Mi?rcoles, 12 de enero de 2011


?En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso?, reza uno de los aforismos m?s conocidos de La sociedad del espect?culo, un libro visionario publicado por Guy Debord en 1967, que pone en primer plano el efecto aplanador de la comunicaci?n de masas sobre las mentalidades individuales y colectivas en el mundo capitalista, y que fue ampliamente le?do y debatido entre los j?venes rebeldes de la primavera de 1968. Escritor excelentemente dotado, Debord se expresa de un modo a la vez sencillo y cr?ptico, contenido y demoledor: ?El espect?culo no es un conjunto de im?genes, sino una relaci?n social entre personas mediatizada por im?genes. El espect?culo es el capital en un grado tal de acumulaci?n que se transforma en imagen?.

Debord fue duramente criticado por su pesimismo, pero hoy hasta sus peores predicciones parecen superadas por los acontecimientos. La llamada ?prensa del coraz?n?, ?prensa rosa? o ?cr?nica social? aporta (junto con las retransmisiones deportivas) el grueso de las audiencias y los beneficios del sistema televisual espa?ol. Se trata de una gigantesca industria que no s?lo transmite chismorreos sobre personajes de mayor o menor notoriedad p?blica y ofrece con ello una v?a de escape r?pida e inocente respecto de una realidad agobiante. Tambi?n nutre de tem?ticas, valores y patrones de conducta a sus espectadores, dando formato a una cultura colectiva de plena irresponsabilidad c?vica, en la que las consideraciones pol?ticas o sociales est?n completamente ausentes o son tratadas con la m?s malsana frivolidad (en un pa?s como Espa?a, record?moslo una vez m?s, con un 20% de la poblaci?n por debajo del umbral de la pobreza, 4?5 millones de desempleados, cientos de miles de personas acudiendo a los bancos de alimentos y miles de familias desahuciadas de sus viviendas, esto es, en un pa?s en plena crisis social y a un paso de la nuda emergencia humanitaria).


Por poner s?lo un ejemplo entre los muchos posibles, la revista Vanitatis, un conocido digital ?rosa?, dedica ?ltimamente su atenci?n a asuntos tales como ?El Cairo, espejismo fascinante?, ?Las cenas de Nochevieja m?s exclusivas? o ?Lifting de hilos m?gicos, lo ?ltimo?. ?Para qui?n, El Cairo, las cenas exclusivas y los hilos m?gicos? ?Para los desempleados de larga duraci?n que han perdido incluso la ?ltima ayuda p?blica de 420 euros durante seis meses? ?Para los jubilados perceptores de miserables pensiones no contributivas que hacen de la tercera edad espa?ola una de las m?s empobrecidas de la zona euro? ?Para los estudiantes endeudados para costearse car?simos m?steres y postgrados imprescindibles para acceder al mercado laboral? Y sin embargo, el truco funciona, y muchos millones de espectadores (no pocos, v?ctimas ellos mismos en primera persona de la precariedad, el desempleo y la exclusi?n) permanecen diariamente hipnotizados durante horas ante la pantalla, donde una extensa recua de personajes de vida ociosa (en realidad, roles ficticios, dise?ados por h?biles guionistas, publicistas y psic?logos de las cadenas y productoras, y encarnados por ambiciosos y d?ctiles aspirantes a vividores) se echan en cara turbios asuntos privados y hacen ostentaci?n de lujos y relaciones sociales en tertulias de una abrumadora pobreza conceptual y expresiva, saturadas de histrionismo y chabacaner?a, plagadas de t?picos sexistas, clasistas y racistas...


?Mera inercia comercial de ofertas y demandas (?la televisi?n programa lo que el p?blico pide?) o calculada estrategia de distracci?n, contenci?n y convencimiento, orquestada desde las mismas ?lites empresariales que gestionan con una mano el capital financiero y con la otra la parrilla televisiva (como ha documentado exhaustivamente la investigadora Nuria Almir?n en sus estudios sobre la estructura de propiedad de los principales grupos de comunicaci?n espa?oles, europeos y latinoamericanos)? No hay lugar a estas alturas del serial para interpretaciones ingenuas: los medios son un negocio cuya importancia va mucho m?s all? de su beneficio contante. Los grupos de comunicaci?n son para las grandes corporaciones ?atalayas de poder?, como las define Almir?n, desde las que vigilar y adoctrinar a la ciudadan?a. En primer lugar, soslayando sistem?ticamente sus propias responsabilidades en esta crisis que atravesamos, y enterrando sus verdades inc?modas bajo una gigantesca y hedionda escombrera de banalidades. Mostrando obsesivamente unos pocos rostros seleccionados (el ?famoseo?) para ocultar los muchos millones de rostros de las v?ctimas del desempleo y la exclusi?n, y los pocos centenares de rostros de los timoneles y beneficiarios de tama?o descalabro econ?mico y pol?tico. Ni siquiera un medio tan moderado en forma y fondo como CNN+ se salva de la quema, en prueba del af?n obsesivo de los due?os del mercado televisual por evitar cualquier referencia a la realidad que pudiera interferir en el encantamiento continuo de la distracci?n rosa.


Del estrato m?s repulsivo y zafio de este mercado emergen personajes alucinantes como la ?princesa del pueblo? Bel?n Esteban. Armada de una ret?rica encendida de madre y esposa ultrajada, postulando abiertamente la incultura como forma exitosa y respetable de vida, dice Josep Ramoneda de su omnipresencia medi?tica: ?no se trata de dar la voz a las clases populares, sino de enardecerlas para que sigan calladas, para que cedan su palabra al agitador que promete representarlas?. Llenando el espacio vac?o de representaci?n que deja una esfera pol?tica completamente desacreditada, valores t?xicos y personalidades banales del mundo ?rosa? a la vez desaguan y taponan, a un ritmo controlado, los profundos y potencialmente subversivos malestares sociales propios de un tiempo de crisis. ?A medida que la necesidad es so?ada socialmente?, dice Debord, ?el sue?o se hace necesario. El espect?culo es el guardi?n de este sue?o?. Un guardi?n que ya no toma la forma del torvo mat?n de la Pinkerton que reprime al obrero a la puerta de la f?brica con revolver y pu?o americano, sino del simp?tico y adulador parlanch?n que acaricia las mentes de sus espectadores (cansadas y doloridas por el estr?s de una convivencia social agriada por la explotaci?n, la precariedad y la desigualdad) con una animada y consoladora reinterpretaci?n del mundo basada en los valores del h?per-consumismo y la trivialidad militantes. Ninguna noticia es suficientemente seria, ninguna matanza suficientemente sangrienta, ninguna crisis suficientemente profunda, como para interrumpir la verborrea polif?nica de los distintos avatares de este mismo personaje, puestos en circulaci?n por la industria para mantener el show en marcha y generosamente remunerados por sus ?tiles servicios: Jorge Javier V?zquez cobra mill?n y medio de euros anuales; Jes?s V?zquez, tres millones; Ana Rosa Quintana, cuatro millones... Mercenarios de lujo, contratados no para aporrear a un pu?ado de obreros a la puerta de una f?brica sino para adormecer a millones en sus propias casas, poniendo rostro al impresionante poder?o econ?mico y tecnol?gico de los medios comerciales. Como advirti? Debord: puro capital transfigurado en im?genes.


La disidencia informativa frente a este espect?culo teledirigido ser? en los tiempos por venir prerrequisito indispensable de cualquier modelo inteligente de insurrecci?n democr?tica. Otra comunicaci?n social, libre de ataduras corporativas, es ya una realidad en construcci?n, y as? lo demuestran medios digitales como Rebeli?n (www.rebelion.org), Kaosenlared (www.kaosenlared.net) o Periodismo Humano (www.periodismohumano.com), publicaciones h?bridas o?n-line/papel como Diagonal (www.diagonalperiodico.net) o Transversales (http://www.nodo50.org/trasversales), editoriales independientes como Traficantes de Sue?os (www.traficantes.net), televisiones digitales como Tele K (http://www.vallecas.org)... Difundir estas alternativas para la informaci?n y el debate, nutrirse de ellas y promover otras nuevas, a la vez que boicotear activamente los medios de comunicaci?n de matriz y obediencia corporativa, tiene que ser un objetivo tan prioritario para las izquierdas como convocar manifestaciones, levantar huelgas o ganar elecciones. Todos podemos participar de esta toma de la Bastilla informativa: en manos de un pu?ado de buenos ciudadanos justamente indignados, un blog o red social, una c?mara de v?deo y una fotocopiadora pueden convertirse en la peor pesadilla de un gobierno autoritario o una empresa explotadora: todo d?spota grande o peque?o necesita y merece su Wikileaks. La dictadura de los mercados se cimenta sobre la gigantesca fantasmagor?a medi?tica de mentiras y medias verdades. Conjurar esos fantasmas en el aire, y rescatar las realidades que enmascaran, socava los fundamentos del poder desp?tico y abre espacios decisivos para un ejercicio m?s veraz de nuestro derecho a saber, discutir y decidir sobre lo que nos concierne: aquel nobil?simo ejercicio de libertad en com?n que fuera una vez denominado democracia.

Fuente original: http://www.kaosenlared.net/noticia/fantasmas-aire-sobre-medios-comunicacion-democracia

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Tags: espectáculo, dictadura, wikileaks, mercado, Kaosenlared, democracia, comunicación

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