Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011


En la carta robada, el cuento de Edgar Allan Poe, el prefecto de polic?a busca infructuosamente por todas las habitaciones de uno de los ministros, una carta que le ha sido robada a la reina y que compromete el honor de ?sta. Para ello, el prefecto y su equipo han entrado varias veces de manera ilegal en el cuarto del ministro, han registrado habitaci?n por habitaci?n, mueble a mueble, han utilizado incluso agujas para pinchar las almohadas en busca de la carta y, mi favorito, han desmontado incluso las patas de la cama y de la mesa para buscar en el interior de ?stas sin que la carta apareciera por ning?n lugar. Desesperado, el prefecto acude al primer investigador de la novela policial, Auguste E. Dupin en busca de ayuda. Con su caracter?stico ingenio de sal?n Dupin resuelve inmediatamente el misterio, porque la carta estaba simplemente encima de una c?moda, a la vista de todo el mundo.

Pues bien, si se piensa bien, el reciente asesinato de Osama Bin Laden no es sino una versi?n gore y siniestra de La carta robada. Despu?s de todos estos a?os, Osama no estaba en una cueva de las monta?as de Afganist?n haci?ndose la di?lisis dos veces por semana y dirigiendo las operaciones de Al qaeda por computadora como el que juega a la Jihad en una play station, sino que lo ten?amos ah?, delante de nuestras narices, instalado c?modamente en una mansi?n de alta seguridad a las afueras de Islamabad. Y es que a veces tener las cosas demasiado pegadas a los ojos es una manera de no ver lo que est? pasando, una especie de ceguera inducida que nos deja a oscuras. Esta ceguera no es s?lo un problema epistemol?gico, sino tambi?n un problema ?tico, ya que la b?squeda de aquello que no se ve porque est? delante ha permitido justificar, entre otras cosas, las guerras de Afganist?n, Irak, Pakist?n y Yemen, la tortura, las prisiones ilegales, Abu Graib, Guant?namo, la tortura, los bombardeos con aviones no tripulados, la aprobaci?n del Patriot Act, las escuchas ilegales, la islamofobia, el recorte de las libertades civiles, y los miles de muertos ca?dos en la ?guerra contra el terrorismo?.

Como en La carta robada, Estados Unidos ha puesto el planeta patas arriba, ha tratado de destruir la f?brica social de todo Oriente Medio para cortarle la cabeza a un monstruo que ten?a delante de sus ojos y que adem?s hab?a salido de sus propias entra?as. No nos olvidemos que todav?a se puede leer la declaraci?n del Presidente Ronald Reagan llamando a los Mujahidin ?freedom fighters?, luchadores por la libertad, en 1983, con motivo de la invasi?n sovi?tica de Afganist?n [1].

?Qu? sentido tiene, entonces, ahora haber llegado al final de la b?squeda?

Como en las malas historias polic?acas la resoluci?n del crimen o el misterio pretende ser una respuesta tranquilizadora para la sociedad: se ha hecho justicia, el criminal ha sido castigado por sus cr?menes, el orden social ha sido reestablecido, los ciudadanos pueden volver a la apacible mediocridad de sus anodinas vidas y, sobre todo, pueden volver a dormir tranquilos. Adem?s de todos estos efectos pol?tico-literarios, el asesinato de Bin Laden pretende sobre todo ser construido como un gigantesco espect?culo medi?tico cuyas luces pretenden dejarnos a todos ciegos. Algo de esto intuyeron Paco Ignacio Taibo II y el Subcomandante Marcos cuando escribieron en su novela negra ?Muertos Inc?modos? :

?Burbank es la capital del cine porno de Estados Unidos, un pueblucho cerca de Los ?ngeles, moteles y empresas triple x, coge y coge, filma y filma, viva el capitalismo salvaje. Y junto todo y me digo: ??A poco estos culeros de Bush y sus amigos est?n haciendo los comunicados de Bin Laden, los mensajes del demonio, en un estudio porno en Burbank, California, que hasta desierto tienen por all?? ?A poco todo es un montaje, una f?brica de sue?os de mierda, con un ex-taquero mexicano llamado Juancho de personaje central? Yo, de verdad, no me lo tragaba?, me dec?a: ??c?mo vas creer?? Pero, ?a poco no es bonita la historia??.

Y es que cuando las cosas van mal, ?Producciones El Pent?gono? pone en marcha su m?quina de sue?os (o m?s bien de pesadillas) para tranquilizar a la poblaci?n civil mediante altas dosis de entretenimiento imperial-militar. No se trata de caer en teor?as de la conspiraci?n, pero ?no es un poco sospechoso que el anuncio de la captura y muerte de Bin Laden se haga el primero de mayo, un d?a que adem?s no se celebra en Estados Unidos? ?No es demasiado conveniente que el anuncio de la muerte del m?s malo de los malos se haga el mismo d?a que las fuerzas de la OTAN bombardean a civiles y matan a uno de los hijos de Gadaffi en Libia?

Pueden ser s?lo coincidencias, lo que si es innegable es que el aparato medi?tico militar de los Estados Unidos esta espectacularizando el asesinato de Bin Laden con un prop?sito doble: dejar a oscuras, como en La Carta robada, los problemas internos y externos del pa?s y promover entre la ciudadan?a un complejo melanc?lico agresivo que siga justificando las guerras imperiales por los recursos de Oriente Medio.

El fundido en negro que ha producido el asesinato de Bin Laden tiene por objeto, como ha se?alado Santiago Alba Rico, ocultar todo lo que ha estado pasando en el mundo ?rabe desde las revueltas de Tunez, Egipto, Siria o Bahrein a la intervenci?n militar de la OTAN [2]; Hillary Clinton tuvo incluso la desfachatez de conectar, en su comparecencia, el asesinato de Bin Laden con la lucha por la libertad del pueblo ?rabe. Pero adem?s de tapar y sacar partido de todo lo que esta pasando en Oriente Medio, la pel?cula Bin Laden tiene otro objetivo crucial, ocultar que las cosas en casa van muy mal. El desempleo sigue creciendo, las c?rceles est?n llenas de afroamericanos, latinos y blancos pobres, Obama ha deportado a m?s latinos que Bush en sus ocho a?os de mandato, millones de personas han sido desahuciadas, muchos m?s no tienen acceso al seguro medico y cada vez se hace m?s evidente que el neoliberalismo s?lo puede sobrevivir a costa de ser cada vez m?s agresivo y de transferir m?s bienes comunes a manos privadas: atacar a los sindicatos de trabajadores p?blicos, destruir las universidades p?blicas y producir, en definitiva, m?s miseria, desigualdad y exclusi?n.

Despu?s de los ataques del 11 de septiembre, se hizo muy dif?cil tener una conversaci?n sosegada sobre lo que hab?a pasado o presentar objeciones a la naciente guerra contra el terror, las pocas personas que salimos a la calle para protestar la guerra en Afganist?n nos encontr?bamos con un ambiente hostil e intimidatorio. Todav?a no se hab?a ca?do la segunda torre gemela cuando Peter Jennings, el corresponsal de ABC News, advert?a de que se trataba de un ?acto de guerra? y exig?a venganza. Desde entonces la ciudadan?a norteamericana ha sido sometida sin interrupci?n a un chantaje emocional cuyo objetivo es instalar en la sociedad civil un complejo melanc?lico agresivo que justifique la agenda neoimperial de la oligarqu?a norteamericana. Desde el 11 de septiembre todos y cada uno de los ciudadanos de los Estados Unidos fueron interpelados por el Estado para transformarse en recept?culos de las v?ctimas de los atentados de las torres gemelas. Los muertos no est?n en ning?n memorial est?n encriptados en cada uno de los ciudadanos, y es precisamente porque est?n dentro que no se pueden ni olvidar ni velar, para defenderlos de su olvido s?lo queda actuar agresivamente contra aquellos que pretender poner en peligro nuestra seguridad y las de las v?ctimas del 11 de septiembre que llevamos dentro.

Este complejo de miedo y agresi?n sirvi? no s?lo para justificar las guerras sino que tambi?n produjo incre?bles r?ditos electorales para George W. Bush. Por eso, coincidencia o no coincidencia, el fantasma de los muertos del 11 de septiembre vuelve a agitarse sobre nuestras cabezas, nos interpela otra vez desde la euforia y el miedo que produce el espect?culo de la muerte de Bin Laden para que volvamos a unirnos en torno al complejo melanc?lico-imperial y su maquinaria de muerte. Resulta pat?tico escuchar a Obama apelar a la unidad nacional como durante el 11 de septiembre o el intento de asesinato de la congresista Gabriel Giffords, ahora que se ha ?hecho justicia?. ?Qu? significa unirse entorno al asesinato de Bin Laden? ?Formar una comunidad afectivo pol?tica en torno a un desaparecido (el cuerpo fue arrojado al mar como durante la dictadura Argentina)? ?Justificar la tortura (la confesi?n que supuestamente llev? al descubrimiento de Obama fue obtenida bajo tortura en Guant?namo)? ?Naturalizar la violaci?n de la soberan?a de un pa?s (hoy es Pakist?n ma?ana podr?a ser Inglaterra en busca de Assange)? ?Confundir la justicia con la venganza? ?Celebrar la muerte?

S?, es cierto que muchas personas, inducidas por los fuegos artificiales de todos los medios, liberales y conservadores, se lanzaron a las calles a celebrar el asesinato de Bin Laden, es cierto que los estudiantes de la Universidad de Ohio se tiraron a un lago para celebrar, es cierto que Glen Beck, el comentarista conservador de la Fox, abri? su programa con una banda de m?sica, pidi? que se exhibiera el cuerpo de Bin Laden de pueblo en pueblo como en la Edad Media y solt? una lagrimita mientras pasaba en la pantalla los nombres de todas y cada una de las v?ctimas del 11 de septiembre, pero tambi?n es cierto que la mitad de la poblaci?n se niega a celebrar bien por cansancio emocional bien porque no aceptan las consecuencias de este pacto siniestro de muerte. Hay esperanza.

[1] Ronald Reagan. ? Message on the Observance of Afghanistan Day? http://www.reagan.utexas.edu/archives/speeches/1983/32183e.htm

[2] Santiago Alba Rico. "Matar a Bin Laden, resucitar Al qaeda" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=127592

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Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: Allan Poe, Bin Laden, tortura, Patriot Act, guerra, Pakistán, diálisis

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