Lunes, 16 de mayo de 2011
Retos de la prensa cubana



Concuerdo con quienes argumentan que la democracia socialista existe para conseguir en la pr?ctica los enunciados que la democracia capitalista solo es capaz de prometer en la teor?a. Porque, si bien el capitalismo prometi? desde la modernidad la realizaci?n del Estado de derecho, ha incumplido su programa con el mayor empe?o. En contraposici?n a la situaci?n de la Atenas antigua, donde al menos los hombres libres ?ni los esclavos ni las mujeres- se manifestaban como seres esencialmente pol?ticos, que asist?an al ?gora, la plaza, a participar directamente en los asuntos de la polis, el capitalismo lleva a niveles sumos la separaci?n del espacio p?blico y el espacio privado, porque el homo economicus se refugia en su vida ego?sta, mientras delega su inter?s pol?tico en un ?especialista?, sobre cuyo mandato solo influir? en el momento del voto.

En cambio, el socialismo alcanza su plenitud si realiza el ideal. Si asume cabalmente la democracia directa. Si rompe con la separaci?n de vida privada y vida p?blica, logrando que la ciudadan?a participe en el proceso de producir pol?tica, eso que muchos denominan socializaci?n del poder, o empoderamiento. Recordemos que uno de los principales factores por los que fracas? el ?socialismo real? -socialismo de Estado lo llamaba Engels; comunismo tosco, lo nombraba Marx- fue el hiato, el abismo que la burocracia representaba entre las masas y el ejercicio de la pol?tica.

Insisto: si vamos a hablar de transici?n hacia el socialismo, tendremos que hablar de democracia creciente, y si de democracia creciente se trata, habremos de incluir como uno de los puntos nodales la transparencia en la gesti?n de los dirigentes y de toda la vida econ?mica y pol?tica de la naci?n. Y para esto est? la prensa, que primero debe comenzar a eliminar las zonas de silencio, como hizo recientemente con el plausible desmentido de que la polic?a golpeara, hasta provocarle la muerte, a un contrarrevolucionario de Villa Clara, asunto que asom? con rapidez encomiable de los medios, los blogueros revolucionarios y del Gobierno.

Sucede que, aun en el caso hipot?tico de que orear nuestros pecados en p?blico haga favor al enemigo, de lo que se trata es de no pecar, o de confesar los pecados ?en busca de perd?n?, o sea, denunciarlos en voz alta, prensa mediante, para que con el concurso del debate amplio puedan ser erradicados. Lo otro, el aferrarse a que las cosas permanezcan en el estrecho coto de los sabios funcionarios, no es m?s que demagogia, consciente o insconciente. Y de desprecio a la capacidad de discernimiento del pueblo. ?Qu? miedo puede haber cuando nos asiste la raz?n?

En nuestro pa?s, como consecuencia del silencio medi?tico, el prestigio de la prensa se ha venido deteriorando, no s? en qu? medida, porque lo constato desde la observaci?n emp?rica. Y ese desdoro contribuye a la hegemon?a ideol?gica, cultural del capitalismo tard?o, que ocupa nuestras ?reas de mutis con la mentira, entreverada de alguna verdad descontextualizada, etc. Ahora, s? que es harto dif?cil ?abrir? la prensa en medio del sitio imperial. Si ?abres?, corres el riesgo de humanos errores de los periodistas y los medios. Pero peor si no lo haces: m?s tarde o m?s temprano se desacredita totalmente el periodismo ?y la fuerza pol?tica que lo dirige-, porque la censura implantada por el Estado ?esto es una hip?tesis- aparece a los ojos de la conciencia com?n como m?s gravosa que la censura proveniente de la propiedad privada, ya que suele tener menos ma?a, ser m?s expl?cita, menos hip?crita que la abroquelada en la visi?n liberal.

Tenemos que lidiar con ello. Y con el hecho de que, dada la propiedad estatal centralizada al m?ximo y casi excluyente, esa capa que es la burocracia, due?a de un poder inusitado, podr?a haber pasado de mediadora entre sociedad civil y sociedad pol?tica (las instituciones del Estado) a considerarse un fin en s? misma, al extremo de constituir ya la posibilidad de un regreso al capitalismo, como en el caso del campo socialista, donde se ?consagr? como carne de la traici?n. No es que est? contra la burocracia en general, porque a la altura de esta ?poca de transici?n, con la divisi?n social del trabajo, resulta necesaria. M?s bien me pronuncio contra el burocratismo, o fetichismo de la burocracia. Y precisamente uno de los elementos para la lucha contra ese mal devendr?a la apertura a la informaci?n r?pida, cr?tica, a despecho de la burocracia, lo cual coadyuvar?a a recomponer el poco o mucho prestigio perdido. As? estar?amos ejerciendo la contrahegemon?a: propinando un robusto golpe a la hegemon?a del capitalismo, sistema que no solo se sirve de la coerci?n estatal, sino que, a trav?s de sus falaces medios, logra consenso en el seno de su sociedad y contribuye a sembrar la desconfianza en los medios socialistas, m?s si estos no aceptan el reto de ?abrirse? a la verdad en toda su concreci?n, en todas sus aristas.

Adem?s, una prensa democr?tica, transparente, puede contribuir a lo que, en la Cr?tica al Programa de Gotha, Marx consider? misi?n del obrero: como parte de la libertad revolucionaria, convertir al Estado de ?rgano por encima de la sociedad en un ?rgano completamente subordinado a ella. De lo contrario, estar?amos sustituyendo el fetichismo de la mercanc?a, del mercado, por el fetichismo del Estado. Y con esto, y siguiendo lo mejor de la tradici?n marxista, estoy aludiendo a la necesidad de la participaci?n popular, uno de cuyos medios es la prensa.

Convengamos con autores como el cubano Miguel Limia David en que resulta insostenible desde el punto de vista cient?fico y pol?tico-pr?ctico pretender que la manera como que se organiza pol?tica y estatalmente la incorporaci?n de las masas populares a la cosa p?blica ?res-p?blica- en los inicios del proceso de tr?nsito al socialismo sea cualitativamente id?ntica a como requiere la din?mica social de etapas ulteriores, incluida la de la prensa, cuando ya se ha resuelto en principio la cuesti?n de qui?n vencer? a qui?n, por lo menos en los marcos nacionales. Esto es un problema de relaci?n vanguardia-masa, vanguardia-clase. Partido-pueblo.

Las evidencias arrojan que la naturaleza de las tareas, as? como las caracter?sticas socioclasistas b?sicas de las masas populares, el estado de su cultural espiritual y los rasgos personol?gicos dominantes en ellas requieren que en el origen del proceso, es decir en la creaci?n de los fundamentos de un nuevo tipo de vida p?blica y de su enlace con la vida privada, el involucramiento de las m?s amplias masas en la pol?tica se organice de ?arriba hacia abajo?, con el fin de capacitarlas para resolver las tareas destructivas del r?gimen de explotaci?n anterior y defensivas del poder revolucionario, frente a las amenazas de la contrarrevoluci?n interna y externa. S?, ello condiciona por necesidad que el involucramiento se canalice de forma movilizativa, verticalista y centralizadamente, al punto de que la prensa llegue a parecer un bloque monol?tico, incluso en su grisura escritural, acotar?a yo. Se trata de una prensa que se desarrolla en la l?gica de una estructura y un estilo de direcci?n sin los cuales resultar?a imposible que la revoluci?n fuera capaz de defenderse y de poner en manos del pueblo trabajador los medios fundamentales de producci?n y de vida, as? como el acceso a la riqueza espiritual de la sociedad.

Esos rasgos son tambi?n consecuentemente fijados por el discurso ideol?gico de car?cter pol?tico y ?tico que se configura en esa etapa hist?rica, ya que responden a las premisas b?sicas que condicionan la objetivad revolucionaria. ?T?ngase en cuenta que la ideolog?a revolucionaria funge socialmente como premisa espiritual de la actividad pr?ctica revolucionaria y en sus inicios ella posee un car?cter heroico trascendental, atendiendo al modo como relaciona los intereses individuales, colectivos particulares y sociales generales? ( Limia: ?Estado de transici?n y participaci?n pol?tica a la luz de la Cr?tica del Programa de Gotha?, en Pol?tica, Estado y Transici?n Socialista, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2008). Modo de vincularlos que supone la construcci?n de la unidad de las masas revolucionarias, del pueblo, sobre la base de la identidad de sus intereses frente al enemigo de clase interno y externo. Entonces, en efecto, no puede haber mucha cabida para la diferencia, pues esta se manifiesta esencialmente como contrarrevolucionaria, antidemocr?tica y socavadora del nuevo poder popular. Por eso no creo que debamos desgastarnos en criticar la prensa que fue, la que se erigi? en reflejo de la situaci?n que, con ayuda de la Academia, describimos in extenso.

Se impone pensar la prensa que vendr?. La convocada a responder al hecho de que, en la medida del avance del poder revolucionario, se producen modificaciones radicales no solo en la redistribuci?n de los ingresos, sino en la redistribuci?n de las condiciones de producci?n, en las relaciones dirigentes-dirigidos, en el ciclo socializador, en el sistema integral de la producci?n espiritual, hasta en la estructura de la personalidad.

Puede decirse que no existen razones cient?ficas ni pol?ticas para asumir una simetr?a, una identidad, en los fundamentos del modo de participaci?n popular, de acuerdo con la fuente arriba citada. Ni en el modo de concebir y ejercer la prensa revolucionaria, agregamos nosotros en son de tesis deducida. Una prensa que, como el patr?n de hacer pol?tica, se deber? a la naturaleza y la estructura socioclasista de las masas populares, su composici?n generacional y las relaciones intergeneracionales, la estructura personol?gica de los individuos. En fin, ha variado, se ha enriquecido incluso en proyecciones, la propia naturaleza de los sujetos populares que se involucran, o aspiran a involucrarse, en la cosa p?blica.

Y, a todas luces, esos sujetos est?n pidiendo m?s transparencia, m?s multidimensionalidad de una prensa que se encargar? de reflejar ?muchos dicen ?construir?- una realidad ?dem, o sea multimensional. Es decir, si antes la prensa era monol?tica hasta en la redacci?n, y, en sinton?a con el modo de hacer pol?tica, se centraba en las tareas destructivas del r?gimen anterior, sobre la base de m?s homogeneidad en los sujetos, ahora deber? actuar en la l?gica de tareas mayormente constructivas, las cuales plantean nuevos paradigmas de vida, atendiendo a sujetos m?s diversos, y mejor pertrechados intelectualmente, por tanto m?s capaces de confrontar puntos de vista distintos para extraer sus conclusiones. Una prensa que aborde melifluamente las rispideces de la vida nacional, incluso la batalla librada entre la cultura socialista y la capitalista en el seno de la sociedad cubana, quedar? definitivamente anclada en el pasado.

Por otra parte, si convengo con quienes se pronuncian por un ?nico partido en la construcci?n del socialismo cubano, por probadas premisas hist?ricas, tambi?n convengo con quienes abogan por la democratizaci?n de ese partido, y por consiguiente de su prensa. Y que conste: cuando me refiero a la democracia no hablo de darle espacio a la contrarrevoluci?n, desatinadamente conocida como disidencia. Aludo a un prisma pol?cromo de opiniones dentro del humanismo y el concepto clasista de nuestro sistema. De manera que cuando el periodista opine, sea en toda la l?nea fiel a s? mismo, y no se avenga a perge?ar un art?culo en lo formal y un editorial en cuanto a contenido. Es necesario que se diferencie en sentido estricto la opini?n oficial de la opini?n singular, con m?s matices personales de quien escribe. Y eso s?: el lector tiene que llegar a comprender que esa ?ltima no es la opini?n literal de la direcci?n del medio, o del Partido. El periodista no puede ser un ventr?locuo, ni aparentarlo. Y el Partido, precisamente por ?nico, debe hacer m?s hincapi? en la pluralidad de opiniones, dentro de la ideolog?a del sistema. Incluso por mera supervivencia hist?rica.

Ahora, como la ampliaci?n de los derechos implica m?s responsabilidad -esto es simple sentido com?n-, se podr?a concebir una ley de prensa, que proteja a los periodistas, a las fuentes, que obligue a la transparencia de los medios y vele por la objetividad ? no neutralidad- de estos, y que enmarque a la prensa en un Estado de derecho a la altura de los tiempos? No, a la altura de la democracia socialista.

PD: Sinceramente, no concibo en la l?gica de este anhelo hechos como el que un ministerio suplante, siquiera en parte, el fuero del PCC en lo tocante a la orientaci?n de la divulgaci?n de temas candentes para el pa?s. Ah, y si resulta imprescindible, por causas que desconozco, entonces tal vez huelgue discutir aqu? sobre el papel de los medios, que en nuestro sistema responden a las pautas del Partido, ese elemento rector de lo que Marx, tropol?gicamente, denomin? superestructura.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: prensa, Cuba, partido, divulgación, socialismo, democracia, disidencia

Publicado por blasapisguncuevas @ 4:55  | CUBA
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