S?bado, 26 de febrero de 2011


En una sociedad regida por la moral cristiana (es un decir), cuya aplicaci?n tuvo y tiene en el mundo llamado civilizado (el primero en lo econ?mico) m?s de Inquisici?n que de defensa de las buenas costumbres, el sexo constituy? el primero de los ingredientes a combatir por las autoridades ? por tanto, un ping?e negocio ? que en aplicaci?n de lo que se suele denominar libertad de expresi?n, se compensaba con la permisividad y promoci?n de publicaciones er?ticas, habida cuenta de los beneficios que se obten?an gracias a las debilidades y frustraciones humanas, como con el hoy satanizado tabaco, el alcohol y otra serie de drogodependencias legales. A finales de 1965, la industria norteamericana del disco (Columbia, Crystalate, Decca Records, The Gramophone Company, Path?, Victor), por tanto del rock and roll, potenciaba el consumo de aquellas tentaciones, generando un 500% de beneficios sobre los obtenidos en 1960.* La influencia del R&R sobre las j?venes generaciones, allende el Atl?ntico, Pac?fico y el R?o Grande, tuvieron una decisiva importancia en el desarrollo de la m?sica popular, desde Gran Breta?a, Centro y Sur de Am?rica, pasando por Francia, Espa?a e Italia, que hasta entonces se hab?an limitado a proteger su industria discogr?fica, con imitadores de las estrellas norteamericanas, tales como Johnny Halliday en Francia, Los Teen Tops en M?xico, Los Estudiantes en Espa?a, Adriano Celentano en Italia o Los Llopis en Cuba.

Pero no era solo aquella catarata de ritmo la que inundaba las ondas. Las edulcoradas canciones de decenas de solistas y grupos como los inigualables The Platters, cuyos mensajes hablaban habitualmente de amores no correspondidos, hallaron una contundente respuesta al otro lado del Atl?ntico, con la llegada de un tema titulado Love me Do. ?Hab?an llegado The Beatles ?, cabeza de puente entre EEUU y Gran Breta?a, estandarte de la llamada British Invasion, que acab? abruptamente con el reinado del R&R yanqui, aunque las bandas de Liverpool, Londres o Glasgow fueran hijas directas de aquel.

El optimismo y la vivacidad que distingu?an a los m?sicos j?venes de Liverpool (inherentes a las bandas surgidas en aquel tugurio llamado The Cavern), que se dio en llamar Mersey Sound* (tomado del r?o que atraviesa aquella ciudad inglesa), contagiaron a millones de adolescentes, cansados por un lado de Elvis Presley, sus versiones de obras ya consagradas e impostaci?n vocal, a lo que hab?a que a?adir su nuevo look, en el que su vestimenta habitual se hallaba m?s cercana a la de una luminaria circense, que a la de un rockero.

El cuarteto m?s c?lebre de la historia, con traje oscuro, botines negros, camisa blanca y estrecha corbata, supo cambiar radicalmente el escenario de mediados de los a?os sesenta, lanzando un slogan clavado en las ant?podas de los temas sentimentales: ?She loves you, yeah, yeah? (?Ella te quiere, s?, s???), compensaba los lamentos del She Don?t Love me Anymore (Ella no me quiere m?s), t?pico de mil canciones rom?nticas de la ?poca.

Aquella sencillez de las primeras obras del cuarteto, el fen?meno social que provoc? su irrupci?n en el mundo de la m?sica joven, acrecentado con la frescura de los filmes que dirigi? Richard Lester (A Hard Day?s Night y Help?), sus nuevas propuestas sonoras, asumiendo la responsabilidad de sus obras, hasta en el punto de decidir c?mo deb?an ser las portadas de sus discos (Sargeant Pepper? s, Rubber Soul); su constante inter?s y profesionalidad a la hora de debatir y discutir arreglos y mezclas, la innegable evoluci?n est?tica de su producci?n musical, no han tenido parang?n, incluso en el siglo XXI.

Discogr?ficamente, John, Paul, George y Ringo, cuarenta a?os despu?s de su separaci?n (la vida art?stica de los Beatles dur? tan solo ocho a?os), detentan por derecho propio la categor?a de cl?sicos. Sus discos oficiales, todas sus maquetas, todas las sesiones de estudio y actuaciones en directo que la compa??a EMI nunca imagin? publicar, han ido apareciendo de forma paulatina, como una demostraci?n palpable de aquello que, el 23 de Abril de 1984, me comentaba Eric Burdon (The Animals), tras una memorable actuaci?n celebrada dentro de los actos culturales del D?a de Castilla y Le?n (Villalar de los Comuneros, Valladolid): En Estados Unidos toda la buena m?sica era negra. Los colonos se limitaron a seguir cantando m?sica country y folklore europeo. En cualquier ciudad de los USA puedes encontrar m?sicos formidables, pero no hay libertad para la creaci?n, no hay debate art?stico, ni sentido del humor.Todo lo dirige la industria. Y en aquellos a?os tan esperanzadores, en Gran Breta?a es donde se desarrollaban todas las nuevas tendencias del rock: desde el glam al punk, del heavy al sinf?nico? Somos un pa?s en el que los j?venes crean estilos en la calle, en el barrio. Eso es arte popular.

Los grupos de rock emergentes entre los 60 y 70 del pasado siglo eran habitualmente tildados de provocativos e izquierdosos, de incitar a las mujeres a liberarse de sus monstruos internos, de sus viejas concepciones sobre la fidelidad, el amor, el matrimonio y la libertad. El slogan Haz el amor y no la guerra, acu?ado en Woodstock por la comunidad hippie, alarm? a la sociedad yanqui con m?s fuerza a?n que durante la etapa dorada del rock and roll, cuyos representantes m?s genuinos, comparados con Jimi Hendrix, The Doors, Rolling Stones, Janis Joplin o Country Joe and The Fish, resultaban personas due?as de un tradicionalismo m?s que tranquilizador para aquel tipo de democracia.

Una buena parte de aquella glorias del rock and roll blanquecino, no soportaban su exilio en las ondas. Elvis Presley, el m?s afectado por las nuevas tendencias, odiaba aquel destierro art?stico, aunque su p?blico ya no era joven, ni rebelde. El llamado Rey del Rock (jam?s aceptar? ese pretencioso t?tulo) inici? su descenso al ba?l de los mediocres cuando abandon? los vaqueros en el desv?n. Como apunt? anteriormente, sus peinados, ropas o modelos, luc?an brillantina, quincalla y oropel, lentejuelas y cinturones imposibles, a guisa de vedette de revista, lo que sumado a sus ademanes, repertorio y estilo, le llevaron finalmente al luminoso escenario Las Vegas, conocido art?sticamente como El Cementerio de los Elefantes.

Ello provoc? que el 21 de diciembre de 1970, un mosqueado Presley consiguiera cumplir uno de sus sue?os, gestado a bordo de un avi?n de American Airlines, desde donde escribi? de pu?o y letra una carta para el entonces presidente de los EEUU. Elvis quer?a que Richard Nixon le recibiera en la Casa Blanca. Lo consigui?. La breve charla demostr? que ambos coincid?an en varios puntos: la preocupaci?n por las costumbres de los j?venes, por el consumo de drogas, la amenaza del comunismo y los conflictos raciales, generados por las demandas de igualdad de derechos de los negros*.

El plan urdido por Elvis era convertirse en una especie de Agente Federal, para combatir las supuestas amenazas contra el r?gimen. Una decisi?n que le granje? tantas cr?ticas acerbas, como alabanzas en el mejor estilo John Wayne o Charlton Heston. Ofrecerse al servicio de un gobierno ultra conservador, justamente opuesto al esp?ritu del rock, rebelde y transgresor, no hizo m?s que demostrar la miseria moral, la tragedia de la estrella en declive, las contradicciones de alguien que hab?a perdido un trono que jam?s debi? haber ocupado, y que parad?jicamente, en pleno verano del 1977, aparec?a muerto en Graceland, su mansi?n de Memphis, por una sobredosis de drogas. Un caso con sabor inequ?vocamente americano.

En los a?os 70, comenz? otra etapa m?s enrevesada en las formas y fondos, que las bandas, grupos y solistas aprovecharon para lanzarse de lleno a la b?squeda de un Grial mel?dico, bautizado de inmediato merced a la utilizaci?n de cr?ticos musicales, a quienes se consultaba con la misma confianza con la que los griegos consultaba al Or?culo de Delfos, a la hora de hallar un nombre determinado, para una m?sica que parec?a (deb?a ser) original. Las nuevas acepciones eran tantas como el n?mero de artistas.

Esa labor de padrinazgo ten?a una l?gica compensaci?n econ?mica, a la que se a?ad?a otra clase de obsequios en forma de viajes, lujosos hoteles y limusinas, am?n de todo tipo de regalos que aseguraban a los empresarios del sector la sumisi?n de aquellos profesionales, mel?manos en su mayor parte, corruptibles en una amplia mayor?a, que acostumbraban a ser los bi?grafos (hagi?grafos en definitiva) de una determinada estrella del pop, a quienes se untaba, en ocasiones especiales, cual era un debut discogr?fico o el lanzamiento especial de una obra, perteneciente a una estrella consagrada o pr?xima a serlo.

Los locutores de las emisoras en las que el Hit Parade* era b?sico a la hora de mantener viva a la audiencia, precisaban de f?rmulas de esa clase, cuando de presentar una canci?n se trataba, ya se tratase de Surf, Soul, Detroit Sound, Flower Pop, Christian Rock y otros.

Enterrado pues el otrora escandaloso meneo de pelvis (que hoy semeja en el mundo de habla sajona algo parecido al pop yey? para los espa?oles, salvando las diferencias, que son enormes), la escena del rock, puro y duro, cedi? su espacio a interminables variables en las que abundaban unos largu?simos riffs de guitarra, tan insoportables como los solos de bater?a y percusi?n, por muy profesionales e inspirados que fueran Robert Fripp o Jimmy Page, Ginger Baker o Nick Mason. Se trataba de un gui?o infantil, un truco disculpable utilizado para demostrar genio y figura.

Las nuevas generaciones de m?sicos atravesaban por un per?odo de introspecci?n o psicoan?lisis, de catarsis colectiva, de investigaci?n exhaustiva sobre su condici?n de autores de una m?sica llamada menor, ante la avalancha de opiniones de toda ?ndole que aparec?an en la prensa especializada. Las revistas Melody Maker, Musical Express, Record Mirror, Rolling Stone (que comenz? a publicarse en 1967), o incluso el Playboy, que prestaba sus p?ginas centrales a las estrellas de la m?sica, eran lectura b?sica y obligada para cualquier mel?mano. Algunos de aquellos profesionales, como los brit?nicos Charlie Gillet y John Peel, criticaban en sus art?culos la escasa importancia que se conced?a, dentro de la industria discogr?fica, a la calidad de las letras, producci?n y renovaci?n tecnol?gica.

La cultura, grosso modo, ese terreno intangible, intrincado y misterioso, generador de debates, complejos y enormes deseos de pertenencia, parec?a hasta entonces un espacio vetado a los B?rbaros del Ritmo. Bastaron los escritos y poemas del t?ndem Allen Gingsberg ? Jack Kerouacs (la Beat Generation), la devoci?n de ambos por Bob Dylan y el rythm and blues; la espont?nea decisi?n de Truman Capote para?acompa?ar?a los Rolling Stones en su American Tour de 1972, el memorable recital de Jim Morrison (The Doors) declamando varios poemas de Rimbaud y Baudelaire o la debilidad de Andy Warhol para con?la Velvet Underground, para que el ode?n desde el que emergen los nuevos caminos expresivos del arte, abriera de par en par sus o?dos, puertas y salones a los m?sicos de aquella d?cada.

Fue entonces, cuando algunos l?deres del rock mostraron que la m?sica cl?sica o culta, no les era ajena a la hora de componer. De todo ello hablar? en la pr?xima entrega.

Notas

1.- Las p?ginas de ofertas de trabajo en la prensa de la ?poca, se llenaban de reclamos para cubrir plazas en departamentos que precisaban de personal especializado en aquellas nuevas y no tan modernas profesiones, como editores de m?sica, productores, empleados de estudios, ingenieros de sonido, directivos de empresas discogr?ficas, expertos en publicidad, asistentes en tiendas especializadas, en agencias de derechos de ejecuci?n, presentadores de espect?culos de m?sica en vivo, locutores musicales, agentes de prensa, promotores, salas de m?sica, t?cnicos de equipo de sonido, de luminotecnia, managers, road-manager, periodistas especializados, fabricantes de instrumentos musicales y otros.

2.- Bajo ese apelativo fueron surgiendo varias formaciones que, a la sombra de los Beatles, trataban en vano de emular el ?xito del cuarteto. Entre ellas figuraban The Merseybeats, Gerry & The Pacemakers, The Searchers, The Troggs, The Nashville Teens, etc.

3.- La carta de Elvis a Nixon (de la que ofrezco unos p?rrafos), dec?a as?:

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Estimado Sr. Presidente:

En primer lugar, me gustar?a presentarme. Mi nombre es Elvis Presley. Le admiro y siento un gran respeto por su trabajo. Pude charlar hace d?as con el Vicepresidente Spiro Agnew, en Palm Springs, al que expres? mis preocupaciones sobre nuestra patria. La cultura de la droga, los hippies, los Panteras Negras, etc. no me consideran todav?a un enemigo (?/?) Ellos, para referirse a nuestra patria dicen establishment, y yo Am?rica, que me encanta. Si usted quisiera yo podr?a servir de ayuda a nuestro pa?s. No tengo otras preocupaciones, ni motivos diferentes de los que le digo, para ponerme al servicio de la naci?n. (?/?) Deseo un t?tulo, un trabajo como Agente Federal, dado que en mi carrera tengo contactos con personas de todas las edades. En primer lugar y ante todo, yo soy un artista, pero todo lo que necesito es las credenciales federales. Estoy en el avi?n con el senador George Murphy y hemos estado discutiendo los problemas a los que se enfrenta nuestro pa?s. (?/?) Estar? en este hotel siempre y cuando se me necesite para obtener ese documento. He hecho un estudio a fondo del uso indebido de drogas y del t?pico lavado de cerebro que suelen hacer los comunistas, y creo que soy de gran ayuda (?/?) Estoy nominado como una de las 10 personas m?s destacados para los j?venes de Am?rica. Ser? en el 18 de enero en mi ciudad natal, Memphis, Tennessee. Me encantar?a conocerle s?lo para decirle hola, si no est? demasiado ocupado.

Respetuosamente,

Elvis Presley

P.D.: Creo que usted, se?or Presidente, fue tambi?n uno de los diez hombres m?s destacados de Am?rica. Tengo un regalo para usted que me encantar?a entregarle en persona.


4.- En la terminolog?a de la m?sica popular, el Hit Parade (denominado en ingl?s) es una clasificaci?n permanente de canciones en boga, con relaci?n a sus ventas de discos y frecuencia de emisi?n en los medios radiof?nicos. Durante la d?cada de 1960, el m?s importante en Gran Breta?a era el oficialista Top of The Pops de la BBC. En el continente fue Radio Luxemburgo la primera estaci?n europea en utilizar ese m?todo de caza y captura de audiencia. En USA, las revistas Cashbox y Billboard, ambas generosas con las editoras discogr?ficas, publicaban su Top 100 con periodicidad mensual, ofreciendo a sus suscriptores una novedad digna de menci?n, como era el env?o, cada 30 d?as, de diez discos sencillos que conten?an otras tantas novedades destacadas del mes en curso. Pero el m?s exitoso entre los j?venes del viejo continente, fue el ofrecido por Radio Carolina, emisora pirata desde cuyas instalaciones (dentro de un barco anclado fuera de las aguas jurisdiccionales brit?nicas) se programaba una suerte de Anti Hit Parade, en el que sonaban los discos m?s interesantes del momento, fuera de los circuitos comerciales.

Blog del autor: http://tenacarlos.wordpress.com/2011/02/23/rock-and-roll-grandeza-y-miserias-2%C2%AA-parte/

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: Rock and Roll, Elvis, Beatles, emisoras, Hit Parade, Pop, Sexo

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