Lunes, 18 de julio de 2011


El imperio se autoconsidera el nos del universo. Los dem?s somos los otros. No sale sobrando recordarlo. ?l es el centro; los dem?s, la periferia. Tanto como pretende tener un ?pensamiento ?nico?, los otros carecer?amos de todo pensamiento, o no pasar?amos de tener ideas que no cabr?an en el libro de los ingresos y los d?bitos. Valdr?an, si acaso, como desperdicios. Semejante conceptualizaci?n opera no solo a nivel de naciones, comparadas unas con otras, sino dentro de cada una de ellas: quienes sirven al imperio, lo encarnan, luego existen; los dem?s no vivimos, somos sombras, o no merecemos mejor consideraci?n ni m?s plaza que la que el mand?n del mundo decida reservarnos, o no le quede m?s remedio que dejarnos como d?diva. El imperio es la metr?poli, y vive en ella; quienes no lo obedecen, ocupan un ?oscuro rinc?n?, aunque residan en Nueva York, o en Madrid, o en Par?s. ?Qu? queda para las ciudades de ?la periferia?? De sus campos, ?ni hablar!

No nos llamemos a enga?o. En semejante camino, la clasificaci?n ?clase en la ra?z? de alternativo no es un encomio, sino un modo de subordinarnos, de reducirnos. As? como otro y otra vienen de alter en lat?n, alternativo pudiera leerse como otrativo, aunque ese vocablo no haya hecho su aparici?n en el idioma. Lo m?s importante es el papel de supeditaci?n, de ninguneo, que alternativo puede representar en los patrones dominantes. Tal vez encierre una relegaci?n mayor que la destinada a la otra en los modelos patriarcales de se?or?o dentro del matrimonio. (Huelga a?adir que tales patrones condenan a la mujer que tenga otros o simplemente el otro. Pero ese no es ahora nuestro tema.)

A quienes nos expresamos en medios alternativos, tambi?n nos corresponde dignificar t?rminos: asumirlos y hasta darles sentido elogioso. Ese hecho hist?rico lo conocemos especialmente bien, lo sufrimos, los pobladores de tierras consideradas salvajes y bautizadas por potencias que se han arrogado el derecho a hablar en nombre de los dioses y desde la supuesta superioridad racial. Y el nos ?pneuma de un imperio antiestoico por antonomasia, y c?nico, en el peor sentido cotidiano de ese vocablo? se apropia de todo lo digno. Desde la antig?edad se adue?? de aristo, noble y otros t?tulos similares. Hoy manipula dolosamente libertad, derechos humanos, democracia y todo aquello por lo que vale la pena luchar o merece desearse, y que ?l conculca a su antojo. En alg?n pa?s los lacayos del imperio dictaminan qui?nes son populares y qui?nes populistas.

Lo peor es que ?el pensamiento dominante, valga la redundancia, domina? a veces los otros asumimos esos ?valores?. Nos sentimos obligados a darnos golpes de pecho y rasgarnos las vestiduras antes de condenar actos que debemos condenar sin m?s, ya sea, por ejemplo, la criminal acci?n de la OTAN contra Libia, u otras monstruosidades similares; o antes de respaldar lo que deber?amos apoyar sin remilgos, aunque se trate de un proyecto revolucionario, lo m?s importante vivido por un pa?s en su historia. S?, s?, ?yo condeno a la OTAN , pero ese l?der libio no cumple los par?metros de la democracia? (?los cumple el imperio?); ?y apoyo a esas revoluciones, pero no comulgo con dirigentes que se permiten el desprop?sito de ser imperfectos? (es dif?cil ser perfecto, ?verdad? ?Perfecto como el imperio?).

Lo que est? por ver es si los medios del nos ?que deciden, informativamente al menos, y a pesar del asendereado democratismo de la tecnolog?a puesta, se dice, al alcance de todos? escogen de esas prudentes declaraciones, para sus planes de difusi?n, la condena a la OTAN y el apoyo a los procesos revolucionarios, o lo dicho contra los l?deres aludidos. Mientras le dure su hegemon?a, el imperio har? lo que le venga en gana. Y as? como borra nuestras condenas lanzadas contra sus designios ?contra ?l?, puede capitalizar nuestros devaneos.

Pero, ?ah!, ?tengo limpia mi conciencia, porque dije, ?con elegancia!, todo lo que deb?a decir?. Pero ?hay que repetirlo, al parecer? el imperio sabe qu? reproducir, y qu? ignorar o distorsionar, aunque se trate de lo dicho por un flamante Premio Nobel (salvo que sea Obama, a quien el imperio no necesita falsear: es su encarnaci?n de turno). As? que lo menos que puedo hacer es no decir nada para cumplir los par?metros impuestos por los dominantes. Lo que diga, que sea porque entiendo que debo decirlo, y del modo y en el momento en que lo deba decir, y ya. Sin suponer que uno es infalible. Tampoco hay que sugerir, ni aqu? se sugiere, silencismo alguno.

Lo seguro es que al imperio le convendr?a que los otros, los de la periferia, nos qued?semos sin medios (alternativos), en los que, al menos, se difunden cosas que no aparecen en los medios centrales, que minimizan y distorsionan a sus anchas la realidad. Mienten. Claro: no hay que estar de acuerdo ?o es imposible estarlo? con todo lo que se publique en un ?rgano, por muy af?n que este nos resulte. Por distintas causas, a veces uno rompe hasta con publicaciones en las cuales puede sentirse representado.

Cada quien tendr? sus propias experiencias respecto de tales rupturas, asumidas por decisi?n personal; pero no se trata de eso. Imaginemos lo que ocurrir?a si una ma?ana, o a medianoche, nos despert?semos ?pensemos nada m?s en Espa?a?, y hall?ramos que solamente se publican El Pa?s, El Mundo, ABC y, como ejemplo de amplitud democr?tica y objetividad, P?blico. ?Hacen falta m?s ejemplos? Si no existieran publicaciones como Rebeli?n, habr?a que inventarlas. Y no es cosa de suponerla perfecta, sino de valorar lo ?til que ha venido y debe continuar siendo.

De ah? la importancia de mantenerla viva, y cuidar su rumbo. Ni pretender unanimidades improbables o falsas, ni caer en las trampas de la ?amplitud? exigida por el imperio y sus medios, que encarnan el fundamentalismo m?s terrorista que haya habido jam?s en el planeta. S?, es cierto, h?yalo dicho quien lo haya dicho, y aunque no lo hubiera dicho nadie: el imperio, el sistema capitalista atraviesa su crisis ?ltima. Lo que de momento no parece calculable es la duraci?n de esa crisis. M?s bien pudiera apostarse a que ser? larga, largu?sima, y a la vista est? que va siendo cruenta. Para no ir m?s lejos, ah? se hallan las masacres de Afganist?n, Irak y Libia, y se perfilan otras. ?Y el prolongad?simo genocidio que sufre Palestina a manos de las fuerzas de Israel, base del gobierno de los Estados Unidos en el Medio Oriente?

Nadie pondr? en duda que es dif?cil conservar vivo y sin fisuras un sitio como Rebeli?n. Debe competir con los medios dominantes, sobreponerse a la divisi?n en las filas de quienes pudieran sentirse representados en ?l y fortalecerlo, cuidar que el relevo de personas en su equipo no d? camino a la sustituci?n de ideas para debilitamiento de las originarias ??si fuera para mejor!?, mantener a raya los complejos de culpa que la derecha quiere inocular y a veces inocula en la izquierda, estar abierto a los di?logos que desde su seno contribuyan a la fidelidad de su br?jula, no dar p?bulo a la siempre candorosa, inefable izqmierda. Esta convierte o intenta convertir en imagen de s? misma todo cuanto ella toca.

Hay otros ejemplos, pero estas notas ?escritas con sentimiento fraterno, camaraderil? se ci?en al caso de Rebeli?n, por ser el ?rgano al cual van dirigidas, y porque desde su nacimiento ha sido un espacio en el que hemos visto colaborar a personas que ejemplifican claridad de ideas ?no indiscutibles, pero claras s? dentro de un contexto nada propiciatorio para lo que, en tales circunstancias, resulta una verdadera proeza. Durante a?os Rebeli?n ha venido logrando que la diversidad no caotice su orientaci?n (ya sabemos que el verbo caotizar todav?a no aparece en el Diccionario de la Academia ).

Resulta f?cil intuir los escollos que el equipo de Rebeli?n debe encarar en su tarea, para la que no tendr?n seguramente ni la millon?sima parte de los recursos que manejan conocidos negocios medi?ticos. S?, tendr? que vencer escollos severos, y eso lo hace m?s admirable a?n, y m?s derecho le da a tomar las medidas necesarias para cuidar su labor.

No por casualidad he enviado a esa publicaci?n p?ginas como ?Libia y el discreto encanto de coincidir con el imperio?, ?De un discreto encanto en otro? y ?El mayo espa?ol va por junio?. Aunque en esa publicaci?n, por su soporte material y su plataforma ideol?gica, debe verse una tribuna internacional, humana, su origen y sus contingencias pudieran traer a la memoria el ambiente que hizo a C?sar Vallejo exclamar dirigi?ndose a ese pueblo, o a esos pueblos: ?Espa?a, aparta de m? este c?liz?.

Son muchas las razones para aspirar a que Rebeli?n venza cualquier obst?culo que pudiera hacerla desaparecer o, lo que ser?a acaso peor, llevarla a que su t?tulo deje de corresponderse con el esp?ritu de lucha, a lo Espartaco, contra el imperio y los c?sares de turno. No se debe permitir que alguna vez triunfe el adi?s a ese espacio, que naci? y debe permanecer rebelado contra el imperialismo y sus personeros. Es necesario que se prolongue en el tiempo y en las mejores esperanzas la posibilidad, el derecho a decir cada ma?ana: ?Buenos d?as, Rebeli?n!

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: rebelión, imperio, licencia, democracia, OTAN, hegemonía

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