S?bado, 05 de marzo de 2011

Por: Pedro Echeverr?a V?
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1. Tengo la convicci?n de que discutir el asunto del papel de la mujer en la sociedad capitalista es de fundamental importancia; pero obviamente es mejor luchar por su integraci?n como ser social con igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones que el hombre. Considero que milenios de opresi?n social le han impedido que desarrolle muchas otras facultades que la igualar?an, que le permitir?an demostrar que son tan inteligentes y capaces como el var?n. Hasta hoy la mujer ha sido un ser (excepciones raras a parte) que vive a trav?s del hombre, porque la sociedad ha sido organizada (a trav?s de los siglos) por ideolog?as sexista y poderes masculinos.
2. Los hombres y las mujeres (escribe Simone de Beauvoir) no han compartido el mundo por partes iguales. Ni en el plano sexual ni en el plano moral, pero la mujer tiene que aceptar las imposiciones porque ha sido formada para someterse al hombre. La mujer no se reivindica como sujeto porque carece de los medios concretos, porque experimenta el v?nculo necesario que la sujeta al hombre sin plantearse la reciprocidad, y porque a menudo se complace en el papel de ?Otro?. Cuando la mujer ha sido tan explotada s?lo le queda huir de su libertad, de su responsabilidad, tras la m?scara de la femineidad, del matrimonio, de la fidelidad, de la represi?n sexual y moral que ella misma se impone.

3. En las ?ltimas d?cadas se ha desarrollado, en casi todos los pa?ses, una gran lucha por la liberaci?n de la mujer, sin embargo tambi?n se ha impulsado una fuerte oposici?n contra esa batalla con argumentos dis?miles: 1. Los que defienden a la mujer tradicional como aquella que debe estar en el hogar al cuidado de los hijos y al servicio del marido; 2. Los que pretenden reducir los derechos de la mujer a la lucha por cargos pol?ticos; 3 los que dicen que el hombre no es el enemigo y que hay que unirse a ?l por el cambio social, y 4. Los que de plano tratan de desprestigiarlas con adjetivos tales como ?marimachas?, lesbianas o prostitutas.

4. Este art?culo pretende contribuir a la difusi?n de una serie de ideas que a lo largo de varias d?cadas se han venido reflexionando, de manera particular, en varios pa?ses y, desafortunadamente, s?lo entre sectores universitarios e ?intelectuales?. Considero que es importante la amplia difusi?n de estas ideas y de muchas m?s al respecto, porque ello puede ayudar a que comiencen a organizarse las mujeres en la lucha por sus derechos como sector oprimido, no solo por el sistema econ?mico/pol?tico, sino tambi?n por la ideolog?a masculina que ha predominado en milenios.

1. La idea de la sola igualdad pol?tica a la mujer.

1.1. Se piensa y se propaga que con el derecho al voto otorgado por la burgues?a a la mujer y la ?igualdad? que tiene para ocupar un cargo pol?tico, basta. Sin embargo, por lo que se ha podido ver hasta ahora, pienso que en cualquier cargo donde est?n ubicadas las mujeres tendr?n que desempe?arse como lo hacen los hombres. Sean altos cargos pol?ticos, sean tares de planeaci?n econ?mica, sean puestos en el IFE, en la Suprema Corte, en la academia o la cultura, las mujeres act?an como los hombres; la realidad es que la estructura del sistema de Estado est? tan cerrada que la diferencia sexual casi en nada influye. Lo m?s caracter?stico es la concentraci?n del poder y la necesidad de ejercerlo para que no haya ninguna duda de qui?n lo tiene.

1.2 Si se hacen a un lado los asuntos de poder pol?tico y se ubica el problema en las relaciones al interior de las familias, de la escuela y de las relaciones en sociedad, se podr? encontrar entonces un amplio campo para estudiar a la mujer como sexo subordinado, pero tambi?n se podr? comprender los m?rgenes de independencia que puede ejercer. Se podr? entender su subordinaci?n ideol?gica, pero tambi?n las posibilidades de romper con su cosificaci?n para lograr su plena identidad como ser independiente.

1.3 En Yucat?n, en 1993 ocupaban mujeres los tres principales cargos de gobierno: Gobernadora del Estado, Presidenta Municipal de M?rida y Presidenta del Poder Judicial. La realidad es que muy poco significado tuvo ese hecho. No se manifest? ninguna diferencia esencial con pasadas administraciones de los hombres. No se lanz? ley alguna que proteja a la mujer, no se realizaron congresos feministas, no mejor? ni un ?pice la situaci?n de las amas de casa, no se crearon m?s guarder?as, m?s centros de capacitaci?n a la mujer, no se realizaron foros o reuniones de g?nero. Las mujeres gobernaron exactamente igual que lo han hecho los hombres.

2. La idea de partidos sobre los derechos de la mujer

2.1 Desde siempre, en los meses de campa?as pol?ticas, los funcionarios de todos los partidos, organizan sus discursos para ganar clientela electoral para su organismo pol?tico, y sabiendo que el sector femenino representa la mitad del electorado, se dirigen a ?l se?alando que ?se luchar? por los derechos de la mujer, que se pugnar? para que logren una mejor ubicaci?n en la pol?tica y en la administraci?n del pa?s y que el sector ayudar? al empadronamiento, la capacitaci?n y la promoci?n del voto?. Pero ese llamado s?lo contempla conseguir su voto y utilizarla, de ninguna manera es un planteamiento que tenga que ver con el inicio de una batalla por un cambio en la vida de la mujer.

2.2 Puede un partido como el PRI, el PAN, el PRD, luchar por ?los leg?timos derechos de la mujer si sus m?todos de reclutamiento, de control y de dominaci?n son autoritarios y antidemocr?ticos? ?Acaso los derechos de la mujer se pueden limitar se pueden limitar al derecho de voto y a la oportunidad para tener uno de cada mil de los cargos pol?ticos y burocr?ticos? ?Qu? han hecho el Estado y los partidos para acabar con la marginaci?n femenina de las actividades que ella puede realizar y que est?n reservados al hombre? ?Es que acaso no hay innumerables ejemplos que demuestran que la mujer puede realizar casi todas las actividades humanas?

2.3 La verdad es que los pol?ticos hablan enga?osamente de la igualdad de los derechos del hombre y la mujer pero la realidad es que m?s del 70 por ciento de ellas siguen confinadas al rutinario trabajo dom?stico del hogar y al cuidado de los hijos; la escasa proporci?n de mujeres integradas al trabajo asalariado se haya relegada a trabajos de segunda categor?a, siempre por debajo de los hombres, tales como camareras, criadas, secretarias, maestras, enfermeras, empleadas de comercio. Un ?nfimo n?mero de privilegiadas se pierden actuando como ?damas de sociedad?, participan en apoyos de beneficencia o bien para ser representadas por sus maridos en sus c?rculos de amistades. Es importante dejar claro que este comportamiento no responde a un deseo individual de la mujer sino a una realidad social, a una estructura econ?mica y de pensamiento que no ha podido romperse porque as? parece convenir a la organizaci?n tradicional de la sociedad.

3. La idea acerca de la educaci?n tradicional

3.1 Hasta hace algunas d?cadas se se?alaba que la mujer es para la casa y el hombre para la calle. Se aconsejaba que cada quien debe hacer las labores espec?ficas de su sexo. Se dec?a: ?se ve muy mal, no es natural que la mujer trabaje fuera del hogar, para eso existe el hombre?. La mujer debe dedicarse al cuidado y a la educaci?n de los hijos y a servir a su marido; no debe meterse en pol?tica. Este pensamiento se ha mantenido en los pueblos peque?os y en aquellas comunidades que a?n permanecen un tanto apartadas del llamado ?mundo civilizado?.

3.2 La mujer, se dec?a, debe llevar sobre sus hombres el peso y la responsabilidad en cuando a la econom?a familiar, cuidando de los hijos, acarreo del agua y la le?a, lavado de ropa, preparaci?n de alimentos. La ni?a, seg?n la concepci?n estereotipada, aprende a atender a su padre y hermanos hasta que se une a un hombre. A partir del matrimonio, en la mayor?a de los grupos de clases econ?micamente bajas, queda sujeta totalmente al marido. Una vez casada, el ideal de la mujer consiste (de acuerdo a la pauta tradicional) en parecerse lo m?s posible a su madre (Ver Tesis doctoral, en libro, de Vietnina Echeverr?a)

4. La idea de los cambios de la mujer en el capitalismo

4.1 Con la irrupci?n de la industrializaci?n, el gran crecimiento de las ciudades y la multiplicaci?n de los problemas econ?micos y sociales, la participaci?n de la mujer fuera de ?las labores tradicionales de su sexo?, se transform? en indispensable. Su integraci?n al trabajo asalariado no naci? como una necesidad de ayudar al presupuesto familiar. Fue de hecho el capitalismo el que impuso la ruptura de la familia tradicional amplia, puso las bases para el surgimiento de la llamada familia nuclear y tambi?n el rompimiento de la familia como instituci?n.

4.2 Pero la participaci?n de la mujer es a?n muy limitada. Cada d?a crece el porcentaje de las que se integran al trabajo, al estudio, a la pol?tica y a los altos cargos administrativos; sin embargo, al mismo tiempo, todav?a se registra un alto porcentaje de ellas que siguen prefiriendo ser ?amas de casa? y otras m?s que tienen cerrado el campo de trabajo fuera del hogar. Los cambios no han sido r?pidos; existen muchos diques que se oponen a que la mujer alcance oportunidades y derechos parecidos o iguales al de los hombres. Al parecer el freno m?s poderoso es el limitado desarrollo econ?mico del pa?s y el peso que ha representado la ideolog?a tradicional. Quiz? ha que esperar que la mujer varias d?cadas para que la mujer conquiste la igualdad real.

En la primera parte de este trabajo, art?culo |1| que publiqu? hace 16 a?os en la revista de los trabajadores acad?micos de la Universidad Aut?noma de Yucat?n, abord? brevemente la idea de la sola igualdad pol?tica a la mujer, de lo que hacen las mujeres cuando gobiernan, la de partidos sobre los derechos de la mujer, la idea acerca de la mujer tradicional y, por ?ltimo comenc? a plantear la idea de los cambios de la mujer en el capitalismo. Busqu? plantear los problemas en forma de ideas para evitar ser categ?rico y dejar el art?culo para pensar.

Ideas sobre la devaluaci?n de la mujer

4. 3 El anuario estad?stico de la ONU correspondiente a 1971 proporciona el porcentaje de estudiantes mujeres con relaci?n a los varones por pa?s de Iberoam?rica: Puerto Rico (52 %), Panam? 44, Dominicana 42.6, Cuba 42.6, Costa Rica 41.8, Argentina 41.7, Per? 41.5, Uruguay 40, Chile 39, Brasil 37, Paraguay 36, Bolivia 34, Nicaragua 31, Ecuador 26, Colombia 24, Guatemala 18.7, M?xico 18.5, Salvador 16 y Hait? 11. Durante los ?ltimos a?os (sobre todo en setenta) seguramente los porcentajes en todos los pa?ses han aumentado, pero lo probable es M?xico siga ocupando los ?ltimos lugares porque desde la d?cada de los a?os ochenta se comenz? a registrar un gran desplome econ?mico.

4.4 Despu?s de proporcionar estas cifras en su libro La mujer joven en M?xico, Alfredo Juan ?lvarez se?al? que las mujeres que tienen influencia sajona y mayor nivel educativo femenino en M?xico se puede explicar: 1. Por el alto porcentaje de poblaci?n rural, 2. Por las obsoletas estructuras educativas que no operan adecuadamente y 3. Por la intensa influencia religiosa y la paralela despreocupaci?n del Estado respecto a la formaci?n de la ni?ez y la juventud femenina.

4.5 La investigadora feminista Susan Sontag, refiri?ndose a este asunto se?ala: ?No se espera de ella que sea veraz, o puntual, o experta en el manejo y la reparaci?n de m?quinas, o frugal, o fuerte, o f?sicamente valiente. No es extra?o pues que los hombres acepten a las mujeres como asociadas y compa?eras, no como iguales y nunca como superiores. La mayor?a de lo que celebra como conducta t?picamente ?femenina? es simplemente como una conducta infantil, servil, d?bil. Inmadura. En realidad, mientras las mujeres presten atenci?n a los estereotipos de la conducta ?femenina? (que de modo insultante se atribuyen a su ?naturaleza?) no podr?n llegar a ser adultos independientes y plenamente responsables.

5. La idea de que el capitalismo devalu? m?s a la mujer

5.1 Pero no debe callarse y dejar que la vida siga pasando como si nada. La industrializaci?n y el capitalismo devaluaron el trabaja campesino y el valor que representaba la ayuda solidaria. La vida de la ciudad pas? a primer plano y la competencia por mayor acumulaci?n de capital y la posesi?n de bienes materiales defini? a la sociedad moderna. Dentro de este contexto tambi?n el trabajo femenino fue devaluado y se convirti? en ?estupidizante?, en una labor que aburre y deprime por repetitiva, por sus escasas posibilidades creativas, por sus enormes limitaciones de trascendencia, por ser un trabajo poco calificado. El empleo asalariado, o el que de alguna manera permite obtener ingresos monetarios, realizado fundamentalmente por el hombre, es el ?nico valorado. Los burgueses se dan cuenta de esta realidad, pero les parece mejor que la situaci?n se mantenga, que el sistema de valores no cambie, a fin de continuar con su dominaci?n.

5.2 Para ?defender la legitimidad de los derechos de la mujer? de los que tanto hablan los partidos, hay que tener en cuenta la historia de ?sta como ser independiente y a la sombra del hombre. Es necesario tener presente que la mujer ha trabajado siempre. Las investigaciones hist?ricas demuestran que la mujer en las sociedades primitivas trabajan en tareas agr?colas y dom?sticas; sin embargo, como bien se ha se?alado, la consideraci?n de la mujer como destinada a ser madre y esposa provoca de entrada la discriminaci?n en educaci?n, que posteriormente se revierte en una menor capacidad para unos puestos de trabajo y una discriminaci?n psicol?gica. A pesar de que pueda estar tan capacitada como el hombre, esta hace que se considere inferior. Generalmente las mujeres trabajan en lugares de menor responsabilidad y se les paga menos que a los hombres por el mismo trabajo; en su empleo es auxiliar del hombre y solo excepcionalmente puede desempe?ar cargos directivos o ejercer profesiones liberales.

5.3 La solidez del matrimonio deriva muchas veces m?s del miedo que del amor. Hoy se casan las personas, seg?n Enrico Altavilla, para encontrar seguridad y, pese a los contrastes, las personas no se divorcian por temor a la inseguridad. Cuanto m?s inestable, inquieto e imprevisible se hace el mundo en el que las personas se ven obligadas a vivir, m?s intenso se hace el deseo de echar el ancla y encontrar refugio en el brazo de una persona fiel, posiblemente amada. Ocurre especialmente en las grandes ciudades, donde el hacinamiento en las calles, en los medios de transporte y en los lugares p?blicos, al agudizarse m?s el nerviosismo, impulsa a la b?squeda de un puerto de aguas tranquilas.

5.4 La tradici?n de las mujeres mexicanas de clase media, escribe Gabriel Careaga en su magn?fica obra: Mitos y fantas?as de la clase media en M?xico, es alcanzar el matrimonio como principio y fin de su vida. La mujer se casar? para seguir consumiendo y viviendo en funci?n de otro ser, del otro: el esposo. Ahora el matrimonio es m?s bien una expresi?n de la necesidad de intereses sociales que del compartimiento de intereses emocionales. En la sociedad contempor?nea el matrimonio empieza a parecer como una instituci?n obsoleta que en lugar de crear estabilidad, origina graves crisis de personalidad y neurosis en los c?nyuges.

6. La idea de que los apellidos del marido dan propiedad

6.1 Ante el ascenso de Clinton a la presidencia de los EEUU, los sectores m?s atrasados y con gigantes negocios en la carrera armamentista combatieron algunas ideas del mandatario que lo llevaban a apoyar a los homosexuales y a la legalizaci?n del aborto. Esos mismos sectores hablaban de que la esposa del presidente se ha estado saliendo de los c?nones tradicionales, de las reglas que han seguido las anteriores esposas que han vivido en la Casa Blanca. Pero tambi?n surgi? un dato formar: sobre la obligaci?n que tiene la mujer norteamericana de que al casarse tenga que eliminar sus apellidos y llevar solamente el del esposo. En cambio en M?xico ?no estamos tan atrasados? porque las mujeres conservan su apellido de soltera pero peor, se les impone un t?tulo de propiedad. ?La se?ora de Salinas?.

6.2 Lo peor es que esa dependencia de la mujer no solo es econ?mica, psicol?gica o inconsciente, tambi?n es formal. Cuando una mujer que quiere ser libre rinde datos personales suelen obligarla a declarar que es esposa ?de? o bien el empleado lo escribe autom?ticamente. En las clases medias altas y entre la gran burgues?a, las esposas se sienten extremadamente importantes por llevar el apellido del esposo ?triunfador?.

7. La idea de liberaci?n despu?s de la Revoluci?n.

7.1 Me parece que el problema femenino es m?s profundo; no es tan superficial como para reducirlo a simples discursos de campa?a. Hasta en los pa?ses econ?micamente avanzados (tanto en los que se llamaban ?socialistas? como capitalistas) la situaci?n de la mujer ha cambiado muy poco. En ellos, asegura Susan Sontag, la segregaci?n de la mujer se presenta en forma suavizada; los hombres delegan en ella parte de su autoridad; el uso de la fuerza f?sica en su contra ha disminuido; el gobierno de los hombres ha sido institucionalizado de modo menos visible.

7.2 Pero las mismas razones b?sicas de la inferioridad y superioridad, de impotencia y poder, de subdesarrollo y privilegio cultural, prevalecen entre mujeres y hombres de todos los pa?ses, concluye Sontag. Por esto todo programa serio para luchar por la igualdad del hombre y la mujer, debe partir de la premisa de que no puede haber igualdad si no se afecta el poder; la mujer no puede emanciparse sin reducir el poder del hombre, como tampoco someti?ndolo.

7.3 La mujer debe participar en la batalla popular, partidaria, sindical, contra el sistema de explotaci?n, pero paralelamente debe enfrentar la cultura tradicional que la somete por considerarla inferior al hombre. En los pa?ses que se han registrado transformaciones revolucionarias importantes, las relaciones econ?micas y pol?ticas cambian, pero la situaci?n de la mujer como subordinada a los hombres contin?a, a pesar de que sea m?s velada y sutil. La simple batalla pol?tica de nada sirve sino se desarrolla una lucha contracultural.

8. La idea de que la mujer no es igual al hombre en todo

8.1 La mujer no es igual al hombre en todos los puntos, m?s bien es complementaria. La mujer y el hombre son los dos aspectos adicionales del ser humano. La mujer tiene cualidades y posibilidades propias de las que el hombre carece y viceversa. De ah? lo absurdo de las discusiones sobre la inferioridad o superioridad de la mujer en relaci?n con el hombre. Sin embargo hay que subrayar que la mujer ha sufrido muchos m?s siglos de esclavitud s?lo asumiendo el papel de objeto sexual, de procreadora de hijos o realizadora de trabajos dom?sticos. Esto ha atrofiado f?sica e intelectualmente a la mujer, ha deformado profundamente su ser, a tal grado que llega a temer a la libertad, prefiere seguir ?dominando al hombre desde el hogar. (Villar)

8.2 Algunas investigaciones han se?alado que las mujeres (o por lo menos a muchas de ellas) no abandonan su hogar m?s que para comprar, llevar a los ni?os al colegio o para acompa?ar a sus maridos a reuniones sociales. Sus conversaciones se refieren solamente al hogar, a los hijos, al marido, al mercado. En tanto que los hombres hablan de problemas del pa?s y del mundo. Quiz? por ello Simone de Beauvoir indica que los hombres est?n encadenados por su misma supremac?a. Porque s?lo ellos ganan dinero, sus mujeres se los piden. Porque s?lo ellos tienen profesi?n, sus mujeres les exigen ?xito; porque s?lo ellos tienen trascendencia, sus mujeres se inmiscuyen en sus asuntos. Si una mujer intenta someter a su marido a su voluntad es porque est? alienada en ?l.

Fuente : Argenpress (2009)

http://pedroecheverriav.wordpress.com

Notas
|1| Publicado por el autor (en Gaceta Universitaria 17) el verano de 1993 (hace 18 a?os)

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?http://www.aporrea.org/poderpopular/a118878.html
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Tags: devaluación, mujer, Simone de Beauvoir, esclavitud, inferioridad, tradición, neurosis

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