Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011
James Petras???Rebeli?n??????????? Traducci?n para Rebeli?n de Loles Oliv?n
Introducci?n

Para entender la pol?tica del r?gimen de Obama hacia Egipto, hacia la dictadura de Mubarak y hacia el levantamiento popular es esencial situarlo en un contexto hist?rico. El punto esencial es que Washington, tras varias d?cadas de estar profundamente arraigado en las estructuras estatales de las dictaduras ?rabes, desde T?nez a Marruecos, Egipto, Yemen, L?bano, Arabia Saud? y la Autoridad Palestina, est? tratando de reorientar su pol?tica para incorporar y/o insertar pol?ticos liberales electos en las configuraciones de poder existentes.

Aunque la mayor?a de comentaristas y periodistas vierten toneladas de tinta sobre los ?dilemas? del poder de Estados Unidos, sobre lo novedoso de los acontecimientos de Egipto y los diarios pronunciamientos pol?ticos de Washingto, existen abundantes precedentes hist?ricos que resultan esenciales para entender la direcci?n estrat?gica de la pol?tica de Obama.

Antecedentes hist?ricos

La pol?tica exterior de Estados Unidos cuenta con un extenso historial de instalar, financiar, armar y apoyar reg?menes dictatoriales que respaldan sus pol?ticas e intereses imperiales, siempre que mantengan el control sobre sus pueblos.

En el pasado, presidentes republicanos y dem?cratas trabajaron estrechamente durante m?s de 30 a?os con la dictadura de Trujillo en la Rep?blica Dominicana; instalaron el r?gimen autocr?tico de Diem en el Vietnam pre-revolucionario en la d?cada de 1950; colaboraron con dos generaciones de los reg?menes de terror de la familia Somoza en Nicaragua; financiaron y promovieron el golpe de Estado militar en Cuba en 1952, en Brasil en 1964, en Chile en 1973, y en Argentina en 1976 , as? como sus posteriores reg?menes represivos. Cuando los levantamientos populares desafiaron esas dictaduras respaldadas por Estados Unidos y parec?a probable que triunfara una revoluci?n social y pol?tica, Washington respondi? con una pol?tica de tres v?as: criticar p?blicamente las violaciones de los derechos humanos y abogar por reformas democr?ticas; indicar de manera privada el mantenimiento del apoyo al gobernante; y en tercer lugar, buscar una ?lite alternativa que pudiera substituir a quien estaba en el cargo conservando el aparato del Estado, el sistema econ?mico y el apoyo a los intereses estrat?gicos imperiales estadounidenses.

Para Estados Unidos no hay relaciones estrat?gicas s?lo intereses imperiales permanentes: preservar el Estado cliente. Las dictaduras asumen que sus relaciones con Washington son estrat?gicas, de ah? su sorpresa y su consternaci?n cuando se sacrifican para salvar el aparato del Estado. Ante el temor de la revoluci?n, Washington tuvo clientes d?spotas reticentes a marcharse asesinados (Trujillo y Diem). A algunos se les proporciona refugios en el extranjero (Somoza, Batista), a otros se les presiona para que compartan el poder (Pinochet) o se les nombra profesores visitantes en Harvard, Georgetown o en alg?n otro puesto acad?mico ?de prestigio?.

El c?lculo de Washington sobre cu?ndo remodelar el r?gimen se basa en una estimaci?n de la capacidad del dictador para enfrentarse a la rebeli?n pol?tica, de la fuerza y la lealtad de las fuerzas armadas y de la existencia de un sustituto maleable. El riesgo de esperar demasiado tiempo, de quedarse con el dictador, es que el levantamiento se radicalice: el cambio subsiguiente barre tanto al r?gimen como al aparato estatal, convirtiendo una revuelta pol?tica en una revoluci?n social. Justo un ?error de c?lculo? de ese tipo se produjo en 1959 en el per?odo previo a la revoluci?n cubana, cuando Washington se mantuvo al lado de Batista y no fue capaz de presentar una coalici?n alternativa pro estadounidense viable y vinculada al viejo aparato estatal. Un error de c?lculo similar ocurri? en Nicaragua cuando el presidente Carter, al tiempo que criticaba a Somoza, aguant? y se mantuvo pasivo mientras se derrocaba al r?gimen y las fuerzas revolucionarias destru?an al ej?rcito, a la polic?a secreta y al aparato de inteligencia, entrenados por Estados Unidos e Israel, y pas? a nacionalizar las propiedades estadounidenses y a desarrollar una pol?tica exterior independiente.

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Washington se movi? con mayor iniciativa en Latinoam?rica en la d?cada de 1980. Promovi? transiciones electorales negociadas que sustituyeron a los dictadores por manejables pol?ticos neoliberales electos, quienes se comprometieron a preservar el aparato estatal existente, a defender a las ?lites extranjeras y locales, y a respaldar la pol?tica regional e internacional de Estados Unidos.

Las lecciones del pasado y la pol?tica actual

Obama ha sido extremadamente reticente a derrocar a Mubarak por varias razones, aun cuando el movimiento crece en n?mero y se profundiza el sentimiento anti-Washington. La Casa Blanca tiene muchos clientes en todo el mundo ?entre ellos Honduras, M?xico, Indonesia, Jordania y Argelia? que creen tener una relaci?n estrat?gica con Washington y quienes perder?an confianza en su futuro si Mubarak fuera abandonado.

En segundo lugar, las influyentes organizaciones pro-israel?es de Estados Unidos (AIPAC, los presidentes de las principales organizaciones jud?as estadounidenses) y su ej?rcito de escribas han movilizado a los l?deres del Congreso para que presionen a la Casa Blanca con que siga apostando por Mubarak ya que es Israel el principal beneficiario de un dictador atragantado para los egipcios (y los palestinos) pero a los pies del Estado jud?o.

Como resultado, el r?gimen de Obama se ha movido lentamente; con miedo y bajo la presi?n del creciente movimiento popular egipcio, busca una f?rmula pol?tica alternativa que elimine a Mubarak, mantenga y fortalezca el poder pol?tico del aparato estatal, e incorpore una alternativa electoral civil como medio de desmovilizar y desradicalizar el vasto movimiento popular.

El principal obst?culo para derrocar a Mubarak es que un sector importante del aparato del Estado, especialmente los 325.00 miembros de la Fuerzas de Seguridad Central y los 60.000 de la Guardia Nacional, se encuentran directamente bajo el mando del Ministerio del Interior y de Mubarak. En segundo lugar, los generales del Ej?rcito (468.500 miembros) han reforzado a Mubarak durante 30 a?os y se han enriquecido gracias a su control sobre las muy lucrativas empresas de una amplia gama de sectores. No apoyar?n ninguna ?coalici?n? civil que ponga en cuesti?n sus privilegios econ?micos y su poder para establecer los par?metros pol?ticos de cualquier sistema electoral. El comandante supremo de las fuerzas armadas de Egipto es cliente de Estados Unidos desde hace mucho tiempo y un servicial colaborador de Israel.

Obama est? decididamente a favor de colaborar con y garantizar la preservaci?n de estas instancias coercitivas. Pero necesita asimismo convencerles de la substituci?n de Mubarak y de que permitan un nuevo r?gimen que pueda desactivar el movimiento de masas cada vez m?s opuesto a la hegemon?a estadounidense y a la sumisi?n a Israel. Obama har? todo lo necesario para mantener la cohesi?n del Estado y evitar divisiones que puedan conducir a un movimiento de masas ?la alianza de los soldados que podr?a convertir la revuelta en una revoluci?n.

Washington ha abierto conversaciones con los sectores liberales e islamistas m?s conservadores del movimiento anti-Mubarak. Al principio trat? de convencerlos de que negociasen con Mubarak ?un callej?n sin salida que fue rechazado por todos los sectores de la oposici?n de arriba a abajo. A continuaci?n, Obama trat? de vender una falsa ?promesa? de Mubarak: que no participar?a en las elecciones dentro de nueve meses.

El movimiento y sus dirigentes rechazaron esa propuesta tambi?n. As? que Obama lanz? la ret?rica de ?cambios inmediatos? pero sin ninguna medida de fondo que la respaldara. Para convencer a Obama de su mantenido poder entre las bases, Mubarak envi? al lumpen mat?n de su polic?a secreta a que se apoderase violentamente de las calles del movimiento. Una prueba de fuerza: el Ej?rcito no hizo nada; el asalto hizo subir la apuesta de una guerra civil de consecuencias radicales. Washington y la UE presionaron al r?gimen de Mubarak para que echara marcha atr?s ? por ahora. Pero la imagen de un ej?rcito favorable a la democracia se vio empa?ada por los muertos y por miles de heridos.

A medida que la presi?n del movimiento se intensifica, Obama est? presionado por el lobby israel? favorable a Mubarak y su comitiva del Congreso, por una parte, y por otra, por asesores con conocimientos que le piden que siga las pr?cticas del pasado y avance de forma decidida sacrificando al r?gimen para salvar al Estado ahora que la opci?n electoral de liberales-islamistas sigue estando a?n sobre la mesa.

Pero Obama duda, y cual precavido crust?ceo, se mueve hacia los lados y hacia atr?s, creyendo que su propia ret?rica grandilocuente es un sustituto de la acci?n... con la esperanza de que tarde o temprano, el levantamiento acabar? en mubarakismo sin Mubarak: un r?gimen capaz de desmovilizar a los movimientos populares y dispuesto a promover elecciones que den lugar a representantes elegidos que sigan la l?nea general de sus predecesores.

Sin embargo, hay muchas incertidumbres en una remodelaci?n pol?tica: una ciudadan?a democr?tica, el 83% desfavorable a Washington, poseer? la experiencia de la lucha y la libertad para exigir un reajuste pol?tico, especialmente, dejar de ser el polic?a que hace cumplir el bloqueo israel? sobre Gaza, y prestar apoyo a los t?teres de Estados Unidos en el Norte de ?frica, en L?bano, Yemen, Jordania y Arabia Saud?. En segundo lugar, las elecciones libres abrir?n el debate y aumentar?n la presi?n para un mayor gasto social, para la expropiaci?n del imperio de setenta mil millones de d?lares del clan Mubarak y de sus compinches capitalistas que saquean la econom?a. Las masas exigir?n la redistribuci?n del gasto p?blico del exagerado aparato represivo al empleo productivo que genere puestos de trabajo. Una apertura pol?tica limitada puede conducir a un segundo asalto en el que nuevos conflictos sociales y pol?ticos dividan a las fuerzas anti-Mubarak, un conflicto entre los defensores de la democracia social y los partidarios del electoralismo elitista neoliberal. El momento de la lucha contra la dictadura es s?lo la primera fase de una lucha prolongada hacia la emancipaci?n definitiva no s?lo en Egipto sino en todo el mundo ?rabe. El resultado depende del grado en que las masas desarrollen su propia organizaci?n independiente y a sus l?deres.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




Tags: traducción, James Petras, dictadura, Mubarak, policía secreta, democracia, Egipto

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