Martes, 10 de mayo de 2011

Por: Enviado por Delia Polanco-Loaiza?
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Compartimos con Ustedes? una correspondencia entre el reci?n fallecido Ernesto S?bato y el Ch?.? Material que forma parte del libro: ?Ernesto S?bato: claves pol?ticas?, editado en 1971 por Rodolfo Alonso S.R.L. (p?ginas 81 a 91), con el permiso de la Revista literaria ?El escarabajo de oro?, Argentina, a qui?n S?bato le cediera los derechos.

1? de enero de 1960


Comandante Ernesto Guevara.

La Habana ? Cuba


Admirado Guevara:


En su viaje a Buenos Aires, el periodista R. Walsh nos ha explicado con minuciosidad y entusiasmo la haza?a que ustedes han llevado a cabo.? Durante m?s de cinco horas, en mi casa de Santos Lugares, donde yo hab?a reunido un conjunto de amigos, disip? una cantidad de malentendidos que confunden a la opini?n p?blica del pa?s.


Es precisamente este hecho el que induce a escribirle esta carta, para que usted, como uno de los jefes de la revoluci?n cubana y en su condici?n de argentino, pueda ayudar a una mejor comprensi?n del problema que mutuamente nos ata?e; y para que el movimiento cubano? alcance en nuestra patria la repercusi?n popular que deb?a tener.? Esquem?ticamente, el problema tiene los siguientes aspectos que requieren un an?lisis (para un examen m?s circunstanciado, me permito remitirle El otro rostro del peronismo, que publiqu? en 1957):


1. La revoluci?n cubana fue saludada con alborozo por la oligarqu?a argentina en pleno, porque ve?a en ella la continuaci?n o equivalente de la revoluci?n de 1955 contra el peronismo.? El uso abstracto y equ?voco de palabras como ?libertad? y ?tiran?a? dio este resultado paradojal.? La misma causa que a tantos intelectuales argentinos nos llev? a situarnos contra el aut?ntico pueblo argentino.


2. Como consecuencia inevitable del hecho anterior, la inmensa mayor?a del pueblo trabajador tom? posici?n contra ustedes.? Pueden leerse en barrios obreros del Gran Bs. As enormes carteles que dicen: ?Viva Per?n, muera Fidel Castro?.


3. Con el desarrollo de los acontecimientos cubanos, sobre todo con la aplicaci?n de medidas sociales y ?comunistas? las se?oras de nuestra oligarqu?a y los prohombres de nuestra democracia temen crecientemente haberse equivocado y ya pueden o?rse a muchos de ellos que sostienen que Castro se perfila como un nuevo Per?n.? Por desgracia, las masas populares no experimentan correlativamente el movimiento inverso (tal es la confusi?n reinante) y Castro sigue siendo por antonomasia, un libertador del mismo g?nero que el almirante Rojas.? Vinculado a este fen?meno de definici?n, es clave lo que pasa con un personaje como Jules Dubois, quien ya ha cantado en Cuba o para Cuba la misma hip?crita cantilena sobre la ?libertad de prensa?.


?C?mo puede haberse llegado a una situaci?n tan equ?voca y hasta paradojal?? El an?lisis nos llevar?a muy lejos y no vale la pena que lo haga aqu?, sobre todo porque, siquiera someramente, lo hice en el folleto que le env?o en este mismo correo.? Y aunque en ese ensayo todav?a mantengo algunas posiciones que posteriormente he superado y rectificado, permanecen v?lidas en esencia las reflexiones que hago sobre el sentido equ?voco de palabras claves como ?libertad?, ?izquierda?, ?democracia? y ?revoluci?n?.? La historia es desgraciadamente impura y a menudo nos valemos de vocablos que han sido superados y hasta invertidos por el proceso hist?rico; pero la fuerza de las palabras es tan grande (casi dir?a tan m?gico) que prevalecen muchas veces sobre los propios y evidentes hechos. Cuando en la ?poca de nuestra famosa Uni?n Democr?tica tantos intelectuales de ?izquierda? march?bamos al lado de conservadores como Santamarina y se?oras de la sociedad, deber?amos haber sospechado que algo estaba funcionando mal.


Cuando en momentos en que se produc?a la revoluci?n de 1955 yo vi modestas sirvientitas llorando en silencio, pens? (por fin) que los ?rboles nos hab?an impedido ver el bosque y que los afamados textos en que hab?amos le?do sobre revoluciones qu?micamente puras nos hab?an impedido ver con nuestros propios ojos una revoluci?n sucia (como siempre son los movimientos hist?ricos reales) que se desarrollan tumultuosamente ante nosotros.


No crea, Guevara, pues, que le estoy pidiendo a usted, un examen o reexamen de nuestro problema argentino: le pido algo que muchos de nosotros aqu? estamos haciendo con toda humildad.? Usted, como yo, fue no de los estudiantes o intelectuales de izquierda que rehuyeron la personalidad equ?voca demag?gica de Per?n; con la diferencia de que usted luego se ha mantenido lejos de nuestra realidad y nosotros, en cambio, vivimos todo el proceso, incluso el revelador proceso de la ?revoluci?n libertadora? (en este pa?s todo empieza con may?sculas, pasa luego a min?sculas y finalmente termina entre comillas).? Cuando los coroneles de extracci?n nazi se hicieron cargo del gobierno en 1945, muchos que ?ramos antifascistas repudiamos aquel golpe y, en cuanto a mi propia persona se refiere, debo decir que fui expulsado de mi c?tedra y condenado a prisi?n por desacato. Este hecho inicial acaso explique mi sistem?tico alejamiento de un proceso que sin embargo fue haci?ndose cada vez m?s popular, hasta convertirse en proceso social m?s profundo que jam?s haya experimentado nuestra patria.


Puedo decir en mi descargo, no obstante, que nunca fui antiperonista del mismo g?nero que podr?a serlo, digamos, Victoria Ocampo.? Recuerdo haber discutido en pleno r?gimen peronista con ella (a quien respeto como persona y como escritora) en presencia del arque?logo ingl?s Lawrence sobre la esencia del peronismo, manteniendo en aquella ?spera discusi?n las l?neas fundamentales que ahora le estoy explicando a Usted.


A ello se debi? que nunca tomara contra el peronismo la posici?n de nuestra oligarqu?a y de la inmensa mayor?a de nuestros escritores e intelectuales.? Siempre sostuve que era menester distinguir entre la personalidad del l?der y el movimiento que objetivamente se hab?a suscitado en su torno.? Los hechos posteriores (relajamiento del r?gimen, corrupci?n, persecuciones inicuas, torturas) que culminaron finalmente con la cobarde e innoble huida de Per?n, que no fue capaz de asumir ante su pueblo el puesto de aut?ntico y valeroso jefe, confirmaron una idea que era esencialmente correcta.


Pero, sea como sea, lo cierto es que muchos como yo estuvimos contra el peronismo, es decir, contra el pueblo trabajador; no obstante pertenecer, por nuestro ?izquierdismo?, a una posici?n te?ricamente populista.


Ahora, clarificado por el tiempo todo aquel complejo fen?meno, muchos escritores hemos iniciado un proceso de reajuste que esquem?ticamente consiste en lo siguiente: el movimiento peronista tuvo aspectos negativos y a?n nefastos, desde el punto de vista de la dignidad humana (servilismo, corrupci?n, persecuci?n, torturas); la personalidad del general Per?n sigue siendo para nosotros una personalidad tortuosa y corruptora, pero el pueblo llamado peronista es el pueblo trabajador y con ?l debemos llevar hasta las ?ltimas consecuencias el proceso que ha de darnos la definitiva liberaci?n econ?mica y pol?tica, as? como ha de echar las bases para la unidad del continente latinoamericano, tal y como Bol?var y San Mart?n lo imaginaron; y tal como las grandes potencias imperiales lo han impedido hasta hoy.


En tal perspectiva, es f?cil, advertir la enorme trascendencia que tendr?a un reexamen del movimiento cubano en relaci?n con el movimiento popular de la Argentina.? ?Qui?n ser?a capaz de parar un proceso combinado de esta envergadura?? Usted, Guevara, por su decisi?n, por su valent?a, por la claridad de ideas que todos encomian, puede ser uno de los factores decisivos de este reencuentro.


Reciba junto a la expresi?n de mi admiraci?n m?s profunda, mi saludo fraternal.


Ernesto S?bato

Santos Lugares, Argentina.
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La Habana 12 de abril 1960

A?o de la Reforma Agraria


Sr. Ernesto S?bato

Santos Lugares, Argentina


Estimado compatriota:


Hace ya unos 15 a?os, cuando conoc? a un hijo suyo, que ya debe tener cerca de los 20, y a su mujer, por aquel lugar creo que llamado Cabalango, en Carlos Paz, y despu?s le? su libro Uno y el universo, que me fascin?, no pensaba que fuera Ud. ?poseedor de lo que para m? era lo m?s sagrado del mundo el t?tulo de escritor- quien me pidiera con el andar del tiempo una definici?n, una tarea de reencuentro, como Ud.? llama, en base a una autoridad abonada por algunos hechos, y muchos fen?menos subjetivos.


Fijaba estos relatos preliminares solamente para recordarle que pertenezco, a pesar de todo, a la tierra donde nac? y que a?n soy capaz de sentir profundamente todas sus alegr?as, todas sus esperanzas y tambi?n sus decepciones.? Ser?a dif?cil explicarle por qu? ?esto? no es Revoluci?n Libertadora; quiz? tendr?a que decirle que le vi las comillas a las palabras que Ud. denuncia en los mismos? d?as de iniciarse, y yo identifiqu? aquella palabra con lo mismo que hab?a acontecido en una Guatemala que acababa de abandonar, vencido y casi decepcionado.? Y, como yo, ?ramos todos los que tuvimos participaci?n primera en esta aventura extra?a y los que fuimos profundizando nuestro sentido revolucionario en contacto con las masas campesinas, en una honda interrelaci?n, durante dos a?os de luchas crueles y de trabajos realmente grandes.


No pod?amos ser ?libertadora? porque no ?ramos parte de un ej?rcito? plutocr?tico sino ?ramos un nuevo ej?rcito popular, levantado en armas para destruir al viejo; y no pod?amos ser ?libertadora? porque nuestra bandera de combate no era una vaca sino, en todo caso, un alambre de cerca latifundaria destrozado por un tractor, como es hoy la insignia de nuestro INRA.? No pod?amos ser ?libertadora? porque nuestras sirvienticas lloraron de alegr?a el d?a que Batista se fue y entramos en La Habana y hoy contin?an dando datos de todas las manifestaciones y todas las ingenuas conspiraciones de la gente Country Club que es la misma gente Country Club que Ud. Conociera all? y que fueran a veces sus compa?eros de odio contra el peronismo.


Aqu?? la forma de sumisi?n de la intelectualidad tom? un aspecto mucho menos sutil que en la Argentina.? Aqu? la intelectualidad era esclava a secas, no disfrazada de indiferente, como all?, y muchos menos disfrazada de inteligente; era una esclavitud sencilla puesta al servicio de una causa de oprobio, sin complicaciones; vociferaban, simplemente.? Pero todo esto no es nada m?s que literatura.? Remitirlo a Ud., como lo hiciera Ud. conmigo, a un libro sobre la ideolog?a cubana, es remitirlo a un plazo de un a?o adelante; hoy puedo mostrar apenas, como un intento de teorizaci?n de esta Revoluci?n, primer intento serio quiz?s, pero sumamente pr?ctico como son todas nuestras cosas emp?ricos inveterados, este libro sobre la Guerra de Guerrillas.? Es casi como un exponente pueril de que s? colocar una palabra detr?s de otra; no tiene la pretensi?n de explicar las grandes cosas que a Ud. inquietan y quiz?s tampoco pudiera explicarlas en un segundo libro que pienso publicar, si las circunstancias nacionales e internacionales no me obligan de nuevo a empu?ar un fusil (tarea que desde?o como gobernante pero que me entusiasma como hombre gozoso de la aventura).? Anticip?ndole aquello que puede venir o no (el libro), puedo decirle, tratando de sintetizar, que esta Revoluci?n es la m?s genuina creaci?n de la improvisaci?n.


En la Sierra Maestra, un dirigente comunista que nos visitara, admirado de tanta improvisaci?n y de c?mo se ajustaban todos los resortes que funcionaban por su cuenta a una organizaci?n central, dec?an que era el caos m?s perfectamente organizado del universo.? Y esta Revoluci?n es as? porque camin? mucho m?s r?pido que su ideolog?a anterior.? Al fin y al cabo, Fidel Castro era un aspirante a diputado por un partido burgu?s y tan respetable que pod?a ser el Partido Radical de Argentina; que segu?an las huellas de un l?der desaparecido, Eduardo Chib?s, de unas caracter?sticas que pudi?ramos hallar parecidas a las del mismo Yrigoyen; y nosotros, los que segu?amos, ?ramos un grupo de hombres con poca preparaci?n pol?tica, solamente una carga de buena voluntad y una ing?nita honradez. As? vinimos gritando: ?En el 56 seremos h?roes o m?rtires?.? Un poco antes hab?amos gritado, o mejor dicho, hab?a gritado Fidel: ?Verg?enza contra el dinero?.? Sintetiz?bamos en frases simples nuestra actitud simple tambi?n.


La guerra nos revolucion?.? No hay experiencia m?s profunda para un revolucionario que el acto de una guerra; no el hecho aislado de matar, ni el de portar un fusil o el de establecer una lucha de tal o cual tipo; es el total del hecho guerrero, el saber que un hombre armado vale como una unidad combatiente, y vale igual que cualquier hombre armado y puede ya no temerle a otros hombres armados.? Ir explicando nosotros, los dirigentes, a los campesinos indefensos, c?mo pod?an tomar un fusil y demostrarle a esos soldados que un campesino armado val?a tanto como el mejor de ellos; e ir tambi?n aprendiendo c?mo la fuerza de uno no vale nada si no est? rodeada de la fuerza de todos; e ir aprendiendo, asimismo, c?mo las consignas revolucionarias tienen que responder a palpitantes anhelos del pueblo; e ir aprendiendo a conocer del pueblo sus anhelos m?s hondos y convertirlos en banderas de agitaci?n pol?tica.? Eso lo fuimos haciendo todos nosotros y comprendimos que el ansia del campesino por la tierra era el m?s fuerte est?mulo de lucha que se pod?a encontrar en Cuba.? Fidel entendi? muchas cosas; se desarroll? como el extraordinario conductor de hombres que es hoy y como el gigantesco poder aglutinante de nuestro pueblo.? Porque Fidel, por sobre todas las cosas, es el aglutinante por excelencia, el conductor indiscutido que suprime todas las divergencias y destruye con su desaprobaci?n.? Utilizado muchas veces, desafiado otras, por dinero o ambici?n, es temido siempre por sus adversarios.? As? naci? esta Revoluci?n, as? se fueron creando sus consignas y as? se fue, poco a poco, teorizando sobre hechos para crear una ideolog?a que ven?a a la zaga de los acontecimientos.? Cuando nosotros lanzamos nuestra Ley de la Reforma Agraria en la Sierra Maestra, ya hac?a mucho tiempo se hab?an hecho repartos de tierra en el mismo lugar.? Despu?s comprender en la pr?ctica una serie de factores, expusimos nuestra t?mida ley, que no se aventuraba con lo m?s fundamental como era la supresi?n de los latifundistas.


Nosotros no fuimos demasiado malos para la prensa continental por dos causas: la primera porque Fidel Castro es un extraordinario pol?tico que nunca mostr? sus intenciones m?s all? de ciertos l?mites y supo conquistarse la admiraci?n de reporteros de grandes empresas que simpatizaban con ?l y utilizaban el camino f?cil en la cr?nica de tipo sensacional; la otra, simplemente porque los norteamericanos, que son los grandes constructores de test y raseros para medirlo todo, aplicaron uno de sus raseros, sacaron su puntuaci?n y lo encasillaron.? Seg?n sus hojas de testificaci?n, donde dec?a Nacionalizaremos los servicios p?blicos, deb?a leerse Evitaremos que eso suceda si recibimos un razonable apoyo; donde dec?a Liquidaremos el latifundio, deb?a decirse Utilizaremos el latifundio como una buena base para sacar dinero para nuestra campa?a pol?tica o para nuestro bolsillo personal, y as? sucesivamente.? Nunca les pas? por la cabeza que lo que Fidel Castro y nuestro Movimiento dijeran tan ingenua y dr?sticamente fuera la verdad de lo que pens?bamos hacer; constituimos para ello la gran estafa de este medio siglo: dijimos la verdad aparentando tergiversarla.? Eisenhower dice que traicionamos nuestros principios; es parte de su verdad; traicionamos la imagen que ellos se hicieron de nosotros, como en el cuento del pastorcito mentiroso, pero al rev?s, y tampoco se nos crey?.? As? estamos ahora, hablando un lenguaje que es tambi?n nuevo, porque seguimos caminando mucho m?s r?pido de lo que podemos pensar y estructurar nuestro pensamiento, estamos en un movimiento continuo y la teor?a va caminando muy lentamente, tan lentamente, que despu?s de escribir en los poqu?simos ratos que tengo este manual que aqu? le env?o, encontr? que para Cuba no sirve casi; para nuestro pa?s, en cambio, puede servir; solamente que hay que usarlo con inteligencia, sin apresuramientos ni embelecos.


Mientras se van agudizando las situaciones externas y la tensi?n internacional aumenta, nuestra Revoluci?n, por necesidad de subsistencia, debe agudizarse y, cada vez que se agudiza la Revoluci?n, aumenta la tensi?n y debe agudizarse una vez m?s ?sta, en un c?rculo vicioso que parece indicado ir estrech?ndose y estrech?ndose cada vez m?s hasta romperse; veremos entonces c?mo salimos del atolladero.? Lo que s? puedo asegurarle es que este pueblo es fuerte, porque ha luchado y ha vencido y sabe el valor de la victoria; conoce el sabor de las batallas y de las bombas y tambi?n el sabor de la opresi?n.? Sabr? luchar con una entereza ejemplar.? Al mismo tiempo le aseguro que en aquel momento, a pesar de que ahora hago alg?n t?mido intento en tal sentido, habremos teorizado muy poco y los acontecimientos deberemos resolverlos con la agilidad que la vida guerrillera nos ha dado.? S? que ese d?a su arma de intelectual honrado disparar? hacia donde est? el enemigo, nuestro enemigo, y que podemos tenerlo all?, presente y luchando junto a nosotros.?? Esta carta ha sido un poco larga y no est? exenta de esa peque?a cantidad de pose que a la gente sencilla como nosotros le impone, sin embargo, el tratar de demostrar ante un pensador que somos tambi?n eso que no somos: pensadores.? De todas maneras, estoy a su disposici?n.


Ernesto ?Che? Guevara
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Tags: Sábato, peronismo, Cuba, trabajadores, Che Guevara, cartas, guerra

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