordos para combatir?. ?En s?lo 10 a?os, la cantidad de Estados que informan de que un 40% de sus j?venes entre 18 y 24 son obesos o tienen sobrepeso aument? de uno [Kentucky] a 39.? Pero no es motivo suficiente para concentrarse en eso. Despu?s de todo, fue el a?o pasado.

Precisamente cuando termin? el a?o, sin embargo, la Fundaci?n para la Educaci?n public? un informe que indica que cerca de un cuarto de todos los postulantes a las Fuerzas Armadas, a pesar de tener un diploma secundario, no logran pasar el examen de ingreso. No hablamos de Becas Rhodes, sino de no tener ?las capacidades de lectura, matem?ticas, ciencia y soluci?n de problema? para convertirse en un soldado genuino del ej?rcito de EE.UU. Hablamos de algo b?sico que, seg?n el portavoz de la Fundaci?n para la Educaci?n, ?hace que tambi?n sea probable que los hombres y mujeres que no pasan esa prueba [tampoco] est?n preparados para la fuerza laboral civil.?

El mes pasado, como para subrayar la seriedad del problema, los estudiantes de Shanghai se calificaron en el n?mero uno del Programa de Evaluaci?n Internacional de Estudiantes, una prueba muy respetada de lectura, ciencias y matem?ticas hecha a estudiantes de 15 a?os en 65 pa?ses. Los estudiantes estadounidenses quedaron en un glorioso puesto 17 en lectura, 23 en matem?ticas y 31 en ciencias. En su art?culo de hoy, Astore pregunta si las fuerzas armadas de EE.UU. son realmente ?la mejor fuerza combatiente de la historia del mundo?. Luego hay otra pregunta: ?Es posible, en nuestros d?as, que alguien pueda llamar a EE.UU. la mejor naci?n del mundo y mantener una cara seria? ?La m?s gorda? Tal vez, aunque algunas islas del Pac?fico nos superan en ese honor. ?La menos educada? Todav?a no, pero vamos por ese camino. Tal vez sea hora de que el Congreso lance un Programa de Ninguna-Naci?n-Quede-Atr?s para nosotros. Piensa en ello mientras te comes esos s?mores [emparedado de galletas, chocolate y caramelos] que promueve Sarah Palin. Tom

Combatientes por la libertad de un imperio que se desvanece

EE.UU. es el n?mero uno del autobombo

William Astore

Las palabras importan, como dijo el candidato Barack Obama en la campa?a electoral de 2008. ?C?mo hemos entender, entonces, las palabras de aliento del presidente Obama durante el pasado mes a los soldados de EE.UU. en Afganist?n alab?ndolos como ?la mejor fuerza combatiente que el mundo ha conocido?? Ciertamente sab?a que esas palabras resonar?an estupendamente, tanto frente a los soldados como ante la gente en sus casa.

En realidad ese tipo de descripci?n de los militares de EE.UU. se ha convertido en algo parecido a un deber para los presidentes estadounidenses. El predecesor de Obama, George W. Bush, por ejemplo, alarde? de esos militares alternativamente como ?la mayor fuerza por la libertad en la historia del mundo? y ?la mayor fuerza por la liberaci?n humana que el mundo ha conocido?. Declaraciones hiperb?licas y autobombo, desde luego, pero indudablemente sinceras, que reflejan un sentido estadounidense de excepcionalidad que se ajusta mal al mundo cada vez m?s interconectado del Siglo XXI.

Soy oficial retirado de la Fuerza A?rea de EE.UU. e historiador y profesor de historia militar. Mi parte intelectual simpatiza con el sentimiento de nuestros soldados como combatientes sin igual y liberadores desinteresados, pero el historiador que hay en m? disiente.

Comencemos con la parte combatiente de la ecuaci?n. ?Somos verdaderamente la m?s grandiosa fuerza combatiente del mundo, no s?lo en este momento, sino en comparaci?n con todas las fuerzas armadas a lo largo de la historia? Si fuera as?, ?en qu? se basa esa afirmaci?n? ?Y qu? sugiere esa ret?rica triunfalista no s?lo respecto a nuestro narcisismo nacional, sino sobre las prioridades de Washington? Hay que considerar que ning?n pol?tico dirigente de EE.UU. piensa en alardear de que tengamos el mejor sistema educacional o sistema de atenci?n sanitaria o pol?ticas medioambientales ?que el mundo haya conocido?.

Medidas en t?rminos de puro poder destructivo, y en nuestra capacidad de proyectar ese poder en todo el globo, las fuerzas armadas de EE.UU. son ciertamente la ?mejor? fuerza de combate. Nuestro arsenal nuclear sigue siendo insuperable. Nuestras fuerzas a?reas dominan los cielos (incluyendo las fuerzas de los portaaviones, la armada de helic?pteros artillados del ej?rcito, y la flota de drones de la CIA que libra una guerra ?secreta? en Pakist?n). Nuestra Armada (?una fuerza global por el bien?, seg?n su nueva consigna) controla los mares, todav?a m?s que Gran Breta?a hace un siglo. Y evidentemente tenemos que controlar los cielos y los mares, considerando el bill?n [mill?n de millones] de d?lares que gastamos cada a?o para lograr nuestra visi?n de ?dominaci?n del espectro completo?.

Pero esa impresionante capacidad de ejercer ?alcance global, poder global? no llega a convertirnos en la mejor fuerza militar de todos los tiempos. Despu?s de todo, ?la mejor? no deber?a medirse s?lo por su fuerza y su alcance. Primero y ante todo, por cierto, los resultados favorables deben compararse con la calidad de los oponentes en cuesti?n. Para utilizar una analog?a deportiva, no llamar?amos a los Pittsburgh Steelers ?el mejor equipo de la historia de la NFL? simplemente porque aniquilaron a Penn State en el f?tbol. De la misma manera, no podemos medir el ?xito de las fuerzas armadas s?lo en t?rminos de ?victorias? sorprendentemente r?pidas (aunque sean cada vez m?s costosas y en ?ltima instancia, funestas) sobre los talibanes en el a?o 2001 o sobre las fuerzas iraqu?es de Sadam Hussein en 2003.

Para llevar un poco m?s lejos la analog?a con el f?tbol, se podr?a preguntar cu?ndo nuestra ?mejor fuerza combatiente? tuvo su ?ltima victoria en el Super Bowl. Ciertamente 1918 y 1945 (Primera y Segunda Guerra Mundial) se califican como victorias semejantes, aunque hayan formado parte de coaliciones m?s amplias; en 1953 (Corea) lleg? a un punto muerto frustrante; en 1973 (Vietnam) fue una derrota desmoralizadora; en 1991 (Tormenta del Desierto en Iraq) fue una victoria claramente defectuosa; y actuaciones como las de Granada, Panam? o Serbia fueron m?s parecidas a escaramuzas. Es posible que nuestra mayor victoria, la de la Guerra Fr?a, no se lograse realmente por medios militares, sino por el poder econ?mico y la experiencia tecnol?gica.

Dicho sin rodeos: los soldados de EE.UU. son profesionales tenaces e inflexibles, ?pero la mejor fuerza combatiente de todos los tiempos? Perdone ?se?or!, no ?se?or!

?Somos n?mero uno!

A menudo parece que los estadounidenses viven en un ahora eterno, lo que hace m?s f?cil que se pueda alardear de que nuestras fuerzas armadas son las mejores de todos los tiempos. La mayor?a de los historiadores, sin embargo, no est?n tan atados a la ret?rica nacionalista o al presente perpetuo. Si me pidieran que identificara a la mejor fuerza combatiente en la historia, mi reacci?n ?y no creo que est? solo en ello? tendr?a que preferir a pueblos e imperios que existieron s?lo para la guerra.

Vienen de inmediato a la mente algunos ejemplos: los asirios, los espartanos, los romanos, los vikingos, los mongoles y los nazis. Esos pueblos colocaron a sus respectivas fuerzas armadas y sus haza?as por encima de todo lo dem?s. No es sorprendente que fueran sanguinarios e implacables. La ambici?n ilimitada de los objetivos imperiales los condujo a menudo a notables hechos de armas a un precio desmesurado y a veces dif?cil de sostener. S?, los espartanos derrotaron a los atenienses, pero esa lucha mutuamente mort?fera abri? el camino para la desaparici?n de las ciudades-Estado independientes griegas a manos de Felipe de Macedonia y su hijo Alejandro (que pronto fue conocido como ?Magno?.

S?, los romanos conquistaron un imperio, pero uno de sus propios historiadores, T?cito, puso en boca de un jefe celta esta descripci?n de lo que significaba ser beneficiario de la ?liberaci?n? romana:

?No se puede escapar a la tiran?a de los romanos mediante alg?n acto de sumisi?n razonable. Esos bandidos del mundo han agotado la tierra con su rapacidad, de manera que ahora saquean el mar. Cuando su enemigo es rico, ans?an riqueza; cuando su enemigo es pobre, ans?an poder. Ni Oriente ni Occidente?satisfacen su hambre. Son ?nicos en la humanidad en la medida en que codician por igual a ricos y pobres. A la rapi?a, el asesinato y el robo los llaman por mal nombre gobernar y donde crean un desierto, lo llaman paz.?

Hablemos de amor cruel

Indudablemente los romanos cuentan como candidatos para ser ?los mejores militares? de todos los tiempos. Conquistaron a muchos pueblos, se expandieron lejos y controlaron vastas ?reas del Mediterr?neo, el Norte de ?frica y lo que lleg? a ser Europa, mientras sus legiones marchaban durante siglos, a menudo hacia la victoria (para no hablar de saqueos). No obstante, es seguro que la medalla de oro para el mayor imperio terrestre de la historia ?y la mejor fuerza combatiente de todos los tiempos? corresponde a los mongoles del Siglo XIII.

Dirigidos por Genghis Khan y sus sucesores, los jinetes mongoles conquistaron China y el mundo isl?mico ?las dos civilizaciones m?s poderosas y avanzadas de aquel tiempo? y tambi?n ejercieron control sobre Rusia durante dos siglos y medio. Y gracias a una combinaci?n de excelencia militar, ingeniosas estratagemas, rapidez a pie (y m?s importante, a caballo), flexibilidad, y cuando era necesario extrema ferocidad, hicieron todo esto mientras generalmente estaban en inferioridad num?rica con respecto a?sus enemigos.

Sin embargo, incluso el poder de combate de las mejores fuerzas armadas aument? en intensidad y se desvaneci?, en parte seg?n la calidad de sus dirigentes. Los macedonios florecieron con Felipe y Alejandro. Galia no fue conquistada simplemente por Roma, sino por Julio C?sar. Los mongoles se mataban entre ellos hasta que Genghis Khan los unific? en una m?quina militar incontenible que cubri? todo un continente. El pueblo revolucionario de Francia en su famosa lev?e en masse tuvo fervor marcial, pero s?lo Napole?n le dio direcci?n. Las mejores fuerzas combatientes de la historia est?n estrechamente asociadas con los principales comandantes de la historia.

Hay que comparar eso con las fuerzas armadas estadounidenses de la actualidad. El general David Petraeus es ciertamente un oficial exitoso que muestra una envidiable maestr?a del detalle y un poderoso sentido pol?tico de c?mo manejar a Washington, ?pero es un Genghis Khan? ?Un Alejandro? ?Un C?sar? Incluso ?Rey David?, como ha sido llamado tanto por sus admiradores como por m?s de unos pocos detractores, podr?a sonrojarse ante semejantes comparaciones. Despu?s de todo, a la cabeza de la fuerza m?s poderosamente destructiva, ni en Oriente Medio ni despu?s en Asia Central? logr? victorias totales ni conquist? nada. Todav?a puede suceder que su triunfo en Iraq en 2006-2007 resulte m?s ?confeccionado? que convincente.

En cuanto a nuestras fuerzas armadas, aunque la mayor?a de los estadounidenses no lo sabe, existe mucha cr?tica dentro de los c?rculos militares de EE.UU. contra un cuerpo de oficiales de ?mandamases deslucidos? cuya profesionalidad es deficiente; de generales m?s preocupados de proteger sus traseros que de dirigir desde el frente; de instrucci?n en las academias militares divorciada de las realidades de la guerra; de una aversi?n ?a la innovaci?n o creatividad? [que conduce a] una atm?sfera de ?anti-intelectualismo? que debilita la estrategia y hace picadillo los esfuerzos de contrainsurgencia. Por cierto, la cr?tica acerba de s? misma es una de las pocas se?ales positivas de una fuerza combatiente que de por otra parte est? sobre-extendida, profundamente frustrada y rid?culamente alabada en exceso por los pol?ticos posternados.

Por lo tanto, lo siento, presidente Obama. Si quiere dirigirse a la mejor fuerza combatiente que el mundo ha conocido, necesitar? una m?quina del tiempo, no [su avi?n] Air Force One. Tendr? que quitarse su chaqueta de vuelo de cuero suministrada por la Fuerza A?rea y colocarse una armadura mongol. Y al hacerlo, tendr? que abrazar actitudes mentales y un modo de vida terriblemente incompatible con la democracia y los derechos de la humanidad tal como los entendemos actualmente. Porque es el precio que se paga para crear una fuerza combatiente sin igual ?y un motivo por el cual nuestros pol?ticos deber?an dejar de insistir en que la poseemos.

?La mayor fuerza por la liberaci?n humana?

Hace dos siglos Napole?n condujo a sus ej?rcitos fuera de Francia y llev? ?libertad, igualdad, y fraternidad? a gran parte del resto de la Europa del antiguo r?gimen ?pero bajo sus condiciones y a trav?s del ca??n de un mosquete-. Su invasi?n de Espa?a, por ejemplo, se vio como cualquier cosa, pero no la vieron como una ?liberaci?n??los espa?oles, que lanzaron una feroz campa?a de guerrillas contra los ocupantes franceses que agot? la fuerza del imperio de Napole?n y la que era generalmente considerada como la mejor fuerza combatiente de su ?poca. La ayuda brit?nica a la insurgencia ayud? a asegurar que esa campa?a se convirtiera en la ??lcera espa?ola? de Napole?n.

El ?Peque?o Cabo? termin? por decidirse a atacar indirectamente a los brit?nicos invadiendo Rusia, que se negaba a imponer el?denominado bloqueo continental de Francia. Mientras el ej?rcito de Napole?n se desangraba o se congelaba en las nieves de un invierno ruso, prusianos y austr?acos encontraron nuevos motivos para rechazar la ?fraternidad? francesa. Despu?s de a?os el imperio de Napole?n fue derribado y destruido, una suerte compartida por su l?der, enviado al ignominioso exilio en la isla Santa Elena.

Como las entusiastas tropas de Napole?n, los militares estadounidenses tambi?n piensan que est?n involucrados en una misi?n para difundir la democracia y la libertad. Afganos e iraqu?es, sin embargo, han mostrado que est?n a?n menos ansiosos de ser ?liberados? a punta de ca??n [o de misil ?Hellfire?) que los espa?oles de hace dos siglos, incluso si los liberadores llegan con regalos, que en los t?rminos actuales significan la promesa de carreteras, puestos de trabajo, ?reconstrucci?n? o incluso paladas de dinero.

Nos cuesta, a los estadounidenses, imaginarnos como otra cosa que liberadores bienintencionados porque nos creemos nuestros propios comunicados de prensa. Como dice el periodista Nir Rosen: ?Existe? un profundo sentido entre la gente en el mundo pol?tico [estadounidense], en las fuerzas armadas, de que somos los buenos. Simplemente dan por cierto que lo que hacemos tiene que ser correcto porque somos nosotros los que lo hacemos. Somos el pa?s excepcional, la naci?n esencial, y nuestro papel, nuestra intervenci?n, nuestra presencia, es una cosa benigna y ben?fica.?

Al informar sobre nuestras guerras en Iraq y Afganist?n, Rosen y otros han presentado pruebas irrefutables, para los que se interesen por considerarlas, de que nuestras intervenciones en el extranjero han sido cualquier cosa menos benignas y ben?ficas, y menos a?n liberadoras. Nuestra invasi?n de Iraq allan? el camino a la guerra civil y el caos. Para muchos iraqu?es de a pie, cuando la intervenci?n estadounidense no produjo muerte, destrucci?n, desplazamientos y exilio, gener? ?profunda humillaci?n y perturbaci?n? as? como constante miedo, una situaci?n que, como se?ala Rosen, es ?dolorosa, humillante y temible?.

Rosen se?ala que en Afganist?n la mayor?a de los aldeanos ven que nuestros soldados hacen causa com?n con un gobierno despreciado y depredador. Las inmensas transfusiones de d?lares estadounidenses, mientras tanto, raramente llegan al ?mbito de la aldea y en vez de llegar promueven los intereses de se?ores de la guerra afganos y negocios extranjeros. No es sorprendente que, m?s de nueve a?os despu?s, la mayor?a de los afganos diga que quieren ser liberados de nosotros.

Si las fuerzas armadas de EE.UU. no son ?la mayor fuerza por la liberaci?n humana? en toda la historia, ?qui?nes lo ser?n? Es revelador que sea mucho m?s f?cil identificar a la mejor fuerza combatiente de la historia. Si me presionan, sin embargo, destacar?a las ideas e ideales de dignidad humana, de igualdad ante la ley, del valor fundamental de cada y todo individuo, como la mayor fuerza por la liberaci?n humana. Ideales semejantes son compartidos por muchos pueblos. A veces podr?n defenderse mediante la espada, pero fueron inscritos por las plumas de grandes moralistas y pensadores del pasado colectivo de la humanidad. En este sentido, cuando hablamos del progreso de la libertad, la pluma ha sido evidentemente m?s poderosa que la espada.

Combatientes por la libertad de un imperio mortecino

El historiador John Lukacs se?al?: ?Hay muchas cosas equivocadas en la idea internacionalista de 'Hacer el Mundo Seguro para la Democracia', y una de ellas es que no es tan diferente de la idea nacionalista de que 'Lo que es Bueno para EE.UU. es Bueno para el Mundo'.?

En nuestro mundo posterior al 11-S, sea cual sea nuestra ret?rica sobre la democratizaci?n del planeta, nuestras ambiciones est?n guiadas por el objetivo aparentemente obstinado de proteger a los estadounidenses contra el terrorismo. Sin embargo, una guerra global contra el terrorismo ha resultado cualquier cosa pero no consecuente con la expansi?n de la libertad en el interior o en el extranjero. Por cierto, la narrativa seductora y autocomplaciente de nuestras tropas como liberadores desinteresados y los mejores combatientes por la libertad que existen nos ciega en realidad ante nuestros m?todos violentos en pa?ses lejanos, incluso mientras nos distancia de los costes humanos de nuestras pol?ticas imperiales.

Aunque oficialmente tratamos de extinguir a los terroristas, nuestras acciones en el extranjero sirven de obvios aceleradores del terror. Para comprender el porqu?, hay que preguntarse ?cu?n reconfortado se sentir?a uno si unos ?liberadores? militares extranjeros rompieran su puerta a patadas, gritaran ?rdenes en un lenguaje que no se comprende, confiscaran sus armas, arrastraran esposados y encapuchados a su padre, sus hermanos e hijos a sitios desconocidos, todo en nombre de operaciones ?contra el terror?? ?Cu?n reconfortado te sentir?as si los drones volaran constantemente sobre tu cabeza prestos para lanzar misiles Hellfire contra ?objetivos oportunos? terroristas en tu vecindario?

M?s vale no considerar realidades tan duras. M?s vale elogiar a nuestros soldados como si fueran otros tantos Mahatma Gandhi, otros tantos combatientes por la libertad. M?s vale elogiarlos como si fueran otros tantos Genghis Khan, otros tantos guerreros insuperables.

En tiempos de temor de decadencia nacional, nuestros dirigentes prescriben indudablemente acci?n militar en parte para reconfortarnos (y reconfortarse) y restaurar nuestro sentido de potencia y orgullo. Al hacerlo, violan la famosa frase asociada desde hace tiempo con el juramento hipocr?tico: Lo primero es no hacer da?o.

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William J. Astore es teniente coronel retirado (del ej?rcito de EE.UU.), que colabora habitualmente con TomDispatch. Ha dado clases en la Academia de la Fuerza A?rea y en la Escuela de Posgraduados Navales, y en la actualidad ense?a Historia en la Facultad de Tecnolog?a de Pensilvania. Puede contactarse con ?l en: [email protected]

Copyright 2011 William J. Astore

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175337/tomgram%3A_william_astore%2C_we%27re_number_one_%28in_self-promotion%29/#more


Tags: imperio, terror, libertad, misil, Napoleón, democracia

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