Martes, 03 de mayo de 2011
Manuel Moncada Fonseca?? Revista Libre Pensamiento


El periodista Carlos Bod?n, en su carta N? 71, titulada ?Mea culpa de EE.UU. y la cruda versi?n de su papel en la historia de Nicaragua? plantea: ?En lo que podr?a considerarse una confesi?n oficial del papel de los Estados Unidos en la historia de Nicaragua, el embajador [?] Robert Callahan, se quit? los [?] guantes de la diplomacia y brind? su propia versi?n de lo que la poderosa naci?n del Norte cree ha sido su misi?n en nuestra atribulada historia, desde William Walker hasta nuestros d?as, respondiendo [?] a los se?alamientos contra la pol?tica intervencionista norteamericana, iniciados con las armas en la mano [?] por Zeled?n y Sandino.? (Carta Bod?n. N? 71).

Pero veamos lo que dijo el mismo embajador. Hablando de William Walker, expres?:

?[?.] Se dice que fue enviado por el gobierno estadounidense para colonizar a Nicaragua y establecer aqu? la esclavitud. La verdad es que [?] era un aventurero [?] y que el presidente Castell?n, un liberal, lo invit? a ?l y a su banda de mercenarios a unirse a su lucha en la guerra civil que enfrentaba a los Liberales con los Legitimistas o Conservadores?.

?Es cierto que al inicio [?] el gobierno estadounidense no hizo nada para contenerlo o sancionarlo. Y tambi?n es cierto que cuando [?] su situaci?n se hizo desesperada, Walker plane? implantar un estado esclavista en Nicaragua y que supuso -tal cual ocurri?- que con ello lograr?a el respaldo popular en los estados esclavistas de los Estados Unidos?.

?Sin embargo, cuando se hizo evidente que Walker era de hecho una amenaza para Nicaragua y una verg?enza para los Estados Unidos, el Secretario de Estado, William Marcy, actu? para desacreditarlo y desarmarlo. Margin? al embajador de EE.UU. [?], John Wheeler, quien ten?a simpat?as por Walker, y orden? interceptar con buques de guerra estadounidenses las vituallas y refuerzos del famoso filibustero. [?]. A todas luces, William Walker era un demente, un verdadero megal?mano, que caus? muerte y destrucci?n dondequiera que le llev? su aventura. Pero actu? por su cuenta y no recibi? ning?n apoyo del gobierno estadounidense. Esos son los hechos?, seg?n Callahan.

Hablando de otro momento de la intervenci?n yanqui contra nuestro pa?s, Callahan sostiene:

?Por los siguientes 50 a?os, Estados Unidos mantuvo su inter?s en Nicaragua, sobre todo como un posible lugar para el canal interoce?nico, pero fue la llegada y larga presencia de los Marines durante la primera parte del siglo pasado lo que ha dado mucha materia para cr?ticas actuales. [?] pienso justo recordar que Estados Unidos envi? a los Marines con buenas intenciones: Poner fin al caos pol?tico imperante en la ?poca y ayudar a Nicaragua a establecer una democracia estable?.

?Desde luego, los Marines permanecieron aqu? 20 y tantos a?os y su presencia fue un insulto diario para muchos patriotas nicarag?enses, incluyendo a Augusto C?sar Sandino [?]?.

?Sin embargo, llegada la paz de Tipitapa de 1927 y [a] la hora de elegir un nuevo gobierno [?] Sandino escribi? al jefe de los Marines en Jinotega proponiendo deponer las armas s?lo si los Marines permanec?an para garantizar elecciones libres y limpias?.

Sobre Anastasio Somoza Garc?a, Callahan expresa:

?Otra figura nicarag?ense que surgi? de este per?odo fue Anastasio Somoza Garc?a. La historia ha demostrado que los estadounidenses nos equivocamos en haberlo escogido para encabezar la reci?n creada y apartidista Guardia Nacional, la cual habr?a de remplazar un ej?rcito politizado, pero era imposible en su momento conocer las intenciones de Somoza?.

?Parec?a inteligente y bien intencionado y dominaba el ingl?s. Hablaba de democracia, exaltaba la libertad, promet?a elecciones. Nos enamor? y a muchos otros tambi?n?.

?Es cierto, lo apoyamos a ?l y a sus hijos por a?os, y los toleramos en aras de la seguridad nacional. Pero, a final de cuentas, y admito no fue sino hasta tarde, nos apartamos de ?l. Muchos contribuyeron a la derrota de Somoza, pero nosotros tambi?n desempe?amos un papel, aunque modesto y tard?o en su salida del poder. Estos son los hechos?.

A lo anterior, Bod?n acota: ?Al diplom?tico se le olvid? mencionar otro per?odo de la historia, durante la administraci?n de su presidente Ronald Reagan: El financiamiento directo e ilegal de su pa?s a la Contrarrevoluci?n y el hist?rico fallo de La Haya, que conden? a EE.UU. a pagar 17 mil millones de d?lares en concepto de indemnizaci?n al pueblo nicarag?ense, sentencia que nunca fue cumplida.? (Carta Bod?n, Ib?d).

Respondamos a lo que dice el embajador Callahan:

El caso William Walker

De inicio, rep?rese en la contradicci?n insalvable de lo que sostiene Callahan: por un lado, refiri?ndose a Walker, reconoce que el gobierno de su pa?s ?no hizo nada para contenerlo o sancionarlo?, pero luego, dice que el filibustero actu? por su propia cuenta. Ello obviando, adem?s, que John Wheeler ten?a simpat?as por ?l, lo que por s? mismo, resulta muy sintom?tico...

En efecto, las evidencias hist?ricas muestran que William Walker no fue un simple aventurero, como sostiene Callahan. Por ello, el apoyo que le brindara al mismo el embajador yanqui John Wheeler, lejos de obedecer a un plano personal, como sostiene Callahan, revelaba, en mayor o menor medida, la voluntad gobernante en EEUU. No en vano, en su pa?s, donde se respiraban los aires del Destino Manifiesto, fue considerado un h?roe justamente por sus correr?as en Sonora y Baja California (Wikipedia: William Walker ) que causaron muerte y destrucci?n antes que llegara a Nicaragua, como lo reconoce el actual proc?nsul yanqui.

Walker no lleg? a Nicaragua con el fin de servir los intereses de una u otra facci?n de la clase dominante, sino los de los estados esclavistas del sur de Estados Unidos, pa?s donde a?n persist?a, al igual que en Cuba y en Brasil, la esclavitud, pese a que ?sta hab?a sido rechazada en todo el mundo occidental desde 1820 (Hurtado Chamorro, 1965). Como anota Francisco Ortega Arancibia, ?Walker [...] se propon?a aniquilar no s?lo el istmo establecido en Centroam?rica y en toda Am?rica Latina, sino que pretend?a exterminar la raza, dejando tan s?lo a aqu?llos que pudieran soportar la condici?n de esclavos para ocuparlos en la siembra del algod?n y la ca?a de az?car? (Arancibia Ortega, 1974). Y esta pretensi?n no pod?a concebirla ni mucho menos llevarla a efecto sin que en su pa?s, al menos en el Sur, reinara la geofagia.

En una carta de 1857, Walker revela: ?el restablecimiento de la esclavitud del negro constituye el medio m?s r?pido y eficiente para que pueda establecerse permanentemente la raza blanca en Centroam?rica [...]?. En la misma carta afirmaba: ?[...] una comparaci?n del negro de ?frica con el de los Estados Unidos, y a?n con el de Cuba y el Brasil, demuestra las ventajas de la esclavitud para esa raza inferior? (Pepoladas).

No en vano, la llamada ?aventura? de Walker en Centroam?rica fue apoyada por la administraci?n del presidente estadounidense Franklin Pierce, quien manifest? que la expansi?n territorial de Estados Unidos no ser?a disuadida por ning?n motivo, puesto que su naci?n ?por su propia seguridad?, ten?a que ?adquirir ciertas posesiones? que a?n no estaban bajo su poder. De ah? que este mandatario reconociera a Walker como presidente de Nicaragua, pese a sus p?blicas manifestaciones en contra del filibusterismo. Por otra parte, durante su Administraci?n, se permit?a que el reclutamiento de voluntarios, para ir a pelear en las filas de Walker en Nicaragua, se realizara abiertamente tanto en San Francisco como en Nueva York. Respaldo a Walker dio asimismo Buchanam, de tendencia sure?a al igual que Pierce, su predecesor (Hurtado Chamorro, 1965).

Finalmente, la amenaza que Walker representaba para Nicaragua, al contrario de lo que dice Callahan, se evidenci? muy pronto. Por ejemplo, cuando orden? el fusilamiento de Ponciano Corral, presidente legitimista, en noviembre de 1855 y, ese mismo a?o, solo que en octubre, el de Mateo Mayorga, ministro del presidente -tambi?n legitimista- Jos? Mar?a Estrada. Por lo dem?s, no tenemos nada que objetarle a la convicci?n de Callahan sobre la condici?n demencial y megal?mana de Walker. Pero: ?No ha sido eso lo que ha caracterizado, sino a todos, a buena parte de los presidentes y pol?ticos yanquis? ?No fue demencial el bombardeo at?mico al Jap?n en agosto de 1945; mismo del que EEUU no se ha arrepentido para nada? ?Y qu? decir de George W. Bush con sus atentados contra las torres gemelas o su guerra infinita contra el terrorismo en Afganist?n e Iraq? ?Qu? decir de Obama y Clinton con su guerra criminal y de rapi?a contra Libia y sus miras sobre Siria, Ir?n y? el mundo entero? ?Es cuerdo que George Bush hablara de bombardear at?micamente m?s de sesenta rincones oscuros del planeta? (Castro, Fidel).

Un detalle final sobre el asunto Walker. Dice Callahan que Castell?n invit? a ?ste ?y a su banda de mercenarios a unirse a su lucha en la guerra civil que enfrentaba a los Liberales con los Legitimistas o Conservadores?, pero Selser, un acucioso estudioso de la Historia, acota que la iniciativa parti? de Byron Cole, un ambicioso mercenario estadounidense, quien a nombre de Walker, ?se traslad? a Nicaragua y propuso sus servicios militares a Castell?n? (Selser, 1981; T. I). No es lo mismo llegar invitado a un pa?s que llegar, ambici?n de por medio, a ofrecer sus servicios a una fuerza beligerante en contra de otra.

Sacando a Sandino fuera de contexto

? No podemos soslayar de ninguna forma la mala intenci?n del proc?nsul Callahan, quien sostiene algo sacado fuera de contexto, a saber que Sandino quiso, tras ?la paz de Tipitapa de 1927? y a la ?hora de elegir un nuevo gobierno?, deponer las armas si los marines garantizaban unas ?elecciones libres y limpias?. Para responder a semejante deformaci?n de los hechos, recurriremos a lo que el h?roe expres? al respecto. Bas?ndonos en lo que ?l testimonia, haremos primero una s?ntesis apretada de c?mo se lleg? a esa situaci?n.

Ante el reclamo que Sandino hiciera a Moncada de porqu? se hab?a suscrito la paz de mayo de 1927 que puso fin a la Guerra Constitucionalista de 1926-1927, el segundo manifest? que ello obedec?a a que EEUU estaba dispuesto a ponerle fin a la guerra y a desarmar por la fuerza a los que se empe?aran en darle continuidad, lo que, desde luego, encerraba una amenaza para el h?roe y sus fuerzas y, en sentido alguno, contra las fuerzas liberales que ya hab?an aceptado el desarme.

Conociendo perfectamente a Moncada, Sandino sab?a lo inconveniente que resultaba contradecirlo mucho, porque aqu?l pod?a desarmarlo por la fuerza y apresarlo, as? que no tuvo otra opci?n que recurrir a la estratagema de manifestarle su disposici?n a aceptar, en lo que concern?a al desarme, la voluntad del resto de los jefes del Ej?rcito Liberal, pero que el de sus propios hombres deb?a efectuarse en Jinotega, donde ?l hab?a establecido un Gobierno Departamental custodiado por m?s de doscientos rifles. Moncada decidi? que fuera en la hacienda ?El Cacao?, situada entre Teustepe y Jinotega. Pero, antes, quiso obligar al jefe guerrillero a que firmara la paz de inmediato. Vi?ndose en apuros, Sandino tuvo que hacer, como ?l mismo lo expresa, ?un gran esfuerzo para recuperar la serenidad? que la situaci?n ameritaba, manifest?ndole a su interlocutor que lo autorizaba ampliamente para que firmara en su nombre; en caso contrario, es decir, de haber Moncada insistido en obligarlo a firmar la paz con su propio pu?o y letra, el h?roe no hubiera tenido m?s alternativa que ultimarlo (Sandino; T. 1, 1984).

La complejidad de la situaci?n de los patriotas no termin? ac?. Se fue haciendo cada vez mayor. Y justamente en este ambiente, Sandino expres?: ?[?] si Estados Unidos con buena fe ha intervenido en el pa?s, proponemos como condici?n sine qua non para deponer nuestras armas, que asuma el poder un gobierno militar de los Estados Unidos mientras se realicen las elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos.?

Mas debe saberse que la base sobre la cual el h?roe hizo semejante propuesta, fueron los ?nimos enfriados a ra?z del Pacto del Espino Negro, prevalecientes entre los hombres de la Columna Segoviana que ?l comandaba, al grado que, a cada instante, crec?an las deserciones entre sus filas. As? las cosas, para el 21 de mayo de 1927, de los ochocientos hombres que hab?an constituido su columna, quedaban solo veintinueve y, tres d?as despu?s, apenas llegaban a veintiuno (Ib?d).

Por si fuera poco, entre esos veintiuno, se acusaban diversas opiniones. En esta atm?sfera, por s? sola cargada, se dej? sentir la presi?n de Gregorio Sandino para que su hijo desistiera del prop?sito de mantener la lucha armada. Considerando la complejidad de la situaci?n, el h?roe instruy? a Jos? Moral, un antiguo sacerdote cat?lico que lleg? acompa?ando a su padre, redactar la carta a la que hace referencia Callahan, dirigida al Jefe del destacamento de marines en Jinotega; carta que, en efecto, Sandino suscribi?. Mas sab?a que sus enemigos lanzar?an calumnias en su contra bas?ndose en el contenido de dicha comunicaci?n. Con todo, el h?roe asumi? el asunto consciente de la necesidad de ?sacrificar algo por salvar el honor nacional?? Sobre todo, quer?a demostrarle a sus compa?eros de lucha que el imperio no es una fuerza en ning?n sentido confiable (Ib?d).

?Buena fe? como pretexto de invasi?n y ocupaci?n de territorios

Seg?n Callahan, EEUU no actu? de mala fe al enviar marines a nuestro pa?s; porque lo hizo, seg?n declara, con toda la buena intenci?n del mundo. Conocemos profundamente esta perversa cantinela, esa burda aseveraci?n: ?Solo la buena fe nos ha movido?. Entre 1846 y 1848, los yanquis llegaron a M?xico y le arrebataron a este pa?s un poco m?s de la mitad de su territorio; en 1898, pretextando el hundimiento del Maine surto en La Habana, EEUU le declar? la guerra a Espa?a para arrebatarle a este pa?s sus dos ?ltimas colonias sobre el continente americano (Cuba y Puerto Rico), con lo que, a lo inmediato, frustr? la lucha independentista en estos territorios americanos; en 1903, arrebat? Panam? a Colombia; en las dos primeras d?cadas del siglo XX, am?n de los pa?ses se?alados, se sumaron a su geopol?tica Hait? y Rep?blica Dominicana. En 1909, apoyando a los conservadores nicarag?enses, EEUU derroc? al presidente Jos? Santos Zelaya; el pr?ximo a?o fue al presidente Jos? Madriz, de tendencia liberal como el primero. Sobre esta base, el imperio yanqui impuso en Nicaragua lo que se llam? Restauraci?n Conservadora (1910-1928), pese a que, de hecho, implant? sobre el pa?s un protectorado yanqui que tomaba las decisiones de todos sus asuntos internos y externos esenciales y se apropiaba de las principales fuentes de ingreso del estado nicarag?ense.

Pero veamos qu? criterios hubo en Estados Unidos respecto a la intervenci?n en Nicaragua en los a?os veinte y comienzos de los treinta.

Aunque no fuese otra cosa que la defensa de los intereses comerciales de EEUU en Am?rica Latina, de todos modos, no pocos congresistas se pronunciaron en contra de la intervenci?n en Nicaragua. Veamos lo que expres? al respecto, por ejemplo, el senador Wheeler:

?Cualquier interferencia en los asuntos internos de Nicaragua perjudica grandemente a los intereses comerciales Norte Americanos, que est?n justamente ahora buscando nuevos mercados en Am?rica Central y del Sur. Si se quiere dejar a un lado el aspecto moral de la cuesti?n de Nicaragua y examinarla estrictamente desde el punto de vista comercial habr? que formularse esta pregunta: ?Qu? opini?n van a formarse las naciones de Am?rica del Sur y todas las del mundo, en las que estamos invirtiendo millones de d?lares, de nuestra intervenci?n en Nicaragua y nuestro esfuerzo por dictar a ese pueblo la clase de gobierno que debe darse? ?No es l?gico que piensen que al pretexto m?s trivial los Estados Unidos desembarcar?n los marinos en su territorio utilizando la intervenci?n en Nicaragua como un precedente de autorizaci?n? Devanando el razonamiento hasta su conclusi?n l?gica, se deducir?a de ?l que emplear?amos a nuestros marinos como una agencia de cobros de las grandes inversiones realizadas en los pa?ses extranjeros.? (Selser; 1981. T. II).

La naturaleza criminal de la intervenci?n yanqui en Nicaragua fue puesta al desnudo por los diarios m?s influyentes del continente Americano. As? ?The Nation?, en su edici?n del 2 de noviembre de 1927, afirmaba que las tropas estadounidenses sin ninguna justificaci?n legal asesinan nicarag?enses. ?El Tiempo? de Bogot?, por su lado, se?alaba que Coolidge acusa de bandoleros a los patriotas nicarag?enses a fin de esconder ante el pueblo estadounidense ?la verdad de un hecho doloroso [...] que los marinos de la Uni?n Saxoamericana violan el derecho de gentes, hoy en Nicaragua, como ayer en Hait?, y cometen homicidios que se quedan impunes...?( Selser; 1981. T. I).

El desprestigio de la intervenci?n yanqui contra Nicaragua deven?a, en gran medida, del hecho que los aeroplanos de la misma atentaban m?s contra la poblaci?n civil que contra los patriotas en armas. Tampoco favorec?a la agresi?n a Nicaragua la acostumbrada pol?tica yanqui de intervenir sin considerar para nada la opini?n de los mandatarios latinoamericanos (Cummins, 1983). En este sentido, no son de extra?ar dos fen?menos observados al momento de realizarse la VI Conferencia Panamericana, a inicios de 1928, en la Habana, Cuba. Se trata, en primer lugar, de que a esas alturas solamente dos gobiernos de Am?rica Latina, el de Honduras y el de El salvador hab?an reconocido al gobierno t?tere de D?az en Nicaragua (Selser; T. I); en segundo lugar, de que la mayor?a de los delegados a la Conferencia se abstuvo de votar a favor o en contra de la intervenci?n yanqui en Nicaragua, lo que ante el desprestigio de EEUU -que esperaba un s? rotundo de los gobernantes latinoamericanos para justificar la guerra contra los patriotas sandinistas-, se convirti? en una condena indirecta para este pa?s y en un triunfo pol?tico de la causa sandinista. No es tampoco extra?o que Hoover, electo presidente de EEUU en 1928, buscando c?mo adquirir una imagen distinta a la Coolidge, su antecesor, visitara los pa?ses latinoamericanos sin resultados positivos.

As? en Ecuador, el presidente Isidro Ayora, en un tono muy diplom?tico, le pidi? no interferir en los asuntos internos del continente; le expres? que para la conservaci?n de relaciones cordiales y sinceras entre las naciones del mundo es necesario basar las mismas ?en el m?s escrupuloso respeto de los derechos de todos los pa?ses, en el reconocimiento de la absoluta igualdad jur?dica entre todos los estados?. Agregaba que a la solidaridad internacional debe serle ?...inherente la proclamaci?n irrestricta de la soberan?a, de la justicia y el derecho? (Selser, 1986).

En Buenos Aires, Argentina y, sobre todo, en Montevideo, Uruguay, el pueblo organiz? demostraciones de repudio contra el visitante estadounidense, y de solidaridad con Sandino. ??Viva Sandino! ?Fuera Hoover!? gritaba la multitud al mandatario yanqui en su propia cara. En Montevideo fueron tan grandes las manifestaciones ?que la polic?a no encontr? m?s remedio que cargar con la multitud que vivaba a Sandino y a Nicaragua al paso de Hoover para dispersarla? (Selser, T. II).

Por consiguiente, las complicaciones que para EEUU acarreaba su pol?tica abiertamente intervencionista en el continente americano, llev? a sus gobernantes a adoptar una nueva modalidad de dominio sobre esta regi?n del mundo. No en vano, durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, se declarar?a lo siguiente*:

?Hubo tiempos no muy lejanos cuando nosotros aplicamos la Diplomacia del D?lar y la intervenci?n; y fuimos acusados de imperialismo yanqui. Pero la experiencia nos ha ense?ado que para tener buenos vecinos debemos ser ?Buenos Vecinos?. Hemos descubierto que el entendimiento y la ?Buena Voluntad? no pueden ser comprados o ganados por la fuerza? (Ulloa, 1988).

La imposici?n de dictaduras militares y entreguistas en Centro Am?rica, demostr? mejor que nada en qu? consist?a la Buena Vecindad. En Guatemala, se implant? la de Jorge Ubico (1931-1944); en El Salvador, la de Maximiliano Hern?ndez Mart?nez (1935-1944); en Honduras, la de Tiburcio Car?as Andino (1935-1949); en Nicaragua, la de Anastasio Somoza Garc?a y sus herederos (1937-1979. En el Caribe se impuso la dictadura de Rafael Le?nidas Trujillo (1930-1938-1952), de Rep?blica Dominicana.

El asesinato de Sandino y el orden establecido por el imperio yanqui en Nicaragua

Para responder a las afirmaciones sostenidas por Callahan sobre la realidad del apoyo yanqui a Anastasio Somoza Garc?a, conozcamos, groso modo, qui?n fue este personaje, mismo al que EEUU y sus proc?nsules apoyaron de principio a fin en todas sus correr?as?

Lo primero que salta a la vista al estudiar a Somoza Garc?a como personaje fue el crimen que perpetrara contra Sandino el 21 de febrero de 1934, un a?o despu?s del convenio de paz de febrero de 1933, suscrito entre el h?roe y Juan Bautista Sacasa, quien reci?n asum?a la presidencia de Nicaragua. Mas, de primas a primera, digamos que dicho crimen no obedeci? esencialmente a razones personales sino de clase.

Sandino -a pesar del desarme relativo de 1933, contemplado en la firma de la paz- representaba la posibilidad de un nuevo levantamiento popular. Por eso lo mataron. No otra cosa sugiere el hecho que en su asesinato se hayan involucrado la Guardia Nacional, con Somoza a la cabeza; la Presidencia, representada por Sacasa; y el imperio estadounidense, a trav?s de su embajador en Nicaragua, Arturo Bliss Lane.

Habiendo asesinado a Sandino, Umanzor, Estrada, S?crates y Ferreti, y masacrado luego a centenares de patriotas en las cooperativas de Wiwil?, la Guardia Nacional (GN), la Presidencia y el Imperialismo yanqui actuaron, indiscutiblemente, en nombre de todo el sistema opresor. Por eso, lo m?s ?selecto? de la sociedad granadina, esto es, ?la flor y nata de la oposici?n? y el liberalismo leon?s organizaron ostentosas fiestas para congraciarse con Somoza, el asesino de Sandino (Salvatierra, 1980).

Sobre la participaci?n de Somoza Garc?a en el crimen no cabe duda alguna. Debe saberse que el fundador de la dinast?a que lleva su nombre, el propio 21 de febrero, le expres? a un grupo de oficiales de la GN que la embajada estadounidense le acababa de dar la venia para liquidar al h?roe, por estimarlo ?un perturbador del pa?s?. En otra ocasi?n, reconoci? su involucramiento en el crimen en un banquete organizado en su propio honor (Alem?n Bola?os, 1980). Y antes de perpetrarlo, en una entrevista, le insinu? a Jos? Rom?n sobre el asunto que ten?a entre manos (Rom?n, 1983).

Con relaci?n al Embajador Arturo Bliss Lane, es ?extra?o? que, despu?s de ejecutada la acci?n contra Sandino y sus acompa?antes, se presentara al cuartel en que Sofon?as Salvatierra y Gregorio Sandino estaban apresados -desde que ambos fueron separados del grupo de Sandino al momento de la detenci?n- a ofrecerles libertad y asilo pol?tico (Alem?n Bola?os, 1980).

Arturo Bliss Lane, en un telegrama al Departamento de Estado, reconoc?a que hab?a recomendado a Somoza no precipitarse en relaci?n con Sandino... (Fonseca, Carlos; Tomo 1, 1982). La no precipitaci?n insin?a claramente que la liquidaci?n de Sandino no estaba fuera de duda o cuestionada por el imperio; solo suger?a que Somoza no se apresurara a dar semejante paso?

En lo que a Juan Bautista Sacasa respecta, se se?alan varios hechos que, de una u otra forma, lo incriminan: a) el propio d?a del crimen invit? a Sandino, sin ning?n motivo aparente, a la casa presidencial; b) habi?ndose retirado de casa presidencial, Sandino y sus acompa?antes fueron detenidos por una patrulla de la GN, transcurriendo dos minutos para que Sacasa, informado por su propia hija, conociera el hecho; c) entre el momento de la captura y la ejecuci?n del crimen, medio suficiente tiempo como para que Sacasa evitara la acci?n contra Sandino y sus compa?eros; d) Jes?s Hern?ndez y Nicol?s Mart?nez, antiguos amigos y partidarios de Sacasa, sostuvieron que sab?an que ?ste era culpable del crimen perpetrado (Alem?n Bola?os, 1980); e) el Partido Uni?n Democr?tica Nicarag?ense, en una hoja suelta intitulada ?El m?s glorioso soldado contempor?neo de las libertades americanas?, se?alaba, en parte, que Sacasa era el encubridor del m?s repudiable crimen pol?tico ejecutado en suelo americano durante el siglo XX; f) tras el asesinato de Sandino, Sacasa ascendi? a Somoza de brigadier general a mayor general (Gilbert, 1979).

El ascenso vertiginoso de Somoza Garc?a al poder

Mas, para terminar de dilucidar el involucramiento imperial en el asesinato del h?roe conviene hablar del vertiginoso ascenso de Somoza Garc?a al poder. Primero que nada resalta el hecho de que surgiera como por encanto en la palestra pol?tica de Nicaragua, pues antes de la firma de la paz de 1933, era una figura pr?cticamente desconocida (Ib?d). El romance que se le atribuy? con la esposa del embajador estadounidense Hanna en Nicaragua, fue, al parecer, una causa importante de su ascenso estrepitoso hacia el poder (Amador, Armando). No menos importante fue su calidad de secretario particular de Moncada (Selser, 1984). Como elemento favorable al logro de las ambiciones de Somoza Garc?a debe estimarse su condici?n de desalmado, antipueblo y entreguista, pues s?lo con gente de esa cala?a el imperio pod?a garantizar su dominio en Nicaragua. No extra?a que Franklin Delano Roosevelt, padre de la ?Buena Vecindad?, expresara, refiri?ndose a Somoza: ??l es un hijo de perra, pero es nuestro.? (Borge, Tom?s; 1989).

Roosevelt tuvo sobradas razones para hacer semejante afirmaci?n. Desde su juventud, Somoza demostr?, con creces, que era merecedor de semejante calificativo; que en boca del primero significaba apoyo incondicional a su persona. En verdad, la conducta de Somoza no dejaba nada que desear para quienes buscaban con mucha ansia a un Jefe Director criollo de la sanguinaria GN:

a) Siendo estudiante en Estados Unidos, Somoza fue condenado a dos meses de c?rcel por haber sido parte de una falsificaci?n de bonos.

b) En Nicaragua, en 1921, por intento de falsificaci?n de monedas, cay? en la c?rcel, aunque por ser ya yerno de Debayle las cosas no pasaron a m?s.

c) Su carrera militar, antes de convertirse en Jefe Director de la GN, se reduce a una rid?cula escaramuza, la del Guachipil?n (1927), de la que sali? huyendo.

d) De su impecable curr?culo forma parte un hecho criminal, a saber, que habi?ndose enemistado con el cacique conservador de San Marcos, Somoza, en 1928, contrat? a un mat?n para ultimarlo. Y, siendo ya Presidente, se libr? tambi?n del hombre que contratara para ello (Selser, 1984).

Somoza cay? en verdadera gracia al embajador Hanna. Tanto que, en octubre de 1932, este diplom?tico dio a conocer al Departamento de Estado su preferencia por ?l para el cargo de Jefe Director de la GN. Otro tanto hizo en su favor la mayor?a de los altos oficiales yanquis que interven?a en Nicaragua (Millett, 1979). De esta suerte, fue nombrado Jefe Director de ese cuerpo castrense, convirti?ndose con ello, de hecho, en el mandam?s de Nicaragua. El camino a la presidencia le qued? allanado en 1936, cuando, con apoyo de EEUU, la GN y los Camisas Azules que imitban a los Camisas Negras de Italia, derroc? a Juan Bautista Sacasa, su t?o pol?tico. Estas fuerzas le permitieron pasar por encima de los obst?culos que se interpusieron en su camino para llegar a la sima: la Constituci?n y el Tratado de Paz y Amistad Centroamericano de 1923 (Alegr?a, Claribel; Flakoll, DJ.; 1982).

Bibliograf?a citada:

1. ALEGR?A, Claribel; FLAKOLL, DJ. Nicaragua: la revoluci?n sandinista. Una cr?nica pol?tica/1855-1979. Serie popular Era, M?xico, 1982.

2. Alem?n Bola?os, Gustavo. Sandino el Libertador. Talleres de Impresos Culturales S.A. IMCUSA, San Jos? Costa Rica, 1980.

3. Amador, Armando. Amador, Armando. Origen, Auge y Crisis de una Dictadura. Guatemala, Centroam?rica. No se indica fecha de publicaci?n.

4. Arancibia Ortega, Francisco. Cuarenta a?os de Historia de Nicaragua (1838-1878). Colecci?n Cultural Banco de Am?rica. Serie Hist?rica N? 6. PINSA, 1974.

5. Carta Bod?n. N? 71. ?Mea culpa de EE.UU. y la cruda versi?n de su papel en la historia de Nicaragua?. http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2011/03/mea-culpa-de-eeuu-y-la-cruda-version-de.htm

6. Castro, Fidel. ?El imperio por dentro? (quinta y ?ltima parte). http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/10/15/el-imperio-por-dentro-quinta-y-ultima-parte/

7. Citado en: Borge, Tom?s. La Paciente Impaciencia. Editorial Vanguardia, mayo de 1989.

8. Cummins, Lejeune. Don Quijote en burro. Editorial Nueva Nicaragua. p. 19.

9. Del Partido Renovador Autonomista al pueblo de Nicaragua. ?El m?s glorioso soldado contempor?neo de las libertades americanas?. (Hoja suelta custodiada en el Archivo General de la Naci?n). En: El Sandinismo Documentos B?sicos. Instituto de Estudios del Sandinismo. Editorial Nueva Nicaragua, 1983.

10. Fonseca, Carlos. Fonseca, Carlos. ?Noticias sobre Gorki y Dar?o?. En Fonseca Carlos Obras. Bajo la bandera del sandinismo. Tomo 1, 1982.

11. Gilbert, Gregorio Urbano. Junto a Sandino. Editora Alfa y Omega. Santo Domingo, Rep?blica Dominicana, marzo de 1979.

12. Hurtado Chamorro, Alejandro. William Walker: ideales y prop?sitos. Editorial uni?n de Cardoza y compa??a limitada. Granada, Nicaragua, 1965.

13. Millett, Richard. Guardianes de la dinast?a. EDUCA., 1979.

14. Rom?n, Jos?. Maldito Pa?s. Ediciones ?El pez y la serpiente?. Managua, Nicaragua, 1983.

15. Salvatierra, Sofon?as. Sandino o la Tragedia de un pueblo. Talleres Litogr?ficos Maltez Representaciones S.A. Managua, Nicaragua, 1980.

16. Sandino, Augusto C. El pensamiento vivo. Tomo 1. Introducci?n, selecci?n y notas de Sergio Ram?rez. Editorial Nueva Nicaragua, 1984.

17. Selser, Gregorio. Nicaragua: De Walker a Somoza. Mex Sur Editorial S.A. 1984.

18. Selser, Gregorio. Sandino General de Hombres Libres. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de la Habana, 1981. Tomo II.

19. Selser, Gregorio. Sandino General de Hombres Libres. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de la Habana, 1981. Tomo I.

20. Selser, Gregorio. El peque?o ej?rcito loco. Sandino y la operaci?n M?xico-Nicaragua. Editorial Nueva Nicaragua. Segunda edici?n. 1986.

21. Ulloa, Juan Manuel y otros. Apuntes de Historia de Nicaragua. UNAN-Managua, Editorial Universitaria, Le?n, Nicaragua, 1988.

22. Wikipedia. William Walker. http://es.wikipedia.org/wiki/William_Walke

23. ?William Walker, el ?ltimo filibustero?. http://pepoladas.over-blog.es/article-william-walker-el-ultimo-filibustero-47421321.html

Fuente: http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2011/04/falsificacion-de-la-historia.html


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