Domingo, 27 de febrero de 2011

La decadencia total de EEUU en un mundo nuevo

TomDispatch.com

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Sinfo Fern?ndez

Este es un momento global como no recuerdo ning?n otro aunque los haya habido en la historia. S?, pueden hacerse comparaciones con la oleada de poder popular que barri? Europa Oriental cuando la Uni?n Sovi?tica se vino abajo entre 1989 y 1991. Para los que tienen recuerdos m?s antiguos, quiz? les venga a la mente 1968, ese momento abortado cuando en EEUU, Francia, Alemania, Jap?n, M?xico, Brasil y algunos lugares m?s, incluida Europa Oriental, masas de gentes misteriosamente inspiradas las unas en las otras tomaron las calles de las ciudades del planeta para proclamar que el cambio estaba en camino.

Quienes est?n buscando en los libros de historia, quiz? se detengan en el a?o 1848 cuando, en una ?poca en la que tambi?n se mezclaban las tinieblas econ?micas con los nuevos medios de difusi?n de noticias, los vientos de la libertad parecieron barrer brevemente Europa. Y, desde luego, si siguen cayendo m?s reg?menes y el torbellino se profundiza a?n m?s, siempre nos queda por considerar 1776, la Revoluci?n de EEUU, o 1789, la Revoluci?n Francesa. Ambas sacudieron el mundo a lo largo de bastantes d?cadas.

Pero la verdad es que hay que esforzarse mucho para poder encajar el momento actual en Oriente Medio en alg?n paradigma anterior, incluso aunque ?desde Wisconsin a China- est? ya amenazando con sobrepasar el mundo ?rabe y extenderse como una fiebre por todo el planeta. No recuerdo nunca que tantos gobernantes injustos, o sencillamente despreciables, se hayan puesto tan nerviosos ?o, posiblemente, se hayan sentido tan indefensos (a pesar de estar armados hasta los dientes)- en presencia de una humanidad desarmada. Y s?lo eso es ya motivo de esperanza y de alegr?a.

Incluso ahora, a?n sin entender qu? es a lo que nos enfrentamos, es una gran fuente de inspiraci?n observar c?mo cantidades asombrosas de seres humanos, muchos de ellos j?venes e insatisfechos, toman las calles en Marruecos, Mauritania, Djibuti, Om?n, Argelia, Jordania, Iraq, Ir?n, Sud?n, Yemen y Libia, por no mencionar Bahrein, T?nez y Egipto. Ver c?mo se enfrentan a las fuerzas de seguridad que utilizan porras, gases lacrim?genos, balas de caucho y, en demasiados casos, balas de verdad (en Libia, incluso helic?pteros y aviones) y c?mo van haci?ndose cada vez m?s fuertes es poco menos que incre?ble. Ver a los ?rabes exigiendo algo que est?bamos convencidos era un derecho de nacimiento y propiedad de Occidente, en particular de EEUU, pone la carne de gallina a cualquiera.

La naturaleza de este fen?meno que potencialmente sacude al mundo sigue siendo desconocido y, probablemente, en el momento actual, incognoscible. ?Est?n a punto de estallar por doquier la libertad y la democracia? Y si es as?, ?qu? implicar? ese cambio? ?Qu? bombilla es ?sa que se ha encendido inesperadamente en millones de cerebros con ayuda de Facebook y Twitter? ?Por qu? ahora? Dudo que quienes est?n protestando, y en algunos casos muriendo, lo sepan ellos mismos. Y eso son buenas noticias. Que el futuro siga siendo ?siempre- la tierra de lo desconocido deber?a inundarnos de esperanza, especialmente porque ?sa es la cruz de las elites gobernantes que quieren, pero no pueden, apropiarse de ?l.

Sin embargo, deber?a esperarse que una elite gobernante, al observar los desarrollos que sacuden el planeta, pudiera volver replantearse su situaci?n, al igual que deber?amos hacer todos nosotros. Despu?s de todo, si la humanidad puede alzarse de repente de esta forma frente al poder armado de un estado tras otro, entonces, ?hasta d?nde podemos realmente llegar en este planeta nuestro?

Al ver c?mo esas escenas se repiten constantemente, ?qui?n no volver?a a replantearse los conceptos m?s b?sicos? ?Qui?n no sentir?a la necesidad de reinventar nuestro mundo?

Perm?tanme ofrecer como candidato no a los diversos y variopintos reg?menes desesperados o moribundos del Oriente Medio, sino a Washington.

La vida en la caja de resonancia

Ha quedado claro ya que gran parte de lo que Washington ha imaginado todos estos ?ltimos a?os no eran sino estupideces, incluso antes de que el momento presente arramblara con todo. S?lo tienen que coger alguna vieja frase de los a?os de Bush. Esa de ??Est?is con nosotros o contra nosotros?? Lo que resulta impactante es lo poco que eso significa ya. Al rememorar las suposiciones desesperadamente equivocadas de Washington sobre c?mo funciona nuestro planeta, este parece ser el momento perfecto para mostrar un poco de humildad frente a lo que nadie podr?a haber predicho.

Ser?a tambi?n un buen momento para que Washington -que, desde el 12 de septiembre de 2001, no capta ni media de los desarrollos reales del planeta y en diversas ocasiones ha calculado mal la naturaleza del poder global- diera un paso atr?s y volviera a considerar las cosas.

Pues resulta que no vemos prueba alguna de que as? se apreste a hacerlo. En realidad, eso est? m?s all? de las actuales posibilidades de Washington, sin que importe cuantos miles de millones de d?lares derrame en ?inteligencia?. Y, por ?Washington?, no s?lo quiero referirme a la administraci?n Obama, o al Pent?gono, o a nuestros comandantes del ej?rcito, o a la inmensa burocracia de la inteligencia, sino a todos esos expertos y habitantes de los think tanks que pululan por la capital y a los medios de comunicaci?n que nos informan de lo que a ellos se les ocurre contarnos. Es como si el elenco de personajes que componen ?Washington? viviera ahora en alg?n tipo de c?mara de resonancia en la que s?lo son capaces de escucharse a s? mismos.

Como consecuencia, Washington parece a?n notablemente determinado a esperar a ver qu? pasa en una era que quedar? r?pidamente incorporada a los libros de historia. Aunque muchos se han dado cuenta de la desventurada lucha de la administraci?n Obama para ponerse al d?a de lo que acontece en Oriente mientras sigue aferrada a un c?rculo familiar de nefastos aut?cratas y jeques del petr?leo, perm?tanme que ilustre enteramente este punto en otra zona: la guerra, en gran parte olvidada, en Afganist?n. Despu?s de todo, esa guerra, que casi pasa desapercibida y enterrada bajo las noticias que durante veinticuatro horas siete d?as a la semana nos llegan de Egipto, Bahrein, Libia y otros lugares del Oriente Medio, prosigue su curso destructivo y costoso sin un parpadeo.

Cinco pruebas del mal o?do de Washington

Vds. pueden pensar que mientras franjas inmensas del Gran Oriente Medio est?n en llamas, alguien en Washington deber?a echar un vistazo a nuestra Guerra en AF/Pak y preguntarse, sencillamente, si ya no tendr? mucho sentido. Pues no tenemos suerte, como indican los siguientes cinco diminutos aunque elocuentes ejemplos que captaron mi atenci?n. Consid?renlos como una prueba del buen funcionamiento de la c?mara de resonancia estadounidense y una muestra de la forma en la que Washington est? demostrando ser incapaz de volver a considerar su guerra m?s larga, m?s in?til y m?s estramb?tica.

  1. Empecemos con un reciente editorial del New York Times: ?The ?Long War? May Be Getting Shorter? [Es posible que la ?Larga Guerra? se acorte]. Se public? el pasado martes mientras Libia traspasaba ?las puertas del infierno?, se trataba de un relato optimista acerca de las operaciones de contrainsurgencia en el sur de Afganist?n lanzadas por el comandante de la guerra afgana, el General David Petraeus. Sus autores son Nathaniel Fick y John Nagl, miembros de la cada vez m?s militarizada intelligentsia de Washington, que dirigen conjuntamente el Center for a New American Security en Washington. Nagl form? parte del equipo que escribi? en 2006 el manual revisado de contrainsurgencia del ej?rcito al que Petraeus dio tanto cr?dito, convirti?ndose en asesor del general para Iraq. Fick, un ex oficial de la Marina que dirigi? tropas en Afganist?n e Iraq, y que despu?s fue instructor de civiles en la Academia de Contrainsurgencia de Afganist?n en Kabul, realiz? recientemente una visita de primera mano al pa?s (desconocemos bajo qu? auspicios).

    Los dos son los t?picos expertos, entre otros muchos, en temas b?licos de Washington que tienden a desarrollar relaciones incestuosas con el ej?rcito, y tambi?n est?n pluriempleados como facilitadores o animadores de nuestros comandantes de guerra, y es a ellos ante quienes siguen acudiendo los medios de comunicaci?n en b?squeda de fuentes de informaci?n.

    En otra clase de sociedad, su editorial se habr?a considerado sencillamente un panfleto propagand?stico. Este es el p?rrafo m?s sustancioso:

    ?Es dif?cil decir cu?ndo se produce un momento de cambio en una campa?a de contrainsurgencia, pero cada vez hay m?s evidencias de que Afganist?n se mueve en una direcci?n m?s positiva de lo que muchos analistas piensan. Ahora parece mucho m?s probable que el pa?s pueda conseguir el nivel modesto de estabilidad y confianza en s? mismo necesarios para permitir que EEUU reduzca responsablemente sus fuerzas de 100.000 a 25.000 soldados a lo largo de los pr?ximos cuatro a?os.?

    Este es un ejemplo cl?sico de c?mo Washington mueve los postes de la porter?a. Lo que realmente est?n anunciando nuestros dos expertos es que, incluso si todo fuera bien en nuestra Guerra afgana, el a?o de 2014 no ser? la fecha final. Ni por asomo.

    Por supuesto que esta es una posici?n que Petraeus ha apoyado. Cuatro a?os a partir de ahora para que nuestros planes de ?retirada?, seg?n Nagl y Fick, dejen a?n 25.000 soldados en el lugar. Si su art?culo persiguiera decir la verdad o la exactitud, deber?a haberse titulado: ?The ?Long War? Grows Longer? [La ?Larga Guerra? se alarga a?n m?s].

    Mientras Oriente Medio estalla y EEUU se hunde en un ?debate? presupuestario significativamente propulsado por nuestras escandalosamente caras e inacabables guerras, estos dos expertos proponen de forma expl?cita que el General Petraeus y sus sucesores sigan combatiendo en Afganist?n a un coste de m?s de 100.000 millones de d?lares al a?o durante un tiempo ilimitado, como si en el mundo no estuviera cambiando nada. Esto parece ya la definici?n del colmo de la inconsciencia y un d?a, indudablemente, nos parecer? algo delirante, pero lo ?nico que sucede es que Washington se enfrenta a un nuevo mundo con la t?pica mentalidad de siempre.

  1. O bien consideren dos sorprendentes observaciones que el mismo General Petraeus hizo en ese par?ntesis de nuestro nuevo momento hist?rico. En una reuni?n informativa ofrecida en la ma?ana del 19 de enero, seg?n el periodista del New York Times Rod Nordland, el General se mostraba exultante, incluso triunfalista acerca de su guerra. Fue pocos d?as antes de que los primeros manifestantes egipcios tomaran las calles, y s?lo d?as despu?s de que aut?crata tunecino Zine Ben Ali se hubiera enfrentado al poder conseguido por los pac?ficos manifestantes y huyera de su pa?s. Y aqu? est? lo que Petraeus dijo de forma tan exuberante a su equipo: ?Tenemos cogido ya al enemigo por la yugular, y no vamos a dejar que escape?.

    Es verdad que el general hab?a estado durante meses no s?lo enviando hacia el sur a las nuevas tropas estadounidenses, sino aumentando tambi?n el uso del poder a?reo, incrementando los ataques nocturnos de las Operaciones Especiales y, en general, intensificando la guerra en el territorio-hogar de los talibanes. Sin embargo, en el mejor de los casos, su imagen no era precisamente exultante. Obviamente, evocaba la idea de un depredador hundiendo sus dientes en la garganta de su presa, pero, seguramente, en alg?n lugar del inconsciente militar acechaba una imagen cultural popular estadounidense m?s cl?sica: la del hombre-lobo o vampiro. Es evidente que la idea que el general tiene del futuro estadounidense implica un extendido fest?n sangriento en la versi?n afgana de Transilvania y, al igual que Nagl y Fick, planea claramente clavar esos dientes en esa yugular durante un tiempo muy, muy largo.

    Un mes m?s tarde, el 19 de febrero, justo cuando desataba todo un infierno en Bahrein y Libia, el general visitaba el palacio presidencial afgano en Kabul y, despreciando las reclamaciones afganas de que los ?ltimos ataques a?reos estadounidenses en el noreste del pa?s hab?an asesinado a decenas de civiles, incluidos ni?os, hizo un comentario que dej? estupefactos a los ayudantes del Presidente Hamid Karzai. No tenemos tal comentario al pie de la letra, pero el Washington Post informa que, seg?n los ?participantes?, Petraeus sugiri? que ?los afganos atrapados en un ataque de la coalici?n al noroeste de Afganist?n pod?an haber quemado a sus propios ni?os para exagerar las reclamaciones por las v?ctimas civiles?.

    Un afgano presente en la reuni?n coment?: ?Me qued? pasmado al escuchar eso. La cabeza me daba vueltas. Era alucinante. ?Qu? padre har?a eso a sus ni?os? Era realmente asqueroso escucharle decir eso?.

    En la c?mara de resonancia estadounidense, los comentarios del general pueden sonar, si no razonables, s? comprensiblemente exuberantes y categ?ricos: ?Tenemos al enemigo cogido por la yugular! Nosotros no causamos v?ctimas afganas; ?se lo hacen ellos mismos! En otras partes, seguramente aparecer?an como obtusamente faltos de sentido musical o simplemente vamp?ricos, prueba de que quienes est?n dentro de la caja de resonancia no tienen ni idea de lo que parecen en un mundo en transformaci?n.

  1. Ahora, vayamos a trav?s de la mal definida frontera afgano-pakistan? hacia otro escenario de la estupidez estadounidense. El 15 de febrero, s?lo cuatro d?as despu?s del derrocamiento de Hosni Mubarak como presidente de Egipto, Barack Obama decidi? abordar un problema que cada vez se complica m?s en Pakist?n. Raymond Davis, un antiguo soldado de las Fuerzas Especiales de EEUU armado con una pistola semiautom?tica Glock, cuando iba solo en un veh?culo cruzando una barriada pobre de la segunda mayor ciudad de Pakist?n, Lahore, dispar? y mat? a dos pakistan?es que, seg?n afirm?, le hab?an amenazado a punta de pistola. (Result? evidente que a uno le hab?an disparado por la espalda.)

    Al parecer, Davis sali? del veh?culo disparando su pistola, despu?s fotografi? los cad?veres y pidi? refuerzos. El veh?culo que acud?a hacia all?, a una velocidad exagerada y salt?ndose las normas de tr?fico, atropell? a un motociclista, mat?ndole antes de huir. (Posteriormente, la esposa de uno de los pakistan?es a los que Davis asesin? se suicid? ingiriendo matarratas.)

    El polic?a pakistan? detuvo a Davis con un cargamento extra?o. Nadie deber?a sorprenderse de que todas esas circunstancias no le granjearan precisamente las simpat?as de una poblaci?n ya alienada de sus supuestos aliados estadounidenses. De hecho, hubo una explosi?n de furor popular mientras los pakistan?es reaccionaban a lo que parec?a ser la definici?n de la impunidad imperial, especialmente cuando el gobierno de EEUU, al afirmar que Davis era un ?funcionario t?cnico y administrativo? agregado a su consulado en Lahore, exigi? que se le liberara sobre la base de la inmunidad diplom?tica y empez? a presionar con prontitud a un gobierno ya d?bil e impopular con la p?rdida de ayuda y apoyo.

    El Senador Kerry realiz? una visita apresurada, se hicieron llamamientos y por los pasillos del Congreso se oyeron una serie de amenazas de cortarle los fondos estadounidenses a ese pa?s. A pesar de lo que ocurr?a en otros lugares y en un tumultuoso Pakist?n, las autoridades estadounidenses no acertaban a imaginar que esos pobres pakistan?es que tanto les deben no fueran a doblegarse.

    El 15 de febrero, con Oriente Medio en llamas, el Presidente Obama intervino, sin duda para estropear a?n m?s las cosas: ?Con respecto al Sr. Davis, nuestro diplom?tico en Pakist?n?, dijo, ?hemos llegado a un principio muy simple, que cualquier pa?s del mundo que sea parte de la Convenci?n de Viena sobre Relaciones Diplom?ticas ha mantenido siempre en el pasado, y deber?a defender en el futuro, que si nuestros diplom?ticos est?n en otro pa?s, no est?n sujetos a ning?n procesamiento local en tal pa?s?.

    Los pakistan?es se negaron a ceder ante ese ?tan simple principio? y no mucho despu?s, el brit?nico Guardian identificaba a ?nuestro diplom?tico en Pakist?n? como un antiguo empleado de Blackwater y actual empleado de la CIA. Estaba implicado, como informaba la publicaci?n, en la guerra secreta de la Agencia en Pakist?n. Esa guerra, especialmente los tan cacareados y costosos ataques ?secretos? de los aviones no tripulados en las zonas fronterizas tribales pakistan?es, cuyos resultados Washington valora excesivamente, contin?a generando unas consecuencias que los estadounidenses prefieren no entender.

    Desde luego que el presidente sab?a que Davis era un agente de la CIA, incluso cuando le llam? ?nuestro diplom?tico?. Como era de esperar, el New York Times y otras publicaciones dijeron lo mismo, absteni?ndose de escribir acerca de su puesto real a petici?n de la administraci?n Obama, incluso cuando continuaron informando (evasivamente cuando no faltando sencillamente a la verdad) sobre el caso.

    Teniendo en cuenta lo que est? aconteciendo en la regi?n, esto no representa precisamente una forma razonable de hacer pol?tica ni tampoco un periodismo razonable. Si sucediera que el difunto Chalmers Johnson, que introdujo en nuestro lenguaje de cada d?a la palabra ?represalia?, estuviera observando desde alg?n nicho en el cielo la pol?tica estadounidense, tiene que sentirse l?gubremente divertido por la forma est?pida de hacer pol?tica de nuestras altas autoridades en su despreocupado intento de continuar arrasando a los pakistan?es.

  1. Mientras tanto, el 18 de febrero, de nuevo en Afganist?n, el Departamento del Tesoro de EEUU impuso sanciones a una de las ?mayores casas de cambio de moneda? de ese pa?s, acus?ndola de ?haber utilizado miles de millones de d?lares en transferencias dentro y fuera del pa?s para ayudar a ocultar las recaudaciones procedentes de las ilegales ventas de drogas?.

    Aqu? va la forma en que Ginger Thompson y Alissa J. Rubin, del New York Times, contextualizaron ese hecho: ?La medida es parte de un delicado acto de equilibrio de la administraci?n Obama para acabar con la corrupci?n, que llega hasta los niveles m?s altos del gobierno afgano, sin que descarrilen los esfuerzos de contrainsurgencia que dependen de la cooperaci?n del Sr. Karzai?.

    En un mundo en el que la palabra de Washington se propaga cada vez con menos autoridad, la respuesta a esta descripci?n estilo c?mara de resonancia, y especialmente su imagen central ??un acto delicado de equilibrio?- ser?a: No, no es as?, ni mucho menos.

    En relaci?n con un pa?s que es el principal narco-estado del planeta, ?qu? es lo que podr?a ser realmente ?delicado?? Si Vds. quer?an describir el extra?o galimat?as de la relaci?n de la administraci?n Obama con el presidente Karzai y su gente, habr?a que echar mano de palabras como ?retorcida?, ?confusa? e ?hip?crita?. Si prevaleciera el realismo, la frase m?s apropiada ser?a ?desatinado desequilibrio?.

  1. Finalmente, el periodista Dexter Filkins escribi? hace poco un art?culo sorprendente: ?The Afghan Bank Heist? [El atraco del banco afgano],? en la revista New Yorker, acerca de los chanchullos que pusieron al Banco Kabul, una de las altas instituciones financieras de Afganist?n, al borde del colapso. Mientras se dedicaba a financiar a Hamid Karzai y a sus compinches desliz?ndoles asombrosas sumas de dinero en efectivo, los directivos del banco se escapaban con los dep?sitos de sus clientes. (Piensen en el Banco Kabul como el Bernie Madoff institucional de Afganist?n). En su art?culo, Filkins cita a un an?nimo funcionario estadounidense que describi? de esta forma los deshonestos tejemanejes que observ?: ?Si esto fuera EEUU, estar?an ya arrestadas al menos cincuenta personas?.

    Consideren esa l?nea como una versi?n de la c?mara de resonancia de un mon?logo c?mico, as? como un recordatorio de que s?lo los perros locos y los estadounidenses pueden quedarse en la sombra afgana. Como muchos de los estadounidenses que est?n ahora en Afganist?n, hay que traer a ese pobre diplom?tico a casa, y pronto. Ha perdido el contacto con la naturaleza cambiante de su propio pa?s. Mientras proclamamos nuestro deber de llevar ?la construcci?n de la naci?n? y ?la buena gobernanza? a los ignorantes afganos, en casa, los EEUU se est?n derrumbando, a la democracia se la llev? el viento, los oligarcas se han ido de campo, el Tribunal Supremo ha asegurado que la afluencia masiva de dinero ser? lo que determine cualquier futura elecci?n, y los mayores estafadores han conseguido, cuando se lo han propuesto, que los tribunales les libren de la c?rcel. En realidad, el fraude del Banco Kabul ?un gran problema en una sociedad enormemente depauperada- es un espect?culo de feria de importancia menor si se compara con lo que los bancos, agentes de valores, compa??as de seguros e hipotecarias estadounidenses, y otras instituciones financieras hicieron a trav?s de sus ?esquemas Ponzi de titularizaci?n? cuando, en 2008, llevaron a la debacle a EEUU y a la la econom?as global.

    Y ninguno de los individuos responsables ha ido a prisi?n, s?lo alg?n intrigante tipo Ponzi a la antigua como Madoff. A ninguno se le ha sometido siquiera a juicio.

    Justo el otro d?a, los fiscales federales soltaron a uno de los posibles ?ltimos casos de la debacle de 2008. Angelo R. Mozilo, el ex presidente de Countrywide Financial Corp., en otro tiempo la compa??a hipotecaria m?s importante de la naci?n, tuvo que enfrentar una demanda civil acerca de sus ?irregulares ganancias? obtenidas en la debacle hipotecaria de las subprime por valor de 67,7 millones de d?lares, pero, al igual que en el caso de sus colegas, no se va a presentar ninguna acusaci?n penal.

Nosotros no somos los buenos

Imag?nense esto: por primera vez en la historia, un movimiento de ?rabes est? inspirando a los estadounidenses en Wisconsin y posiblemente en m?s lugares. En este preciso momento, es decir, hay algo nuevo bajo el sol y no lo hemos inventado nosotros. No es nuestro. Ni siquiera somos ?recuperen el aliento aqu?- los buenos. Los buenos eran los que ped?an libertad y democracia por las calles de las ciudades del Oriente Medio mientras EEUU perpetraba otro de esos desatinados desequilibrios a favor de los matones a los que tanto tiempo llevamos apoyando en el Oriente Medio.

Se va a remodelar ahora la historia en modo tal que los anteriores importantes acontecimientos de los ?ltimos a?os del empeque?ecido siglo estadounidense ?la Guerra de Vietnam, el fin de la Guerra Fr?a, incluso el 11/S- pueden quedarse eclipsados por este nuevo momento. Y sin embargo, en el interior de la c?mara de resonancia de Washington apenas se van alumbrando nuevos pensamientos acerca de esos desarrollos. Mientras tanto, nuestro atribulado, confundido y perturbado pa?s, con su vieja y desintegradora infraestructura, es cada vez menos un modelo a seguir para nadie en parte alguna (aunque de nuevo aqu? no se enteren de nada).

Ajeno a los acontecimientos, Washington intenta claramente seguir con sus perpetuas guerras y aprovisionar sus perpetuas bases, creando a?n m?s represalias y desestabilizaci?n en m?s lugares, hasta que se lo coman vivo. Esta es la definici?n de la total decadencia de EEUU en un mundo inesperadamente nuevo. S?, puede que tenga puestos los dientes en las yugulares, pero queda abierto a la especulaci?n de qui?n son los dientes y de qui?n son las yugulares, piense lo que quiera el General Petraeus.

Mientras el sol asoma por el horizonte del mundo ?rabe, la oscuridad se cierne sobre EEUU. En la penumbra, Washington juega a las cartas tratando de hacerse trampas a s? mismo a la vez que el resto de los jugadores va levant?ndose de la mesa. Mientras tanto, en alg?n lugar de la tierra de all? afuera se escuchan d?biles aullidos. Es la hora de comer y el olor de la sangre est? en el aire. ?Tengan cuidado!

Tom Engelhardt, es co-fundador del American Empire Project, dirige el Nation Institute?s TomDispatch.com. Es autor de ?The End of Victory Culture?, una historia sobre la Guerra Fr?a y otros aspectos, as? como una novela: ?The Last Days of Publishing?. Su ?ltimo libro publicado es: ?The American Way of War: How Bush?s Wars Became Obama?s? (Haymarket Books).

Fuente:

http://www.tomdispatch.com/post/175359/tomgram%3A_engelhardt%2C_washington%27s_echo_chamber/#more




Tags: guerra, Afganistán, yugular, Pakistán, Blackwater, New York Time, Ponzi

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