Martes, 05 de julio de 2011


Aunque aqu? a?n no hay marchas y manifestaciones masivas de indignados de las dimensiones que se expresan en Europa, ante los costos sociales de la crisis financiera y las pol?ticas de austeridad, detr?s del escenario hay diversas corrientes que buscan alternativas ante lo que todos saben que es un sistema que cada vez ofrece menos ante las necesidades y derechos de las grandes mayor?as. No son rebeliones, aunque a veces s? gritos de ira y protesta, y muchos son s?lo defensivos, de resistencia. Pero muestran se?ales de que no todo est? tan quieto como a veces parece.

Hay cosas que llaman la atenci?n s?lo porque no son, literalmente, business as usual, o sea, no comparten la visi?n dominante de generar m?s de lo mismo. Cientos, hasta miles, de empresas, sindicatos, fundaciones, ONG y m?s est?n participando en promover lo que se llama en t?rminos vagos una nueva econom?a. En general, son intentos reformistas para civilizar el capitalismo salvaje, que buscan imponer sobre ese sistema objetivos de mayor equidad social y econ?mica, como de protecci?n ambiental.

Gar Alperovitz, profesor y veterano en este llamado movimiento de nueva econom?a, insiste en que hay todo tipo de iniciativas que ofrecen una alternativa dentro del sistema. Se?ala que existen 1.6 millones de empresas sin fines de lucro, m?s de 11 mil empresas cuyos 13.6 millones de empleados son los due?os (total o parcialmente), como tambi?n un sorprendente universo de cooperativas ?algo poco nuevo en este pa?s?, con por lo menos 130 millones de miembros (m?s de uno de cada tres estadunidenses). En un art?culo publicado en The Nation, Alperovitz detalla diversas iniciativas de responsabilidad social, entre ellas intentos ambiciosos por crear econom?as locales sustentables (granjeros urbanos y rurales junto con empresas de servicios y agencias gubernamentales que reforman sus mercados locales para beneficio mutuo), alianzas azules-verdes, donde sindicatos industriales y ambientalistas intentan crear industrias ecol?gicamente sustentables, y m?s. La vanguardia de este movimiento, se?ala, es un n?mero creciente de cooperativas igualitarias, verdes, propiedad de sus trabajadores, junto con cientos de empresas sociales que usan sus ganancias para objetivos ambientales, sociales o que sirven a sus comunidades.

En otro ?mbito, hay batallas m?s cl?sicas, pero con giros contempor?neos. Una de las empresas m?s emblem?ticas del capitalismo reciente es Starbucks ?con tiendas en 60 pa?ses y un total de 150 mil empleados?, que ahora tiene uno de los adversarios m?s antiguos del pa?s, el sindicato IWW, con ra?ces centenarias (m?s de 106 a?os) anarcosindicalistas. International Workers of the World, conocido como los Wobblies, est? impulsando la sindicalizaci?n de Starbucks, con el objetivo de que haya un agremiado detr?s de cada latte, pero creando con ello un nuevo modelo para trabajadores en el precario sector de servicios.

Un grupo de baristas lanz? el Starbucks Workers Union (SWU) en una de sus cafeter?as en la ciudad de Nueva York en 2004, porque los trabajadores estaban hartos de salarios bajos, jornadas programadas al azar, un sistema de seguro de salud fuera de alcance y falta de respeto de gerentes, explic? uno de los fundadores, Daniel Gross, a la revista In These Times. El sindicato ampli? su esfuerzo por toda la ciudad, con base en los principios del IWW, sobre todo la llamada solidaridad sindical, la cual implica una estructura no jer?rquica con democracia directa. No somos parte de un sindicato. Somos el sindicato, resumi? Gross.

Por otro lado, ante el asalto contra trabajadores sindicalizados del sector p?blico en este pa?s -Wisconsin fue el primer estado en anular derechos b?sicos de negociaci?n de contratos colectivos, Nueva Jersey acaba de implantar nuevas leyes para hacer algo parecido, mientras otros estados promueven versiones mejores y peores de ?stas? han estallado movimientos de protesta y resistencia. La de Wisconsin fue la m?s sostenida hace unos meses, y ahora ha pasado a una etapa en que la estrategia es utilizar el mecanismo de revocaci?n de mandato a los pol?ticos electos responsables del asalto. En los pr?ximos meses varios legisladores estatales que encabezaron la ofensiva contra los trabajadores enfrentar?n su posible destituci?n en elecciones especiales como resultado de estas iniciativas.

El mismo mecanismo fue utilizado en Arizona y ahora el senador estatal Russell Pearce, quien impuls? la ley antimigrante de ese estado, tendr? que enfrentar una elecci?n especial para revocar su permanencia en el cargo. La organizaci?n Ciudadanos por una Arizona Mejor lograron reunir m?s de las 7 mil 756 firmas de su distrito requeridas para convocar la elecci?n especial en noviembre o marzo (un juez decidir? la fecha).

Pero, como siempre, los inmigrantes son quienes contin?an expresando las se?ales m?s vitales de lo que podr?a llamarse movimiento social. Este fin de semana, en Georgia, cientos de comercios no abrieron sus puertas y muchos trabajadores inmigrantes y sus aliados no llegaron a sus chambas en actos de protesta contra la puesta en vigor de la nueva ley antimigrante (pese a que algunas de sus peores medidas han sido congeladas por un juez). Miles marcharon el s?bado por Atlanta y otras ciudades, inform? la Alianza Latina por Derechos Humanos de Georgia (GLAHR).

Son s?lo algunos gritos y susurros que rompen el silencio aqu?, o por lo menos indican que no existe un consenso sobre las virtudes del sistema actual. Tal vez si logran juntarse podr?a estallar un coro de indignados de este lado del Atl?ntico.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/07/04/opinion/025o1mun


Tags: indignados, alternativa, ONG, La Jornada, capitalismo, sindicatos

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