Mi?rcoles, 20 de julio de 2011


La categ?rica derrota sufrida d?as atr?s por el FpV en la ciudad de Buenos Aires impone la necesidad de analizar profundamente las causas de lo ocurrido, sorteando tanto el autocomplaciente triunfalismo de los perdedores -que creen que diciendo ?ganamos? van a derretir la coraza de la matem?tica electoral- como el catastrofismo de la izquierda que cree que la ciudad ha sido definitivamente ganada no s?lo por la derecha sino tambi?n por el fascismo.

Ambas lecturas son insanablemente err?neas y en caso de prevalecer podr?an ser la fuente de nuevas y mayores frustraciones en los pr?ximos meses. Los resultados del 10 de Julio son la condensaci?n de un conjunto de determinantes que no son est?ticos sino cambiantes y variables, y sobre los cuales es posible hacer un trabajo pol?tico para modificarlos. La izquierda y las fuerzas progresistas deber?n hacerlo cuanto antes; la derecha ya lo est? haciendo, y esta es una diferencia muy significativa. Lo que sigue es una enumeraci?n y breve an?lisis del papel jugado por algunos de los factores que incidieron en producir los resultados del pasado domingo y que damos a conocer con el objeto de promover un debate que no debe ser clausurado por el triunfalismo de unos y el pesimismo de otros. Dicho esto, vayamos al grano:

Primero: Buenos Aires lleva m?s de un siglo luchando por su autonom?a distrital. Por lo tanto, para un candidato a Jefe de Gobierno de esta ciudad no hay peores credenciales que las que lo hacen aparecer como un simple delegado de la Casa Rosada, preocupado por ?alinear? la ciudad con las prioridades y orientaciones establecidas por el gobierno nacional. Por incre?ble que parezca, ese error -que una parte del electorado, alentada por la prensa hegem?nica, lo interpret? como una tentativa extorsiva de las autoridades nacionales- fue cometido por la Casa Rosada y consentido por el candidato del kirchnerismo. En l?nea con esta tesitura la presidenta design? autocr?ticamente a Daniel Filmus como candidato a jefe de gobierno; arm? la lista de legisladores imponiendo en la cabeza de la misma a Juan Cabandi?, una persona honesta, ?ntegra y admirable por su historia y su valent?a pero muy poco conocida, ?no instalada? como se dice en los ambientes de la mercadotecnia electoral; fij? tambi?n la presidenta la agenda de la campa?a con su vista puesta en el escenario nacional y subordinando las necesidades y los temas locales; estableci? la estrategia general de la misma (por ejemplo, impidiendo que Filmus fuera a debatir a TN; o ?ninguneando? a los integrantes de las colectoras que operaban a favor del oficialismo, para no citar sino dos casos) y, para colmo de males, en el mism?simo acto de lanzamiento de la campa?a el candidato oficialista fue completamente eclipsado por la vibrante oratoria de Cristina. Con cierta benevolencia se podr?a entender ?m?s no justificar- este exacerbado verticalismo puesto de manifiesto en el actual proceso electoral como una expresi?n inevitable de la lucha que se est? librando en el seno del peronismo, donde la ascendente hegemon?a kirchnerista pugna por relegar definitivamente a los sectores m?s ?ntimamente ligados al neoliberalismo de los nefastos noventas. Pero esta operaci?n, especialmente en el caso que nos ocupa, clamaba por la delicada precisi?n de un cirujano y no la tosca rudeza del carnicero. En s?ntesis: el gobierno nacional cre? por su cuenta, sin ayuda de nadie, algunas de las condiciones en las que luego naufragar?a el nav?o kirchnerista en aguas que no les son precisamente favorables. El resultado, por lo tanto, no puede sorprender a nadie. Fueron demasiados errores de entrada y para colmo cometidos al mismo tiempo, potenciando as? sus m?s desastrosas consecuencias.

Segundo: se supuso, sin fundamento alguno, que la polarizaci?n obrar?a sim?tricamente, agrupando las voluntades del electorado en torno a dos polos, uno de derecha y otro ?progresista? o de centroizquierda. Se pensaba, adem?s, que dada la alta intenci?n de voto de la que disfruta la presidenta en la ciudad de Buenos Aires estas preferencias se trasladar?an mec?nicamente a su candidato en el distrito. La experiencia reciente ya hab?a demostrado, en otras latitudes, la debilidad de ese razonamiento: la alt?sima aprobaci?n popular con que Lula dej? la presidencia no se transfiri? a Dilma Rouseff, que tuvo que ir a un balotaje, y lo mismo ocurri? con Tabar? V?zquez y ?Pepe? Mujica y Michelle Bachelet y Eduardo Frei, en este ?ltimo caso con resultados catastr?ficos. En suma: la pr?ctica demostr? una vez m?s la fragilidad de ambos supuestos: la popularidad de la presidencia y los altos ?ndices de aprobaci?n de su gesti?n no se transfirieron sino en parte a Filmus, y la polarizaci?n fue asim?trica, es decir: concentr? los votos en la derecha pero careci? del empuje suficiente como para hacer lo mismo con el conjunto de fuerzas colocadas a la izquierda del centro pol?tico y unificarlas detr?s de su candidatura. Pero la tibieza y silencios de Filmus ?espont?neos o exigidos desde las alturas del Estado- ante algunos acontecimientos marcantes de la coyuntura como el caso Schoklender y sus derivaciones; los incidentes en el INADI; el apaleo a los maestros santacruce?os y antes el acampe de los qom, mal pod?an despertar el entusiasmo necesario para concentrar el apoyo de las fuerzas sociales y pol?ticas de ese espacio y derrotar al macrismo. Fomentar la polarizaci?n, como lo hizo el gobierno nacional, no pod?a sino favorecer al oficialismo local encarnado por Macri que, astutamente aconsejado por sus asesores, sac? provecho de esta equivocada t?ctica de sus rivales.

Tercero: la Casa Rosada sobreestim? el impacto pol?tico de la relativa bonanza econ?mica por la que atraviesa el pa?s, pensando que ello ser?a suficiente para inclinar el fiel de la balanza hacia el candidato del FpV. Subrayamos lo de ?relativa? porque si bien no se pueden desconocer las altas tasas de crecimiento de la econom?a tampoco se puede dejar de notar la preocupante incapacidad del Estado para mejorar significativamente la muy injusta distribuci?n del ingreso y la riqueza prevalecientes en el pa?s. Se desconoci? un hecho elemental: la bonanza econ?mica favorece a los oficialismos, a todos los oficialismos, con prescindencia de su signo pol?tico: beneficia a Cristina pero tambi?n a Macri; a Gioja pero tambi?n a Binner; a Urtubey pero tambi?n a R?os. Adem?s, se subestimaron los efectos de la inflaci?n, cuyos guarismos reales ?producidos, por ejemplo, por los organismos t?cnicos de provincias gobernadas por el FpV- nada tienen que ver con los imaginativos dibujos del INDEC que s?lo sirven para irritar a los sectores m?s humildes que sufren en carne propia la expropiaci?n cotidiana de que son objeto por la inflaci?n. Se subestim? asimismo el malestar social que aqueja a amplios sectores de la ciudad de Buenos Aires y para los cuales algunos de sus infortunios ?como la pobreza, el desempleo, la inseguridad, los malos servicios p?blicos, el transporte, etc?tera- se originan en las pol?ticas del gobierno metropolitano pero tambi?n en las del gobierno nacional. Producto de este economicismo la candidatura del oficialismo no pudo leer adecuadamente las demandas de la ciudadan?a porte?a. Lo que estaba en juego era un cargo ejecutivo distrital, lo cual obligaba a plantear un programa espec?fico destinado a resolver algunos de los problemas concretos que afectan a los habitantes de esta ciudad. En ese marco, las constantes alabanzas de Filmus a los progresos macroecon?micos experimentados por la Argentina desde el 2003, el nuevo alineamiento latinoamericano de la pol?tica exterior del kirchnerismo o la pol?tica de los derechos humanos, cuestiones que en el plano nacional son muy importantes, no sintonizaban con las preocupaciones mucho m?s modestas de los vecinos. Se produjo as? un embarazoso minu? dial?ctico porque mientras Filmus exaltaba las virtudes del desendeudamiento Macri dec?a ?metrob?s en la Juan B. Justo?; aqu?l hablaba de la resoluci?n de la crisis del 2001-2002 y este de la pavimentaci?n de la avenida Patricios; el primero dec?a FMI y Macri respond?a diciendo que ?inauguramos cuatro nuevas estaciones de subte?. La irreflexiva hiper-nacionalizaci?n de la campa?a del FpV favoreci? a Macri, porque lo hizo aparecer como muy consustanciado con la problem?tica de la ciudad, y perjudic? a Filmus, percibido como un intelectual que hablaba de generalidades muy alejadas de la problem?tica cotidiana de Buenos Aires.

Cuarto: el gobierno hizo gala de una deficiente lectura sociol?gica de la ciudad. ?C?mo explicar el triunfo de Macri en las quince comunas? Se puede entender una victoria con el 55 % de los votos en la Comuna 2 (Recoleta) pero, ?c?mo interpretar el 42 % obtenido en la 9 (Mataderos/Parque Avellaneda, Liniers) o el 45 % conseguido en la 4 (Parque Patricios/Barracas/Pompeya/La Boca)? ?No se sab?a acaso que una parte importante de quienes ven?an declarando en las encuestas su intenci?n de votar a Cristina en la pr?xima elecci?n tambi?n hab?an expresado su voluntad de apoyar a Macri en la municipal? Esto era vox populi. ?Es posible que alguien en la Rosada ignorara un dato tan b?sico como este? Y si no lo ignoraban, ?por qu? no se dise?? una estrategia de campa?a adecuada para enfrentar ese desaf?o? ?O es que pensaban que porque el sur porte?o es mayoritariamente pobre su opci?n por el kirchnerismo estaba garantizada de antemano, quienquiera que fuera su candidato o su agenda de campa?a? ?Creyeron que porque Macri es rico y favorece a los ricos los pobres ir?an autom?ticamente a repudiarlo en las urnas? En 1995, ?no se re-eligi? a Menem, colocado imp?dicamente del lado de los ricos, con el cincuenta por ciento de los votos? Ante los pobres sin conciencia de clase la prepotencia del rico s?lo por excepci?n suscita resentimiento y rebeli?n; las m?s de las veces provoca sumisi?n e intentos de emulaci?n. Si no, ?c?mo explicar la popularidad, en los estratos m?s sometidos y pauperizados de las sociedades capitalistas, de ricachones como Macri, Pi?era, Martinelli (en Panam?), Berlusconi y tantos otros? En el caso que nos ocupa tambi?n se subestim? la importancia del gobierno municipal en la contienda electoral. Este, al igual que el nacional, dispone de un instrumento important?simo de persuasi?n y de propaganda pol?tica: la gesti?n. Y aunque muchos votantes piensen ?con raz?n- que la de Macri ha sido menos que mediocre por ineficiente y corrupta, esa percepci?n fue neutralizada, al menos en parte, por algunas modestas ?y a menudo demag?gicas- pol?ticas municipales; y por la otra porque para amplios sectores de la ciudadan?a la ineficiencia y la corrupci?n de la gesti?n p?blica son males end?micos en la vida pol?tica argentina y desgraciadamente est?n resignados a ello.

Quinto: efecto autoenga?o de las encuestas ?truchas? y el ?diario de Yrigoyen?. Este es un peligro grav?simo que aqueja a cualquier gobierno. El cap?tulo XXIII de El Pr?ncipe lo dedica Maquiavelo a examinar el pernicioso papel de los aduladores, de los cuales aconseja a todo gobernante huir. La nefasta proliferaci?n de asesores y consultores que s?lo piensan en agradar a la presidenta y evitar transmitirle ?malas noticias? -como que la inflaci?n existe, que la sojizaci?n avanza a tambor batiente, y que la crisis energ?tica que se avecina ser? tremenda- se combina con la tendencia, inherente a todos los gobiernos, al autoenga?o. En algunas circunstancias el resultado de esta conjunci?n puede ser fatal. El ?microclima? o el ?entorno?, categor?as t?picas del an?lisis pol?tico de los argentinos, de hecho jug? un papel muy negativo en la reciente coyuntura electoral. Tomemos s?lo un caso, aunque hay muchos en las diversas ?reas de las pol?ticas p?blicas: ?C?mo es posible que los encuestadores elegidos por la Casa Rosada hubieran lanzado pron?sticos tan desacertados pocos d?as antes de las elecciones? Peor a?n, ?c?mo pudo alguien haber cre?do en las rosadas previsiones que brotaban de sus encuestas, sobre todo teniendo en cuenta los malos antecedentes que ten?an muchas de esas firmas de consultor?a? ?O ser? que el propio gobierno cay? en la trampa de confundir un dispositivo propagand?stico: el uso de las encuestas como medio de ?manufacturar el consenso?, con un instrumento de an?lisis para conocer la realidad? Cualquiera que sea la respuesta a estos interrogantes sus resultados quedaron estampados en el rostro estupefacto de los l?deres del oficialismo nacional la noche del domingo y la lastimosa soledad en que se debati? Daniel Filmus. Sexto: el pecado del sectarismo. Mientras el oficialismo nacional hac?a gala de un discurso que invocaba al pluralismo y la amplitud de miras, su pr?ctica era de una cerril intransigencia. Ni una sola vez en toda la campa?a recordamos haber visto a Filmus apareciendo p?blicamente con los otros dos cabezas de lista de las colectoras, An?bal Ibarra (Partido Frente Progresista y Popular) y Gabriela Cerruti (Alianza Nuevo Encuentro). Grave error, si se tiene en cuenta que, como luego lo confirmar?an los hechos, fue gracias al aporte de estas dos fuerzas despreciadas por la Casa Rosada que la candidatura oficialista pudo superar el decepcionante 14 % cosechado por la lista ?ultra K? comandada por Cabandi? (?que obtuvo 30 puntos menos que la lista del PRO!) hasta llegar al 27 % final. Esta actitud habla de una visi?n estrecha, mezquina, ego?sta y a la larga suicida. El remate, rayano en lo alucinante, se escenific? la noche del domingo en el bunker del FpV cuando la militancia no tuvo mejor idea -recibida con benepl?cito por Filmus, Tomada y Alegre desde el proscenio- de cantar la ?marchita? para festejar el ?triunfo? del FpV, ?triunfo consistente en haber obtenido cuatro puntos m?s que en el 2007 a pesar de haber quedado a casi veinte de Macri! O sea: derrota, negaci?n, reperonizaci?n forzada y, al mismo tiempo, lanzamiento por parte de Filmus de una convocatoria amplia, a la izquierda y el progresismo, para derrotar a la derecha. ?Qui?n podr?a ser tan ingenuo como para creer que con estas actitudes como esas se podr?n sumar muchas voluntades para librar la batalla decisiva contra Macri el 31 de Julio? S?ptimo: lo incomprensible. Filmus, un destacado soci?logo y hombre de una dilatada trayectoria acad?mica ?rehus? debatir con Macri! La excusa fue que TN o cualquiera de los ?mbitos controlados por los poderes medi?ticos no ofrec?an garant?as. Es cierto: pero habida cuenta de la superioridad intelectual de Filmus sobre Macri el primero tendr?a que haber aceptado debatir con el actual Jefe de Gobierno en cualquier terreno porque sin duda lo habr?a vapuleado en la discusi?n y demostrado, ante la ciudadan?a, las limitaciones e inconsistencias del pensamiento de Macri y su escaso conocimiento de las cuestiones de la ciudad. Este resultado se habr?a verificado a?n con toda la plana mayor de TN jug?ndole en contra. Al d?a de hoy no se logra entender la l?gica de quienes le indujeron a rehuir de dicha confrontaci?n.

Octavo: aparte de los errores de la estrategia general de la campa?a Filmus fue v?ctima de los l?mites del proyecto pol?tico del kirchnerismo en relaci?n al macrismo y a los porte?os. En relaci?n al macrismo, porque ni en la Legislatura de la ciudad aut?noma ni fuera de ella el kirchnerismo fue capaz de oponer una resistencia eficaz a la pol?tica de mercantilizaci?n y privatizaci?n de los espacios y servicios p?blicos promovida por Macri. Peor a?n: no fueron pocas las piezas legislativas de inspiraci?n profundamente neoliberal en donde la colaboraci?n de la bancada kirchnerista fue decisiva para lograr su aprobaci?n, con lo cual la contraposici?n abstracta entre Macri y Filmus se diluye al pasar al plano de las pol?ticas e iniciativas concretas. Por otra parte, la pol?tica del kirchnerismo en relaci?n a los porte?os es irracional, reactiva, visceral: para hostilizar a Macri se castiga a las porte?as y los porte?os, a los cuales se retiene en car?cter de rehenes del enfrentamiento. Un ejemplo: ?no hubiera sido mucho m?s inteligente colaborar con el gobierno de la ciudad, aunque sea de signo contrario, para ampliar la red de subterr?neos o realizar algunas postergadas y necesarias obras p?blicas que reclaman los vecinos? ?No habr?an ?stos reconocido que su concreci?n se hizo posible gracias a la generosidad y amplitud de miras de la Casa Rosada, con los l?gicos beneficios para la candidatura de Filmus? En lugar de eso se adopt? una pol?tica absurda que castiga a los porte?os y ofrece en bandeja de plata un pretexto perfecto para justificar la incapacidad del macrismo, atribuyendo todos sus fracasos a la falta de colaboraci?n del gobierno nacional. Seguramente alg?n consultor debe haber dicho que la irritaci?n de los vecinos se convertir?a por artes de magia en una saeta que erosionar?a la base electoral del macrismo.

Noveno: hace por lo menos ochenta a?os que la sociolog?a corrobor? emp?ricamente que los efectos de la propaganda no son ni lineales ni acumulativos. Esto es: pasado cierto umbral la machacona persistencia de una campa?a que, por ejemplo, diga que Macri es inepto o corrupto comienza primero a tener una eficacia decreciente y luego, y esto es lo m?s importante, un efecto paradojal que opera como un boomerang en contra de quienes administran la campa?a y pasa a jugar a favor del blanco de sus ataques. El empecinamiento en criticar al macrismo (m?s all? de las abundantes razones que hay para hacerlo) termin? por victimizarlo y luego por blindarlo ante cualquier ataque: pese a estar procesado judicialmente y al sesgo ostensiblemente privatista y ?pro-mercado? de su gesti?n la ciudadan?a lo ratific? con su voto. Para colmo, la reacci?n de Macri ante la torpeza de la campa?a fue muy astuta: mientras sus detractores le dec?an de todo (que era un imb?cil, vac?o, corrupto) ?l asum?a con maestr?a actoral su condici?n de v?ctima y respond?a con serenidad a las desaforadas descalificaciones de sus adversarios ofreciendo estoicamente la otra mejilla y exhortando al di?logo y la tolerancia. Los resultados est?n a la vista.

D?cimo: el remate de esta colecci?n de desatinos se desencaden? luego de conocidos los resultados del domingo. Altos funcionarios del gobierno y voceros o int?rpretes oficiosos del mismo (como Fito P?ez, entre otros) salieron a decir toda clase de barbaridades contra los porte?os, o la mitad de ellos. Primero, desconociendo que una parte de los votantes de Macri (y no una fracci?n insignificante) lo ser?n tambi?n de Cristina si es que la racionalidad logra posarse entre Olivos y la Casa Rosada como para evitar la reiteraci?n de tantos exabruptos. Segundo, desconociendo que esa misma ciudad que eligi? a Macri antes hab?a elegido, y re-elegido, a An?bal Ibarra, aliado entonces y ahora del gobierno nacional y hab?a consagrado senador al actual candidato oficialista Daniel Filmus. Tercero, que cada vez que Buenos Aires tuvo una oferta razonablemente seria y competitiva de izquierda o de centro izquierda la consagr? con su voto: desde Alfredo Palacios en 1904 hasta An?bal Ibarra hace pocos a?os atr?s, pasando por la elecci?n del mismo Palacios como senador en 1961 agitando como una de sus principales banderas la irrestricta defensa de la Revoluci?n Cubana. De todo lo anterior se desprende que en vez de quejarse de los vecinos de Buenos Aires los quejosos har?an bien en mirar a la viga que tienen clavada en sus ojos y que les inhibe de ver la realidad social que los circunda y los l?mites y contradicciones de un proyecto pol?tico que se debate entre la radicalizaci?n -?nada que ver con la ?profundizaci?n del modelo?, basado en la sojizaci?n, la miner?a de cielo abierto, la primarizaci?n de la econom?a, la regresividad tributaria, la informalidad laboral y los privilegios al capital financiero consagrados por la Ley de Entidades Financieras de Mart?nez de Hoz, a?n vigente!- radicalizaci?n, dec?amos, o estancamiento y posterior derrota en caso de que aqu?lla no sea llevada a la pr?ctica trascendiendo el plano de la ret?rica para instalarse en el terreno m?s productivo de las pol?ticas concretas de estado. Esto requiere abrir paso a una nueva agenda de transformaciones profundas de la vida econ?mica y social que s?lo ser? viable si se cuenta con la movilizaci?n y organizaci?n aut?noma de los sectores populares, al margen de los desgastados, desprestigiados e inservibles aparatos cegetistas o pejotistas con los cuales el gobierno intent?, infructuosamente, neutralizar la reacci?n de los ?agrarios? durante la discusi?n de la 125. Si Macri triunf? en la primera vuelta del pasado 10 de Julio fue precisamente porque las limitaciones del kirchnerismo le impidieron construir un muro de contenci?n ante los avances del neoliberalismo en versi?n macrista. Pero es preciso no enga?arse: Macri por ahora es un fen?meno local, de Buenos Aires, pero parece ser el personaje destinado a reunir en torno a su figura las voluntades de toda la derecha argentina que hace tiempo viene buscando un l?der que sintetice sus m?ltiples intereses. De la noche a la ma?ana lo que antes era ?el l?mite? para Ricardo Alfons?n ahora se ha convertido en un aliado imprescindible, y Duhalde y Carri? procuran subirse al carro triunfador del macrismo arrojando por la borda cualquier escr?pulo ideol?gico. Seg?n se vaya moviendo la coyuntura, y las fuerzas que en ella operan, Macri podr?a convertirse en la expresi?n argentina de lo que Sebasti?n Pi?era es en Chile, Alan Garc?a en el Per?, Juan M. Santos en Colombia, Laura Chinchilla en Costa Rica, Ricardo Martinelli en Panam? y Felipe Calder?n en M?xico: el rostro de un proyecto restaurador de la derecha radical y abiertamente pro-imperialista (para el cual el PRO parece ser el m?s indicado, al menos por su nombre) concebido por Washington y ejecutado bajo la direcci?n de una vasta red de organizaciones de todo tipo (?tanques de pensamiento?, universidades, empresas, partidos, medios de comunicaci?n) dirigida por Jos? M. Aznar en Espa?a y la FAES, la Fundaci?n para el An?lisis y los Estudios Sociales, contando con ingentes aportes del Fondo Nacional para la Democracia y diversas agencias y organizaciones abiertas o encubiertas del gobierno estadounidense. Proyecto restaurador que tiene por objetivo borrar de la faz de la tierra no s?lo a la Revoluci?n Cubana sino a los procesos bolivarianos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador y a los vacilantes gobiernos de centro izquierda, como Argentina, Brasil y Uruguay, considerados por los halcones de Washington como c?mplices de aquellos. La ratificaci?n de Macri al frente de la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires es una noticia muy preocupante que hay que interpretar a la luz de este proceso regresivo de alcance continental y que, por eso mismo, excede los marcos de la pol?tica local y puede eventualmente alcanzar significaci?n nacional. Para terminar: quienes en el gobierno y fuera de ?l est?n enojados con los porte?os les recomendamos leer y reflexionar sobre este incisivo poema que Bertolt Brecht escribiera a prop?sito de un acontecimiento s?lo en parte similar al decepcionante resultado electoral del domingo pasado: el enojo que suscit? entre los gobernantes de la Rep?blica Democr?tica Alemana la insurrecci?n popular de 1953: "Soluci?n" "Tras la sublevaci?n del 17 de Junio la Secretaria de la Uni?n de Escritores hizo repartir folletos en el Stalinallee indicando que el pueblo hab?a perdido la confianza del gobierno. Y que pod?a ganarla de nuevo solamente con redoblados esfuerzos. ?No ser?a m?s simple para el gobierno, en este caso, disolver al pueblo y elegir otro?".

Atilio Bor?n es Director del Programa Latinoamericano de Educaci?n a Distancia en Ciencias Sociales (PLED).


Fuente: http://www.argenpress.info/2011/07/decalogo-para-una-derrota.html

Tags: Macri, Buenos Aires, electoral, neoliberalismo, inflación, porteños

Publicado por blasapisguncuevas @ 18:55  | Argentina
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