Mi?rcoles, 30 de marzo de 2011


La ?ltima intervenci?n militar occidental en Libia est? dando lugar a un debate bastante extra?o entre la conciencia cr?tica, y siempre tan inquieta, de la izquierda: la tarea parece ser distinguir entre buenas y malas invasiones de pa?ses del Sur, en funci?n del momento o de los intereses en juego, se trata de decidir si las muertes provocadas por los bombardeos de Libia est?n justificados o no por un bien mayor.

Es m?s, la versi?n de lo que est? pasando en este pa?s nos las dan los medios de comunicaci?n de masas, que no son m?s que meros portavoces de esas mismas potencias occidentales ansiosas por intervenir y, por lo tanto, son fuentes de poco cr?dito. Las mentiras continuadas sobre armas de destrucci?n masiva y amenazas terroristas para justificar invasiones hacen dudar de los argumentos empleados ahora para dar cobertura a esta nueva intervenci?n.

Se mueve de esta manera el debate a un punto en el que se han superado las preguntas m?s necesarias: ?D?nde est? escrito el derecho a intervenir, por parte de Occidente, en cualquier territorio? ?Qui?n crea el ranking entre dictadores atacables, soportables o directamente apoyables? ?D?nde se decide cu?ndo cambia el estado de esos dictadores? ?Con qu? criterios? Y adem?s existe otra cuesti?n de vital importancia: si en este orden mundial actual, son las potencias occidentales las encargadas de llevar a cabo estas intervenciones, ?quien interviene para parar los cr?menes de EEUU y Europa? Son precisamente esas potencias la principal amenaza hoy en d?a para la paz mundial y los principales terroristas de estado.

Esas preguntas no se plantean o se dan por contestadas: parece que no haya una historia detr?s de cada uno de estos casos; la cuesti?n se centra en que ?ste o aquel dictador, en este mismo momento, sin tener en cuenta ni su curr?culo ni sus previos apoyos por parte de Occidente, merece ser castigado por sus males, y ser?n EEUU y Europa los brazos ejecutores de esta justicia divina.

El debate no debe estar en si tenemos o no derecho a quitar, a nuestro antojo, dictadores; existe otra cuesti?n previa: ?con qu? derechos los promovemos y apoyamos? Porque son muy pocos los casos en que estos reg?menes han tomado el poder sin apoyo externo occidental, y apenas ninguno que no haya contado con el apoyo para mantenerse en el poder de una u otra potencia colonial o neocolonial, o de todas ellas. Parece, entonces, que el derecho a quitarlos viene de un simple hecho: somos nosotros mismos los que los hemos colocado en el poder y tenemos, por tanto, derecho a quitarlos cuando nos interese.

Y queda por aclarar qui?n y d?nde se crea el listado de objetivos, en qu? instituci?n o sede gubernamental est? la sala de espera donde los dictadores aguardan su turno para ser atacados, qui?n da los n?meros para ser atendidos en esta cirug?a bastante invasiva que se les aplica y cual es el motivo de que algunos se salten su turno y sean atendidos antes.

Al igual que la decisi?n sobre la aplicaci?n de la pena de muerte no debe estar en funci?n de un caso concreto ni de una situaci?n espec?fica, no se puede decir que esta invasi?n s? est? justificada por el terror ejercido por este dictador en concreto, y criticar otras intervenciones militares, guiadas por objetivos similares.

No podemos caer en el error de cuestionarnos, uno a uno, los casos de invasiones militares que se vayan presentando, cuando de lo que se trata en realidad es que no tenemos ning?n derecho, como potencias hegem?nicas, a creernos los ?nicos con capacidad de solucionar situaciones de crisis en pa?ses extranjeros que, en la mayor parte de los casos, hemos ayudado a crear.

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Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: derecho, Libia, crédito, historia, dictador

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