Viernes, 24 de febrero de 2012

Autor: Dmitry Sedov  Fecha de publicación: 23/02/12   
 
Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona            

Strategic Culture Foundation

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En su época, el entonces Primer Ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, demostró el hecho que la brecha que separa a un político público de una mujer pública podría reducirse al mínimo. Él mismo a menudo desertó de un partido para unirse a otro, observando para dónde soplaba el viento y siguiendo su propio instinto. En política exterior actuaba del mismo modo. Francia le estará siempre agradecida por la destrucción de su marina el año 1940. Gran Bretaña y Francia estaban unidas por un tratado de alianza militar. Pero los intereses privados estaban primero que nada.

El 3 de julio de 1940 una flota inglesa al mando del Almirante Sommerville se acercaba sigilosamente al puerto argelino de Mers-el-Kebir y luego vino la matanza. Tres acorazados, numerosos navíos de menor tamaño y cientos de marinos se fueron al fondo. El 6 de junio el acorazado Richelieu de la marina francesa fue atacado y dañado en la ensenada de Dakar. En consecuencia la marina francesa dejó de existir y 1300 marinos perdieron la vida.

¿Por qué? Porque Francia había firmado la capitulación en Compiegne y los barcos podían ser agregados a la marina alemana. El gobierno de Vichy no tenía intención de entregárselos a Alemania sino hundirlos como último recurso, pero esto era solo un detalle. Churchill tomó la decisión.

En todo caso la operación se llevó a cabo de manera expedita. “Lo siento muchísimo” radió el Almirante Sommerville a los buques franceses hundiéndose, antes de retirarse. Un verdadero caballero.

Los rusos tienen también algo por qué recordarlo. El discurso de Churchill en Fulton –un montón de mentiras acerca de la agresividad de la Unión Soviética—que constituyó un prólogo a la “Guerra Fría” que agotó la economía soviética.

Los sucesores espirituales de Churchill parecieran que jamás abandonaran la cocina política occidental. Su lema es –jugar una mala pasada y hacerlo de la manera más elegante. Eso es lo que pone al incansable Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon en la mira de los observadores internacionales de manera cada vez más frecuente. Recientemente, refiriéndose a los resultados finales del año 2011 durante una conferencia de prensa, sorprendió a la audiencia con toda su elocuencia elogiando a aquellos que habían bombardeado Libia.

Allí se encontraba el espíritu de Churchill, en sus discursos, mientras hacía la vista gorda con la OTAN que tomó partido en la lucha interna libia. Pero lo principal es conservar la elegancia y hacer una reverencia cuando corresponde.

Ahora Ban Ki-moon se preocupa de Siria. Nuevamente la sombra de Churchill aparece a su espalda. No vale la pena pasar lista a las acusaciones contra el presidente Assad de Siria, todas vienen del potaje ideológico que hierve en la cocina de la OTAN.

La idea principal es que Assad es el enemigo del pueblo sirio y de la humanidad toda. Habría que deshacerse de él pero sin olvidar la elegancia.

Ni una sola palabra acerca de la intervención armada.

Del mismo modo, el Secretario General no presta ni la más mínima atención a la oposición armada siria. No es acaso él quien debe aclarar ¿cuántos son, de dónde vienen sus armas y otros suministro, etc.? Se trata de la fantasía del “Ejército Sirio Libre” y el consejo político de la oposición que son constantemente mencionados en los medios de comunicación de masas. Sus formaciones bien armadas que luchan contra el legítimo gobierno, son capaces de enfrentar al ejército regular sirio. ¿Por qué el Secretario General no se preocupa de quién es esa gente y qué buscan? ¿Se debe quizás a que el Sr. Rasmussen ya se lo ha susurrado al oído? La conspiración del silencio acerca de las estimaciones sobre el real potencial de los militantes sirios es un asombroso misterio dentro de las actividades de los medios occidentales. Ban Ki-moon figura como uno de los creadores de ese misterio. Quizás obtengamos pronto otra prueba de esto en la Asamblea General de la ONU dedicada a la situación siria.

Las actividades del organismo encargado de suministrar al Secretario General información sobre Siria, plantean también interrogantes. Se trata del “Observatorio Sirio de Derechos Humanos” con base en Londres –cuya oficina no tiene ninguna relación con la ONU y cuyos fondos proceden de fuentes secretas. Además no es accesible. Quizás este “observatorio” teme a los servicios especiales sirios y se oculta en un área resguardada por alguien. La información cocinada por estos custodiados expertos ubicados a miles de kilómetros de Siria se convierte en “información oficial de Naciones Unidas” por voluntad del Sr. Ban Ki-moon.

Todo se hace de manera respetable y elegante. ¿No es así, señores del SIS*? ¿Qué habría sobre la renuncia del general Mohamed al-Dahbi, jefe de la misión de monitoreo de la Liga Árabe en Siria? ¿Podría pasarse por alto la historia? El general renunció porque su informe no satisfacía las expectativas de los líderes de la Liga Árabe. No dejaron esfuerzo por hacer para recortar el informe y enviarlo a la ONU de manera truncada. El Sr. Ban KI-moon sabía muy bien todo esto. Sin embargo, recibió la renuncia del general Mohamed el-Dahbi con su acostumbrada sonrisa.

En respuesta a la renuncia, el potaje ideológico de la OTAN comenzó a hervir produciendo nuevas burbujas informativas: el nombramiento del general sudanés, con rica experiencia en espionaje, para el cargo de jefe de la misión de observadores fue un error ya que él era representante del viejo régimen y participó en la represión del movimiento democrático en Darfur.

Aquí uno puede escoger entre reír o llorar: recientemente los medios occidentales publicaron informes acerca de las atrocidades cometidas por los separatistas de Darfur, ¿cómo podría uno adivinar que las mismas publicaciones describían a un luchador contra el separatismo como un bandido?

Ban Ki-moon no se reunió con el general Al-Ghabi pero si que se reunió otra vez con el Sr. Rasmussen. Otro lindo intento. Los dos Secretarios Generales tienen su agenda para discutir.

Podría tomar un largo tiempo la descripción de la deshonrosa y no muy elegante política de Ban Ki-moon. Se plantea si la cuestión de que una vez que el Secretario General de la ONU se unió a las filas de los mercenarios de la OTAN, ¿para qué lo necesita la comunidad internacional?

*SIS Secret Intelligence Service, MI6

Military Intelligence Section 6

 

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Tags: Churchill, mujer, alianza, guerra fría, Siria, observatorio, derechos

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