S?bado, 07 de mayo de 2011

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Hace un pu?ado de a?os, en un lugar desconocido de un pa?s por descubrir, entre enero y diciembre, a una hora no se?alada, se reunieron los l?deres del G-20, sus asesores financieros, sus contables, sus sacerdotes y sus programadores culturales. Decidieron llenar el mundo de mierda. ?No se dan cuenta ?dijo el emperador al foro de poderosos- que cuanto peor les tratamos, m?s nos quieren, que cuantos m?s disparates hacemos, m?s nos elogian, que cuanto m?s recortamos sus derechos y sus conciencias, m?s aplauden, que cuanto m?s salvajes somos, m?s nos respetan? Al carajo con el Estado de Derecho, con las libertades ciudadanas, con la educaci?n p?blica y laica, con la decencia, con la Declaraci?n de Derechos del Hombre; a tomar por saco con los prejuicios de los mo?as que dicen que hay que abolir la pena de muerte y reinsertar a los presos, con las garant?as procesales, con las mariconas que se oponen a la tortura, con quienes hablan de educar al pueblo, con los que exigen derechos laborales, sociales y culturales: ???Embrutezc?moslos, s?lo as? lograremos formar un inmenso ej?rcito mundial de sumisos y conformistas que nos besen las manos mientras colocamos la horca sobre su cuello!!!

Creo que por aquel entonces acababa la guerra de Vietnan, disminu?an las protestas antibelicistas y los chicos del sesenta y ocho regresaban al redil para hacerse cargo de la gesti?n de las empresas familiares. Todo lo colectivo comenz? a ser malo, en las pel?culas, en los libros, en la televisi?n, y se volvi? a ensalzar al individuo que lo puede todo con s?lo desearlo, tener fuerza y poner empe?o, al pez gordo. Apareci? Rambo, y ?l solito comenz? a devorar malos a la misma velocidad que una cosechadora se traga las mazorcas en un campo de ma?z. El hombre, que hasta entonces lo hab?a conseguido todo codo con codo, hombro con hombro, empezaba a convertirse de nuevo en enemigo de su hermano, en alguien que esgrim?a como principal prueba de su val?a y de su amistad con Dios, su riqueza, su capacidad para acumular d?lares del modo que fuese. Comenzaba una nueva divisi?n social, arriba los que val?an y hab?an subido a lo m?s alto por s? mismos, ?sin la ayuda de nadie?; abajo, los que no hab?an sido emprendedores ni hab?an tenido la ambici?n necesaria para ba?arse en oro, personas que nada aportaban al Olimpo de los elegidos y andaban todo el d?a dando la murga con los derechos de los dem?s y otras melindres. Desapareci? la Uni?n Sovi?tica burocratizada y artr?tica, con ella el riesgo de contagio de lo que un d?a fue la gran ilusi?n. Lleg? el consumismo y la dispersi?n, cada cristiano occidental ten?a derecho a comerse la parte del pastel que aguantasen sus intestinos y a tirar a la basura el excedente. Todos fuimos ricos por un d?a, el dinero sal?a a borbotones de entre las piedras m?s altas para diluirse al llegar a los valles d?nde, ?vida, la gente esperaba agarrar, a codazos y dentelladas, su peque?a porci?n. Nos hab?amos convertido en superhombres, ni siquiera nos frenaba el antiguo miedo a los infiernos, mucho menos nuestra conciencia aguada ni la necesidad de quienes, incapaces, no hab?an sabido colocarse en el sitio justo a la hora precisa. Casi todos invert?amos en bolsa, se hablaba del capitalismo popular, de que nada era tan democr?tico como una sociedad an?nima, de las bondades de un sistema que permit?a hacerse rico a los m?s bestias de cada lugar, del precio justo, de la inutilidad del Estado y de esos bur?cratas que s?lo se dedicaban a hacernos la vida imposible con sus papeles y sus legalidades. Dejamos de ser nosotros y nuestras circunstancias, para ser ?o creer ser- s?lo nosotros, yo, infinito yo narcisista que todas las ma?anas contemplaba como se le ca?a el pelo al mismo tiempo que aumentaba su panza y sus ingresos derivados de la especulaci?n y la explotaci?n.

Despu?s, les salvamos de la ruina en la que nos metieron invirtiendo, sin pregunt?rnoslo, lo que no ten?amos, y lejos de agradec?rnoslo, nos dijeron que les deb?amos lo que les hab?amos dado, amenaz?ndonos mientras call?bamos cabizbajos, con pasarnos del vientre de nuestra madre a las entra?as de la tierra sin intermediaci?n alguna. Y dejamos de tomar la sagrada forma pero la forma se convirti? en sagrada mientras los orates nos trataban como otarios desde las televisiones p?blicas, las privadas y los cientos de tedet?s nacidas para matar desde los santuarios de aquellos parientes lejanos de los que cre?amos habernos separado cuando bajamos del ?rbol. Y apareci? Bel?n Esteban como nueva Palas Atenea, y Sotres, Polaino, Drag?, Ram?rez, Jorge Javier, Albiac, Terctsch, la duquesa, Pe?afiel, Lozano, Aznar, Cantizano, Aguirre, Camps, Matamoros, Pantoja y la franca como nuevos dioses de las hordas, cada vez m?s convencidas de que, dado que la pol?tica es una mierda, mejor entregar todo el poder a los franquistas neocon, ?qu? m?s da, son todos iguales! Enfrentamos a la Virgen de la Almudena con la de Montserrat, y convertimos en seres celestiales a Florentino y a Sandro, a Ronaldo y a Messi, mientras la casa se nos ca?a encima, sin rechistar. Y vimos como mataban a cientos de miles de personas por petr?leo en Irak, como colgaban ante las c?maras a un antiguo colega con barba, y nos fuimos a Afganist?n a proteger lo que era nuestro y no de sus due?os. Y fuimos incapaces de organizarnos y salir a la calle para defender la libertad, para impedir que el juez que quiso juzgar la atrocidad franquista, siga siendo el ?nico procesado en esa causa, para negarnos a ser c?mplices de tanta muerte, para defender los derechos que tanta sangre costaron a nuestros abuelos, para decir que ning?n Estado, ni siquiera el del Emperador negro en el que tantas esperanzas depositaron tantos, puede torturar para sacar confesiones desde una ba?era llena de mierda y electrodos, que no se puede matar a un terrorista desarmado sin convertirte t? mismo en un asesino peor que todos los asesinos, que no podemos renunciar al Estado de Derecho, a las garant?as procesales, a la presunci?n de inocencia.

Y nadie dijo no, y nadie alz? la voz, y nadie se rasg? las vestiduras, y nadie dijo: Hasta aqu? hab?is llegado, no sab?is lo que significa la palabra democracia, la hab?is vaciado de contenido, sobr?is, buscad otro planeta. Los diarios nos regalaban bater?as de cocina y delantales con el escudo de nuestro equipo favorito, vitore?bamos al Jes?s del Gran Poder, a la Moreneta, a Santiago Matamoros y a San Ferm?n pedimos. Brutos, cada vez m?s brutos, perdimos el norte de nuestras vidas, dejamos los asuntos p?blicos en manos de corsarios, hipotecamos el futuro de nuestros hijos y contemplamos, sin la menor mueca de asombro, como quienes con sus pol?ticas econ?micas salvajes nos hundieron en la miseria, recib?an el voto masivo del pueblo en municipios, comunidades aut?nomas y gobierno para entregar hospitales p?blicos a constructoras arruinadas, para instalar el copago sanitario, para crear una sanidad para ricos y otra para pobres, para confiar la educaci?n de nuestros menores a frailes y monjas, para entregar las pensiones a los banqueros y aseguradoras que nos metieron en este callej?n, para volver al ojo por ojo y diente por diente, para llenar los Parlamentos de diputados y senadores similares al caballo de Cal?gula, dispuestos a pisotearnos y a decirnos una y otra vez que los ricos no van a la c?rcel, que los estafadores no van a la c?rcel, que el c?digo penal se hizo para los pobres y el civil para los ricos, que no hay m?s camino que el que marca el pez gordo. Y sonre?mos en el pat?bulo, como s?lo los brutos lo pueden hacer, con la risa del idiota que no sabe por qu? se r?e, con la risa del que hace tiempo que dej? de saber que s?lo, un hombre no es nadie, pero que unido a otros, lo es y lo puede todo.

Ahora, mientras leo con cierto detenimiento las ?ltimas encuestas del CIS, veo en la televisi?n como un Rambo negro mata a un barbudo desarmado en Pakist?n siguiendo el mandato de Hammurabi y del Dios de la zarza. Pasan cinco millones de parados por mi puerta con una pegatina de Mariano Rajoy mientras se oyen los pitorrazos de la concentraci?n de Ferraris y Bugatis que hay un poco m?s all?. Y me pregunto, con una botella de vino, comiendo una ristra de morcillas y fumando una cajetilla de ducados que me avisa de mi pr?xima muerte, ?qui?n se ha encargado de quitar el alma al pueblo? ?Qui?n se ha encargado de la educaci?n del pueblo? ?D?nde est?n los m?nimos conocimientos human?sticos que debe tener todo ciudadano para discernir lo bueno de lo malo y lo malo de lo peor? ?Para qu? tanta tecnolog?a, tanta telemierda? ?Cu?ndo nos convertimos en brutos y serviles? ?Cu?ndo olvidamos que el Estado de Derecho est? por encima de la raz?n de Estado, que la raz?n de Estado por s? sola nos convierte a todos en presuntos delincuentes y es la madre del nuevo fascismo? Y s?lo hayo una respuesta, cuando dejamos de pensar por nosotros mismos y en los dem?s. Hace ya mucho tiempo, aunque entre la multitud, he visto pasar a unos cuantos que con un martillo neum?tico van rompiendo el hormig?n y en los huecos, plantan ?rboles. Llevan monos azules, y en sus espaldas un letrero: ???Hasta aqu? hab?is llegado, cabrones!!!


Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: educación, derechos, amistad, velocidad, copago, guerra

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