Mi?rcoles, 02 de marzo de 2011
Global Research

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

La semana pasada el Guardian, principal peri?dico liberal de Gran Breta?a, public? un informe exclusivo sobre las tard?as confesiones de un exiliado iraqu?, Rafeed al-Janabi, con el nombre de c?digo ?Curveball? utilizado por la CIA. Hace ocho a?os, Janabi tuvo un papel esencial entre bambalinas ?aunque fuese accidental? al posibilitar la invasi?n de Iraq por EE.UU. Su testimonio reforz? las afirmaciones del gobierno de Bush de que el presidente de Iraq, Sadam Hussein, hab?a desarrollado un programa avanzado de producci?n de armas de destrucci?n masiva (ADM).

El relato de Curveball inclu?a detalles de camiones de armas biol?gicas m?viles presentados por Colin Powell, secretario de Estado de EE.UU., en las Naciones Unidas a comienzos de 2003. El caso, aparentemente convincente, de Powell sobre las ADM fue utilizado para justificar el ataque estadounidense a Iraq unas pocas semanas despu?s.

Ocho a?os m?s tarde, Curveball revel? al Guardian que hab?a inventado la historia de las ADM de Sadam en el a?o 2000, poco despu?s de su llegada a Alemania en busca de asilo. Dijo al peri?dico que hab?a mentido a los servicios de inteligencia alemanes con la esperanza de que su testimonio ayudara a derrocar a Sadam, aunque parece m?s probable que simplemente quisiera asegurarse de que el tema de su asilo se tomara m?s en serio.

Para el lector cuidadoso ?y subrayo la palabra cuidadoso? el informe muestra varios hechos inquietantes.

Uno fue que las autoridades alemanas habr?an comprobado r?pidamente que su relato sobre las ADM de Iraq era falso. Miembros de los servicios de inteligencia alem?n y brit?nico viajaron a Dubai para encontrar a Bassil Latif, su ex jefe en la Comisi?n de Industrias Militares de Iraq. El doctor Latif hab?a demostrado que las afirmaciones de Curveball no pod?an ser ver?dicas. Las autoridades alemanas perdieron r?pidamente inter?s en Janabi y no volvieron a entrevistarlo hasta fines de 2002, cuando se hizo m?s urgente que EE.UU. presentara un caso convincente para un ataque contra Iraq.

Otra revelaci?n interesante fue que a pesar de la necesidad de aclarar todos los hechos sobre el testimonio de Curveball ?en vista de lo que estaba en juego si se lanzaba un ataque preventivo contra otro Estado soberano? los estadounidenses nunca se molestaron en entrevistar ellos mismos a Curveball.

Una tercera revelaci?n fue que el jefe de operaciones de la CIA en Europa, Tyler Drumheller, transmiti? advertencias de la inteligencia alemana de que consideraban que el testimonio de Curveball era altamente dudoso. El jefe de la CIA, George Tenet, simplemente ignor? la informaci?n.

Teniendo en cuenta la admisi?n de Curveball, as? como otros hechos del art?culo, podemos sacar algunas conclusiones obvias, conclusiones confirmadas por los eventos posteriores.

A falta de una base en derecho internacional y del respaldo de sus principales aliados, el gobierno de Bush necesitaba desesperadamente la historia de Janabi sobre las ADM, por desacreditada que fuera, para justificar sus planes militares contra Iraq. La Casa Blanca no entrevist? a Curveball porque sab?a que su informe sobre el programa de ADM de Sadam era un invento. Su historia se desintegrar?a al ser analizada; m?s val?a dejar a Washington con la opci?n de ?denegabilidad plausible?.

No obstante, el informe falsificado de Janabi fue de utilidad vital: para gran parte del p?blico estadounidense, agreg? un barniz de credibilidad al caso implausible de que Sadam era un peligro para el mundo; ayud? a reforzar a aliados vacilantes que enfrentaban a sus propios p?blicos incr?dulos; e introdujo a Colin Powell, un ex general visto como la principal voz de la raz?n en el gobierno.

En otras palabras, la Casa Blanca de Bush utiliz? a Curveball para infundir nueva vida a su mitol?gica historia sobre la amenaza de Sadam para la paz mundial.

?C?mo entonces present? el Guardian, un basti?n del periodismo liberal, su exclusiva sobre el episodio m?s controvertido en la pol?tica exterior reciente de EE.UU.?

Su titular fue: ?C?mo EE.UU. fue enga?ado por un iraqu? fantasioso que quer?a derrocar a Sadam?.

?No comprendi? el escritor del titular la historia escrita por los periodistas del peri?dico? No, el titular encapsul? con esmero su mensaje. En el texto, se nos dice que la presentaci?n de Powell ante la ONU ?revel? que los responsables belicistas de decisiones del gobierno de Bush se hab?an tragado? el relato de Curveball. En otro momento, se nos dice que Janabi ?logr? uno de los mayores timos en la historia de los servicios de inteligencia modernos?. Y que: ?Sus cr?ticos ?que son muchos y poderosos? dicen que es dif?cil calcular el coste de su enga?o?.

En otras palabras, el Guardian supuso, a pesar de toda la evidencia desvelada por su propia investigaci?n que Curveball enga?? al gobierno de Bush y lo hizo cometer un desastroso error de c?lculo. Desde este punto de vista, la Casa Blanca fue la verdadera v?ctima de las mentiras de Curveball, no el pueblo iraqu? ? que sufri? m?s de un mill?n de v?ctimas mortales como resultado de la invasi?n, seg?n las mejores cifras disponibles, y de cuatro millones de exiliados forzosos.

No hay nada excepcional en este ejemplo. Lo escog? porque relata un evento de continua y actual importancia.

Por desgracia, hay algo tan familiar que llega a ser deprimente en este tipo de informaci?n, incluso en las principales publicaciones liberales de Occidente. Contrariamente a su objetivo declarado, el periodismo de la tendencia dominante disminuye invariablemente el impacto de nuevos eventos cuando amenazan a las elites poderosas.

Examinaremos el motivo en un minuto. Pero consideremos primero qu?, o qui?n, constituye actualmente el ?Imperio?. Ciertamente, en su forma m?s simb?lica, puede ser identificado como el gobierno de EE.UU. y su ej?rcito, que constituyen la ?nica superpotencia del mundo.

Tradicionalmente, los imperios han sido definidos de manera limitada, en t?rminos de una fuerte naci?n-Estado que expande con ?xito su esfera de influencia y poder a otros territorios. El objetivo del Imperio es imponer la dependencia a esos territorios, y luego explotar sus recursos en el caso de pa?ses poco desarrollados, o, con pa?ses m?s desarrollados, convertirlos en nuevos mercados para sus excedentes. En este ?ltimo sentido el Imperio estadounidense ha logrado afirmar a menudo que es una fuerza por el bien del mundo, que ayuda a propagar la libertad y los beneficios de la cultura del consumo.

El Imperio logra sus objetivos de diferentes maneras: mediante la fuerza, como ser en la conquista, cuando enfrenta a poblaciones que se resisten al robo de sus recursos; y de modo m?s sutil mediante la interferencia pol?tica y econ?mica, la persuasi?n y el control de las mentes, cuando quiere crear nuevos mercados. No importa c?mo funcione, el objetivo es crear un sentido en los territorios dependientes de que sus intereses y destinos est?n ligados a los del imperio.

En nuestro mundo globalizado, la cuesti?n de qui?n est? al centro del imperio es mucho menos clara que antes. El gobierno de EE.UU. es actualmente menos el coraz?n del Imperio que su facilitador. Lo que hasta hace poco eran los brazos del Imperio, especialmente las industrias financiera y militar, se ha convertido en una elite imperial transnacional cuyos intereses no est?n limitados por fronteras y cuyos poderes evaden en gran parte los controles legislativos y morales.

La dirigencia de Israel, debi?ramos se?alar, as? como sus partidarios de la elite en todo el mundo ?incluidos los lobbies sionistas, los fabricantes de armas y los militares occidentales, y en cierto grado incluso las tiran?as ?rabes tambaleantes de Medio Oriente ?forman parte integral en esa elite transnacional.

El ?xito de las elites imperiales depende en gran medida de una creencia compartida en el p?blico occidental de que ?nosotros? las necesitamos para asegurar nuestro sustento y seguridad y que al mismo tiempo somos realmente sus amos. Algunas de las ilusiones necesarias perpetuadas por las elites transnacionales incluyen:

  • Que elegimos gobiernos cuya tarea es controlar a las corporaciones;
  • Que nosotros, en particular, y la fuerza laboral global en general, somos los principales beneficiarios de la creaci?n de la riqueza corporativa;
  • Que las corporaciones y la ideolog?a subyacente, el capitalismo global, son la ?nica esperanza de libertad;
  • Que el consumo no es s?lo una expresi?n de nuestra libertad, sino tambi?n una fuente importante de nuestra felicidad;
  • Que el crecimiento econ?mico puede ser mantenido indefinidamente y sin coste a largo plazo para el crecimiento del planeta;
  • Y que hay grupos, llamados terroristas, que quieren destruir este ben?volo sistema de creaci?n de riqueza y mejora personal.

Esas suposiciones, por fantasiosas que puedan parecer cuando son analizadas, constituyen el fundamento ideol?gico sobre el que se construyen las narrativas de nuestras sociedades en Occidente y del cual se deriva en ?ltima instancia nuestro sentido de identidad. Este sistema ideol?gico nos parece ?y utilizo ?nosotros? y ?nuestras? para referirnos s?lo a p?blicos occidentales ? para describir el orden natural.

La tarea de santificar esas suposiciones ?y de asegurar que no sean analizadas? corresponde a nuestros medios dominantes. Las corporaciones occidentales son due?as de los medios, y su publicidad hace que la industria sea rentable. En ese sentido, los medios no pueden cumplir con su funci?n de controlar al poder, porque en realidad forman parte del poder. Es el poder de la elite globalizada de controlar y limitar los horizontes ideol?gicos e imaginativos de los lectores y espectadores de los medios. Lo hacen para asegurar que los intereses imperiales, que son sin?nimos de los de las corporaciones, no sean amenazados.

La historia de Curveball ilustra n?tidamente el papel de los medios.

Su confesi?n fue tard?a ?ocho a?os demasiado tarde, para ser preciso? como para tener alg?n impacto sobre los eventos que importan. Como sucede tan a menudo con historias importantes que cuestionan los intereses de la elite, losa hechos necesarios de modo vital para permitir que los p?blicos occidentales lleguen a conclusiones informadas no estaban disponibles cuando eran necesarios. En este caso, Bush, Cheney y Rumsfeld se han ido, como sus consejeros neoconservadores. La historia de Curveball interesa ahora sobre todo a los historiadores.

Este ?ltimo punto vale de un modo bastante literal. Las revelaciones del Guardian no interesaron casi nada a los medios estadounidenses, el supuesto control en el coraz?n del Imperio de EE.UU. Una b?squeda en la base de datos medi?tica de Lexis Nexis muestra que las admisiones de Curveball fueron publicadas s?lo en el New York Times, en un breve informe en la p?gina 7, as? como en un resumen noticioso en el Washington Times. Las docenas de otros peri?dicos importantes en EE.UU., incluido el Washington Post, no las mencionaron en absoluto.

En su lugar, la principal audiencia para la historia fuera del Reino Unido, fueron los lectores del peri?dico Hindu de India?y Khaleej Times de Dubai.

Pero incluso el Guardian, considerado frecuentemente como atrevido en el enfrentamiento de poderosos intereses, envolvi? su informe de manera de privar la confesi?n de Curveball de su verdadero valor. Los hechos fueron privados de su verdadera importancia. La presentaci?n asegur? que s?lo los lectores m?s informados hayan comprendido que EE.UU. no fue enga?ado por Curveball, sino que m?s bien la Casa Blanca hab?a explotado a un ?fantasioso? ?o a un exiliado desesperado de un r?gimen brutal, depende de c?mo se vea? para sus propios fines ilegales e inmorales.

?Por qu? omiti? lo principal el Guardian en su propia exclusiva? El motivo es que todos nuestros medios dominantes, por liberales que sean, toman como punto de partida la idea de que la cultura pol?tica de Occidente es de por s? ben?vola y que es superior desde el punto de vista moral a todos los sistemas alternativos existentes, o concebibles.

En la informaci?n y en los comentarios, esto se demuestra del modo m?s claro en la idea de que ?nuestros? dirigentes siempre act?an de buena fe, mientras que ?sus? dirigentes ?los que se oponen al Imperio o a sus intereses? son impulsados por motivos viles o malignos.

De esta manera los enemigos oficiales, como Sadam Hussein o Slobodan Milosevic, pueden ser se?alados como personificaci?n del dictador demente o avieso ?mientras otros reg?menes igualmente delincuentes como Arabia Saud? son descritos como ?moderados?? abriendo el camino para que sus pa?ses se conviertan en objetivos de nuestras propias estrategias imperiales.

A los Estados seleccionados para el ?abrazo? del Imperio se les deja una alternativa sombr?a: aceptad nuestras condiciones de rendici?n y convert?os en aliados, o desafiad al Imperio y enfrentad nuestra ira.

Cuando las elites corporativas pisotean a otros pueblos y Estados para promover sus propios intereses ego?stas, como en el caso de la invasi?n de Iraq para controlar sus recursos, nuestros medios dominantes no pueden permitir que su informaci?n coloque los eventos en un marco honesto. La suposici?n continua en los comentarios liberales sobre el ataque de EE.UU. contra Iraq, por ejemplo, es que, ya que no se encontraron ADM, el gobierno de Bush se qued? para impulsar un esfuerzo desorientado por desarraigar a los terroristas, restaurar la ley y el orden, y propagar la democracia.

Para los medios occidentales, nuestros dirigentes cometen errores, son ingenuos o incluso est?pidos, pero nunca son malos o aviesos. Nuestros medios no llaman a que se juzgue a Bush o Blair en La Haya como criminales de guerra.

Esto, desde luego, no significa que los medios occidentales sean Pravda, el vocero propagand?stico del antiguo imperio sovi?tico. Hay diferencias. El disenso es posible, aunque debe mantenerse dentro de los l?mites relativamente estrechos del debate ?razonable?, un espectro de pensamiento posible que acepta sin reservas la presunci?n de que somos mejores, m?s morales, que ellos.

De la misma manera, pocas veces se dice a los periodistas ?por lo menos directamente? qu? escribir. Los medios han desarrollado procesos cuidadosos de selecci?n y jerarqu?as en su personal editorial ?llamados ?filtros? por los cr?ticos de los medios Ed Herman y Noam Chomsky? para asegurar que periodistas disidentes o verdaderamente independientes no alcancen posiciones de verdadera influencia.

No existe, en otras palabras, una simple l?nea del partido. Hay elites y corporaciones en competencia, y sus voces son reflejadas en el terreno estrecho que llamamos comentario y opini?n. En lugar de ser dictados por funcionarios del partido, como suced?a bajo el sistema sovi?tico, nuestros periodistas pugnan por acceso, por ser admitidos a las antec?maras del poder. Esos privilegios hacen carreras pero a un inmenso coste para la independencia de los periodistas.

No obstante, la gama de lo que es permisible se expande lentamente ? por sobre la oposici?n de las elites y de la televisi?n y la prensa de la tendencia dominante. La raz?n se encuentra en los nuevos medios, que gradualmente erosionan el monopolio mantenido durante mucho tiempo por los medios corporativos para controlar la difusi?n de informaci?n e ideas populares. WikiLeaks es hasta ahora el resultado m?s obvio, y m?s impresionante, de esa tendencia.

Las consecuencias ya son tangibles en todo Medio Oriente, que ha sufrido desproporcionadamente bajo el r?gimen opresor del Imperio. Las conmociones, mientras los p?blicos ?rabes luchan por deshacerse de sus tiranos, tambi?n ponen al desnudo algunas de las ilusiones que nos han vendido los medios occidentales. El Imperio, nos han dicho, quiere democracia y libertad en todo el globo. Y sin embargo se le ve mudo e impasible mientras los verdugos del Imperio desencadenan armas hechas en EE.UU. contra sus pueblos que demandan libertades al estilo occidental.

Una pregunta importante es: ?C?mo reaccionar?n nuestros medios ante esta exposici?n, no s?lo de la hipocres?a de nuestros pol?ticos sino de la suya? Ya est?n tratando de cooptar a los nuevos medios, incluido WikiLeaks, pero sin verdadero ?xito. Tambi?n comienzan a permitir un debate m?s amplio, aunque todav?a fuertemente limitado.

La versi?n occidental de glasnost es particularmente obvia en la cobertura del problema m?s cercano a nuestros corazones, aqu? en Palestina. Lo que Israel califica de campa?a de deslegitimizaci?n es realmente la apertura ?ligera? del paisaje medi?tico, para permitir un poco de luz donde hasta hace poco reinaba la oscuridad.

Esta es una oportunidad y debemos alimentarla. Debemos exigir m?s honestidad a los medios corporativos; debemos avergonzarlos al estar mejor informados que los escribidores que reciclan comunicados de prensa oficiales y claman por acceso; y debemos desertarlos, como ya sucede, en busca de mejores fuentes de informaci?n.

Tenemos una ventana. Tenemos que abrirla con fuerza antes de que las elites del Imperio traten de cerrarla de un golpe.

* ?ste es el texto de una conferencia titulada ?Medios como instrumento del Imperio? presentada en Sabeel, Centro Ecum?nico de Teolog?a de la Liberaci?n, en su octava conferencia internacional en Bel?n el viernes 25 de febrero de 2011.?

Jonathan Cook es un escritor y periodista que trabaja en Nazaret, Israel. Sus ?ltimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East, Pluto Press, y Disappearing Palestine: Israel's Experiments in Human Despair, Zed Books. Su p?gian web es www.jkcook.net.

? Copyright Jonathan Cook, Global Research, 2011

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=23432

rCR


Tags: CIA, armas biológicas, criminales de guerra, revelaciones, periodistas, ideología, medios de comunicación

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