Jueves, 14 de julio de 2011

Por: Iv?n M?rquez*?
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Quien lea El clan de los doce ap?stoles, el libro de Olga Behar, no podr? escapar a la certeza de que la Presidencia de la Rep?blica de Colombia fue ejercida, durante ocho a?os, por un paramilitar ?pura sangre?, no por sus caballos, sino por su instinto sanguinario. ?lvaro Uribe V?lez era narco-paramilitar mucho antes de ser presidente. Tuvimos un g?nster, un bandido, en el Palacio de Nari?o.


El 25 de octubre de 1997 tuvo lugar una horrible masacre en El Aro, un peque?o poblado incrustado en la cordillera, cerca de Ituango (Antioquia). En el instante en que los paramilitares mataban a la gente y la quemaban viva, mientras violaban a las mujeres e incendiaban el caser?o, 4 helic?pteros sobrevolaban el ?rea. Uno de ellos era el de la gobernaci?n. All? iba, personalmente, el autor intelectual de la masacre, el mismo que le hab?a dicho a los paramilitares: ?lo que tengan que hacer, h?ganlo?; era el gobernador de Antioquia, ?lvaro Uribe V?lez.


Durante seis d?as, 200 paramilitares permanecieron en El Aro sin que nadie los importunara. 15 ciudadanos quedaron tendidos, sin vida, en la plaza principal. Mataron a golpes a un paisano y luego le extrajeron el coraz?n, forzaron el desplazamiento de los 900 pobladores y se robaron el ganado de los campesinos. El ej?rcito arre? las reses. ?Qui?n atestigua esto? El jefe paramilitar Salvatore Mancuso y el ejecutor de la masacre, Francisco Enrique Villalba Hern?ndez. Personalmente el gobernador los felicit? por la haza?a sangrienta. Unos d?as antes de la masacre, ?lvaro Uribe V?lez, su hermano Santiago, y el mando de la IV Brigada del ej?rcito, se hab?an reunido en una finca de Taraz?, con los cabecillas paramilitares Salvatore Mancuso, Carlos Casta?o, Alias Cobra, Noventa, J?nior y Villalba, para planificar la cobarde acci?n. Por este crimen de lesa humanidad fue condenado el Estado, pero los autores intelectuales contin?an su veraneo en los playones imperturbables de la impunidad.?


El 27 de febrero de 1998, por denunciar la masacre, previa refutaci?n con mucha violencia verbal por parte del gobernador de Antioquia, ?lvaro Uribe V?lez, fue acribillado en Medell?n Jes?s Mar?a Valle, defensor de derechos humanos. Villalba, quien hab?a denunciado el hecho ante un juez de justicia y paz, cay? asesinado en la puerta de su casa mientras pagaba pena de prisi?n domiciliaria. El extraditado Salvatore Mancuso confesar?a m?s tarde a una comisi?n del senado colombiano que lo visitaba en una c?rcel de los Estados Unidos, que no se atrev?a a denunciar el papel protag?nico de Uribe en el proyecto paramilitar, porque ten?a miedo que le asesinara la familia.


Los Uribe, ?lvaro y Santiago, son unos asesinos desalmados. Para borrar pruebas y testigos, mataron a casi todos los sicarios del grupo paramilitar ?Los Doce Ap?stoles? que bajo sus ?rdenes empaparon en sangre la tierra de Yarumal, al norte de Antioquia. En un breve lapso el grupo mat? a m?s de cien campesinos inocentes bajo la falsa acusaci?n de ser guerrilleros o auxiliadores de estos. El centro de operaciones era la hacienda La Carolina, de propiedad de los Uribe, ubicada en los llanos de Cuiv?, a 15 kil?metros del municipio de Yarumal. El cabecilla principal del grupo era el propio Santiago Uribe, hermano del ex presidente. Este trabajaba en perfecta coordinaci?n con el comando de polic?a de Yarumal y la base del ej?rcito de La Marconia. Cuenta el mayor de la polic?a, Juan Carlos Meneses, quien se salv? milagrosamente del plomo y la p?lvora de los Uribe, que la hacienda ten?a un campo de entrenamiento militar, id?ntico a los que utiliza el ej?rcito. ?Mira ?le dijo Santiago- aqu? es donde entreno a mis muchachos?. En el lugar permanec?a un grupo de hombres fuertemente armado con fusiles AK-47, Galil y AR-15. El jefe paramilitar (Santiago Uribe) se comunicaba a trav?s de radios con el ej?rcito, la polic?a y hacendados, con quienes actuaba en concierto para delinquir.


En una ocasi?n los paramilitares de La Carolina asesinaron a un muchacho de la regi?n conocido como Vicente Varela. En ese entonces era comandante de la polic?a de Yarumal, el hoy coronel, Pedro Manuel Benavides. Requerido desde La Carolina, el policial se traslada al lugar para hacer el levantamiento del cad?ver. All? toma la sorprendente decisi?n de amarrarlo al bumper o parachoques de la Toyota roja de la SIJIN (inteligencia de la polic?a) y con un letrero adherido al pecho que dec?a: ?muerto por extorsionista?, recorri? como un loco las calles de Yarumal, pitando, gozoso y triunfante, mostr?ndole a los pobladores, bajo el sol del medio d?a, su macabro trofeo. Actuaba como alicorado por la certeza de impunidad. Claro; sab?an que los proteg?a el gobernador de Antioquia. Santiago Uribe les hab?a asegurado que ten?an ?muchos amigos en la Fiscal?a y mucho manejo a nivel nacional?. Y de verdad, los amparaba el Fiscal General, Camilo Osorio, luego su predecesor Mario Iguar?n, y m?s recientemente, Guillermo Mendoza Diago, todos peleles del paramilitarismo de Uribe. Por eso se pasearon impunes con la guada?a de la muerte por los municipios de Valdivia, Angostura, Campamento, Caucasia, Santa Rosa de Osos, Anor?, dejando a su paso un reguero de muertos. Dos casos m?s para ilustrar la barbarie: en una acci?n conjunta entre paramilitares, ej?rcito y polic?as, acribillaron a la familia Quintero Olarte en la Finca La Sirena, donde no solamente muri? el padre de los Quintero y uno de sus hijos, sino que hirieron a varios ni?os. Otro crimen indignante fue el asesinato de un joven al que acusaban de guerrillero y proyectaban ejecutar en el terminal de transportes de Yarumal. Al percatarse de las intenciones del grupo, el muchacho corri? en medio de las balas en direcci?n al puesto policial en busca de protecci?n. Lo mataron a escasos metros del cuartel, pero los agentes no se movieron de su sitio cumpliendo el compromiso de no interferir en las acciones del grupo de ?limpieza?. Santiago Uribe les pagaba a los comandantes un mill?n de pesos mensuales por su complicidad. Los ?Doce Ap?stoles? hab?an montado una sede de operaciones urbanas en el s?tano del comando de polic?a de Yarumal.?


Siempre han pretendido los Uribe, darle un barniz pol?tico al instinto sanguinario y mafioso de la familia, lig?ndolo con una insaciable sed de venganza por la muerte de su padre, Alberto Uribe Sierra, ocurrida en 1982. Los periodistas colombianos Fernando Garavito, autor de El se?or de las sombras. Una biograf?a no autorizada de ?lvaro Uribe, y Fabio Castillo, atribuyen la muerte violenta del padre de los Uribe a un ajuste de cuentas, a una vendetta del narcotr?fico. No es un secreto que la familia Uribe amas? su fortuna en operaciones de exportaci?n de coca?na a los Estados Unidos, al lado del cartel de los Ochoa. En marzo de 1984 las autoridades desmantelaron el complejo cocalero de Tranquilandia en el Yar?, de propiedad de Pablo Escobar, Gonzalo Rodr?guez Gacha y el clan de los Ochoa. En dicha operaci?n fueron incautadas 14 toneladas de coca?na y varias aeronaves, entre ellas el helic?ptero Hughes 500, HK2407X, de propiedad de los Uribe. Cuando ?lvaro Uribe V?lez estuvo al frente de la aeron?utica civil, autoriz? la utilizaci?n de pistas o aeropuertos clandestinos en la selva, favoreciendo de esa manera, las operaciones de narcotr?fico de sus socios.?


El informe de inteligencia elaborado en septiembre de 1991 por el gobierno de los Estados Unidos -desclasificado por el Pent?gono-, bajo el t?tulo ?perfil de los narcotraficantes colombianos?, consigna en su numeral 82 lo siguiente: ??lvaro Uribe V?lez un pol?tico colombiano y senador dedicado a colaborarle al cartel de Medell?n en altos niveles gubernamentales. Uribe fue involucrado con la actividad de narc?ticos en los Estados Unidos. Su pap? fue asesinado en Colombia por su conexi?n con los traficantes de narc?ticos. Uribe ha trabajado para el cartel de Medell?n y es muy cercano a Pablo Escobar Gaviria. Particip? en la campa?a pol?tica de Escobar?? Ah? est? pintada, de cuerpo entero, el alma narco-paramilitar de ?lvaro Uribe V?lez.


Con estos antecedentes no es dif?cil comprender por qu? Uribe, siendo presidente de la Rep?blica, orden? la operaci?n Ori?n contra la Comuna 13 de Medell?n, en octubre del 2002. En ese ataque desproporcionado contra la poblaci?n civil actuaron conjuntamente ej?rcito, polic?a y paramilitares a trav?s de los generales Mario Montoya, Leonardo Gallego y alias Don Berna, respectivamente. El gobierno utiliz? helic?pteros Black Hawk artillados que dispararon sus r?fagas contra los habitantes de las colinas de Medell?n. Murieron 1.500 personas. Don Berna ha confesado desde una c?rcel de los Estados Unidos, que muchos de los muertos fueron sacados subrepticiamente en camiones del Gaula del ej?rcito, v?a La Pintada, donde fueron arrojados a las aguas del r?o Cauca.


Cr?menes de lesa humanidad, como los denominados eufem?sticamente ?falsos positivos?, en los que ultimaron a centenares de j?venes desempleados para presentarlos en los titulares de la prensa oficial, como ?guerrilleros muertos en combate? y como se?al inequ?voca de la eficiencia de la pol?tica de seguridad democr?tica, no pod?an salir sino de la perfidia de un asesino compulsivo como ?lvaro Uribe V?lez.?


Los Uribe son expertos en delinquir sin dejar rastros. Por eso mandaron a matar a ?Pelo de chonta?, a los Pemberthy, a Pitufo, al relojero, y a muchos otros sicarios de los ?Doce Ap?stoles?. Cuando el teniente V?ctor Hugo M?ndez, subcomandante de la SIJIN en Antioquia, fue remitido al comando de polic?a de Yarumal, en cinco d?as lo asesinaron, por el hecho de que su valent?a y honradez lo hab?an impulsado a investigar la estela de sangre de los ?Doce Ap?stoles? en la jurisdicci?n de su comando. El caso tuvo ocurrencia el 6 de noviembre de 1994. Cuando sintieron que los l?os jur?dicos que empezaban a enredar al Mayor Meneses podr?a involucrarlos, los Uribe influyeron para que lo enviaran a lugares de orden p?blico agitado donde pudieran presentar su muerte como producto de un ataque de la guerrilla. Por eso lo enviaron a Segovia, una poblaci?n resentida con el ej?rcito y la polic?a, por su participaci?n con los paramilitares en la masacre del 11 de noviembre de 1988 que dej? muertos a 43 pobladores y heridos a 40. No pueden, no deben quedar impunes los autores intelectuales y promotores de los ?Doce Ap?stoles?. ?lvaro Uribe V?lez, su hermano Santiago, el cura Gonzalo Javier Palacio que utilizaba el p?lpito para lanzar arengas antisubversivas, el hacendado ?lvaro V?squez, el ganadero Emiro P?rez, Donato Vargas, y otros notables de Yarumal, deben pagar por sus cr?menes.?


Pocos d?as despu?s de la posesi?n de Uribe V?lez como presidente de la Rep?blica, su familia toma la decisi?n de vender la hacienda La Carolina, como si ese acto fariseo fuese suficiente para lavar las manos ensangrentadas y eludir responsabilidades penales. Los Uribe V?lez no son ningunas vacas sagradas. El peso de la justicia debe caer sobre ellos.


En Colombia hay muchos compatriotas con sentimiento de humanidad, como el padre Javier Giraldo del CINEP (Centro de Investigaci?n y Educaci?n Popular), que desafiando los peligros, supo escuchar el dolor de las v?ctimas ante la sordera de las instancias judiciales y del gobierno. Gracias a la gesti?n del CINEP el caso de los ?Doce Ap?stoles? fue puesto en conocimiento del premio nobel de paz, Adolfo P?rez Esquivel, y un equipo de juristas argentinos, que no aflojar?n en su empe?o humanitario de recurrir a la justicia universal, a los tribunales internacionales, para evitar, tal como lo lograron en el caso argentino, que cr?menes de lesa humanidad pasen de agache, protegidos por la impunidad. Tienen en su poder los valiosos testimonios del Mayor de la polic?a, Juan Carlos Meneses e importantes pruebas fotogr?ficas y de audio, en las que el coronel de la polic?a, Pedro Manuel Benavides, involucra a los Uribe en la campa?a criminal de los ?Doce Ap?stoles?.


El libro de Olga Behar revive la memoria de una matanza de lesa humanidad que no debe ser olvidada, y es al mismo tiempo un testimonio escrito con tinta indeleble, que no dejar? de se?alar con el dedo acusador a los Uribe, ?lvaro y Santiago.


Colombia, m?s que ning?n pa?s, requiere con urgencia la solidaridad internacional para vencer la impunidad que arropa los terribles cr?menes del paramilitarismo de Estado contra una poblaci?n civil indefensa. Por tanto muerto, tantas viudas, tantos hu?rfanos, por el despojo y el desplazamiento, deben ser castigados los autores intelectuales de la hecatombe humanitaria que ha herido a Colombia. Pol?ticos como Uribe, generales del ej?rcito, empresarios, ganaderos, capos narco-paramilitares, banqueros lavadores de dinero de los narcos, el gobierno mismo, responsables de estos cr?menes contra la humanidad, deben ser conducidos a los tribunales.

Integrante del Secretariado de las FARC

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Tags: apóstoles, Uribe, paramilitar, corazón, comisión, derechos humanos

Publicado por blasapisguncuevas @ 19:03  | Colombia
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