Lunes, 28 de marzo de 2011


Detr?s de cualquier acci?n se pueden encontrar argumentos justificativos. A una acci?n violenta se le suele llamar irracional, si entendemos por esto el que se descart? el uso de la raz?n y la argumentaci?n y se emple? la ?fuerza bruta?. Con esto se quiere decir que la acci?n en cuesti?n es a-racional. Pero esto es cuestionable. Habr?a que ver si un hecho violento supone la suspensi?n de la facultad de razonar. M?s bien, suele suceder que tras un hecho violento hay una argumentaci?n que lo justifica, un esfuerzo por dar raz?n del uso de la violencia. Y a?n m?s: no hay ?fuerza bruta?, en el sentido de suponer que hay una violencia sin direcci?n racional. Que esta direcci?n racional pueda ser perversa es otra cosa.

La agresi?n de Estados Unidos, Francia y Gran Breta?a contra Libia ejemplifica c?mo se puede racionalizar un acto de violencia. Hay, por lo menos, dos argumentaciones que justifican un uso de la violencia injustificable.

La primera es que el r?gimen de Gadafi es culpable de la invasi?n, dada su negativa al di?logo con los opositores y su violencia represiva contra los civiles que protestaban pac?ficamente a favor de un cambio en la naci?n magreb?. Esta negativa, se dice, fue la causa por la cual el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas diera una resoluci?n a favor de la invasi?n contra Libia.

Si el Consejo de Seguridad del m?ximo organismo mundial conviene en una decisi?n de este tipo, ello implicar?a ?aunque esto no sea as? el aval del ?concierto-de-las-naciones?. No obstante, dada la composici?n y el funcionamiento del Consejo de Seguridad, las resoluciones de ?ste no representan ni la opini?n de todos sus integrantes, dado el derecho de veto de Estados Unidos, ni tampoco el consenso de todos los pa?ses que integran Naciones Unidas.

Dice mucho el que durante la gira del presidente Obama a Brasil, se vieran nuevamente frustradas las expectativas del pa?s sudamericano de ingresar al Consejo. El gobierno de ese pa?s se ha pronunciado a favor de una salida pac?fica a la situaci?n en Libia y se ha opuesto abiertamente a la intervenci?n militar, la cual, en palabras de la presidenta Rousseff, ?e st? teniendo un efecto contrario al deseado y, en lugar de proteger a los ciudadanos libios, provocar? m?s muertes.? Evidentemente, a la hora de buscar un consenso r?pido para justificar actos como los perpetrados actualmente en Libia, ese tipo de posturas suele ser un obst?culo. Mejor prevenir que lamentar.

No es cuesti?n de negar el car?cter represivo de las acciones de Gadafi, pero tampoco es cuesti?n de cerrar los ojos ante dos cosas. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no siempre se ha pronunciado fuertemente ante actos gubernamentales en contra de la poblaci?n civil. Sospechosamente lo hace cuando estos actos son perpetrados por gobiernos non gratos a los intereses de las potencias mundiales. No s?lo Gadafi ha cometido acciones represivas en contra de sus ciudadanos, pero no todo el mundo recibe a cambio una invasi?n militar.

Tampoco se puede soslayar el hecho de que la llamada ?resistencia libia? no se parece en nada a los ciudadanos que, en T?nez, Yemen y Egipto, se han enfrentado contra autoridades armadas, provistos, a lo m?s, de alguna piedra. Los ?pac?ficos? opositores a Gadafi han estado armados hasta los dientes desde un principio.

Como esto de las legitimaciones a veces da vueltas, es posible que, a ojos de muchos ciudadanos libios, Gadafi es un dictador, pero el dictador resulta preferible a la invasi?n occidental. Es decir, las potencias invasoras han terminado d?ndole a Gadafi una legitimidad que no les hab?a solicitado.

El segundo argumento es utilizado ante el problema pol?tico que supone tener que pronunciarse sobre la agresi?n sin caerle mal a quien no debe ca?rsele mal se puede resumir as?: si, dado que el Consejo de Seguridad ya las aprob?, las acciones militares en Libia se deben dar conforme a los criterios del respeto a los derechos humanos y del derecho internacional y no deben traer da?os contra la poblaci?n civil inerme.

Este argumento termina justificando la violencia contra el pueblo libio, aunque pretenda ser as?ptico y equilibrado. Sobre esta ?ltima cualidad, la del equilibrio, el historiador cr?tico norteamericano Howard Zinn dec?a que no se puede guardar el equilibrio si se anda encima de un tren. Con esto quiere decir que es improbable ser ?equilibrado?, ?neutro?, ?objetivo? si estamos hablando de la realidad sobre la cual estamos parados, una realidad que cambia aceleradamente y que nos implica directamente a nosotros, quienes no somos int?rpretes distanciados de la misma, sino sus protagonistas o, al menos, quienes padecemos esa realidad.

Esperar que una guerra se desarrolle conforme a la legalidad, el respeto a los derechos humanos y que no traiga da?os contra inocentes es desconocer la naturaleza de las guerras. No hay guerra limpia, guerra en la que solamente salgan afectados los bandos en contienda, sino que la poblaci?n civil es el primer blanco. Esto es tan absurdo como hablar de ?guerra incruenta?.

Tampoco puede pedirse que la invasi?n militar contra Libia sea un medio para restaurar los derechos humanos vulnerados por Gadafi. Al igual que en la antigua Yugoslavia, al igual que Afganist?n y Panam? y tantos lugares m?s, la respuesta militar ha sido completamente desproporcionada en comparaci?n con los objetivos que supuestamente persigue (aunque los objetivos impl?citos son otra cosa). Es desproporcionado, por ejemplo, bombardear un pa?s entero para sacar a un dictador de su escondite ?casos Noriega y Hussein?, como tambi?n lo es una acci?n militar que afecta directamente a civiles libios... ?para defender los derechos de los civiles libios!

Por todas estas razones, el derecho internacional resulta vulnerado. Las acciones militares en el pa?s magreb? son la afirmaci?n m?s clara de que se ha optado nuevamente por salirse del marco del derecho internacional. Uno de los precursores de la idea de las Naciones Unidas, el fil?sofo alem?n Immanuel Kant, propon?a, en el siglo XVIII la b?squeda de una ?paz perpetua? entre todas las naciones, creando un ?mbito de discusi?n y de argumentaci?n racional para enfrentar los problemas. Lo que se ha dejado o?r en Libia es el ?argumento? de las bombas.

El concepto de derecho internacional ha sido tergiversado, como tantos otros conceptos. Hablar de derecho internacional es hablar, por un lado, de derecho, entendido ?ste como ordenamiento racional, en funci?n del bien com?n, de la integridad y el bienestar, de las relaciones humanas, basado en unos principios com?nmente aceptados. El derecho internacional lo es, pues se trata de unos principios v?lidos para todas las naciones: respeto a los derechos humanos, respeto a la soberan?a de los pa?ses, por citar algunos ejemplos.

Si bien es cierto que el derecho implica el uso de la fuerza para poder hacerse cumplir, hay que decir que la legitimidad de lo anterior reside en la justicia de los principios y normas que se establecen: los derechos humanos y el bien com?n. El uso de la fuerza es leg?timo si, efectivamente, sirve para hacer respetar estos objetivos. El que un represor o un violador de derechos humanos sea llevado a juicio es un ejemplo de ello. Con todo, esta persona no pierde sus derechos, para el caso, ser juzgado mediante el debido proceso. El derecho implica, s?, el uso de la fuerza, pero no es solamente uso de la fuerza, si no se quiere caer en la arbitrariedad y la tiran?a.

En el uso que algunos le han dado, ?derecho internacional? es un t?rmino empleado para ocultar lo opuesto al derecho, esto es, el derecho que se arrogan los due?os del poder de usar la violencia para lograr sus objetivos particulares, sin consideraci?n alguna a la dignidad humana y al bien com?n. El bombardeo sistem?tico donde las v?ctimas son civiles vulnera, precisamente, estos objetivos del derecho internacional.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: derecho internacional, Libia, guerra, facultad, Kant, poblaxión civil, rebeldes

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