Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011



Suele ser habitual que las protestas e indignaci?n de la poblaci?n hacia sus dirigentes, hacia el poder establecido y sus desmanes que generan malestar, ira y desconfianza provoquen rechazo de todo lo que provenga de ese "poder?, ll?mense leyes, prohibiciones, sistemas educativos, sanitarios y un largo etc?tera. Pero es la sanidad, en todo lo relacionado con la salud, el dolor y el sufrimiento de las personas, la que tiene un significado especial en el imaginario colectivo desde el principio de los tiempos.

En todas las sociedades, desde las m?s primitivas, los cuidados de la salud era una prioridad clave en la supervivencia del grupo y de la especie. Y ese poder de combatir la enfermedad se fue asociando a cualidades m?gicas y extraterrenales. Curanderas, hechiceros, sacerdotes y sacerdotisas ostentaban una gran influencia sobre la comunidad. En sus manos se dejaban los conocimientos ?el poder- para el desarrollo de sus nobles funciones m?dico-religiosas.

En la actualidad, ese poder sigue existiendo en forma de, entre otros, poderosas multinacionales en connivencia con los gobiernos capitalistas que amasan millones en la presente era de la mercantilizaci?n de todos los asuntos importantes de la sociedad, y la salud ciertamente es uno de ellos. Tambi?n se observa como muchas personas, consciente o inconcientemente, mantienen una cierta idealizaci?n en relaci?n con la salud-enfermedad y la muerte en sus ansias por preservar la salud y la vida para ellas y para los suyos. De alguna manera, la curaci?n de la lesi?n y la enfermedad sigue anclada, en el subconsciente colectivo, a ideas religiosas, milagreras, a dioses, videntes y poderes ocultos de la naturaleza.

Hoy d?a, las graves consecuencias que el sistema capitalista e imperialista est? provocando en la salud de las poblaciones (en su acepci?n m?s hol?stica) hace que la frustraci?n, la rabia y la ira de ciertos sectores se rebelen frente a todo lo que ?huela? a poder establecido. En el terreno de la sanidad, bien sea la ley antitabaco, las vacunas, algunas enfermedades ?sospechosas? como el sida, los medicamentos, o el personal ?mafioso? de bata blanca (sea m?dico o farmac?utico), nada vale, todo es una invenci?n, ?basura? corrupta e in?til donde solo imperan los intereses del capital.

Y frente a esta situaci?n deber?amos empezar por reflexionar sobre la verdad y el conocimiento acumulado por la humanidad a lo largo de siglos en todas las disciplinas cient?ficas. La filosof?a marxista no tiene dudas sobre dicho avance. El materialismo dial?ctico nos muestra c?mo el desarrollo del conocimiento humano aprehende cada vez m?s profundamente el mundo objetivo, se aproxima indefinidamente a la verdad absoluta, y esto muestra claramente toda la potencialidad de la inteligencia humana. El acceso a dicha verdad debe pasar por el conocimiento de las verdades relativas en el largo desarrollo hist?rico de la ciencia, desde los grados m?s bajos, elev?ndose paso a paso, etapa a etapa, en una mayor complejidad. La historia del avance epistemol?gico va paralelo, como no podr?a ser de otro modo, a los procesos del mundo y de la naturaleza, cuya trayectoria progresiva se impone pese a su aparente car?cter fortuito o a sus retrocesos moment?neos.

La verdad que se alcanza en un momento y contexto hist?rico dado, no puede ser m?s que una verdad relativa porque siempre est? determinada por las circunstancias sociales y el siempre limitado estado del conocimiento cient?fico de su tiempo. Es por ello que muchas doctrinas te?ricas se han visto sustituidas, mejoradas y enriquecidas en esa adquisici?n cada vez mayor y m?s compleja del saber. Frecuentemente, una nueva teor?a conserva los elementos positivos ya adquiridos por las teor?as anteriores y los desarrolla emp?ricamente. La historia de la ciencia y del conocimiento humano muestra plenamente este esquema dial?ctico.

Por ejemplo, en el ?mbito de la medicina, entender el proceso y las causas de las enfermedades infecciosas requiere considerar la cl?sica teor?a del germen o del contagio de Koch (1), complet?ndola y relacion?ndola con el mayor conocimiento de los ecosistemas, con las nuevas aportaciones de la ecolog?a, para evitar e intervenir eficazmente sobre las epidemias humanas nuevas y viejas. Pero en ning?n caso debemos caer en el error de invalidar la teor?a del germen, sino todo lo contrario, arroparla con los nuevos contextos y adquisiciones cient?ficas de otras disciplinas y trascendiendo sus aspectos limitantes y desfasados. De la misma forma podr?amos decir que entender la teor?a de la relatividad o de la geometr?a fractal no significa m?s que integrar los conocimientos anteriores de la f?sica mec?nica o de la geometr?a euclidiana, que no solo no dejan de ser ciertas sino tambi?n necesarias para dar luz a todo el proceso y entendimiento al fen?meno que estudiemos, ya sean los p roblemas de salud de una comunidad, los movimientos de las part?culas o la arquitectura fractal.

Pero, ?por qu? decimos todo esto, por qu? nos paramos a defender los s?lidos conocimientos alcanzados en el campo de las ciencias biol?gicas y de la salud, pese a los retrocesos y limitaciones incuestionables? Porque denunciar y criticar los abusos, y a veces fraudes, del poder establecido y de las multinacionales no debe cegarnos y reivindicar ?otra medicina? no siempre bien conocida que nos solucionar? todos nuestros problemas, criticando una medicina ?oficial? que no vale para nada. Porque es desde dentro de los sectores cr?ticos y anticapitalistas donde surgen voces que cuestionan muchas de las verdades alcanzadas en el campo de las ciencias de la salud. Se cuestiona la existencia de microorganismos pat?genos, la eficacia de los antibi?ticos y de las vacunas, por poner los ejemplos m?s repetidamente se?alados. Se piensa que en un mundo ideal sin agresiones medioambientales, libre de t?xicos, radiactividad y de agentes naranjas, el organismo humano de forma natural se aut odepurar? y podr? convivir de forma arm?nica con la naturaleza y la abrumadora multitud de microorganismos que pueblan nuestro planeta.

La cuesti?n es c?mo ?convivimos? en y con un sistema que arremete y altera nuestra salud y qu? alternativas de lucha debemos plantear en el d?a a d?a. Si la lucha se debe librar en todos los frentes, uno de ellos debe ser el ideol?gico y el cient?fico. Una lucha por la verdad, el conocimiento y una ciencia al servicio de los pueblos, que sirva a sus intereses e impida su utilizaci?n por el capital para la guerra, la opresi?n, la miseria y la enfermedad. La contradicci?n no se encuentra entre la ciencia y la salud, sino entre el capitalismo y la salud.

Los conocimientos adquiridos en la ciencia de la salud, como de cualquier otra, no son nuevos, no parte de una especie de tabula rasa, es el producto de la incorporaci?n de todos los logros alcanzados a lo largo de la historia. Y para seguir avanzando se debe priorizar la investigaci?n de las causas de los problemas de salud, incluidas las sociales, y defender las intervenciones sociosanitarias en beneficio de una amplia mayor?a de la poblaci?n. Hay mucho que avanzar, mejorar y corregir, de eso no debe caber la menor duda. Pero tampoco debe haberlo sobre el hecho de que el armaz?n de muchos de sus conocimientos es s?lido y robusto y ha sido mostrado y demostrado por la experimentaci?n cient?fica. Los fraudes, falacias y abusos con los que el sistema capitalista ha tratado de contaminar a la verdad y al conocimiento en general, y a las ciencias de la salud en particular, solo debe mover a denunciarlos de forma constructiva para progresar en su avance epistemol?gico.

M?s concretamente, desde la epidemiolog?a de las enfermedades transmisibles podemos comprender desde hace muchos a?os la producci?n de epidemias y pandemias ayudadas de otras disciplinas como la microbiolog?a o la ecolog?a. El mundo microsc?pico tan diverso que nos rodea desde los inicios de la vida es cada vez m?s y m?s entendido tambi?n desde la biolog?a, y en ese mundo tambi?n se encuentran los microorganismos pat?genos para los seres humanos y los animales.

No podemos enumerar todas las epidemias que ha sufrido la humanidad en las diferentes ?pocas, y que en la actualidad siguen padeciendo, especialmente, las poblaciones m?s vulnerables. El sarampi?n, el paludismo, el dengue o la tuberculosis son una muestra de epidemias que matan a millones de ni?os en el mundo, especialmente en las zonas donde predominan la desnutrici?n cr?nica y la desprotecci?n sanitaria. Merece una reflexi?n la reciente epidemia de c?lera que ha asolado Hait?, donde las investigaciones m?s fiables han situado su origen en un ?rea geogr?fica lejana (2). Esta epidemia muestra claramente que si seguimos la cadena de transmisi?n de los primeros casos, el campamento de los cascos azules de las Naciones Unidas y sus insuficientes cuidados higi?nico-sanitarios fueron la causa y el origen del problema (3). En este caso reciente, la teor?a del germen se encuentra en la base de los conocimientos que se tienen para evitar la cadena de transmisi?n y la tipificaci?n de l germen, y nos llev? a esta conclusi?n ya desde el principio de la epidemia y alert? de las terribles consecuencias de la introducci?n de un virulento vibri?n en una poblaci?n no inmune como la haitiana y en un contexto socioecon?mico e higi?nico sanitario tan deficiente (4).

Negar la existencia de estos microorganismos, los conocimientos sobre los mecanismos de transmisi?n y, por tanto las medidas de prevenci?n primaria que se deben seguir para evitarlos o la utilidad de antibi?ticos y vacunas cuando se hace necesario, es hacerle un flaco servicio a las poblaciones m?s azotadas por todo tipo de epidemias infecciosas.

Si bien la ciencia en el capitalismo ve truncada su capacidad transformadora social y por el progreso de los pueblos, ?sta no puede ser negada en muchos aspectos de su conocimiento. De hecho, ha sido una constante en la historia de la ciencia que esa negaci?n radical, abanderada en no pocas ocasiones por sectores progresistas y de izquierda, se ha deslizado a menudo por planteamientos idealistas como una forma de llenar el vac?o que dejan. Desde una visi?n materialista y dial?ctica, creemos que el avance del conocimiento de la salud y enfermedad de las poblaciones debe promover el an?lisis de todas las causas, desde las m?s sociales y pol?ticas a las m?s individuales y biol?gicas, para reivindicar y exigir todas las intervenciones posibles en estos mismos contextos.

Notas:


1) La teor?a del contagio de Koch destierra los err?neos postulados de la teor?a miasm?tica, explicando el proceso de las enfermedades infecciosas como una interacci?n entre el agente -el microorganismo pat?geno-, con un individuo o hu?sped susceptible a trav?s de diferentes mecanismos de transmisi?n.

2) La cepa de V. Cholerae responsable de la epidemia de c?lera en Hait? es casi id?ntica a las cepas El Tor O1 de la s?ptima pandemia predominante en el sur de Asia, incluido Bangladesh y de un linaje distinto de las cepas latinoamericanas y de ?frica oriental. En su conjunto, los datos que hemos obtenido parecen indicar claramente que la epidemia haitiana comenz? con la introducci?n de una cepa de V. Cholerae en Hait? desde una fuente geogr?fica lejana vehiculizada mediante actividad humana.

3) Cuando realizaba este escrito sale la noticia de que los propios expertos de la ONU reconocen que el posible origen de esta terrible epidemia fueron sus militares.

4) La Brigada M?dica Cubana que lleva 12 a?os en la isla ayudando en la reconstrucci?n del sistema de salud en es pa?s han sido elementos clave en la minimizaci?n de de las secuelas de esta epidemia.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Tags: vacunas, medicamentos, salud, ciencia, Brigada Médica, teoría, enfermedad

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