Lunes, 16 de mayo de 2011
Elogio de Karl Marx

The Chronicle Review


Alabar a Karl Marx puede parecer tan perverso como dedicarle una palabra amable al estrangulador de Boston. ?No eran las ideas de Marx responsables de despotismo, asesinato en masa, campos de trabajo, cat?strofe econ?mica y p?rdida de libertad para millones de hombres y mujeres? ?No fue uno de sus devotos disc?pulos un campesino georgiano paranoide de nombre Stalin, y no hubo otro que fue un brutal dictador chino que bien puede haber te?ido sus manos con la sangre de unos 30 millones de personas?

La verdad es que Marx no fue m?s responsable de la opresi?n monstruosa del mundo comunista de lo que lo fue Jes?s de la Inquisici?n. Por un lado, Marx habr?a despreciado la idea de que el socialismo pudiera echar ra?ces en sociedades atrasadas, de una pobreza desesperada y cr?nica, como Rusia y China. Si as? fuera, entonces el resultado ser?a simplemente lo que ?l llam? "la escasez generalizada", lo que quiere decir que todo el mundo estar?a privado, no s?lo los pobres. Esto significar?a volver a "toda la porquer?a anterior" -o, con una traducci?n menos fina, a "la mierda de siempre". El marxismo es una teor?a de c?mo las adineradas naciones capitalistas podr?an utilizar sus inmensos recursos para lograr la justicia y la prosperidad para sus pueblos. No es un programa por el cual naciones carentes de recursos materiales, de una cultura c?vica floreciente, de un patrimonio democr?tico, de una tecnolog?a bien desarrollada, de tradiciones liberales ilustradas y de una mano de obra educada y cualificada puedan catapultarse a s? mismas a la era moderna.

Marx sin duda quer?a ver prosperar la justicia y la prosperidad en tales lugares. Escribi? con rabia y con elocuencia acerca de varias de las oprimidas colonias de Gran Breta?a, y no menos de Irlanda y de la India. Y el movimiento pol?tico que su trabajo puso en marcha ha hecho m?s para ayudar a las naciones peque?as a deshacerse de sus amos imperialistas que cualquier otra corriente pol?tica. Sin embargo, Marx no era tan incauto como para imaginar que el socialismo se pudiera construir en esos pa?ses sin que las naciones m?s avanzadas les prestaran su ayuda. Y eso significaba que la gente com?n de los pa?ses avanzados ten?an que arrancar los medios de producci?n de manos de sus gobernantes y ponerlos al servicio de los condenados de la tierra. Si esto hubiera sucedido en la Irlanda del siglo XIX, no habr?a habido el hambre que envi? a un mill?n de hombres y mujeres a la tumba y a otros dos o tres millones hasta los confines de la tierra.

Hay un sentido en el que el conjunto de los escritos de Marx se pueden resumir en varias preguntas embarazosas: ?Por qu? el Occidente capitalista ha acumulado m?s recursos de los que jam?s hemos visto en la historia humana y, sin embargo, parece incapaz de superar la pobreza, el hambre, la explotaci?n y la desigualdad? ?Cu?les son los mecanismos por los cuales la riqueza de una minor?a parece engendrar miseria e indignidad para la mayor?a? ?Por qu? la riqueza privada parecen ir de la mano con la miseria p?blica? ?Es, como sugieren los reformistas liberales de buen coraz?n, que no hemos conseguido eliminar estas bolsas de miseria humana, pero que lo haremos con el paso del tiempo? ?O es m?s plausible sostener que hay algo en la naturaleza del capitalismo que genera privaci?n y desigualdad, tan cierto como que Charlie Sheen genera chismes?

Marx fue el primer pensador en hablar en esos t?rminos. Este desarrapado exiliado jud?o, un hombre que una vez coment? que nadie hab?a escrito tanto sobre el dinero y ten?a tan poco, nos leg? el lenguaje con el que el sistema en que vivimos puede ser entendido como un todo. Sus contradicciones fueron analizadas, su din?mica interior dejada al descubierto, sus or?genes hist?ricos examinados y su potencial ca?da anunciada. Esto no quiere decir que Marx considerara al capitalismo simplemente como una Mala Cosa, como admirar a Sarah Palin o echar el humo del tabaco a la cara de los ni?os. Por el contrario, era extravagante en su alabanza de la clase que lo cre?, un hecho que tanto sus cr?ticos como sus disc?pulos han disimulado convenientemente. No hay sistema social en la historia, escribi?, que haya demostrado ser tan revolucionario. En un pu?ado de siglos, las burgues?as (middle classes) capitalistas hab?an borrado de la faz de la tierra casi todo el rastro de sus enemigos feudales. Hab?an acumulado tesoros materiales y culturales, inventado los derechos humanos, emancipado a los esclavos, derrocado a los aut?cratas, desmantelado los imperios, lucharon y murieron por la libertad humana, y sentaron las bases de una civilizaci?n verdaderamente global. Ning?n documento prodiga elogios tales como ese hist?rico y poderoso logro que es El Manifiesto Comunista , ni siquiera el Wall Street Journal. [1]

Eso, sin embargo, fue s?lo una parte de la historia. Hay quienes ven la historia moderna como un relato apasionante de progreso, y quienes lo ven como una larga pesadilla. Marx, con su perversidad habitual, pens? que era ambas cosas. Cada avance de la civilizaci?n ha tra?do consigo nuevas posibilidades de barbarie. Los lemas de la gran revoluci?n burguesa (middle-class), "Libertad, Igualdad, Fraternidad", fueron tambi?n sus consignas. ?l simplemente se pregunt? por qu? esas ideas no podr?an ponerse en pr?ctica sin violencia, pobreza y explotaci?n. El capitalismo hab?a desarrollado energ?as y capacidades humanas m?s all? de toda medida anterior. Sin embargo, no hab?a utilizado esas capacidades para hacer que los hombres y mujeres se liberaran de la fatiga in?til. Por el contrario, se los hab?a forzado a trabajar m?s duro que nunca. Las civilizaciones m?s ricas de la tierra cultivan con su sudor cada pedazo de tierra tan duramente como sus ancestros neol?ticos

Esto, consideraba Marx, no era debido a la escasez natural. Se deb?a a la forma peculiarmente contradictoria en la que el sistema capitalista genera sus fabulosas riquezas. Igualdad para algunos significa desigualdad de los dem?s, y libertad para algunos supone opresi?n e infelicidad para muchos. La voracidad del sistema a la b?squeda de poder y beneficio hab?a convertido las naciones extranjeras en colonias esclavizadas, y a los seres humanos en juguetes de las fuerzas econ?micas m?s all? de su control. Hab?a asolado el planeta con la contaminaci?n y la hambruna masiva, y cicatrizado con guerras atroces. Algunos cr?ticos de de Marx se?alan con raz?n la atrocidad de los asesinatos en masa en la Rusia y la China comunistas. No suelen recordar con id?ntica indignaci?n los cr?menes genocidas del capitalismo: las hambrunas de finales del siglo XIX en Asia y ?frica en los que murieron muchos millones de personas; la carnicer?a de la Primera Guerra Mundial, en la que las naciones imperialistas masacraron a sus propios trabajadores en la lucha por los recursos mundiales; y los horrores del fascismo, un r?gimen al que el capitalismo tiende a recurrir cuando su espalda est? contra la pared. Sin el sacrificio de la Uni?n Sovi?tica, entre otras naciones, el r?gimen nazi a?n podr?a estar inc?lume.

Los marxistas alertaron de los peligros del fascismo mientras los pol?ticos del llamado mundo libre segu?an pregunt?ndose en voz alta si Hitler era un tipo tan desagradable como lo pintaban. Casi todos los seguidores actuales de Marx rechazan las villan?as de Stalin y de Mao, mientras que muchos no-marxistas seguir?an defendiendo en?rgicamente la destrucci?n de Dresde o Hiroshima. Las modernas naciones capitalistas son en su mayor parte fruto de una historia de genocidio, violencia y exterminio igual de detestables que los cr?menes del comunismo. El capitalismo tambi?n fue forjado con sangre y l?grimas, y Marx estuvo all? para presenciarlo. Es s?lo que el sistema ha estado funcionando el tiempo suficiente para que la mayor?a de nosotros olvidemos ese hecho.

La selectividad de la memoria pol?tica tiene algunas curiosas formas. Tomemos, por ejemplo, el 11/S. Me refiero al primer 11/S, no al segundo. Me refiero al 11/S que tuvo lugar exactamente 30 a?os antes de la ca?da del World Trade Center, cuando los Estados Unidos ayudaron a derrocar al gobierno democr?ticamente elegido de Salvador Allende en Chile, instalando en su lugar a un dictador odioso que asesin? muchas m?s personas de las que murieron en ese terrible d?a en Nueva York y Washington. ?Cu?ntos estadounidenses son conscientes de ello? ?Cu?ntas veces ha sido mencionado en Fox News? [2]

Marx no era un so?ador ut?pico. Por el contrario, comenz? su carrera pol?tica peleando ferozmente con los ut?picos so?adores que le rodeaban. Ten?a tanto inter?s en una sociedad humana perfecta como lo pueda tener un personaje de Clint Eastwood, y nunca habl? de forma tan absurda. No cre?a que hombres y mujeres pudieran superar al Arc?ngel Gabriel en santidad. Por el contrario, cre?a factible que el mundo pudiera convertirse en un lugar considerablemente mejor. En eso fue un realista, no un idealista. Quienes de verdad esconden la cabeza -la moral de avestruz de este mundo- son aquellos que niegan que no puede haber ning?n cambio radical. Se comportan como si Padre de familia y la pasta dent?frica multicolor fuera a seguir existiendo en el a?o 4000. Toda la historia de la humanidad refuta este punto de vista.

El cambio radical, sin duda, puede no ser para mejor. Tal vez el ?nico socialismo que veamos sea uno impuesto a un pu?ado de seres humanos que puedan escabullirse de alg?n holocausto nuclear o de un desastre ecol?gico. Marx habla incluso agriamente de la posible "mutua ruina de todos los partidos". Un hombre que fue testigo de los horrores de la Inglaterra industrial-capitalista era poco probable que albergara presunciones idealistas acerca de sus cong?neres. Todo lo que quer?a decir es que hay recursos m?s que suficientes en el planeta para resolver la mayor?a de nuestros problemas materiales, as? como que hab?a comida m?s que suficiente en Gran Breta?a en la d?cada de 1840 para alimentar a la hambrienta poblaci?n irlandesa varias veces. Es la manera en que organizamos la producci?n lo que es crucial. Notoriamente, Marx no nos proporcion? un plan sobre c?mo hacer las cosas de forma diferente. Es bien sabido que tiene poco que decir sobre el futuro. La ?nica imagen del futuro es el fracaso del presente. No es un profeta en el sentido de mirar en una bola de cristal. Es un profeta en el sentido b?blico de alguien que nos advierte de que, a menos que cambiemos nuestras injustas maneras, es probable que el futuro sea muy desagradable. O que no haya futuro en absoluto.

El socialismo, pues, no depende de un cambio milagroso en la naturaleza humana. Algunos de los que defendieron el feudalismo contra los valores capitalistas en la Baja Edad Media predicaban que el capitalismo nunca funcionar?a, ya que era contrario a la naturaleza humana. Algunos capitalistas ahora dicen lo mismo sobre el socialismo. Sin duda hay una tribu en alg?n lugar de la cuenca del Amazonas que cree que no puede sobrevivir un orden social donde un hombre puede casarse con la mujer de su hermano fallecido. Todos tendemos a absolutizar nuestras propias condiciones. El socialismo no ahuyentar?a la rivalidad, la envidia, la agresi?n, la posesividad, la dominaci?n y la competencia. El mundo todav?a mantendr?a su raci?n de matones, tramposos, vividores, oportunistas y psic?patas ocasionales. Es s?lo que la rivalidad, la agresi?n y la competencia ya no adquirir?an la forma de ciertos banqueros quej?ndose de que sus bonos se han reducido a un unos miserables 5 millones de d?lares, mientras que millones de personas en todo el mundo luchan por sobrevivir con menos de 2 d?lares al d?a.

Marx fue un pensador profundamente moral. Habla en El Manifiesto Comunista de un mundo en el que "el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos". Este es un ideal para guiarnos, no una condici?n que podamos alcanzar nunca del todo. Pero su lenguaje es sin embargo significativo. Como buen humanista rom?ntico, Marx cre?a en la singularidad del individuo. La idea impregna sus escritos de principio a fin. Ten?a pasi?n por lo sensualmente espec?fico y aversi?n a las ideas abstractas, a pesar de lo ocasionalmente necesarias que pensaba que podr?an ser. Su llamado materialismo est? en la ra?z del cuerpo humano. Una y otra vez, habla de la sociedad justa como aquella en la que hombres y mujeres sean capaces de realizar sus poderes y capacidades distintivos en sus propias formas distintivas. Su objetivo moral es la autorrealizaci?n placentera. En esto se une a su gran mentor Arist?teles, que entiende que la moralidad trata de c?mo florecer m?s rica y agradablemente, y no ante todo (como la edad moderna desastrosamente imagina) sobre las leyes, derechos, obligaciones y responsabilidades.

?C?mo este objetivo moral difiere del individualismo liberal? La diferencia es que, para lograr la verdadera realizaci?n personal, Marx cree que los seres humanos deben encontrarla en los otros, los unos a trav?s de los otros. No es s?lo una cuesti?n de que cada uno haga sus propias cosas aislado de los dem?s. Lo que ni siquiera ser?a posible. El otro debe ser el terreno de nuestra propia realizaci?n, al mismo tiempo que ?l o ella nos proporcionan nuestra misma condici?n. A nivel interpersonal, es lo que se conoce como amor. En el plano pol?tico, se lo conoce como socialismo. El socialismo para Marx ser?a simplemente cualquier conjunto de instituciones que permitieran que esta reciprocidad ocurriera en la mayor medida posible. Pi?nsese en la diferencia entre una empresa capitalista, en la que la mayor?a trabaja para el beneficio de unos pocos, y una cooperativa socialista, en la que mi propia participaci?n en el proyecto aumenta el bienestar de todos los dem?s, y viceversa. No se trata de que haya un santo auto sacrificio. El proceso est? integrado en la estructura de la instituci?n.

El objetivo de Marx es el ocio, no el trabajo. La mejor raz?n para ser un socialista, excepto para los pesados a los que sucede que no les gusta, es que detestas tener que trabajar. Marx pensaba que el capitalismo hab?a desarrollado las fuerzas productivas hasta el punto de que, bajo relaciones sociales diferentes, podr?an ser utilizadas para emancipar a la mayor?a de hombres y mujeres de las formas m?s degradantes de trabajo. ?Qu? pensaba que ?bamos a hacer entonces? Lo que quisi?ramos. Si, como el gran socialista irland?s Oscar Wilde, optamos simplemente por estar todo el d?a echados, con vaporosas prendas carmes?, bebiendo absenta y ley?ndonos las p?ginas impares de Homero uno a otro, entonces que as? sea. La cuesti?n, sin embargo, era que este tipo de actividad libre ten?a que estar disponible para todos. Nosotros ya no tolerar?amos una situaci?n en la que la minor?a tuviera tiempo de ocio porque la mayor?a tuviera que trabajar.

Lo que interesaba a Marx, en otras palabras, era lo que un poco enga?osamente se podr?a llamar lo espiritual, no lo material. Si las condiciones materiales tuvieran que ser cambiadas, que lo fueran para liberarnos de la tiran?a de lo econ?mico. ?l mismo era asombrosamente muy le?do en literatura mundial, le encantaba el arte, la cultura y la conversaci?n civilizada, se deleitaba con el ingenio, las comicidad y el buen humor, y una vez fue perseguido por un polic?a por romper una farola en el transcurso de una juerga. Era, por supuesto, ateo, pero no hay que ser religioso para ser espiritual. Fue uno de los muchos y grandes herejes jud?os, y su obra est? saturada de los grandes temas del juda?smo, como la justicia, la emancipaci?n, el D?a del Juicio, el reinado de paz y abundancia, la redenci?n de los pobres.

?Qu? hay, pues, del pavoroso D?a del Juicio final? ?No preve?a Marx que la humanidad requerir?a una revoluci?n sangrienta? No necesariamente. Pensaba que algunos pa?ses, como Gran Breta?a, Holanda y los Estados Unidos, podr?an alcanzar el socialismo en paz. Si bien era un revolucionario, era tambi?n un vigoroso campe?n de la reforma. En cualquier caso, cuando las personas dicen que se oponen a la revoluci?n por lo general eso significa que les disgustan ciertas revoluciones, y otras no. ?Son los estadounidenses antirrevolucionarios hostiles a la Revoluci?n Americana como lo son a la cubana? ?Se frotan las manos con las insurrecciones recientes de Egipto y Libia, o con las que derribaron las potencias coloniales en Asia y ?frica? Nosotros mismos somos productos de levantamientos revolucionarios ocurridos en el pasado. Algunos procesos de reforma han sido mucho m?s sangrientos que algunos actos revolucionarios. Hay tantas revoluciones de terciopelo como violentas. La Revoluci?n Bolchevique se llev? a cabo con escasas p?rdidas humanas. La Uni?n Sovi?tica que engendr? cay? unos 70 a?os m?s tarde, sin apenas derramamiento de sangre.

Algunos cr?ticos de Marx rechazan una sociedad dominada por el Estado. Y as? lo pensaba ?l. Detestaba la pol?tica de Estado tanto como le disgusta al Tea Party, aunque por razones bastante menos chuscas. ?Fue, podr?an preguntar las feministas, un patriarca victoriano? Por supuesto. Pero como algunos comentaristas (no marxistas) modernos han se?alado, fueron los hombres del mundo socialista y comunista, hasta el resurgimiento del movimiento de las mujeres en la d?cada de 1960, los que consideraron que la cuesti?n de la igualdad de la mujer era vital para otras formas de liberaci?n pol?tica. La palabra "proletariado" se refiere a los que en la sociedad antigua eran demasiado pobres para servir al Estado con otra cosa que no fuera el fruto de su vientre. "Proletarios" significa "descendientes". Hoy en d?a, en los talleres y en las peque?as granjas del tercer mundo, el t?pico proletario sigue siendo una mujer.

Lo mismo ocurre con las cuestiones ?tnicas. En las d?cada de 1920 y 1930, pr?cticamente los ?nicos hombres y mujeres que predicaban la igualdad racial eran comunistas. La mayor?a de los movimientos anticoloniales fueron inspirados por el marxismo. El pensador anti socialista Ludwig von Mises describe el socialismo como "el movimiento de reforma m?s potente que la historia haya conocido jam?s, la primera tendencia ideol?gica no limitada a una parte de la humanidad, sino respaldada por gente de todas las razas, naciones, religiones y civilizaciones". Marx, que conoc?a su historia un poco mejor, podr?a haberle recordado a von Mises el cristianismo, pero la cuesti?n sigue siendo contundente. En cuanto al medio ambiente, Marx prefigura asombrosamente nuestra propia pol?tica verde. La naturaleza, y la necesidad de considerarla como aliada en lugar de antagonista, era una de sus preocupaciones constantes.

?Por qu? podr?a Marx volver a estar en nuestras preocupaciones? Ir?nicamente, la respuesta es: por el capitalismo. Cada vez que uno oye hablar a los capitalistas sobre el capitalismo, uno sabe que el sistema tiene problemas. Por lo general, prefieren un t?rmino m?s anodino, como el de "libre empresa". Las crisis financieras recientes nos han obligado una vez m?s a pensar la organizaci?n en la que vivimos como un todo, y fue Marx quien primero lo hizo posible. Fue El Manifiesto Comunista el que predijo que el capitalismo se convertir?a en mundial, y que sus desigualdades se agudizar?an gravemente. ?Tiene su trabajo alg?n defecto? Cientos. Pero es un pensador demasiado creativo y original para ser reducido a los vulgares estereotipos de sus enemigos.

* Terry Eagleton, internacionalmente reconocido cr?tico cultural en la tradici?n marxista brit?nica de Raymond Williams, es profesor de literatura en la Universidad de Manchester. Se ha publicado recientemente en castellano (editorial Debate) su interesante libro de memorias: El portero. Anaclet Pons es un historiador catal?n. Maniene un interesante blog (Clionauta: Blog de Historia), en donde apareci? por vez primera esta traducci?n.


Notas [1] The Wall Street Journal, el diario ultra liberal editado en el coraz?n del complejo financiero del Imperio, defensor a ultranza de las pol?ticas monetaristas y especulativas responsables de la crisis mundial.[

2] Fox News, cadena televisiva en USA, propiedad del grupo Murdoch, conocida por su conservadurismo extremista y guerrerista, representante de los sectores radicalizados del Partido Republicano, como el Tea Party.

Fuente: http://chronicle.com/article/In-Praise-of-Marx/127027/

Tomado de: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4145, Traducci?n para Sin Permiso de Anaclet Pons

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Tags: Karl Marx, socialismo, comunistas, inquisición, Tea Party, Estado, amor

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