Domingo, 10 de julio de 2011

Claudio Katz??????????????????Rebeli?n



Las discusiones marxistas contempor?neas sobre el imperialismo parten del enfoque de Lenin y jerarquizan el estudio de las tendencias econ?micas del capitalismo. Se le asigna a estos procesos un papel determinante en la din?mica imperial. Los autores que postulan la validez de la visi?n leninista resaltan su actualidad. Destacan la preeminencia de los monopolios, la hegemon?a rentista del capital financiero y la existencia de un bloqueo al progreso t?cnico que generaliza el estancamiento.

LA CENTRALIDAD DE LA COMPETENCIA

Lenin identificaba el dominio de los monopolios con el control de los precios, a trav?s de concertaciones entre grandes empresas. Coincid?a con Bujarin en estimar que la competencia hab?a perdido relevancia a escala nacional y s?lo reg?a plenamente en el plano mundial [3] .

Este diagn?stico remarcaba el agotamiento de la libre competencia y la consiguiente disoluci?n de la concurrencia plena. Consideraba que las empresas ya no rivalizaban entre s? para reducir costos, ampliar mercados y aumentar los beneficios.

Luego de un intenso debate en la entre-guerra, esta concepci?n fue reformulada en los a?os 50 por varios te?ricos keynesianos. Ilustraron c?mo los oligopolios ajustaban las cantidades producidas (en lugar de alterar los precios), para asegurar la continuidad de altas tasas de ganancia (Steindl). Estimaron que este comportamiento conduc?a a la sistem?tica sub-utilizaci?n de la capacidad instalada (Kalecki) y remarcaron los efectos nocivos de esa ?competencia imperfecta? sobre el nivel de crecimiento (Joan Robinson). Consideraban que la fijaci?n concertada de los ?precios de exclusi?n? generalizaba el estancamiento e impon?a fuertes barreras de entrada a la actividad de los rivales (Sylos Labini) [4] .

Una corriente de te?ricos marxistas (Sweezy, Baran) reivindic? este enfoque, describiendo como las corporaciones se repart?an los mercados, creando situaciones de sub-inversi?n y sobre-capacidad permanente de las plantas. Los disc?pulos de esta escuela (Foster, Chesney) resaltan el peso dominante de los monopolios bajo el neoliberalismo y otros autores (Vasapollo), utilizan el mismo criterio para evaluar las tendencias del capitalismo contempor?neo [5] .

Estas miradas subrayan acertadamente los impactos generados por el incremento de la escala productiva. El desarrollo del capitalismo agigant? la dimensi?n de las firmas y la mundializaci?n actual incentiva un salto en la envergadura de los colosos que operan a nivel global.

Pero este incremento del tama?o no es sin?nimo de control monop?lico, ni de supresi?n de la competencia. El capitalismo recrea la concurrencia y el oligopolio en forma complementaria y mediante reciclajes rec?procos. En los momentos de mayor rivalidad ciertas empresas introducen formas transitorias de supremac?a, que no pueden conservar ante el resurgimiento de las batallas competitivas. Esta din?mica es constitutiva del capitalismo y perdurar? mientras subsista a este r?gimen social.

El capitalismo no podr?a sobrevivir a la erradicaci?n completa de la competencia, puesto que en ese escenario desaparecer?an las normas mercantiles y quedar?a regulada la asignaci?n de los recursos. En el proceso de la acumulaci?n, la rivalidad siempre genera nuevos gigantes que compiten entre s?. Lo que cambia en cada etapa del sistema es la modalidad de esta combinaci?n.

La trayectoria del capitalismo no ha seguido una curva id?lica desde prosperidades competitivas hasta nocivas concertaciones. Esta imagen rom?ntica, olvida la enorme gravitaci?n que tuvieron los monopolios en el debut de la acumulaci?n. Por otra parte, la pugna contempor?nea entre poderosos oligopolios, no difiere cualitativamente de las viejas rivalidades entre peque?as compa??as. Los principios que regulan ambas confrontaciones son muy semejantes.

Los acuerdos entre empresas para distribuirse los negocios son frecuentes. Pero estos arreglos siempre quedan socavados por violaciones internas o por la aparici?n de otro concurrente.

Este comportamiento rige en los mercados nacionales y mundiales. La suspensi?n de la concurrencia en el primer terreno e intensificaci?n en el segundo (que describieron Lenin y Bujar?n) fue un rasgo coyuntural, que no perdur? como tendencia del capitalismo. Existe una discusi?n historiogr?fica sobre el acierto o error de esa evaluaci?n a principio del siglo XX, pero la continuidad posterior de la competencia es un dato incontrovertible.

Los te?ricos keynesianos de posguerra presentaban equivocadamente la desaparici?n (o debilitamiento) de este rasgo, como un defecto del capitalismo monopolista, frente a las ventajas de la ?concurrencia perfecta? del pasado. Como localizaban los defectos del sistema en las falencias del mercado (y no en las contradicciones de la acumulaci?n), convocaban a recuperar la vitalidad del capitalismo, introduciendo reglas de protecci?n de la competencia. Desconocieron que esa concurrencia perduraba y que su eventual intensificaci?n, s?lo acentuar?a la inestabilidad cr?nica del sistema.

Los marxistas que compartieron ese diagn?stico tendieron a prestar m?s atenci?n a los acontecimientos secundarios de la esfera circulatoria, que a los procesos determinantes de la actividad productiva. Tambi?n olvidaron que los cambios de precios son el principal instrumento que tienen los capitalistas para desenvolver su actividad. S?lo mediante aumentos y rebajas de esas cotizaciones, los empresarios pueden actuar en el mercado, ofreciendo nuevos productos en funci?n de los costos de fabricaci?n y obteniendo mayores ganancias en las disputas con sus concurrentes.

PERDURABILIDAD DE LA LEY DEL VALOR

La tesis de total control monop?lico fue acertadamente objetada por varios autores marxista en los a?os 70 (Shaik, Clifton, Weeks, Semmler). Estos cr?ticos restauraron la centralidad anal?tica de la rivalidad mercantil.

En sus cuestionamientos aceptaron la existencia de mayores obst?culos a la ca?da de los precios, pero atribuyeron estas barreras a la existencia de transformaciones econ?micas (mayor peso de la deuda p?blica) y cambios pol?tico-sociales (limitaciones a la reducci?n nominal de los salarios por la gravitaci?n de los trabajadores). Estos rasgos limitan el vaiv?n de los precios, pero no anulan la preeminencia de la competencia. Este mecanismo contin?a actuando a trav?s de ajustes relativos, dentro de una din?mica m?s inflacionaria [6] .

El neoliberalismo revirti? parcialmente ese cuadro de ascenso generalizado de precios e introdujo un entorno de mayores vaivenes, junto a cierta reaparici?n de las tendencias deflacionarias. Este curso refut? adicionalmente, muchos supuestos de los te?ricos del capital monopolista.

Tambi?n la mundializaci?n incentiv? la pugna competitiva. Hay traslados de f?bricas a las regiones que ofrecen salarios bajos, se recalientan las batallas por el control de las materias primas y se afianzan las rivalidades financieras por colocar pr?stamos o acaparar los negocios de alto riesgo. Esta renovada competencia de costos es ilustrada por numerosas descripciones period?sticas del ?darwinismo mercantil? y la ?competencia por la supervivencia? que impera entre las empresas.

La transferencia de actividades fabriles hacia el continente asi?tico y la reorganizaci?n de la divisi?n internacional del trabajo son n?tidos indicadores de la continuada rivalidad de precios. Estas batallas desembocaron en las crisis itinerantes de las ?ltimas d?cadas. La competencia fabril genera excedentes, la concurrencia financiera multiplica los capitales sobrantes y la pugna por acaparar negocios precipita desproporcionalidades sectoriales. Estas tensiones irrumpen por el car?cter inviable que tiene la manipulaci?n oligop?lica de los precios.

Al considerar que el capitalismo ha quedado sometido a reglas arbitrarias de manipulaci?n de los precios, los te?ricos del capital monopolista modifican la interpretaci?n que postul? Marx, para explicar la fijaci?n de esas cotizaciones. El pensador alem?n consideraba que ese proceso estaba objetivamente regulado por normas de costos, productividad y exacci?n de plusval?a, que gu?an la valorizaci?n del capital.

Marx estimaba que ese desenvolvimiento estaba regido por una ley de valor, que determinaba la distribuci?n del trabajo social en las distintas ramas de la econom?a, en funci?n de las expectativas de beneficio. Esa regulaci?n defin?a a su vez el nivel de los precios, de acuerdo al trabajo socialmente necesario para la producci?n de las diversas mercanc?as. La propia marcha de la acumulaci?n ajustaba finalmente esas cotizaciones, a trav?s de una sucesi?n de peri?dicos desequilibrios, que intercalaban la prosperidad con la crisis.

La teor?a del capital monopolista sustituye este principio por otras normas, que explican la fijaci?n de los precios por relaciones sociales de fuerza (poder de cada corporaci?n para imponer sus exigencias) o por gravitaciones institucionales (intervenci?n del estado para favorecer a uno u otro grupo). El poder de los monopolios es derivado de esas influencias, con criterios que se alejan del an?lisis marxista objetivo de la acumulaci?n.

Se podr?a argumentar que la preeminencia de las grandes corporaciones afecta al propio desenvolvimiento de la ley del valor, al concentrar el poder econ?mico en grupos reducidos. Pero esta transformaci?n tampoco implica una preeminencia de manipulaciones monop?licas. Lo que est? en juego es la distribuci?n de plus-ganancias entre actores capitalistas, que s?lo pueden disputar la captura estable de esos beneficios, mediante reducciones de costos o incrementos de la productividad. La batalla por esos lucros no sigue un curso contingente de astucias monop?licas. Obedece a los par?metros que impone la ley del valor, a la reproducci?n capitalista.

Este mismo principio ha extendido su alcance bajo la mundializaci?n neoliberal, con la regionalizaci?n o internacionalizaci?n de muchos precios estrat?gicos de la econom?a. Junto al incremento de los movimientos de capital, la reducci?n de las barreras aduaneras y la implantaci?n de las empresas transnacionales, los mercados internos son penetrados por competidores for?neos y la autonom?a de cada estado (para fijar tasas de inter?s, manejar la moneda y modificar grav?menes) se reduce significativamente. Este cambio se refleja a su vez en los precios, que sufren mayor impacto de la competencia mundial.

En esta producci?n m?s globalizada, una porci?n significativa de la actividad econ?mica se desenvuelve dentro del propio espacio de las transnacionales. Las filiales localizadas en distintos puntos del planeta utilizan precios de transferencia, que las gerencias administran en funci?n de sus propios c?lculos de rentabilidad. Pero tampoco estas cotizaciones son arbitrarias, ni provienen de maniobras concertadas entre grandes grupos. Las empresas contin?an compitiendo a una escala m?s global y los resultados de esta concurrencia se expresan en una fijaci?n de los precios, dependiente de la din?mica del valor.

?HEGEMON?A DEL CAPITAL FINANCIERO?

La teor?a de Lenin postula la preeminencia del capital financiero, a medida que los bancos controlan las operaciones comerciales e industriales y asumen la direcci?n de las grandes empresas. Se supone que tambi?n manejan los paquetes accionarios, la emisi?n de valores y la especulaci?n inmobiliaria.

Esta concepci?n surgi? del retrato que present? Hilferding de la fusi?n que realizaron los bancos alemanes con la industria, a trav?s de las sociedades an?nimas y la digitaci?n del cr?dito. Tambi?n se bas? en la descripci?n de Hobson de las altas finanzas inglesas, como estructuras receptoras de los dividendos aportados por el cr?dito externo [7] .

Esta visi?n fue muy discutida en su ?poca y enfrent? cuestionamientos marxistas al concluir la entre-guerra. Algunos autores que postularon la existencia de una secuencia hist?rica inversa del poder?o inicial y debilitamiento posterior de los financistas. D estacaron que la dominaci?n de los bancos rigi? tan s?lo en las primeras fases de acumulaci?n, cu?ndo la industria necesitaba obtener capitales para emprender un desarrollo acelerado. Una vez concluido ese despegue los empresarios recuperaron independencia y se sustrajeron de cualquier sujeci?n a los banqueros [8] .

La teor?a de la supremac?a financiera perdi? seguidores en la posguerra, en la medida que el boom econ?mico estuvo signado una prosperidad comandada por la industria. El florecimiento de este sector fue tan evidente, como el rol complementario jugado por los banqueros, durante el per?odo de explosi?n de productividad y el consumo.

Este giro condujo a cuestionar la caracterizaci?n del imperialismo como una etapa de hegemon?a financiera. Algunos autores estimaron que Lenin generaliz? en forma incorrecta la descripci?n presentada por Hilferding para el caso particular de Alemania. Como en ese pa?s el capitalismo se erigi? en forma tard?a fue necesaria una fusi?n forzada desde el estado entre los banqueros y los industriales, para acelerar el proceso de acumulaci?n.

Pero esa amalgama no se extendi? a otras econom?as. La gravitaci?n lograda por los banqueros ingleses no era tan absoluta y en todo caso correspondi? a un per?odo peculiar de un imperio en declive. En las potencias ascendentes -como Estados Unidos- se observaba un n?tido predominio del sector productivo junto a la ausencia de fusi?n con los bancos . Otros analistas objetaron tambi?n la extrapolaci?n del caso alem?n, d estacando la inexistencia de una preeminencia perdurable de los banqueros, frente a los protagonistas de la acumulaci?n [9] .

Pero el debate recobr? intensidad en los ?ltimos veinte a?os, ante la significativa gravitaci?n financiera que acompa?? al neoliberalismo. Este modelo introdujo dr?sticas transformaciones regresivas, bajo el comando de los bancos. Con esa direcci?n se impuso una ofensiva del capital sobre el trabajo, asentada en las exigencias impuestas a todas las empresas por los acreedores y los prestamistas. Los financistas volvieron a ocupar el mando de una armada burguesa que atropell? los sindicatos, redujo los salarios y potenci? la informalidad laboral.

Los autores que remarcan esta funci?n clave ubican el surgimiento del neoliberalismo en un golpe financiero, que determin? el ascenso de las tasas de inter?s (Paul Volcker en 1979-82). Esa acci?n otorg? a los banqueros un rol director de la arremetida patronal e introdujo una nueva pauta de disciplina regresiva en todas las actividades econ?micas [10] .

Este per?odo inaugur? una etapa signada por el protagonismo financiero de Nueva York, la proliferaci?n de operaciones de alto riesgo y la expansi?n de los bancos de inversi?n y los fondos de pensi?n. Los circuitos financieros se internacionalizaron y se afianz? un nuevo rol global de los banqueros en la administraci?n del riesgo, con los nuevos instrumentos de la titularizaci?n y los derivados.

Este papel determinante de los banqueros qued? confirmado en la crisis reciente. Los estallidos irrumpieron en la esfera financiera y se procesaron mediante monumentales rescates de las entidades a cuenta del estado. Esta socializaci?n de p?rdidas se llev? a cabo por mandato directo de la elite financiera.

Pero la renovada gravitaci?n de los financistas presenta fechas de inicio y objetivos muy precisos. No ha sido un proceso continuado desde principios del siglo XX, sino un fen?meno espec?fico de las ?ltimas dos d?cadas, determinado por la funci?n que cumple la banca en la ofensiva del capital. Este liderazgo sucedi? a la supremac?a industrial de posguerra y confirm? el car?cter cambiante de los sectores que ejercen el comando de la acumulaci?n capitalista .

Ninguna cronolog?a (o razonamiento) justifica la existencia de un despotismo permanente de los financistas. Esa creencia presupone que el desenvolvimiento del capitalismo se ha mantenido invariable desde el comienzo del siglo XX

La ?financiarizaci?n? reciente no constituye, adem?s, un proceso que favorece exclusivamente a los banqueros. Ha sido un instrumento de todos los capitalistas para recuperar la tasa de ganancia, mediante generalizados aumentos de la explotaci?n. En este campo se localiza la extracci?n de plusval?a que sostiene al sistema. La hegemon?a de las finanzas puede interpretarse a lo sumo, como un aspecto de la reestructuraci?n neoliberal, pero no como un dato estructural del capitalismo.

La etapa reciente de ascenso de los financistas ha empalmado, adem?s, con un avance de la mundializaci?n, que modifica las viejas formas del accionar bancario. Se ha consumado una expansi?n de empresas transnacionales, que mixturan distintas formas de capital y propician m?s la asociaci?n que la dominaci?n financiera.

En muchas ?reas se diluyeron las fronteras que separaban a los industriales de los banqueros, puesto que numerosos conglomerados operan indistintamente como compa??as financieras y productivas. En estas organizaciones los banqueros no act?an como simples succionadores de un lucro ajeno.

Los financistas participan de todo el dispositivo de la acumulaci?n, mediante la canalizaci?n de los pr?stamos hacia los negocios m?s rentables. Al observarlos como meros penalizadores del resto de la econom?a -e identificarlos con la simple absorci?n del beneficio- se desconoce el estrat?gico rol que juegan en la generaci?n de esas ganancias .

CAPITAL RENTISTA

La sustituci?n de conductas favorables a la acumulaci?n por actitudes rentistas es otro aspecto de la tesis leninista, que retoman muchos seguidores de ese enfoque. Esta mutaci?n fue atribuida por el l?der bolchevique a una preeminencia del capital financiero, que disminuye las inclinaciones productivas de la burgues?a y potencia el parasitismo de los banqueros.

Esta caracterizaci?n es actualizada por los autores que subrayan la presencia de los ?capitales que hacen dinero con dinero?. Mediante este manejo conquistan posiciones e imponen sus exigencias de valorizaci?n rentista a toda la sociedad. Consideran que ese despojo rentista se exacerb? bajo el neoliberalismo, a trav?s del acaparamiento de mayores ganancias por parte de financistas, que acrecentaron la improductividad y obstruyeron la acumulaci?n [11] .

En las descripciones de este despilfarro se remarca la hipertrofia de las operaciones financieras, que no incorporan valor a la producci?n. Tambi?n se resalta como estas actividades afectan al proceso productivo, a trav?s de operaciones titularizadas y seguros emitidos para respaldar los bonos en circulaci?n. En la gesti?n rentista, los riesgosos fondos de inversi?n han reemplazado a los bancos m?s conservadores [12] .

A diferencia de los economistas pos-keynesianos, este enfoque presenta el giro hacia la especulaci?n como una transformaci?n objetiva del capitalismo. No atribuye esta mutaci?n a perversiones de los gerentes o a conspiraciones de Wall Street. Pero al evaluar que el sistema tiende a desprenderse de su basamento productivo, sugiere que la l?gica de la explotaci?n ha sido reemplazada por una din?mica de fraude.

Ese tipo de malversaciones ha estado presente en toda la historia del capitalismo y fue m?s dominante en el origen, que en la madurez de este sistema. Con el afianzamiento de la acumulaci?n los financistas quedaron integrados a un modo de producci?n, basado en la confiscaci?n del trabajo excedente de los asalariados y la conversi?n de plusval?a en capital. La distribuci?n de ese beneficio entre los banqueros e industriales se consuma mediante disputas competitivas.

Es importante subrayar la vigencia actual de estos procesos. La presentaci?n simplificada del capitalismo como un casino regido por el azar y administrado por una elite de jugadores, es desacertada. Esta visi?n desconoce que el sistema contin?a regido por ciertas leyes favorables al conjunto de las clases dominantes y se encuentra socavado por contradicciones procesadas en el ?mbito de la producci?n y la realizaci?n de la plusval?a.

Estos desequilibrios centrales no provienen del parasitismo de los banqueros. Los derroches de estos individuos s?lo introducen trastornos adicionales, a las obstrucciones que genera la acumulaci?n, en procesos de expansi?n motorizados por el beneficio. Este apetito insaciable por las ganancias genera excedentes invendibles, restricciones al consumo, desproporcionalidades sectoriales y declives tendenciales de la tasa de ganancia.

La comprensi?n de estas tensiones exige ir m?s all? de la esfera financiera y superar la mirada del capitalismo como un sistema gobernado por la renta improductiva. Este componente ha sido un dato del sistema desde su nacimiento, pero nunca alcanz? la primac?a que ten?a en los reg?menes pre-capitalistas. El modo de producci?n vigente funciona en torno a beneficios surgidos de la explotaci?n, cuya continuidad exige renovaci?n de la inversi?n y confrontaci?n entre competidores. Esta din?mica genera consecuencias nefastas para los trabajadores, pero no implica la existencia de una supremac?a rentista.

Es por otra parte equivocado identificar simplemente a los financistas con el parasitismo. Esta asimilaci?n sugiere una distinci?n con otros sectores de las clases dominantes, olvidando que la explotaci?n industrial del trabajo ajeno no es un acto meritorio.

Los banqueros son algo m?s que estafadores y el endeudamiento es un proceso m?s complejo que el fraude. Los financistas cumplen una funci?n estrat?gica para la reproducci?n del capital, al movilizar los cr?ditos que ampl?an el radio geogr?fico y sectorial de la acumulaci?n. La acertada denuncia de los especuladores no debe conducir a ignorar ese rol. Esta funci?n explica por qu? raz?n la tasa de inter?s no se equipara con la renta agraria. No constituye una punici?n al desenvolvimiento capitalista, sino un instrumento para organizar la inversi?n, en funci?n de la rentabilidad diferenciada que ofrece cada negocio.

Las finanzas contempor?neas desenvuelven este papel mediante administraciones del riesgo que pueden derivar en todo tipo de desfalcos. Pero el proceso de titularizar bonos, mediante la compra-venta de cr?ditos y el empaquetamiento de los t?tulos es una forma de organizar el cr?dito, contemplando la confiabilidad y el beneficio potencial de cada operaci?n.

La presencia de los financistas en la c?spide de muchas empresas transnacionales no modifica ese rol. M?s bien genera una mixtura de tendencias productivo-financieras, en conglomerados que tienden al auto-financiamiento y a la asunci?n parcial de muchas funciones, que anteriormente desarrollaban los bancos. A su vez los financistas act?an en estas corporaciones, amoldando su acci?n a las estrategias productivas de las compa??as. Este rol desborda ampliamente la simple apropiaci?n de beneficios.

Algunos te?ricos estiman que el capital financiero desenvuelve su acci?n anticipando los lucros futuros que genera la actividad de los asalariados. Consideran que ese valor presente es una captura rentista previa de la plusval?a en gestaci?n [13] .

Pero ese proceso s?lo puede continuar si existe fabricaci?n y venta de las mercanc?as. Si esta secuencia no se efectiviza, resulta imposible absorber una plusval?a que jam?s ser? creada. Para que exista trabajo excedente confiscado a los obreros, debe regir alg?n proceso inversi?n y acumulaci?n genuina de capital. Esta actividad no rentista es el fundamento de todo el sistema. Que los financistas anticipen la captaci?n de una porci?n del bot?n en juego, no modifica su dependencia de esa l?gica material reproductiva.

La actualizaci?n literal de la tesis leninista tambi?n incluye la presentaci?n del capital financiero como el nodo central de un sistema internacional de sometimiento de los pa?ses deudores a las naciones acreedoras. Se supone que esa atadura financiera de principios del siglo XX ha perdurado sin grandes cambios [14] .

Pero la alteraci?n de ese paisaje salta a la vista. Basta observar el status actual de Estados Unidos. La primera potencia es la principal deudora de China y nadie podr?a afirmar, que se ha convertido en pa?s sometido al l?tigo de los banqueros orientales. La teor?a del capital rentista no logra captar las especificidades de etapa en curso .

INNOVACI?N TECN?LOGICA

Otros analistas actualizaron hace varias d?cadas la visi?n del estancamiento tecnol?gico, que Lenin dedujo de la fijaci?n monop?lica de precios y de la generalizaci?n de las patentes . Consideraron que las grandes innovaciones desaparecieron luego del vapor, los ferrocarriles y la electricidad. Estimaron que el autom?vil, los pl?sticos y la energ?a nuclear ya no incluyeron transformaciones de envergadura [15] .

Esta p?rdida de impulso innovador es proyectada hasta el presente por qui?nes relativizan la importancia de la inform?tica. Sostienen que esa tecnolog?a no encuentra oportunidades de inversi?n comparables al pasado. Consideran que el cambio tecnol?gico contempor?neo ya no es relevante y no permite contrarrestar el estancamiento [16] .

Pero si este proceso central del capitalismo ocupa un lugar tan secundario, tambi?n la plusval?a relativa ha dejado de operar como fuente decisiva del beneficio. Este razonamiento choca con el esquema anal?tico de Marx, que ubicaba el principal nutriente de la ganancia en la elevaci?n de la productividad, generada por la introducci?n de nuevas tecnolog?as.

El fil?sofo alem?n consideraba vital esa din?mica para el surgimiento y continuidad del capitalismo. No existe ninguna raz?n para modificar esta caracterizaci?n, restringiendo la influencia de la innovaci?n a cierta etapa hist?rica de este sistema. El cambio tecnol?gico es un rasgo incorporado al modo de producci?n vigente, puesto que impulsa la competencia entre concurrentes para bajar costos y obtener mayores ganancias.

La renovaci?n de la maquinaria es definitoria para la ubicaci?n de cada empresa en el mercado. Si este principio dejara de operar, el poder?o de cada grupo patronal ya no depender?a de la plusval?a que extrae, sino de alg?n otro mecanismo que hasta ahora nadie ha expuesto.

Tampoco existen justificaciones convincentes del car?cter irreproducible de las innovaciones que acompa?aron al vapor o al ferrocarril. En todos los cambios posteriores estuvo presente alguna revoluci?n tecnol?gica, gestada en torno a invenciones transformadas en innovaciones. Estos descubrimientos aparecieron en forma discontinua y en estrecha conexi?n con la irrupci?n de plus-ganancias, que se disolvieron con la generalizaci?n posterior de esos cambios tecnol?gicos.

Al desconocer esta trayectoria se ignora la relevancia actual de la informatizaci?n. Se puede discutir la etapa de esta transformaci?n. Pero es innegable su impacto sobre los ?ndices de productividad, las mutaciones del proceso de trabajo y la extensi?n de los mercados. La microelectr?nica, la generalizaci?n de las computadoras y el uso de las redes han sido decisivos para la reorganizaci?n capitalista que introdujo la mundializaci?n neoliberal [17] .

Una eliminaci?n total del progreso t?cnico ser?a incompatible con la continuidad de la acumulaci?n. Impedir?a a las empresas generar beneficios, mediante el incremento de la productividad. El papel puramente c omplementario que Marx le asign? a la plusval?a absoluta (surgida de ampliaciones e intensificaciones de la jornada de trabajo) no se ha modificado. S?lo las coyunturas de gran depresi?n detienen la innovaci?n. Son suspensiones moment?neas, que no alteran las reglas del dinamismo tecnol?gico.

A veces se argumenta que la innovaci?n present? formas creativas en el origen del capitalismo y exhibe modalidades destructivas en la actualidad. Pero esta clasificaci?n no define si las m?quinas y los instrumentos de trabajo persisten como transmisores del trabajo confiscado por los patrones. Si ese basamento perdura, tambi?n se mantiene lo esencial de la innovaci?n.

Adem?s, conviene recordar que el capitalismo se nutri? desde su nacimiento de las tecnolog?as destructivas generadas en la esfera militar. El papel de esa rama no es novedoso, puesto que all? siempre se han experimentado las t?cnicas que posteriormente se transfieren a la ?rbita civil. Este componente destructivo de la innovaci?n ha sido intr?nseco al r?gimen social vigente en todos sus per?odos.

ESTANCAMIENTO Y CICLOS

El cambio tecnol?gico determina el car?cter de todos los desequilibrios que afectan al capitalismo. Estas tensiones provienen del descontrolado dinamismo (y no del estancamiento) que rodea al sistema. El ejemplo reciente de este condicionamiento es la debacle ambiental, que ha irrumpido por una furiosa competencia entre las empresas que fabrican nuevos bienes, a cualquier costo ecol?gico.

Los males del capitalismo contempor?neo derivan de la intensidad competitiva y de la ambici?n por el lucro, que impone la expansi?n del sistema. El neoliberalismo ha confirmado plenamente este principio, al demostrar c?mo el capitalismo vuelve a extender su radio reproductivo, cuando se restauran las condiciones favorables para la extracci?n de la plusval?a.

L a principal sorpresa de este per?odo ha sido la irrupci?n de China, que dej? atr?s su status marginal para convertirse en una ascendente potencia. Si el capitalismo estuviera acosado por un estancamiento sostenido, no habr?a dejado espacio para avances de este alcance. Lo ocurrido con China es totalmente inexplicable en un marco anal?tico de regresi?n de las fuerzas productivas.

Es cierto que tambi?n se multiplicaron las actividades parasitarias. Pero esos despilfarros son complementarios. Hay guerras para asegurar el sometimiento de los oprimidos, se incentivan las necesidades de consumo artificial para realizar el valor de las mercanc?as y se ampl?an los pr?stamos para materializar los beneficios gestados en la producci?n. Es un error buscar en estas ?reas las singularidades del capitalismo contempor?neo.

El declive innovador es postulado por algunos autores junto a la extinci?n del comportamiento c?clico del nivel de actividad. Se considera que han cesado de operar las fluctuaciones cortas y los movimientos largos, que rigieron durante el surgimiento y madurez del capitalismo [18] .

?Pero c?mo funciona el sistema sin ese fundamento? Los vaivenes peri?dicos permiten procesar la valorizaci?n y desvalorizaci?n de capitales, que necesita un modo de producci?n basado en el beneficio. Sin esa sucesi?n de recuperaciones y reca?das, la acumulaci?n no podr?a desenvolverse.

En realidad no existe ninguna evidencia de esa desaparici?n de oscilaciones productivas. Tampoco hay signos de reemplazo de estas ondulaciones por secuencias continuadas de ca?das del PBI. Una pendiente de este tipo contradecir?a la l?gica del capital y no se ha verificado en ninguna crisis reciente. Las recesiones contin?an precedidas por per?odos inversos de crecimiento.

La desaparici?n del ciclo es tan inconcebible como la sub-utilizaci?n permanente de la capacidad instalada. Esa inmovilizaci?n se verifica en las fases de recesi?n y se revierte en los momentos de prosperidad. El uso de las plantas por debajo de sus posibilidades incorpora costos adicionales, que todas las firmas buscan eludir para amortizar la inversi?n y evitar las p?rdidas.

El ritmo exacto de los ciclos constituye una inc?gnita. Algunos analistas eval?an la temporalidad de esas fluctuaciones, reconsiderado su determinaci?n tecnol?gica o remarcado el peso de m?ltiples factores (comportamiento de los salarios, consumo de los sectores no productivos, precios de las materias primas, desproporcionalidades) [19] .

Pero est? fuera de discusi?n el car?cter intr?nseco de los ciclos en el desenvolvimiento del capitalismo. Las crisis siempre irrumpen entre fases de ascenso y descenso econ?mico. Si las oscilaciones hubieran quedado reemplazadas por crisis permanentes, resultar?a imposible diferenciar esos estallidos de cualquier otra circunstancia. No habr?a forma de evaluar la aparici?n de estos episodios como acontecimientos espec?ficos. Lo que permite distinguirlos es la subsistencia de los ciclos.

Ning?n investigador omite este fen?meno. Todos eval?an las fluctuaciones como contrapartes de la prosperidad, la reactivaci?n o el crecimiento. En la eclosi?n del 2008-09 se verific? claramente la persistencia de ambos procesos. Las expresiones de la crisis salieron a la superficie (p?nico burs?til, insolvencia bancaria, quebranto industrial), al concluir una fluctuaci?n del ciclo (marcha ascendente de los negocios y auge de ganancias antes del temblor). La persistencia de ambos fen?menos es indispensable para un sistema que necesita digerir a trav?s de oscilaciones peri?dicas, los procesos sucesivos de valorizaci?n y desvalorizaci?n del capital.

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RESUMEN

Todas las discusiones marxistas contempor?neas sobre el imperialismo parten del enfoque de Lenin, que resaltaba la sustituci?n de la libre competencia por el dominio de los monopolios. Los defensores contempor?neos de estas tesis olvidan el car?cter complementario de ambos rasgos y la necesaria continuidad de la concurrencia bajo el capitalismo.

La mundializaci?n neoliberal reaviv? la pugna competitiva, confirmando que el comportamiento de los precios no est? sujeto a reglas arbitrarias, ni a simples concertaciones. Sigue un principio objetivo de ajuste en funci?n de la ley del valor.

La teor?a de la hegemon?a del capital financiero qued? cuestionada por la supremac?a industrial durante el boom de posguerra. Esa concepci?n generaliz? una situaci?n peculiar de Alemania. Bajo el neoliberalismo los financistas han ocupado nuevamente un acotado rol dirigente, que favorece a toda la clase capitalista. Su papel en la acumulaci?n que no se limita a la succi?n de beneficios.

Las tesis que enfatizan el rentismo improductivo sugieren una presentaci?n simplificada del capitalismo como un casino regido por el azar. Omiten que los principales desequilibrios del sistema se generan en el ?rea productiva y desconocen los cambios registrados en los pa?ses deudores.

Los te?ricos del estancamiento tecnol?gico suponen err?neamente que la innovaci?n radical ha desaparecido. No logran explicar la transformaci?n inform?tica en curso e ignoran que la renovaci?n tecnol?gica es indispensable para sostener la rivalidad por el beneficio. Estas mejoras son el fundamento de la plusval?a relativa y siempre adoptaron modalidades constructivas y destructivas.

Las principales tensiones del capitalismo no provienen del parasitismo, sino de su descontrolado dinamismo. La concepci?n que postula la desaparici?n del ciclo olvida que los vaivenes peri?dicos son necesarios para procesar valorizaciones y desvalorizaciones del capital.

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[1] Este art?culo forma parte de un libro sobre el imperialismo contempor?neo de pr?xima aparici?n.

[2] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su p?gina web es www.lahaine.org/katz

[3] Lenin, Vladimir Ilich El imperialismo, fase superior del capitalismo Buenos Aires, Quadrata, 2006. Bujarin Nikolai. El imperialismo y la acumulaci?n de capital, Tiempo Contempor?neo, Buenos Aires, 1973, (cap 4 y 8).

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[6] Ver: Shaikh, Anwar. Valor, acumulaci?n y crisis, (cap 1) Ed Tercer Mundo, Bogot?, 1991.

[7] Hilferding Rudolf. El capital financiero, Tecnos, Madrid, 1973, (cap 13, 14). Hobson John, E studio del imperialismo, Alianza Editorial, Madrid, 1981.

[8] Grossman Henryk. La ley de la acumulaci?n y el derrumbe del sistema capitalista, Siglo XXI, M?xico, 1979.(parte B)

[9] Ver: Brunhoff Suzanne. La concepci?n monetaria, Ediciones del siglo, Buenos Aires 1973.

[10] Dumenil G?rard, Levy Dominique, 1996, La dynamique du capital, PUF, Paris .

[11] Foster John Bellamy, Chesney Robert, ?Monopoly-finance capital and the paradox of accumulation?, Monthly Review n 5, vol 61, October 2009

[12] ? Chesnais Francois, ?The economic foundations and needs of contemporary imperialism?, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.

[13] Serfati Claude. ?Imperialism et militarisme. Reponse a Antoine Artous?, Critique Communiste n 176, juillet 2005.

[14] Serfati Claude. ?La econom?a de la globalizaci?n y el ascenso del militarismo?. Coloquio Internacional Imperio y Resistencias. Universidad Aut?noma Metropolitana, Unidad Xochimilco, M?xico, 6 de octubre de 2005.

[15] Sweezy, Paul. "La econom?a keynesiana", en El capitalismo moderno, Ed. Nuestro Tiempo, M?xico, 1973.

[16] Foster John Bellamy, Magdoff Fred, ?Financial implosion and stagnation?, Monthly Review, vol 60, n 7, December 2008.

[17] Hemos expuesto nuestra visi?n en: Katz Claudio, ?Mito y realidad de la revoluci?n inform?tica?. ESECONOMIA. Instituto Polit?cnico Nacional, n?mero 6, a?o 2, invierno 2003-04

[18] Beinstein Jorge, ?Las crisis en la era senil del capitalismo? El Viejo Topo 253, 2009, Madrid.

[19] Martins sugiere el primer determinante y Astarita subraya la incidencia de los segundos componentes. Martins Carlos Eduardo. ?Los impasses de la hegemon?a de Estados Unidos?. Crisis de hegemon?a de Estados Unidos. Siglo XXI, M?xico, 2007. Astarita Rolando, El capitalismo roto, La linterna sorda, Madrid, 2009 (cap 3).

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