Domingo, 30 de enero de 2011
Poder contra poder

El peri?dico de Arag?n


La teor?a contempor?nea sobre el poder, uno de cuyos hitos fundamentales se halla en la obra del franc?s Michel Foucault, entiende que este no tiene una ubicaci?n precisa, sino que las relaciones de poder lo inundan todo, tejen el conjunto de las relaciones humanas. Desde la familia hasta la empresa, pasando por el aula, el grupo de amigos, todo est? lleno de relaciones de poder. El poder no es privilegio de gobiernos e instituciones pol?ticas, sino que impregna el conjunto de la sociedad y se construye en las relaciones.

Una consecuencia que se desprende de esa lectura del poder es que, de alg?n modo, todos poseemos algo de poder. Pero ese poder no est? repartido de manera equitativa, es decir, que, es una obviedad, no somos igual de poderosos. Y esa diferencia de poder imposibilita la ingenua teor?a de la igualdad de los ciudadanos.

En un momento en el que los estados han sido desprovistos de buena parte de su poder, de su capacidad de decisi?n, son otros poderes los que se encargan de establecer la agenda pol?tica a la ciudadan?a. Esos et?reos mercados, a los que podr?amos dar nombres y apellidos concretos a nada que nos empe??ramos, est?n detr?s de las medidas que ahora se plantean como necesarias.

EL PODER SE MUESTRA en la sonrisa de un Emilio Bot?n, presidente del Banco de Santander, que ve alborozado sumarse a sus constantes y astron?micos beneficios los que se derivar?n de la desprotecci?n social de los trabajadores, empujados, a fuerza de mensajes apocal?pticos y propaganda, a hacerse planes privados de pensiones a mayor beneficio, vaya casualidad, de los bancos, que son los que exigen pol?ticas de erosi?n de las prestaciones sociales, como la jubilaci?n.

Significativo result? ver a Zapatero buscando con la mirada a Bot?n en el reciente acto en el que el presidente del Gobierno presentaba el balance econ?mico del a?o. Este, sentado en primera fila, escuchaba al presidente del Ejecutivo desgranar las medidas que los poderosos le hab?an susurrado previamente al o?do y que vienen reclamando desde tiempos inmemoriales. Con crisis y sin crisis. Parad?jicamente, quienes han provocado la crisis con su insaciable e inmoral voracidad, se consideran legitimados para plantear la salida a la misma. No hay duda de que, en cuestiones de poder, los ciudadanos no son iguales.

Lo mismo cabe decir para las relaciones internacionales. Israel acaba de hacer p?blicos los resultados de su investigaci?n sobre el asalto de su ej?rcito a la flotilla que llevaba alimentos a Gaza. Califica el asesinato de nueve tripulantes como acto de leg?tima defensa. Occidente y EEUU se dan por satisfechos. No es dif?cil imaginar lo que hubiera dicho y hecho la comunidad internacional (un eufemismo que indica d?nde se halla el poder en las relaciones internacionales) si un acto de esas caracter?sticas se hubiera realizado en otros lugares.

El an?lisis de los mecanismos de poder en las sociedades contempor?neas no deja lugar para muchas dudas. Que los poderosos, en sus m?ltiples facetas, constituyen una casta que se ubica por encima de los dem?s, que consigue, incluso, que la ley se ajuste a sus necesidades, como ocurri? con el mencionado Bot?n, hasta el punto de que la escandalosa excepci?n legal que se le aplic? para que saliera de rositas en una de sus comparecencias ante los tribunales ya se conoce como doctrina Bot?n, es un hecho constatable.

Frente al poder de los poderosos, el limitado, exiguo, poder de la ciudadan?a. Sin embargo, ese exiguo poder puede multiplicarse si la ciudadan?a busca lo com?n, lo que les une en intereses colectivos. Los tunecinos nos est?n dando un ejemplo estos d?as de movilizaci?n democr?tica, de empoderamiento, de construcci?n com?n de poder frente al poder de los poderosos. Saben --quiz? lo hayan aprendido considerando la contraria experiencia espa?ola-- que para borrar una dictadura es preciso borrar todos sus engranajes. Esa construcci?n de lo com?n es lo que teoriz? uno de los m?s relevantes fil?sofos de la Modernidad, Spinoza.

En su filosof?a pol?tica, Spinoza establece la existencia de una estrecha vinculaci?n entre poder y derecho. Seg?n ?l, cuanto m?s poder se posee m?s derecho(s) se alcanza. Por eso los poderosos controlan la ley, pues ?sta es resultado de su fuerza. Con Spinoza se supera esa ingenua concepci?n del origen neutro de la ley y de la igualdad de los ciudadanos ante ella. De ah? que, frente al poder de los poderosos sea preciso reconstruir el poder de los ciudadanos, la alianza de los comunes ante el expolio del insaciable capital.

ESA ES LA TAREA QUE una izquierda responsable, una izquierda social, pol?tica, sindical, debe abordar sin tardanza, consciente del momento hist?rico que atravesamos. La repolitizaci?n de la ciudadan?a, la concienciaci?n del poder que implica la suma en lo com?n se convierten en urgente cometido pol?tico. Una tarea que, para que resulte cre?ble, debe ser abordada desde el ejemplo de la confluencia en un programa com?n alternativo de las diferentes izquierdas que en nuestro pa?s y en nuestra comunidad existen.

* El autor es profesor de Filosof?a de la Universidad de Zaragoza

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: poder, filosofía, Spinoza, flotilla, zapatero, Botín, pensiones

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