Lunes, 14 de febrero de 2011
Media Monitors Network,

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

?A un soldado estadounidense le es mucho m?s f?cil matar a un hadji [expresi?n peyorativa usada por la soldadesca estadounidense para describir a todos los musulmanes, N. del T.] que a un ser humano, tal como a los soldados nazis les fue m?s f?cil matar a Untermenschen [seres humanos inferiores, expresi?n racista utilizada para catalogar a jud?os, roman??(gitanos)?y eslavos, N. del T,]. William Halsey, quien comand? las fuerzas navales de EE.UU. en el Pac?fico Sur durante la Segunda Guerra Mundial, pensaba que su misi?n era ??Matar japs [expresi?n peyorativa utilizada para calificar a los japoneses], matar japs, matar m?s japs!?, y prometi? que una vez terminada la guerra, el idioma japon?s ser?a hablado solo en el infierno? Si la guerra se desarroll? de manera que los hombres que mataron bestias gigantes se ocupen de matar a otros hombres al morir esos animales, como teoriza Ehrenreich, su cooperaci?n con el racismo y todas las dem?s distinciones entre grupos de gente es prolongada.?

?

Lo que hace que sean veros?miles las mentiras m?s fant?sticas e indocumentadas para iniciar y prolongar las guerras son diferencias y prejuicios contra otros y a favor de los nuestros. Sin el fanatismo religioso, el racismo y el chovinismo patriotero, ser?a m?s dif?cil lograr que las guerras sean aceptadas.

Hace tiempo que la religi?n ha sido una justificaci?n para las guerras, libradas para los dioses antes de que lo fueran para faraones, reyes, y emperadores. Si Barbara Ehrenreich tiene raz?n en su libro Blood Rites: Origins and History of the Passions of War [Ritos de guerra: Or?genes e Historia de las pasiones de la guerra]: ?Los primeros precursores de las guerras fueron las batallas contra leones, leopardos, y otros depredadores feroces de personas. De hecho, esas bestias depredadoras pueden haber sido la base material desde la cual fueron inventados los dioses -- y del origen de los nombres de drones sin tripulaci?n (por ejemplo el ?Predator?).

El ?m?ximo sacrificio? en la guerra puede ser ?ntimamente relacionado con la pr?ctica de sacrificio humano como exist?a antes de las guerras tal como sabemos que llegaron a ser. Las emociones (no las creencias o los logros, sino algunas de las sensaciones) de la religi?n y de la guerra pueden ser tan similares, si no id?nticas, porque las dos pr?cticas tienen una historia com?n y nunca han sido muy distantes.

Las cruzadas y las guerras coloniales y muchas otras guerras han tenido justificaciones religiosas. Los estadounidenses libraron guerras religiosas durante muchas generaciones antes de la guerra por la independencia de Inglaterra. El capit?n John Underhill describi? en 1637 su propia guerra heroica contra los pequot:

"El capit?n Mason al entrar a una wigwam [tipi], blandi? un palo ardiente, despu?s de haber herido a muchos en la casa; luego prendi? fuego a la parte oeste? yo prend? fuego al extremo sur usando p?lvora; los fuegos de los dos lados se encontraron al centro del Fuerte, ardieron con extrema fuerza y quemaron todo el espacio en media hora; muchos sujetos valerosos no quisieron salir, y combatieron con extrema desesperaci?n? por lo tanto fueron incinerados y quemados? y as? murieron valientemente? Muchos fueron quemados en el Fuerte, hombres, mujeres, y ni?os.

Underhill explica una guerra santa:

?El se?or se complace con imponer a su pueblo problemas y aflicciones, para poder presentarse como misericordioso, y revelar con m?s claridad su libre gracia a sus almas?.

Underhill quiere decir su propia alma, y que el pueblo del Se?or son evidentemente los blancos. Los americanos nativos podr?n haber sido valerosos y audaces, pero no eran reconocidos como gente en todo el sentido de la palabra. Dos y medio siglos despu?s muchos estadounidenses hab?an desarrollado una visi?n mucho m?s ilustrada, y muchos no. El presidente consideraba que los filipinos necesitaban la ocupaci?n militar por su propio bien. Susan Brewer menciona este informe de un ministro:

?Hablando a una delegaci?n de metodistas en 1899, [McKinley] insisti? en que no hab?a querido las Filipinas y que ?cuando vinieron a nosotros, como un obsequio de los dioses, no sab?a qu? hacer con ellas?. Describi? c?mo rez? de rodillas buscando consejo cuando se le ocurri? que ser?a ?cobarde y deshonorable? devolver las islas a Espa?a; ?un mal negocio? d?rselas a los rivales comerciales Alemania y Francia; e imposible abandonarlas a la ?anarqu?a y el mal gobierno? bajo filipinos incapaces. ?No nos qued? otra cosa que hacer?, concluy?, ?que tomarlas todas, y educar a los filipinos, elevar, civilizar y cristianizarlos?. En este relato de gu?a divina, McKinley olvid? mencionar que la mayor?a de los filipinos eran cat?licos o que las Filipinas ten?an una universidad m?s antigua que Harvard.

Se puede dudar de que muchos en la delegaci?n de metodistas hayan cuestionado la sabidur?a de McKinley. Como se?al? Harold Lasswell en 1927, ?Se puede confiar en que las iglesias de pr?cticamente cualquier confesi?n bendigan una guerra popular, y vean en ella una oportunidad para el triunfo de cualquier dise?o divino que deseen promover?. Todo lo que se necesitaba, dijo Lasswell, era lograr que ?cl?rigos prominentes? apoyaran la guerra, y ?menos brillantes gui?ar?n el ojo despu?s?.

Carteles de propaganda en EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial mostraban a Jes?s de uniforme y mirando hacia el ca??n de un fusil. Lasswell hab?a vivido una guerra librada contra alemanes, un pueblo que pertenec?a predominantemente a la misma religi?n que los estadounidenses. ?Cu?nto m?s f?cil es utilizar la religi?n en guerras contra musulmanes en el Siglo XXI! Karim Karim, profesor asociado en la Escuela de Periodismo y Comunicaci?n de la Universidad Carleton, escribe:

?La imagen hist?ricamente arraigada del ?musulm?n malo? ha sido bastante ?til a los gobiernos occidentales que planificaban ataques contra pa?ses de mayor?a musulmana. Si pueden convencer a la opini?n p?blica en sus pa?ses de que los musulmanes son b?rbaros y violentos, parecer? m?s aceptable que se les mate y que su propiedad sea destruida.?

En realidad, desde luego, la religi?n de nadie justifica que se le haga la guerra, y los presidentes de EE.UU. ya no afirman que sea as?. Pero el proselitismo cristiano es com?n en las fuerzas armadas de EE.UU., y tambi?n el odio hacia los musulmanes. Soldados han informado a la Fundaci?n Militar de Libertad Religiosa que cuando buscan consejeros de salud mental, han sido enviados a capellanes que les han aconsejado que permanezcan en el ?campo de batalla? para ?matar musulmanes en nombre de Cristo?.

La religi?n puede ser utilizada para alentar la creencia en que lo que se hace es bueno aunque no tenga ning?n sentido. Un ser superior lo comprende, aunque uno no lo haga. La religi?n puede ofrecer la vida despu?s de la muerte y una creencia en que se mata y arriesga la muerte por la causa m?s elevada que exista. Pero la religi?n no es la ?nica diferencia entre grupos que puede ser utilizada para promover guerras. Cualquier diferencia de cultura o lenguaje puede servir, y el poder del racismo para facilitar los peores tipos de conducta humana est? bien establecido. El senador Albert J. Beveridge (republicano de Indiana) present? al Senado su propia justificaci?n de inspiraci?n divina para la guerra contra las Filipinas:

?Dios no ha estado preparando a los pueblos de habla inglesa y teut?nicos durante mil a?os para otra cosa que no sea una auto-contemplaci?n vana y ociosa. ?No! Nos ha convertido en los organizadores magistrales del mundo para establecer un sistema en sitios donde reina el caos.?

Las dos guerras mundiales en Europa, aunque fueron libradas entre naciones consideradas ahora t?picamente como ?blancas?, involucraron tambi?n el racismo por todas las partes. El peri?dico franc?s La Croix celebr? el 15 de agosto de 1914: ?el antiguo br?o de los galos, los romanos, y los franceses que resurge dentro de nosotros?, y declar? que:

?Los alemanes deben ser expurgados de la ribera izquierda del Rin. Esas hordas infames deben ser ahuyentadas dentro de sus propias fronteras. Los galos de Francia y B?lgica deben rechazar al invasor con un golpe decisivo, de una vez por todas. La guerra racial se hace presente.?

Tres a?os despu?s lleg? la hora de que EE.UU. perdiera la raz?n. El 7 de diciembre de 1917, el congresista Walter Chandler (dem?crata por Tennessee) declar? en la sala de la C?mara:

?Se ha dicho que si se analiza la sangre de un jud?o bajo el microscopio, se encontrar? al Talmud y al Antiguo Testamento flotando en algunas part?culas. Si se analiza la sangre representativa de un alem?n o teut?n se encontrar?n ametralladoras y part?culas de obuses y bombas flotando en la sangre? Hay que combatirlos hasta destruir a toda la panda.?

Esta forma de pensar ayuda no s?lo a extraer las chequeras de los bolsillos de miembros del congreso para financiar la guerra, sino tambi?n para que env?en a los j?venes a la guerra para que cometan la matanza. No es f?cil matar. Cerca de un 98% de la gente tiende a ser muy reacia a matar a otros. Un psiqu?atra ha desarrollado una metodolog?a para permitir que la Armada de EE.UU. prepare mejor asesinos para matar. Incluye t?cnicas para:

??lograr que los hombres piensen en los enemigos potenciales que tendr?n que enfrentar como formas inferiores de vida, [mediante pel?culas] sesgadas para presentar al enemigo como menos que humano: la estupidez de las costumbres locales es ridiculizada, las personalidades locales son presentadas como semidioses mal?volos.?

?A un soldado estadounidense le es mucho m?s f?cil matar a un hadji [expresi?n peyorativa usada por la soldadesca estadounidense para describir a todos los musulmanes, N. del T.] que a un ser humano, tal como a los soldados nazis les fue m?s f?cil matar a Untermenschen [seres humanos inferiores, expresi?n racista utilizada para catalogar a jud?os, roma y eslavos, N. del T,]. William Halsey, quien comand? las fuerzas navales de EE.UU. en el Pac?fico Sur durante la Segunda Guerra Mundial, pensaba que su misi?n era ??Matar japs [expresi?n peyorativa utilizada para calificar a los japoneses], matar japs, matar m?s japs!?, y hab?a prometido que cuando la guerra hubiera terminado, el idioma japon?s ser?a hablado solo en el infierno? Si la guerra se desarroll? de manera que los hombres que mataron bestias gigantes se ocuparan de matar a otros hombres al morir esos animales, como teoriza Ehrenreich, su cooperaci?n con el racismo y todas las dem?s distinciones entre grupos de gente es prolongada. Pero el nacionalismo es la m?s reciente poderosa y misteriosa fuente de devoci?n m?stica alineada con la guerra, que en s? surgi? de las guerras. Mientras los antiguos caballeros mor?an por su propia gloria, hombres y mujeres modernos mueren por un trozo enarbolado de tela coloreada a los que ellos no le importan para nada. El d?a despu?s que EE.UU. declarara la guerra contra Espa?a en 1898, el primer Estado (Nueva York) promulg? una ley que requer?a que los escolares saludaran la bandera de EE.UU. Otros le siguieron. El nacionalismo era la nueva religi?n.?

Seg?n los informes Samuel Johnson observ? que el patriotismo es el ?ltimo refugio de un canalla, mientras otros han sugerido que, al contrario, es el primero. Cuando tiene que ver con la motivaci?n de emociones belicistas, si otras diferencias fallan, siempre existe la siguiente: el enemigo no pertenece a nuestro pa?s ni saluda nuestra bandera. Cuando EE.UU. fue involucrado m?s profundamente gracias a mentiras en la Guerra de Vietnam, todos los senadores, menos dos, votaron por la resoluci?n del Golfo de Tonk?n. Uno de los dos, Wayne Morse (dem?crata de Oreg?n) dijo a otros senadores que el Pent?gono le hab?a dicho que el supuesto ataque por los norvietnamitas hab?a sido provocado. La informaci?n de Morse era correcta. Cualquier ataque habr?a sido provocado. Pero el ataque en s? era ficticio. Sin embargo, los colegas de Morse no se le opusieron sobre la base de que estaba equivocado. En su lugar, un senador le dijo:

"Qu? diablos, Wayne, no se puede iniciar una pelea con el presidente cuando todas las banderas ondean y estamos a punto de iniciar una convenci?n nacional. Todo lo que [el presidente] Lyndon [Johnson] quiere es un trozo de papel que le diga que hicimos lo correcto all?, y que lo apoyamos.?

Mientras la guerra continuaba a duras penas, destruyendo sin sentido millones de vidas, senadores en el Comit? de Relaciones Exteriores discut?an en secreto su preocupaci?n porque se les hab?a mentido. Pero prefirieron guardar silencio, y las actas de esas reuniones no fueron hechas p?blicas hasta 2010. Al parecer las banderas hab?an seguido ondeando durante todos los a?os hasta entonces.

La guerra es tan buena para el patriotismo como el patriotismo es para la guerra. Cuando comenz? la Primera Guerra Mundial, muchos socialistas europeos se unieron alrededor de sus diversas banderas nacionales y abandonaron la lucha por la clase trabajadora internacional. Todav?a en la actualidad, nada impulsa tanto a la oposici?n estadounidense a las estructuras internacionales de gobierno como nuestro inter?s en la guerra y la insistencia en que los soldados estadounidenses nunca sean sometidos a otra autoridad que la de Washington D.C.

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NO SON 10 MILLONES DE PERSONAS. ES ADOLF HITLER

Pero las guerras no son libradas contra banderas o ideas, naciones o dictadores satanizados. Son libradas contra personas, un 98% de las cuales son reacias a matar, y que en su mayor?a tuvieron poco o nada que ver con el origen de la guerra. Una manera de deshumanizar a esa gente es reemplazarla por completo por la imagen de un solo individuo monstruoso.

Marlin Fitzwater, secretario de prensa de la Casa Blanca para los presidentes Ronald Reagan y George H. W. Bush, dijo que la guerra es ?m?s f?cil de comprender para la gente si el enemigo tiene una cara?. Dio ejemplos: ?Hitler, Ho Chi Minh, Sadam Hussein, Milosevic?. Fitzwater tambi?n podr?a haber incluido el nombre de Manuel Antonio Noriega. Cuando el primer presidente Bush trat?, entre otras cosas, de probar que no era ning?n ?debilucho? al atacar Panam? en 1989, la justificaci?n m?s destacada fue que el dirigente paname?o era un tipo raro, malvado, enloquecido por la droga, con una cara marcada por la viruela, al que le gustaba cometer adulterio. Un art?culo importante en el extremadamente serio New York Times del 26 de diciembre de 1989, comenz? diciendo:

?La central de los militares de EE.UU. aqu?, que ha presentado al general Manuel Antonio Noriega como un dictador antojadizo, que esnifa coca?na, quien reza a dioses del vud?, anunci? hoy que el dirigente depuesto usaba ropa interior roja y se relacionaba con prostitutas?.

No importa que Noriega haya trabajado para la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) incluso cuando rob? la elecci?n de 1984 en Panam?. No importa que su verdadero crimen haya sido negarse a apoyar la guerra de EE.UU. contra Nicaragua. No importa que EE.UU. haya sabido durante a?os del narcotr?fico de Noriega y continuado a trabajar con ?l. Ese hombre esnifaba coca?na en ropa interior roja con mujeres que no eran su esposa. ?Es agresi?n con tanta certeza como la invasi?n de Polonia por Adolf Hitler hace 50 a?os?, declar? el secretario adjunto de Estado Lawrence Eagleburger hablando del narcotr?fico de Noriega. Los liberadores estadounidenses que invadieron Panam? incluso afirmaron que encontraron un gran mont?n de coca?na en una de las casas de Noriega, aunque result? que eran tamales envueltos en hojas de pl?tanos. ?Y si los tamales hubieran sido realmente coca?na? ?Hubieran justificado, como el descubrimiento de verdaderas ?armas de destrucci?n masiva? en Bagdad en 2003, la guerra?

La referencia de Fitzwater a "Milosevic" fue, claro est?, a Slobodan Milosevic, entonces presidente de Serbia, a quien David Nyhan del Boston Globe llam? en enero de 1999, ?lo m?s parecido a Hitler que Europa haya enfrentado en el ?ltimo medio siglo?. Excepto, ya sab?is, todos los dem?s. En 2010, la pr?ctica en la pol?tica interior de EE.UU., de comparar con Hitler a cualquiera con el que se estuviera en desacuerdo se hab?a hecho casi c?mica, pero es una pr?ctica que ha ayudado a lanzar muchas guerras y todav?a podr?a provocar m?s. Sin embargo, para pelearse hacen falta dos: en 1999, los serbios llamaban al presidente de EE.UU. ?Bill Hitler?.

En la primavera de 1914, en un cine en Tours, Francia, una imagen de Guillermo II, emperador de Alemania, apareci? por un momento en la pantalla. Se arm? la gorda.

?Todos gritaban y silbaban, hombres, mujeres, y ni?os, como si hubieran sido insultados personalmente. La gente bonachona de Tours, que no sab?a m?s del mundo y de la pol?tica que lo que le?an en sus peri?dicos, se volvi? loca por un instante,? seg?n Stefan Zweig. Pero los franceses no combatir?an contra el K?iser Guillermo II. Combatir?an contra gente de a pie que por casualidad hab?a nacido a poca distancia de ellos mismos, en Alemania.

Con el pasar de los a?os nos han dicho cada vez m?s que las guerras no son contra la gente, sino s?lo contra malos gobiernos y sus mal?volos dirigentes. Una y otra vez nos dejamos enga?ar por ret?rica trillada sobre nuevas generaciones de armas ?de precisi?n? que nuestros dirigentes afirman que pueden atacar a reg?menes opresores sin da?ar a la gente que pensamos que estamos liberando. Y libramos guerras por el ?cambio de r?gimen?. Si las guerras no terminan cuando el r?gimen ha sido cambiado, es porque tenemos la responsabilidad de las criaturas ?ineptas?, de los ni?itos, cuyos reg?menes hemos cambiado. Sin embargo, no existe un antecedente establecido de que esto haga alg?n bien. EE.UU. y sus aliados lo hicieron relativamente bien en Alemania y Jap?n despu?s de la Segunda Guerra Mundial, pero podr?an haberlo hecho tambi?n por Alemania despu?s de la Primera Guerra Mundial y haberse ahorrado la secuela. Alemania y Jap?n fueron convertidos en escombros, y las tropas estadounidenses todav?a no se van. No es exactamente un modelo para nuevas guerras.

Mediante guerras o acciones semejantes, EE.UU. ha derrocado gobiernos en Haw?i, Cuba, Puerto Rico, las Filipinas, Nicaragua, Honduras, Ir?n, Guatemala, Vietnam, Chile, Granada, Panam?, Afganist?n, e Iraq, para no mencionar el Congo (1960); Ecuador (1961 & 1963); Brasil (1961 & 1964); la Rep?blica Dominicana (1961 & 1963); Grecia (1965 & 1967); Bolivia (1964 & 1971); El Salvador (1961); Guyana (1964); Indonesia (1965); Ghana (1966); y desde luego Hait? (1991 and 2004). Hemos reemplazado la democracia por dictaduras, las dictaduras por el caos, y el gobierno local por dominaci?n y ocupaci?n estadounidense. En ning?n caso hemos reducido evidentemente el mal. En la mayor?a de los casos, incluidos Ir?n e Iraq, las invasiones estadounidenses y golpes respaldados por EE.UU. han causado severa represi?n, desapariciones, ejecuciones extra-judiciales, tortura, corrupci?n y prolongados reveses para las aspiraciones democr?ticas de la gente com?n.

El enfoque en los gobernantes en las guerras no es motivado por el altruismo sino por la propaganda. A la gente le gusta imaginar que una guerra es un duelo entre grandes dirigentes. Eso requiere que se satanice a uno y glorifique al otro.

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SI NO EST?S A FAVOR DE LA GUERRA, EST?S A FAVOR DE TIRANOS, ESCLAVITUD Y NAZISMO

EE.UU. naci? de una guerra contra el personaje del rey Jorge, cuyos cr?menes son enumerados en la Declaraci?n de Independencia. Jorge Washington fue glorificado como corresponde. El rey Jorge de Inglaterra y su gobierno eran culpables de los cr?menes aducidos, pero otras colonias obtuvieron sus derechos e independencia sin una guerra. Como en el caso de todas las guerras, no importa cu?n antiguas y gloriosas, la Revoluci?n Estadounidense fue impulsada por mentiras. La historia de la Masacre de Boston, por ejemplo, fue tan distorsionada que resulta irreconocible, incluido un grabado de Paul Revere que mostraba a los brit?nicos como carniceros. Benjamin Franklin produjo una edici?n falsificada del Boston Independent en la cual los brit?nicos alardeaban de la caza de cabelleras. Thomas Paine y otros panfletistas entusiasmaron a los colonos a favor de la guerra, pero no sin consejos err?neos y falsas promesas. Howard Zinn describe lo que pas?:

?Cerca de 1776, cierta gente importante en las colonias inglesas hizo un descubrimiento que resultar?a ser enormemente ?til durante los doscientos a?os siguientes. Vieron que al crear una naci?n, un s?mbolo, una unidad legal llamada EE.UU., pod?an apoderarse de tierras, ganancias y poder pol?tico de favoritos del Imperio Brit?nico. Al hacerlo, pod?an contener una serie de rebeliones potenciales y crear un consenso de apoyo popular para el gobierno de una nueva dirigencia privilegiada.?

Como se?ala Zinn, antes de la revoluci?n hab?a habido 18 levantamientos contra gobiernos coloniales, seis rebeliones negras, y 40 disturbios, y las elites pol?ticas vieron una posibilidad de reorientar la c?lera contra Inglaterra. A pesar de ello los pobres, quienes no se beneficiar?an con la guerra o cosechar?an sus recompensas pol?ticas, tuvieron que ser obligados por la fuerza para que combatieran en ella. Muchos, incluidos esclavos a los que los brit?nicos prometieron m?s libertad, desertaron o cambiaron de lado. El castigo por infracciones en el Ej?rcito Continental, era 100 latigazos. Cuando Jorge Washington, el m?s rico en EE.UU., no pudo convencer al Congreso de que aumentara el l?mite legal a 500 latigazos, consider? la posibilidad de que en su lugar se utilizara el trabajo forzado, pero abandon? la idea porque el trabajo forzado habr?a sido indistinguible del servicio regular en el Ej?rcito Continental. Los soldados tambi?n desertaban porque necesitaban alimento, vestimenta, albergue, medicinas y dinero. Se alistaban por la paga, no les pagaban, y pon?an en peligro el bienestar de sus familias al permanecer en el Ej?rcito sin paga. Cerca de dos tercios eran ambivalentes a favor o en contra de la causa por la que combat?an y sufr?an. Rebeliones populares, como la Rebeli?n de Shays en Massachusetts vinieron despu?s de la victoria revolucionaria.

Los revolucionarios estadounidenses tambi?n pudieron abrir el oeste a la expansi?n y a las guerras contra los nativos americanos, algo que los brit?nicos hab?an estado prohibiendo. La Revoluci?n Estadounidense, el acto mismo de nacimiento y liberaci?n de EE.UU., fue tambi?n una guerra de expansi?n y conquista. El rey Jorge, seg?n la Declaraci?n de Independencia, ?se hab?a esforzado por provocar a los habitantes de nuestras fronteras, los implacables Indios Salvajes?. Por cierto, se trataba de gente que combat?a en defensa de sus tierras y sus vidas. La victoria en Yorktown fue una mala noticia para su futuro, ya que Inglaterra transfiri? sus tierras a la nueva naci?n.

Otra guerra sagrada en la historia de EE.UU., la Guerra Civil, fue librada ?cree tanta gente? a fin de poner fin al mal de la esclavitud. En realidad, ese objetivo fue una excusa tard?a para una guerra que ya hab?a comenzado, tal como llevar la democracia a Iraq se convirti? en una justificaci?n tard?a para una guerra iniciada en 2003, abrumadoramente en nombre de la eliminaci?n de armamento ficticio. En realidad, la misi?n de terminar con la esclavitud era necesaria para justificar una guerra que se hab?a hecho demasiado horrorosa como para justificarla s?lo con el vac?o objetivo pol?tico de la ?uni?n?. El patriotismo todav?a no hab?a sido inflado hasta ser la enormidad que es actualmente. Las v?ctimas aumentaban fuertemente: 25.000 en Shiloh, 20.000 en Bull Run, 24.000 en un d?a en Antietam. Una semana despu?s de Antietam, Lincoln emiti? la Proclamaci?n de Emancipaci?n, que liberaba a los esclavos s?lo donde Lincoln no pod?a liberar a los esclavos si no ganaba la guerra. (Sus ?rdenes liberaron a los esclavos s?lo en Estados del Sur que se hab?an separado, no en los Estados fronterizos que continuaban en la uni?n.) El historiador de Yale, Harry Stout, explica por qu? Lincoln tom? ese paso:

?Seg?n el c?lculo de Lincoln, la matanza debe continuar en una escala cada vez mayor. Pero para lograrlo, tiene que persuadir a la gente para que derrame sangre sin reservas. Esto, por su parte, requer?a una certeza moral de que la matanza era justa. S?lo la emancipaci?n ?la ?ltima carta de Lincoln? asegurar?a una certeza semejante.?

La Proclamaci?n tambi?n tuvo ?xito contra la entrada a la guerra de Gran Breta?a de parte del Sur.

No podemos saber con seguridad lo que hubiera pasado en las colonias sin la revoluci?n, o a la esclavitud sin la Guerra Civil. Pero sabemos que gran parte del resto del hemisferio termin? con el r?gimen colonial y la esclavitud sin guerras. Si el Congreso hubiera tenido la decencia de terminar la esclavitud mediante legislaci?n, tal vez la naci?n la hubiera terminado sin divisi?n. Si se hubiera permitido que el Sur de EE.UU. se independizara en paz, y la Ley de Esclavos Fugitivos hubiese sido f?cilmente revocada por el Norte, parece poco probable que la esclavitud habr?a durado mucho m?s.

Se habla menos de la Guerra entre M?xico y EE.UU., que fue librada en parte para expandir la esclavitud ? una expansi?n que puede haber ayudado a conducir a la Guerra Civil. Cuando EE.UU., durante esa guerra, oblig? a M?xico a renunciar a sus territorios septentrionales, el diplom?tico estadounidense Nicholas Trist negoci? con extrema firmeza sobre un punto. Escribi? al secretario de Estado de EE.UU.: ?Asegur? [a los mexicanos] que si pudieran ofrecerme todo el territorio descrito en nuestro proyecto, con un valor aumentado por diez y, adem?s, cubierto enteramente con una capa de un grosor de un pi? de oro puro, con la ?nica condici?n de que se excluyera la esclavitud, no podr?a considerar la oferta ni por un instante.?

?Fue librada esa guerra contra el mal, o por su cuenta?

La guerra m?s sagrada e incuestionable en la historia de EE.UU., es la Segunda Guerra Mundial. En las mentes de numerosos estadounidenses contempor?neos, la Segunda Guerra Mundial fue justificada por el grado de maldad de Adolf Hitler, y esa maldad se encuentra sobre todo en el holocausto.

Pero no encontrar?is ning?n afiche de reclutamiento del T?o Sam que diga ?Te quiero? para salvar a los jud?os?. Cuando se introdujo una resoluci?n en el Senado de EE.UU. en 1934 que expresaba ?sorpresa y dolor? ante las acciones de Alemania, pidiendo que Alemania restaurara los derechos a los jud?os, el Departamento de Estado ?caus? que fuera enterrada en el comit?.

En 1937 Polonia hab?a desarrollado un plan para enviar a los jud?os a Madagascar, y la Rep?blica Dominicana tambi?n ten?a un plan para aceptarlos. El primer ministro Neville Chamberlain de Gran Breta?a present? un plan para enviar a los jud?os alemanes a Tanganica en ?frica Oriental. Representantes de EE.UU., Gran Breta?a, y de naciones suramericanas se reunieron en el lago de Ginebra en julio de 1938 y se pusieron de acuerdo en que no aceptar?an a los jud?os.

El 15 de noviembre de 1938, periodistas preguntaron al presidente Franklin Roosevelt qu? se pod?a hacer. Respondi? que se negar?a a considerar que se permitieran m?s inmigrantes que los permitidos por el sistema est?ndar de cuotas. Se presentaron leyes en el Congreso para permitir que 20.000 jud?os bajo la edad de 14 a?os entraran a EE.UU. El senador Robert Wagner (dem?crata de Nueva York) dijo: ?Miles de familias estadounidenses ya han expresado su disposici?n a recibir a ni?os refugiados en sus casas?. La primera dama Eleanor Roosevelt dej? de lado su antisemitismo para apoyar la legislaci?n, pero su esposo la bloque? con ?xito durante a?os.

En julio de 1940, Adolf Eichmann, ?el arquitecto del holocausto?, quer?a enviar a todos los jud?os a Madagascar, que entonces pertenec?a a Alemania, ya que Francia hab?a sido ocupada. Los barcos tendr?an que esperar s?lo hasta que los brit?nicos, lo que entonces significaba Winston Churchill, terminaran su bloqueo. Eso nunca tuvo lugar. El 25 de noviembre de 1940, el embajador franc?s pidi? al secretario de Estado de EE.UU. que considerara la aceptaci?n de refugiados jud?os alemanes que entonces estaban en Francia. El 21 de diciembre, el secretario de Estado lo rechaz?. En julio de 1941, los nazis hab?an determinado que una soluci?n final para los jud?os consistir?a de un genocidio en lugar de la expulsi?n.

En 1942, con la ayuda del Bur? del Censo, EE.UU. encerr? a 110.000 japoneses-estadounidenses y japoneses en varios campos de concentraci?n, sobre todo en la Costa Oeste, donde fueron identificados con n?meros en lugar de nombres. Esa acci?n, emprendida por el presidente Roosevelt, fue apoyada dos a?os despu?s por la Corte Suprema de EE.UU.

En 1943, soldados blancos estadounidenses fuera de servicio atacaron a latinos y africano-estadounidenses en los ?disturbios zoot suit [trajes pachucos]?, desnud?ndolos y golpe?ndolos en las calles de una manera que hubiera enorgullecido a Hitler. El consejo municipal de Los Angeles, en un notable intento de culpar a las v?ctimas, respondi? con la prohibici?n del estilo de vestimenta usado por inmigrantes mexicanos llamado zoot suit. Cuando soldados estadounidenses iban apretujados en el Queen Mary en 1945 en camino a la guerra europea, los negros estaban separados de los blancos y estibados en lo profundo del barco cerca de la sala de m?quinas, lo m?s lejos posible del aire fresco, en el mismo lugar en el que los negros hab?an sido llevados a Am?rica desde ?frica siglos antes. Los soldados africano-estadounidenses que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial no pudieron volver legalmente a casa a muchos sitios de EE.UU. si se hab?an casado con mujeres blancas en el extranjero. Soldados blancos que se hab?an casado con asi?ticas enfrentaron las mismas leyes contra el cruce de razas en 15 Estados.

Es simplemente disparatado sugerir que EE.UU. libr? la Segunda Guerra Mundial contra la injusticia racial o para salvar a los jud?os. Lo que nos dicen sobre el motivo de las guerras es muy diferente de su verdadero objetivo. En gran parte, las guerras son racismo por otros medios.

Fuente: http://americas.mediamonitors.net/content/view/full/82999

David Swanson es cofundador de AfterDowningStreet, escritor y activista, y el director en Washington de Democrats.com. Contribuy? este art?culo a Media Monitors Network (MMN).

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Tags: guerra, racismo, guerra mundial, judíos, cólera, rebeliones, revolución

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